En profundidad Principios básicos para una nueva política de defensa y perspectivas a medio plazo
El espacio como nuevo ámbito de batalla

Suzuki Kazuto [Perfil]

[10.12.2018] Leer en otro idioma : ENGLISH | 日本語 | العربية | Русский |

Los sistemas de posicionamiento global (GPS), la red de comunicaciones a través de satélites, los satélites de reconocimiento, etc., muestran la inseparabilidad existente entre el sistema militar o de defensa actual y el uso del espacio. Analizamos la defensa de Japón de aquí en adelante y sus relaciones con el ámbito espacial.

Las armas de hoy no funcionan sin sistemas espaciales

En la nueva Guía del Programa de Defensa Nacional y el Programa de Defensa a Medio Plazo que se formularán a finales de este año, la cibernética y el espacio exterior se considerarán asuntos importantes.

El primer ministro Abe Shinzō también declaró que “es de vital importancia mantener la ventaja en nuevas áreas como la cibernética y el espacio exterior”, y se presta atención a cómo será la defensa militar de Japón en el ámbito espacial, tema del que apenas se había explicitado nada hasta el momento.

Si comparamos el desarrollo espacial de Japón con otros países observamos que ha seguido una particular trayectoria. Cuando la entonces Agencia Nacional de Desarrollo Espacial de Japón (NASDA, por sus siglas en inglés) se estableció en 1969, en la Dieta se adoptó la “resolución de la utilización pacífica del espacio” para que el desarrollo espacial japonés se ejerciera únicamente “con el propósito de la paz”. Esta resolución se basa en la Ley Básica de Energía Nuclear, y del mismo modo en el que las Fuerzas de Autodefensa de Japón no están involucradas en la nuclear, en lo relativo al espacio también se entendió que no solo su investigación y desarrollo, sino también la posesión de los sistemas espaciales, sus operaciones y modos de empleo deben ser refrenados. Por lo tanto, el desarrollo espacial de Japón se realizó únicamente con fines civiles; el uso del espacio para fines de defensa solo estaba permitido para utilizar servicios tales como datos de satélites comerciales y comunicaciones desde la década de 1980 y durante mucho tiempo la defensa y el campo espacial no tuvieron puntos de contacto.

Sin embargo, los sistemas de armas modernos son casi imposibles de manejar sin los sistemas espaciales. El GPS que también está penetrando en nuestras vidas es un sistema militar de los Estados Unidos y es un servicio indispensable en el desarrollo de operaciones militares, como el vuelo de aviones no tripulados y el control de la posición de las tropas. Además, para operar estos aviones no tripulados de forma remota, es indispensable la existencia de una red de comunicación vía satélite. Asimismo, para detectar la posición del objetivo y entender la situación estratégicamente, es necesario adquirir imágenes mediante los satélites de reconocimiento. El sistema terrestre para lanzar y operar estos satélites también es un factor importante.

En otras palabras, un factor decisivo para la superioridad militar moderna radica en si se tiene la capacidad para mantener y utilizar los sistemas espaciales. Sin embargo, aunque el campo espacial se está volviendo cada vez más importante, también es extremadamente vulnerable al mismo tiempo. En el espacio exterior, los desechos espaciales como las plantas superiores de los cohetes, los satélites que han finalizado su vida útil y otras piezas de escombros, giran por la órbita terrestre y vuelan a velocidades tan altas como los 28.000 kilómetros por hora. Por lo tanto, si estos desechos chocan con los satélites, los dañan y hacen que pierdan sus funcionalidades.

Un “ejército del espacio” para proteger la infraestructura

Para lanzar un satélite en contra de la gravedad terrestre, el satélite debe ser lo más ligero posible. Por lo tanto, utilizar armaduras para protegerlos contra impactos externos es muy poco viable. Es decir, no existe un método para proteger los satélites de la basura espacial, y tan solo pueden funcionar mientras la esquivan. Por esta razón, las autoridades de defensa de cada país, principalmente el ejército de los Estados Unidos, monitorean la situación del espacio exterior (Space Situational Awareness: SSA), supervisan la información sobre los desechos orbitales y brindan información para evitar colisiones. Sin embargo, esta SSA solo puede monitorear los desechos con un diámetro de unos 10 cm o más y no hay forma de evitar los desechos pequeños. A causa de esto, los satélites para fines militares pueden perder sus funciones debido a las colisiones con los escombros.

Lo que es más problemático, no obstante, es el acto de destruir intencionalmente estos satélites. En 2007, China realizó un experimento de destrucción de satélites (Anti-Satellite: ASAT) y mostró su capacidad para eliminar un satélite con misiles lanzados desde tierra. Durante la Guerra Fría, Estados Unidos y la URSS realizaron experimentos de ASAT, pero el significado de la habilidad de ASAT es aún mayor en la era actual, donde el sistema espacial se está convirtiendo en algo extremadamente importante.

En otras palabras, si el conflicto entre Estados Unidos y China se agrava y aumenta el temor a que se produzca una confrontación militar, es muy probable que el primer objetivo del ataque sea el sistema espacial. Al atacar el sistema espacial, al mismo tiempo que se reduce drásticamente la capacidad del enemigo privándole de estas funciones, no hay temor de que haya víctimas ya que los satélites para fines militares no son tripulados. Asimismo, debido a que se encuentra a varios cientos de kilómetros de la superficie terrestre, es difícil confirmar lo que realmente sucede y no es fácil identificar quién es el sujeto del ataque.

Cuando se destruyen físicamente satélites al modo de ASAT, es relativamente fácil averiguar su “atribución” (identificación del sujeto atacante), pero cuando se trata de privar las funciones de los satélites mediante ciberataques o transmisión de ondas de interferencia, es extremadamente difícil conseguir la atribución. Por otra parte, en el espacio exterior es difícil eliminar al enemigo del modo en que se hace en tierra, mar y aire y proteger el propio sistema. El sistema espacial está orbitando la Tierra y no puede evitar pasar sobre el espacio aéreo del país enemigo. Aunque no pase sobre el espacio aéreo, si el enemigo lanza un proyectil para atacar el satélite, podría alcanzarlo desde cualquier lugar. Por lo tanto, atacar el sistema espacial como un paso preliminar del conflicto armado es algo estratégico y razonable.

Debido a la creciente importancia de tales sistemas espaciales y para superar su vulnerabilidad, todos los países, y en especial los Estados Unidos y China que tienen intereses estratégicos por todo el mundo y la capacidad de proyectar su fuerza bélica a largas distancias, están avanzando en su formación militar para mejorar las capacidades estratégicas en el espacio. El “ejercito espacial” defendido por el presidente de Estados Unidos Donald Trump, de hecho, está promoviendo precisamente la investigación y el desarrollo del sistema espacial, y para superar su vulnerabilidad está construyendo un sistema espacial militar que utiliza una tecnología de constelación que se basa en dispersar las funciones de los satélites, lanzar muchos satélites pequeños y maniobrarlos de un modo sincronizado. Para lograrlo está reformando su sistema de adquisición, etc. Cuando se dice “ejército espacial”, uno se imagina una batalla en el espacio exterior al estilo de Star Wars y Space Battleship Yamato, pero el moderno “ejército espacial” más bien desempeña un papel similar al de un encargado de mantenimiento que es responsable del desarrollo y mantenimiento de la infraestructura espacial.

El “desarrollo espacial con fines de defensa” queda posibilitado bajo la nueva ley

Bajo tales circunstancias, el primer ministro Abe dijo respecto a la formulación de la nueva Guía del Programa de Defensa Nacional que “es extremadamente importante mantener la ventaja en el espacio exterior”, lo cual significa que es consciente del hecho de que el sistema de defensa de Japón también debe tener la capacidad correspondiente a la guerra moderna. Sin embargo, hasta ahora, Japón apenas ha realizado exploraciones espaciales ni ha utilizado el espacio para fines de defensa debido a la “resolución de la utilización pacífica del espacio”.

En 2008 se promulgó la Ley Básica del Espacio, y aunque hizo posible desarrollar y usar el espacio para fines de defensa, lo que refrenaba la “resolución de la utilización pacífica del espacio”, el tamaño de este sector es abrumadoramente pequeño en comparación con el de Estados Unidos y China. Actualmente no hay satélites en poder del Ministerio de Defensa y las Fuerzas de Autodefensa, y solo existe como satélite de uso exclusivo, el satélite de comunicación de banda X llamado Kirameki.

Lanzamiento del cohete H2A No. 32 con el satélite de comunicación de banda X del Ministerio de Defensa “Kirameki 2″ instalado. Fotografía del 24 de enero de 2017, en el Centro Espacial Tanegashima, prefectura de Kagoshima (Jiji Press).

En la Ley Básica del Espacio se estipuló que “siguiendo el principio de pacifismo de la Constitución de Japón” (Artículo 2), el desarrollo y uso espacial debe ser “para garantizar la paz y la seguridad de la comunidad internacional y contribuir a la seguridad de Japón” (Artículo 3). De acuerdo con esta ley, aunque se esperaba que el Ministerio de Defensa y las Fuerzas de Autodefensa utilizaran activamente el sistema espacial, en realidad, la mayoría de los equipos pueden ser operados sin el soporte estratégico espacial. Además, dado que Japón no requiere la capacidad de proyectar su poder bélico a largas distancias como los Estados Unidos y China, la prioridad de construir el sistema espacial fue baja.

Aunque la situación financiera del Gobierno en su conjunto es difícil, los gastos de defensa tienden a aumentar relativamente. El Gobierno está dedicado a la adquisición de equipos para hacer frente a la creciente amenaza de los misiles nucleares en China y Corea del Norte, incluida la defensa de misiles y la adquisición de aviones de combate F-35, y no hay ninguna situación en la que el presupuesto se dirija a la construcción del sistema espacial.

En tal situación, que el primer ministro Abe haya declarado que “es extremadamente importante mantener la ventaja”, es una manifestación del sentido de crisis que supone para Japón seguir en su estado actual y, asimismo, de la imperiosa necesidad de desarrollar capacidades estratégicas en el espacio como los Estados Unidos y China. Desde que la carrera espacial de los Estados Unidos y la Unión Soviética comenzó con la crisis del Sputnik, las capacidades tecnológicas de los Estados Unidos y la Unión Soviética han mejorado a un nivel incomparable, acompañadas por un desarrollo espectacular de la industria de alta tecnología. Existe la posibilidad de que la construcción de la capacidad espacial estratégica por parte de los Estados Unidos y China también tenga el mismo efecto. Por lo tanto, retrasarse en esta competencia puede plantear un problema que afecte también el poder técnico de todo el Estado.

La construcción del sistema espacial en “cooperación con los aliados”

Sin embargo, la estrategia de defensa en Japón no requiere necesariamente una capacidad bélica de largo alcance. Tampoco tiene la estructura de enviar las Fuerzas de Autodefensa a cualquier parte del mundo en caso necesario buscando intereses estratégicos. En esta situación, aunque solo se construyese el sistema espacial, no se le podría sacar ningún provecho.

Más bien, lo que Japón debe considerar en el campo espacial a partir de ahora es que al estar sujeto a ataques el sistema espacial, que es propiedad de sus aliados incluyendo a los Estados Unidos, esto podría afectar también a la capacidad de defensa de Japón. Japón ya coopera con los Estados Unidos, Europa, Australia, etc., a través de la SSA, por lo que si promueve la construcción y el mantenimiento del sistema espacial único de Japón, la meta que se debería alcanzar es que, al mismo tiempo que garantiza el funcionamiento del mismo para contribuir a la defensa de Japón, en caso de que el sistema espacial de los países aliados fuese atacado y perdiese funciones, no bajase la capacidad estratégica de la totalidad de los aliados al proporcionar el sistema espacial japonés.

Más concretamente, además de incorporar en las iniciativas de defensa a los satélites de recolección de información y el sistema por satélite Quasi-Zenith (Michibiki) operados actualmente por Japón y considerar su uso común con aliados, con respecto a los sistemas espaciales que se desarrollarán en el futuro, deberíamos tratar de mantener la “superioridad” no solo en Japón sino también en cooperación con los aliados, al mismo tiempo que consideramos sus necesidades.

Imágen del encabezado: perming/PIXTA.

  • [10.12.2018]

Profesor de Derecho en la Escuela de Posgrado de la Universidad de Hokkaido. Nació en octubre de 1970. Se doctoró en septiembre de 2000 en el Instituto Europeo de la Universidad de Sussex del Reino Unido. Se especializa en: Economía y Política Internacional, Estudios Europeos, Política Científica y Tecnológica, Política Espacial. Desempeña su puesto actual desde abril de 2011.

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