Okinawa, medio siglo

El lastre económico de Okinawa desde su devolución a Japón

Economía Historia

Han pasado 50 años desde la devolución de Okinawa a Japón. Este archipiélago que se convirtió en prefectura nipona el 15 de mayo de 1972, después de sufrir una cruenta guerra y de 27 años de ocupación estadounidense, viene intentando alcanzar el nivel económico del resto del país desde entonces. Sin embargo, medio siglo más tarde sigue afrontando multitud de problemas que se suman a la presencia de las bases militares norteamericanas.

Una inflación repentina

En agosto de 1971, los altos funcionarios responsables de lidiar con los problemas económicos en la Casa Blanca trabajaban en un paquete de medidas económicas anunciado por el presidente Nixon que pasarían a conocerse como Nixon shock. Uno de aquellos funcionarios era Pete Peterson, que entonces se encargaba de los asuntos económicos exteriores bajo el cargo de presidente del Consejo de Política Económica Exterior.

Peterson, que era asesor de Nixon, sabía perfectamente en qué medida afectaría a Japón detener la conversión de oro y dólares y a qué problemas se enfrentaría Okinawa al ser devuelta al año siguiente. Una nota secreta con fecha de 24 de agosto dirigida a un organismo interesado rezaba: “Revalorizar el yen mientras Okinawa sigue en la economía del dólar resultará sin duda insostenible para los residentes de las islas. La relación política entre estos y el Gobierno japonés también se complicará” (Archivos Nacionales de Estados Unidos).

Pasar de un sistema de tipo de cambio fijo a uno de cambio flotante entre el dólar y el yen no solo desencadena una súbita apreciación del yen que devalúa los dólares que poseen los habitantes de Okinawa, sino que también eleva el precio de las importaciones. Aquello que detectó Peterson se convirtió en el gran problema en la restauración de Okinawa como territorio nipón.

La devolución del archipiélago sureño comportó fusionar una economía pequeña, la de Okinawa, con una grande, la de Japón; además, con monedas distintas: Japón con el yen y Okinawa, con el dólar. Esa devolución con unificación económica, en el contexto de la apreciación del yen debido al cambio al sistema de tipo de cambio flotante, supuso una carga muy pesada para Okinawa.

El Gobierno japonés tuvo que compensar las pérdidas personales debidas al cambio de divisa mediante la “verificación de divisa” en el momento de la devolución de Okinawa, pero la fusión entre dos economías de escala tan distinta desencadenó un ajuste en forma de inflación en Okinawa.

El índice de precios al consumo de la ciudad de Naha, que era de 100 en 1965, había aumentado a 137,7 en el mes de julio previo al Nixon shock y llegó a 144,8 en diciembre. En junio de 1972, después de la devolución, el precio de los alimentos creció un 13,6 % y el de los suministros públicos, un 17,8 % respecto al mes anterior. La gran obra Sengo Okinawa keizaishi (Historia de la economía de Okinawa en la posguerra), editada por el Departamento de Investigación del Banco de las Ryūkyū en 1984, describe el caos que se produjo en el momento de la devolución: “El cambio de divisa (entre yen y dólar), acompañado de una pronunciada caída del valor del dólar, tuvo un impacto incalculable sobre la economía de Okinawa, haciendo que se dispararan los precios, ejerciendo presión sobre los consumidores y provocando incertidumbre económica y social en distintos campos”.

Por lo tanto, la devolución de Okinawa hace medio siglo arrancó con ajustes económicos que lastraron el archipiélago sureño.

La presencia de las bases militares inhibe el crecimiento

La prefectura de Okinawa, situada en el extremo meridional de Japón, tiene una población de más de 1,4 millones de habitantes que ha ido en aumento desde su devolución. El archipiélago está formado por 160 islas, entre habitadas y desiertas, y suma una superficie de 2.200 kilómetros cuadrados, solo un 0,6 % de todo el territorio nacional.

Además de aeródromos como los de Kadena y Futenma, el 70 % de las instalaciones dedicadas al ejército estadounidense en Japón, como el Campo de Entrenamiento del Norte y Camp Kinser, se concentran en Okinawa. Las bases ocupan algo menos del 15 % de la superficie de la isla principal y el 23 % de los nueve municipios que las alojan y que forman la parte central y sur de la prefectura.

Esta situación ha engendrado la idea de que “la economía de Okinawa se sustenta en las bases militares” durante mucho tiempo. Es cierto que Okinawa dependió del ejército estadounidense en la primera fase después de la guerra. Según la publicación Dokyumento Amerikayū no Okinawa (Documento: la Okinawa de la era estadounidense), de Miyagi Osamu: “En 1955 el 66,7 % de transacciones exteriores (como las exportaciones o los ingresos de las bases) correspondían a los ingresos de las bases”. En la ciudad de Koza (actual ciudad de Okinawa), el 75 % de la cual se expropió para construir una base, había 500 locales de alterne destinados al ejército estadounidense y 3.000 tiendas de suvenires, restaurantes y otras orientadas a la misma clientela.

Sin embargo, la estructura cambió cuando el revuelo de la posguerra se apaciguó y la reconstrucción adquirió impulso. Hoy en día la visión de que la economía okinawense se sustenta en las bases es totalmente errónea. Las cifras lo demuestran: según el Gobierno prefectural, los ingresos derivados de las bases representaban un 30,4 % del total de la prefectura en 1965 y un 15,5 % en el momento de la devolución, en 1972. Posteriormente fueron menguando año tras año y se han mantenido en torno al 5 % desde la década de los noventa.

El profesor Maedomari Hiromori de la Universidad Internacional de Okinawa apunta que nos aguarda una era de la nueva economía de las bases: “Antes se decía que las subvenciones de las bases, el alquiler de usos militares y el empleo que generaba el ejército estadounidense dependían de las bases. Pero ahora es distinto. Las instalaciones comerciales que se crearon tras restaurar las bases son lo que atrae la afluencia de personas de dentro y fuera de la prefectura”.

Un buen ejemplo de ello sería el AEON MALL Okinawa Rycom, un centro comercial que se inauguró en el pueblo de Kitanakagusuku, el centro de la isla principal, en 2015. El grupo Aeon, un gigante de la venta al por menor, lo construyó en los terrenos devueltos que antes ocupaba el campo de golf para los militares. Rycom es una abreviación de Ryukyu Command Office (Cuartel de Mando de las Ryūkyū). La zona conservó el nombre durante muchos años por la presencia del organismo y ahora lo lleva también un barrio del pueblo de Kitanakagusuku. El centro comercial tenía una gran afluencia de visitantes que excedía los 10 millones anuales antes de la pandemia.

Existen otros casos similares. Por ejemplo, la zona residencial del ejército estadounidense en la parte norte de Naha se desarrolló con el nombre de distrito de Naha Shintoshin tras la devolución en 1987. Hoy en día es una nueva zona popular de la ciudad con muchos edificios altos, como bloques de viviendas, grandes instalaciones comerciales, hoteles y oficinas de la Administración.

La prefectura de Okinawa ha calculado el alcance de los efectos económicos que han tenido las devoluciones. En el caso de Naha Shintoshin, el efecto económico directo (total estimado de actividades económicas como el empleo, el consumo y el suministro de materiales) cuando la zona se consagraba al alojamiento del ejército era de unos 5.200 millones de yenes anuales. Ahora que se ha convertido en un centro urbano, es de 163.400 millones de yenes. Antes empleaba a 160 personas, incluidos los guardias de seguridad, mientras que la nueva zona urbana tiene más de 15.000 trabajadores.

El Gobierno prefectural ha publicado cálculos parecidos para las bases que el ejército estadounidense va a devolver a Japón en el futuro. Se estima que la devolución del aeródromo de Futenma, que se está debatiendo actualmente, tendría un efecto económico de cerca de 400.000 millones de yenes y daría trabajo a más de 30.000 personas. Son datos que ponen de manifiesto la importancia del retorno de la base para el desarrollo de la economía okinawense.

La dependencia económica de las bases se está convirtiendo en cosa de un pasado lejano y, como afirma el profesor Maedomari, estamos entrando en una “era de la nueva economía de las bases”, en que la economía se dinamizará gracias a la explotación de los terrenos retornados. No obstante, no se prevé la devolución de bases gigantescas como la de Kadena, que ocupa un lugar clave en la zona central de la isla principal. Cincuenta años tras la restauración de Okinawa a Japón, la presencia del ejército de los Estados Unidos sigue obstaculizando el crecimiento potencial de la prefectura.

La pandemia asesta un duro golpe al turismo

Si les preguntan cuál es el sector económico más importante de Okinawa, muchos responderán que es el turismo. Sin embargo, desde 2020 esta industria atraviesa grandes dificultades a causa del impacto de la crisis sanitaria.

Tomemos como muestra las cifras de visitantes. Según una encuesta del Gobierno prefectural, el número de turistas, que en tiempos de la devolución era de 440.000 personas al año, superó los 5 millones en 2003. En 2019 llegó a los 10 millones. La calle principal de Naha, Kokusai-dōri, solía estar a rebosar de turistas, ya que recibía a 3 millones anuales de personas de países vecinos como China, Taiwán y Corea del Sur. La cifra se ha desplomado hasta un tercio desde que llegó el nuevo coronavirus. Los turistas internacionales prácticamente han desaparecido. Los ingresos derivados del turismo en la prefectura alcanzaron el pico de 734.000 millones de yenes en 2019, por lo que el impacto de la pandemia sobre el turismo está perjudicando toda la economía de la prefectura.

Takeda Tomō, director del Instituto de Investigación Ryūgin, declara: “Cuando se levanten las restricciones de entrada, crecerá un poco. El movimiento de turistas muestra cierta recuperación desde las vacaciones de marzo y parece que la ocupación hotelera está mejorando”. Controlar la pandemia a nivel mundial es un asunto de extrema trascendencia económica para Okinawa.

Las obras públicas son, junto con el turismo, el pilar de la economía de Okinawa. La construcción representa una elevada proporción de la industria de la prefectura. Atendiendo a la estructura de producto interior bruto por sectores, el de la manufactura ronda el 4 %, mientras que el de la construcción es más del 13 %. Takeda señala que “la industria manufacturera no ha arraigado en Okinawa y el Gobierno dejó de esforzarse en atraerla. La estructura económica actual, que depende de las obras públicas y el turismo, se ha mantenido inalterada desde hace mucho”.

Otros problemas perjudican también la economía del pequeño archipiélago. Los ingresos per cápita son de 2,4 millones de yenes, de los más bajos entre las 47 prefecturas japonesas. El empleo tampoco marcha bien, con una tasa de paro entre 1 y 2 puntos mayor que en el resto del país. El desempleo destaca entre la población joven; la media nacional de parados menores de 30 años respecto al total de población desempleada es del 26,7 %, pero en Okinawa alcanza el 32 %.

El profesor Maedomari de la Universidad Internacional de Okinawa sostiene que urge trabajar en la formación de recursos humanos para mejorar la situación: “Aunque se ha señalado la necesidad de desarrollar los recursos humanos, el problema no hace más que agravarse. La tasa de ingreso en la universidad de Okinawa es del 39 %, la más baja de Japón. Los jóvenes sin estudios universitarios solo acceden a empleos irregulares mal pagados y el 80 % de los que sí van a la universidad se ganan la vida con trabajos por horas. Hay que adoptar medidas concretas para abordar los problemas estructurales”.

La esencia de los problemas no cambia

Justo después de la batalla de Okinawa, los supervivientes fueron encerrados en campos de concentración. El sustento procedía principalmente del ejército estadounidense y vivieron un año sin moneda. Además, el desarrollo se vio limitado por una política de ocupación que priorizaba a los militares. El nivel de precios y salarios difería mucho de los de otras partes de Japón, que experimentaban un crecimiento acelerado. Era inevitable que se produjeran ajustes al integrar las islas y la inflación sacudió Okinawa antes y después de la devolución.

Ha pasado medio siglo. La presencia de esas bases estadounidenses que lastran el desarrollo de la región se mantiene y pone en duda la viabilidad de la equiparación económica con el resto del país que se proclamó a los cuatro vientos en el momento de la devolución.

Makino Hirotaka, que ejerció de vicegobernador de la prefectura de Okinawa, escribió en el prólogo de Sengo Okinawa keizaishi (Historia de la economía de Okinawa en la posguerra): “Para entender bien las políticas económicas de la Okinawa de posguerra, es capital comprender las políticas de gobierno de Estados Unidos y Japón que las motivaron y qué efectos políticos buscaban”. Esta reflexión, planteada hace 40 años, sigue vigente medio siglo después de la devolución. Y el hecho de que se prevea que va a seguir valiendo en el futuro marca los límites de la economía de Okinawa.

Fotografía del encabezado: Levantamiento General del Pueblo de Okinawa para proteger la vida de los isleños de la crisis del dólar, convocado para protestar contra las políticas monetarias del Gobierno central (sistema de tipo de cambio flotante). (Imagen tomada el 1 de septiembre de 1971 en el parque Yogi de Naha, Okinawa).

(Traducido al español del original en japonés.)

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