El porvenir de Tokio 2020: buscando alternativas a una “simplificación” que no despeja la incertidumbre

Tokio 2020

El avance de la pandemia suscita rumores sobre una posible cancelación de los Juegos de Tokio y se ha propuesto “simplificar” el evento como medida para prevenir el contagio y atajar los problemas financieros.

Los derechos de emisión impiden reducir la ceremonia de apertura

Hace tiempo que se viene debatiendo la posibilidad de limitar el número de disciplinas y participantes de las olimpiadas para poner freno a la desmesurada expansión del acontecimiento, que lleva décadas suponiendo un problema. Aunque Tokio 2020 se perfiló originalmente como unas “olimpiadas compactas”, al final no se logró reducir su escala y se prevé que serán las más completas de la historia, con un total de 33 disciplinas y 339 competiciones.

A finales de junio, el Comité Organizador de Tokio 2020 y el Comité Olímpico Internacional (COI) presentaron a las federaciones deportivas internacionales una propuesta para reducir gastos. Aunque aún no se han publicado los detalles, se presume que los recortes se efectuarán con las siguientes medidas: acortar el calendario del relevo de la antorcha olímpica, reducir el número de atracciones y participantes de las ceremonias de apertura y clausura, limitar la estancia de los deportistas en la Villa Olímpica y restringir la asistencia del público espectador.

El plan, sin embargo, se está topando con numerosos inconvenientes. El 6 de julio, el presidente del Comité Organizador de Tokio 2020 Mori Yoshirō admitió ante la prensa que reducir la escala y la duración de la ceremonia de apertura resultaba difícil a causa de los derechos de transmisión televisiva. Simplificar el acto dejaría un vacío en la franja de emisión acordada y conllevaría una multa por incumplimiento de contrato con las cadenas, que pagan sumas estratosféricas por los derechos de transmisión. La responsabilidad de cubrir el coste de la sanción recaería sobre el Comité Organizador.

Las plazas para los espectadores deberían reducirse para evitar la concentración como medida preventiva contra el contagio. Aunque un buen número de patrocinadores y agentes asistieran a las pruebas, limitar o eliminar el público general de las competiciones mermaría la exposición mediática y perjudicaría los resultados publicitarios para las empresas. El relevo de la antorcha olímpica también implica la colaboración financiera de conocidas firmas de dentro y fuera de Japón, por lo que el Comité Organizador no puede acortar el calendario y la ruta como se le antoje.

La mayoría de los contratos de patrocinadores que ahora están en vigor expiran a finales de diciembre de 2020. Puesto que en breve habrá que empezar a negociar para extenderlos, no es un buen momento para plantear nuevas condiciones que perjudiquen a los patrocinadores.

Mientras no se determine el número de plazas para los espectadores, no pueden decidirse otros aspectos de la gestión de los Juegos, como la construcción de las instalaciones provisionales para las competiciones, la asignación de personal de vigilancia y voluntario, el plan de desplazamiento del público, el control de ingreso en Japón o las medidas antiterrorismo. Cualquier cambio en esos factores repercutirá, lógicamente, en el presupuesto. Es evidente que las restricciones que imponen las colosales “olimpiadas comerciales” están lastrando los preparativos.

Las medidas contra el coronavirus evidencian la escasez de presupuesto

El gasto total invertido en las olimpiadas a finales de 2019 ascendía a 1,35 billones de yenes: 603.000 millones de yenes del Comité Organizador (sin incluir el fondo de reserva de 27.000 millones de yenes), 597.000 millones de yenes del Gobierno de Tokio y 150.000 millones de yenes del Gobierno central. A las partidas mencionadas se suman los costes añadidos de la posposición del evento, que se estiman en otros cientos de miles de millones de yenes.

Los ingresos que recaudará el Comité Organizador por la venta de entradas sumarán 90.000 millones de yenes, pero la cifra se verá diezmada en el caso de que se opte por reducir el público o prescindir de él. Está previsto que el Gobierno de Tokio cubra las pérdidas en las que pueda incurrir el Comité Organizador y, si no pudiera asumirlas en su totalidad, el Gobierno central financiaría el resto.

Sin embargo, más del 90 % de los fondos de reserva de ajuste de financiación pública —los “ahorros” de Tokio— ya se han gastado en las medidas contra el coronavirus, por lo que solo quedan 80.700 millones de yenes. El Gobierno central, por su lado, también ha invertido cantidades ingentes para hacer frente a la pandemia.

Las finanzas olímpicas se hallarán en la cuerda floja a menos que se logre recortar los gastos de organización. Si eso sucede, es posible que los ciudadanos japoneses deban pasar muchos años subsanando la “deuda” de los juegos con sus impuestos.

Los rumores sobre la disolución de la Cámara Baja, cada vez más plausibles

El panorama político japonés está plagado de incertidumbres. Se sospecha que Abe Shinzō disolverá la Cámara Baja en otoño. El primer ministro se halla bajo una presión creciente a causa de problemas como el escándalo administrativo de Moritomo Gakuen, el dispendio excesivo de la tradicional Fiesta de Contemplación de los Cerezos (Sakura wo Miru Kai), la decisión de no posponer la edad de jubilación de los fiscales públicos y la detención del diputado del Partido Liberal Democrático Kawai Katsuyuki y su esposa Anri.

Si las olimpiadas terminaran cancelándose, la Administración actual sufriría un daño incalculable. Por eso el rumor de que Abe va a disolver la Cámara Baja y convocar elecciones generales aprovechando que la oposición aún no ha preparado su campaña parece cada vez más plausible. Se trata de un factor a tener muy en cuenta de cara a la celebración de las olimpiadas, ya que alteraría la composición del Gobierno.

Al echar la vista atrás, se puede constatar que Tokio 2020 han sido unas olimpiadas profundamente marcadas por el color político del liderazgo de Abe desde el principio. En la reunión del COI en que se eligió a Tokio como sede, el primer ministro aseguró que la situación de la radiactividad en Fukushima estaba “bajo control” y más tarde, en la ceremonia de clausura de Río 2016, apareció en el escenario disfrazado del protagonista del videojuego Super Mario, de Nintendo.

En plena crisis de la pandemia, Abe llamó al presidente del COI Thomas Bach para pedir la postergación de los juegos al año que viene. Su cargo de presidente del Partido Liberal Democrático expira en septiembre de 2021, y la idea de que el premier quiere aprovechar las olimpiadas para despedirse por todo lo alto está muy arraigada en la política japonesa.

En contraste con la actitud del Gobierno, el interés de los tokiotas por las olimpiadas se está desplomando. En las pasadas elecciones a gobernador de Tokio, Utsunomiya Kenji y Yamamoto Tarō abogaron por la cancelación del acontecimiento, mientras que Ono Taisuke se decantó por posponerlos cuatro años y Tachibana Takashi propuso también atrasarlos cuatro o dos años. Aunque estos argumentos no afectaron de forma decisiva los resultados electorales y al final Koike Yuriko logró salir reelegida con una victoria arrolladora, las encuestas de opinión pública de los periódicos pusieron de manifiesto el desapego popular para con los juegos, al revelar que ni la mitad de los ciudadanos de la capital desean que se celebren en verano de 2021. Seguramente el COI no verá este desinterés con buenos ojos.

A finales de mayo el australiano John Coates, presidente de la Comisión de Coordinación del COI (organismo que supervisa la preparación de Tokio 2020), declaró en un periódico de su país que en octubre se decidiría si era viable celebrar el acontecimiento en verano de 2021. La noticia originó una gran conmoción entre los organizadores japoneses.

Se cree que la propuesta de simplificar los juegos, que surgió de repente tras las declaraciones de Coates, demuestra el desasosiego por parte de Japón. Cuando se aprobó posponer el acontecimiento, el primer ministro Abe anunció que se celebraría al año siguiente “en su forma completa”. Aun así, es el COI quien tiene la potestad de decidir sobre la cancelación. No dispuestas a resignarse a una decisión unilateral del organismo internacional, las autoridades olímpicas niponas lanzaron al COI esa pelota de la propuesta de simplificación para ganar tiempo en el proceso de decisión.

Cada vez más deportistas olímpicos anuncian su retirada

La posposición de las olimpiadas está desencadenando la retirada de muchos deportistas potentes que tenían previsto participar en Tokio 2020.

El jugador de rugby 7 Fukuoka Kenki, de 27 años, declaró que se retiraba del deporte para perseguir el objetivo de convertirse en médico. A pesar de haber desempeñado un papel clave en la copa mundial de 2019, consideró que no podía esperar un año más.

La jugadora de la selección nacional femenina de voleibol Shinnabe Risa, de 29 años, también decidió poner fin a su carrera olímpica: “Un año me pareció muy largo. No me veo capaz de poder jugar mejor que ahora después de tanto tiempo”. Shinnabe participó en el equipo que logró el bronce en Londres ocho años atrás, pero últimamente ha tenido problemas con las lesiones.

Sotomura Tetsuya, que logró el cuarto puesto en gimnasia de trampolín en Pekín, también renunció a participar en los juegos de Tokio. A sus 35 años, el gimnasta hizo la siguiente declaración: “Si ya iba a competir al límite de mis capacidades físicas, mentales y técnicas, tener que adaptar mi entorno a la crisis de la pandemia y encima extender mi carrera un año más me pareció extremadamente difícil”.

El exministro de los Juegos Olímpicos y Paralímpicos de Tokio y vicepresidente del Comité Organizador de Tokio 2020 Endō Toshiaki declaró que sería el próximo marzo cuando se determinaría si se podía seguir adelante con las olimpiadas, una opinión que choca con la del presidente de la Comisión de Coordinación del COI John Coates. Mientras tanto, los deportistas tienen que lidiar con la incertidumbre de un futuro que está en el aire y la imposibilidad de definir sus objetivos.

El presidente del COI considera la opción de limitar el número de espectadores

No es posible prever cuándo se logrará contener la pandemia, que amenaza con resurgir con una segunda ola entre otoño e invierno. Puesto que el número de contagios sigue en aumento en otros países, como Estados Unidos y Brasil, Japón todavía tardará en relajar sus restricciones de ingreso.

En muchas partes del mundo se está trabajando en el desarrollo de una vacuna contra el virus. La gran farmacéutica británica AstraZeneca y la Universidad de Oxford colaboran en una investigación que ha de permitir producir 2.000 millones de dosis. Se prevé importar el concentrado también a Japón para aumentar la producción. Con todo, se ignora en qué medida la vacuna estará disponible en verano de 2021. Comprobar hasta qué punto funciona y combinarla debidamente con las pruebas PCR, de anticuerpos y de antígenos será uno de los factores para decidir si las olimpiadas van a tener lugar.

Si la vacuna no se desarrolla a tiempo, habrá que limitar la afluencia del público en las competiciones. Teniendo en cuenta las restricciones de entrada en Japón y el sistema de cuarentena, una de las opciones a barajar será la de que solo los residentes del país puedan asistir.

En la rueda de prensa posterior a la reunión general del COI mantenida el pasado 17 de julio, el presidente del COI afirmó que “reducir el aforo es una de las alternativas que debemos tener en cuenta”. A pesar de mostrarse contrario a prescindir totalmente de los espectadores y a reducir la ceremonia de apertura, Bach, que tiene fama de realista, contempla la posibilidad de limitar la presencia pública en el acontecimiento.

Las olimpiadas son una celebración del pacifismo mediante el deporte. Sus valores y su función esenciales no cambiarán aunque las gradas de los estadios estén vacías.

Ya que se ha puesto sobre la mesa la opción de simplificar los juegos, podríamos servirnos de las tecnologías de la información para crear un nuevo formato de celebración que una al mundo mediante la red. Dicho esto, hay que reconocer que ahora mismo el mundo no está como para “celebrar” unas olimpiadas. ¿Cuándo se despejarán estos nubarrones que enturbian el cielo y dejarán que nos llegue algo de luz? De momento, no hay perspectivas de que vaya a suceder pronto.

Fotografía del encabezado: Monumento de los anillos olímpicos en Odaiba, Tokio. Imagen tomada el 23 de julio, justo un año antes de la fecha a la que se han pospuesto los juegos. (Kyodo News)

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