El sistema de transición de los estudios al trabajo: la contratación masiva resiste ante nuevos retos

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El singular sistema de empleo japonés, basado en la contratación masiva de recién graduados, ha logrado mantenerse en pie tras el traumático paso de una etapa de rápido crecimiento a una economía madura. Ahora se enfrenta a retos derivados de los cambios demográficos y de actitud hacia el empleo.

La paradoja japonesa: bajo desempleo juvenil y contratación masiva

Los jóvenes de todas las sociedades se enfrentan a retos a medida que pasan a la edad adulta y se esfuerzan por encontrar su lugar en la sociedad. El desempleo juvenil, en particular, es una cuestión política en la que se centran muchos Gobiernos de todo el mundo. Sin embargo, Japón es un caso atípico en este sentido.

La elevada tasa de empleo entre los adultos jóvenes en Japón es en gran medida el resultado de la contratación masiva anual de nuevos graduados, una práctica empresarial japonesa de larga data basada en la necesidad constante de sangre nueva. En virtud de este sistema, las grandes empresas ofrecen a los estudiantes que se gradúan del bachillerato, la escuela de formación y la universidad oportunidades de empleo permanente o regular, mientras aún están en el instituto, apostando por su potencial para desarrollar las habilidades laborales necesarias a través de la formación interna. Así, jóvenes sin apenas experiencia laboral han podido acceder a puestos fijos en grandes empresas, con la promesa de estabilidad, incrementos salariales periódicos y amplias prestaciones.

El modelo sufrió un colapso abrupto durante la llamada “edad de hielo del empleo” que siguió al estallido de la burbuja económica japonesa en 1991, cuando las empresas congelaron o redujeron la contratación anual de nuevos graduados. Muchos de los jóvenes que terminaron sus estudios durante esta época (definida a efectos políticos como los años comprendidos entre 1993 y 2004) se vieron obligados a conformarse con trabajos a tiempo parcial, autónomos o temporales. En Japón, a estos trabajadores jóvenes no fijos se les denomina freeters.

La contratación de nuevos graduados para puestos fijos se recuperó alrededor de 2005, a medida que mejoraban las condiciones empresariales. La proporción entre puestos vacantes y solicitantes volvió a descender durante las recesiones provocadas por la crisis financiera de 2008 y la pandemia de la COVID-19, pero pronto se recuperó, gracias en gran parte a la escasez estructural de mano de obra causada por el envejecimiento de la sociedad japonesa. Las perspectivas laborales para los recién graduados no son tan seguras como lo eran antes de la década de 1990, pero se ha restablecido un grado apreciable de estabilidad.

Tasa de desempleo

Con todo, una parte significativa de los afectados por la era glacial del empleo ha seguido luchando contra la inestabilidad laboral, y las repercusiones económicas a largo plazo se están convirtiendo en un problema social a medida que esa generación comienza ahora a aproximarse a la edad de jubilación. Las dificultades arrastradas desde aquella era glacial ponen de relieve el papel decisivo que ha desempeñado la contratación masiva de nuevos graduados en la estabilización de las carreras profesionales y los ingresos, al facilitar la incorporación de los jóvenes japoneses al mercado laboral.

Mientras tanto, Japón arrastra desde hace años el desafío estructural de los NEET, es decir, las personas que no estudian, no trabajan ni siguen ninguna formación. En Japón, el acrónimo se refiere únicamente a aquellos que no trabajan ni buscan activamente un empleo. Esta categoría engloba perfiles muy diversos de una amplia gama de personas desempleadas, incluyendo un número creciente de individuos socialmente aislados conocidos como hikikomori, así como aquellos con enfermedades, lesiones o discapacidades. El número de NEET se mantiene elevado desde hace más de dos décadas, al margen de las oscilaciones generales del empleo.

Crecimiento de la educación universitaria

La proporción de graduados de bachillerato que accedían a la universidad no dejó de crecer desde 1950 (tras la instauración del nuevo sistema universitario) hasta finales de la década de 1970, cuando las medidas políticas para frenar la expansión universitaria hicieron que la proporción se estabilizara en torno al 30 %. A mediados de la década de 1990, con la disminución de la población de 18 años, la tasa de matriculación universitaria comenzó a aumentar de nuevo, hasta alcanzar el nivel actual de alrededor del 60 %. Al mismo tiempo, el porcentaje de graduados de bachillerato que se incorporan directamente al mercado laboral se ha reducido drásticamente, pasando del 40 % a principios de la década de 1990 a alrededor del 14 % en la actualidad. La matriculación en los centros de enseñanza superior de ciclo corto ha disminuido considerablemente a lo largo de los años, pero los centros de formación especializada (centros de enseñanza que imparten formación profesional tras el bachillerato) son la opción elegida por aproximadamente el 20 % de quienes continúan sus estudios después del bachillerato.

El Ministerio de Educación estima que la tasa de matriculación universitaria aumentará hasta aproximadamente el 70 % antes de estabilizarse en torno a 2040. Al mismo tiempo, con la aceleración prevista del descenso de la población de 18 años a partir de 2035, se espera que el número medio de estudiantes universitarios por año académico pase de los 600.000 actuales a unos 450.000 en 2040. Esta evolución demográfica obligará a muchas instituciones a reducir su tamaño e incluso a cerrar definitivamente.

Desde el punto de vista del mercado laboral, los nuevos graduados de bachillerato superaron a los graduados de bachillerato como el grupo más numeroso que se incorporaba al mercado laboral durante la década de 1960. A finales de la década de 1990, los graduados universitarios tomaron la delantera y ahora dominan el mercado. Los estudiantes que se gradúan del bachillerato o de escuelas de formación profesional siguen ocupando un lugar importante, aunque menor, en el mercado laboral. Para los estudiantes que terminan el bachillerato, la proporción entre puestos de trabajo disponibles y solicitantes ha ido en aumento en los últimos años.

Cómo encuentran trabajo los jóvenes

Las normas y procedimientos que rigen la búsqueda de empleo por parte de los estudiantes de bachillerato varían según la localidad, pero se pueden hacer algunas generalizaciones. Aunque las agencias públicas de empleo, conocidas como Hello Work, aceptan solicitudes de los estudiantes, son los propios institutos los que asumen el papel central en la intermediación a la hora de emparejar a los estudiantes con los empleadores locales, en el marco de lo establecido por la Ley de Seguridad Laboral. (También es posible, aunque menos común, que los estudiantes que se gradúan del bachillerato busquen y soliciten trabajo de forma independiente).

Los estudiantes de bachillerato que dependen de la recomendación de su instituto generalmente solo pueden presentar una solicitud de empleo hasta finales de septiembre, a mitad de su tercer y último año académico. Esto es aproximadamente dos semanas después de que los empleadores puedan comenzar el proceso de selección. Algunas localidades permiten a los estudiantes presentar varias solicitudes al comienzo del período de selección, pero estas solicitudes son relativamente poco frecuentes.

El proceso de búsqueda de empleo a nivel universitario ha evolucionado en los últimos años. A lo largo del siglo XX, los estudiantes universitarios solo podían solicitar empleo en empresas que contrataban formalmente a través del centro de orientación profesional de su universidad o (en el caso de los estudiantes de posgrado) de su asesor académico. Sin embargo, en las últimas dos décadas, las solicitudes en línea se han convertido en la norma y ahora son relativamente pocos los estudiantes que solicitan empleo a través de su centro de orientación profesional o su asesor académico. Alrededor del 70 % de los estudiantes universitarios que se gradúan utilizan plataformas como Rikunabi y MyNavi para obtener información sobre el mercado laboral. Los servicios privados de orientación profesional y colocación también han cobrado importancia en los últimos años y actualmente representan alrededor del 10 % de las solicitudes de empleo de los nuevos graduados universitarios.

A lo largo de los años, se han establecido calendarios para evitar que las actividades de contratación y búsqueda de empleo interfieran en la educación de los estudiantes. La Guía sobre Contratación y Selección publicada por Keidanren (Federación Empresarial Japonesa), que sustituyó a un antiguo acuerdo entre los empleadores y las universidades, instaba a las empresas a celebrar sus eventos de contratación para los estudiantes universitarios de tercer año no antes de principios de marzo (cerca del final del año académico) y a retrasar la selección de los estudiantes de cuarto año, incluidas las evaluaciones y las entrevistas, hasta el mes de junio siguiente (unos diez meses antes de la graduación). Keidanren abandonó estas directrices en 2021, pero el Gobierno japonés sigue instando a las empresas a que respeten ese calendario. El cumplimiento no es en absoluto riguroso, pero a juzgar por las actividades de búsqueda de empleo de los estudiantes, las empresas más populares llevan a cabo su contratación y selección teniendo en cuenta esta orientación administrativa.

La creciente importancia de las prácticas

En 1997, el Gobierno dio luz verde a las prácticas laborales para estudiantes universitarios con la condición de que estuvieran diseñadas con fines educativos. Más recientemente, abrió la puerta a las prácticas como medio para que los empleadores recopilaran información y contrataran a estudiantes para futuros empleos. En medio de la escasez de mano de obra y la dura competencia por los nuevos graduados universitarios, las empresas han aprovechado al máximo este esquema, con el resultado de que alrededor del 70 % de los estudiantes universitarios participan ahora en algún programa de prácticas, normalmente en su tercer año. De hecho, los estudiantes de tercer año suelen considerar el inicio de estas prácticas en otoño como el comienzo de facto de la temporada de búsqueda de empleo. Dado que la selección de candidaturas tiene lugar en junio, el proceso completo abarca un periodo de unos nueve meses para la mayoría de los estudiantes. Esto puede considerarse demasiado largo o demasiado corto, según el punto de vista de cada uno. Pero sin duda los estudiantes se benefician de una experiencia laboral significativa antes de graduarse, siempre que no interfiera con sus estudios, y las opciones de teletrabajo pueden reducir el tiempo que las prácticas exigen a los estudiantes.

Dicho esto, el porcentaje de estudiantes que encuentran un empleo fijo en la empresa en la que realizaron sus prácticas sigue siendo relativamente bajo, lo que sugiere que el sistema aún no ha tenido un impacto significativo en la contratación de nuevos graduados.

Disminución de la motivación entre los nuevos empleados

En gran medida, la contratación masiva de recién graduados sigue facilitando la transición fluida de los estudiantes al mercado laboral. Pero, ¿hasta qué punto funciona ese sistema en términos de emparejar a los estudiantes con trabajos satisfactorios y carreras gratificantes?

La movilidad laboral es relativamente baja en Japón. El porcentaje de empleados que dejaron su primer empleo en los tres años siguientes a su graduación se disparó durante la era del hielo del empleo, pero desde entonces se ha estabilizado en un nivel manejable, especialmente entre los graduados de bachillerato. Sin embargo, están surgiendo otros problemas.

Tendencia de la tasa de renuncia en tres años entre graduados universitarios y de bachillerato

Desde 2001, he realizado una encuesta cada cinco años sobre los patrones de empleo y las actitudes laborales de los jóvenes. En los últimos años, he observado un cambio significativo en la forma en que los empleados fijos ven sus trabajos. Hasta hace poco, los empleados fijos que permanecían en la empresa que los contrató al salir de la universidad (denominados aquí “empleados establecidos”) durante al menos tres años eran más propensos a calificar sus trabajos como valiosos que aquellos que habían cambiado de empleo. Sin embargo, desde 2021, esa tendencia se ha invertido, y los empleados establecidos son menos propensos a considerar que su trabajo es gratificante que quienes se han trasladado desde otras empresas. Al mismo tiempo, en comparación con las promociones anteriores, los empleados establecidos de hoy en día apenas manifiestan intención de cambiar de empresa ni de emprender por cuenta propia. Se ven a sí mismos permaneciendo en el mismo lugar indefinidamente, incluso si obtienen poca o ninguna satisfacción del trabajo que realizan. Esta falta de movilidad voluntaria, combinada con una baja satisfacción laboral, no augura un futuro especialmente prometedor para las empresas.

Como tendencia general, los jóvenes de hoy en día están menos comprometidos con sus trabajos que las generaciones anteriores. Sin embargo, entre los empleados fijos que han cambiado de trabajo en los tres primeros años y, por lo tanto, han explorado otras opciones profesionales en cierta medida, observamos una disminución en el porcentaje de encuestados que afirman no saber qué tipo de trabajo les conviene realmente. Por el contrario, aquellos que se han quedado con su primer empleador son cada vez más propensos a cuestionarse si han encontrado la línea de trabajo que más les conviene. Parte del problema podría residir en una comunicación insuficiente entre la dirección y las generaciones más jóvenes.

De la cantidad de puestos de trabajo a la calidad de los mismos

Como hemos visto, el sistema japonés de contratación y empleo está diseñado para facilitar la transición de la universidad al trabajo. Aunque el sistema se colapsó durante la llamada “era glacial del empleo”, desde entonces se ha recuperado y funciona según lo previsto para la mayoría de los jóvenes que completan sus estudios. Por supuesto, cualquier recesión de gran escala podría desestabilizar el proceso una vez más, pero en medio de la actual escasez de trabajadores jóvenes, es poco probable que se repitan dificultades del orden de las que experimentó la generación de la era antes citada.

Aun así, se avecinan retos. Aunque la era glacial del empleo ha quedado atrás, el crecimiento económico sigue siendo lento y la inteligencia artificial comienza a perfilarse como un factor de transformación profunda en múltiples ámbitos laborales. En estas condiciones, la proliferación de los NEET y otros jóvenes desvinculados podría convertirse en un problema social de grandes proporciones. La falta de motivación y ambición entre los empleados establecidos es otro motivo de preocupación. De cara al futuro, el debate sobre el empleo juvenil en Japón deberá centrarse no solo en la cantidad de puestos disponibles, sino también en su calidad.

(Publicado originalmente en japonés. Traducido al español de la versión en inglés. Imagen del encabezado: los nuevos empleados de Japan Airlines lanzan aviones de papel durante una ceremonia de bienvenida en el aeropuerto Haneda de Tokio, 1 de abril de 2025 - © Jiji.)

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