El estrecho de Taiwán y la diplomacia japonesa después de la guerra
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Declaraciones controvertidas
El 7 de noviembre de 2025, en respuesta a preguntas durante una sesión del Comité Presupuestario de la Cámara de Representantes, la primera ministra Takaichi Sanae señaló que, con el fin de someter por completo a Taiwán al control de Pekín, China podría tomar medidas como el bloqueo de rutas marítimas, el uso de la fuerza militar o la desinformación y la ciberpropaganda. Además, afirmó que si dichas acciones implicaban buques de guerra y el uso de fuerza militar, podrían constituir fácilmente una situación que amenazara la supervivencia de Japón.
¿Por qué el uso de la fuerza en Taiwán o el estrecho de Taiwán podría convertirse en una amenaza existencial para Japón, definido en el marco legal de Japón como una amenaza para el “derecho a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad” del pueblo japonés? Durante medio siglo, aproximadamente, Taiwán y el estrecho de Taiwán han sido centrales para la seguridad de Japón. El siguiente análisis sitúa la posición de Japón sobre esta cuestión en el contexto más amplio de su historia diplomática después del fin de la guerra.
La importancia de Taiwán para Japón
En virtud del Tratado de Paz de San Francisco de septiembre de 1951, Japón renunció a la soberanía sobre Taiwán y las Islas Pescadores (Penghu). El Tratado de Seguridad Japón-EE. UU., alcanzado al mismo tiempo, otorgaba a Estados Unidos el derecho a utilizar su ejército para mantener “la paz y la seguridad internacional en el Extremo Oriente”. Y en abril de 1952, Japón firmó el Tratado de Paz con la República de China, reconociendo así al Gobierno de Taiwán como el Gobierno de China y, de nuevo, renunciando a sus reclamaciones sobre Taiwán y las Islas Pescadores.
La guerra civil china entre el Gobierno de la República de China, liderado por el Kuomintang, y las fuerzas del Partido Comunista de China continuó durante la década de 1950 a lo largo de la costa sureste del continente, culminando en dos crisis en el estrecho de Taiwán. La segunda crisis, ocurrida en 1958 cuando la República Popular China bombardeó la isla de Kinmen, controlada por Taiwán, conmocionó una opinión pública japonesa centrada en el crecimiento económico bajo la Constitución de posguerra.
Durante las negociaciones para revisar el Tratado de Seguridad Japón-EE. UU. siendo primer ministro Kishi Nobusuke, el debate público se centró en el significado de “Extremo Oriente”. De producirse otra crisis en el estrecho de Taiwán, sería imaginable un enfrentamiento militar entre las fuerzas de EE. UU. y China. En dicho escenario, Pekín podría atacar las bases estadounidenses y otros objetivos en Japón, lo que suscitaría la preocupación de que el país podría verse arrastrado a la guerra.
El tratado de seguridad revisado se rubricó en enero de 1960. Al mes siguiente, el Gobierno de Japón emitió una interpretación en la que definía “Extremo Oriente” para incluir los territorios bajo el control de la República de China, es decir: Taiwán, las Islas Pescadores, Kinmen y Matsu. Dicho de otra forma, el estrecho de Taiwán quedaba explícitamente reconocido como parte del alcance geográfico del tratado.
Posteriormente, en noviembre de 1969, el primer ministro Satō Eisaku y el presidente Richard Nixon se reunieron en Washington. En la declaración conjunta emitida por ambos líderes, se señaló que “el presidente hizo referencia a las obligaciones de Estados Unidos en virtud de los tratados con la República de China y afirmó que Estados Unidos las cumpliría. El primer ministro, en respuesta a esto, manifestó que el mantenimiento de la paz y la seguridad en la región de Taiwán constituye también un elemento extremadamente importante para la seguridad de Japón”.
Esto reafirmó que la región taiwanesa formaba parte del alcance práctico de la alianza Japón-EE. UU., especialmente en el contexto de la devolución de Okinawa a Japón. La idea de que la paz y la estabilidad en el estrecho de Taiwán son vitales para la propia seguridad de Japón no es, por tanto, una novedad, sino algo que hunde sus raíces en décadas de historia diplomática.
La normalización de las relaciones Japón-China y la cuestión de “una sola China”
El 29 de septiembre de 1972, Japón y la República Popular China normalizaron sus relaciones diplomáticas y emitieron un comunicado conjunto en el que afirmaban que la RPC “reitera que Taiwán es una parte inalienable del territorio de la República Popular de China” y que Japón “comprende plenamente y respeta esta postura” y “mantiene firmemente su posición conforme al artículo 8 de la Declaración de Potsdam”.
La expresión “comprende plenamente y respeta” señala que Japón no respalda explícitamente la reclamación de la RPC. Por otra parte, la referencia al artículo 8 de la Declaración de Potsdam es especialmente importante para China, dado que estipula la implementación de la Declaración de El Cairo, que exigía la restitución de los territorios arrebatados por Japón (incluidos Taiwán y las Islas Pescadores) a la República de China. Para Pekín, la normalización de las relaciones entre Japón y la República Popular China y la ruptura de relaciones con la República de China en 1972 permite que la declaración sea reinterpretada como un llamamiento al retorno de Taiwán a la RPC.
Japón había renunciado ya a sus pretensiones sobre Taiwán en virtud del Tratado de San Francisco. En otras palabras, Japón no tenía ya autoridad para determinar a quién se debía devolver Taiwán. Al afirmar su adhesión al artículo 8 de la Declaración de Potsdam en el comunicado de 1972, Japón reconocía implícitamente que Taiwán debería ser retornada a China, ahora definida como la RPC. La pregunta entonces es: ¿Japón simplemente renunció a sus reclamaciones o dio a entender que Taiwán pertenecía a la República Popular China?
La postura de Japón se puede resumir de la siguiente manera: Japón ha renunciado a Taiwán, y Taiwán “debe” ser devuelta a la RPC, aunque esto aún no ha ocurrido. Por tanto, Japón “comprende plenamente y respeta” la postura de China.
¿Por qué, entonces, Tokio y Pekín incluyeron una referencia al artículo 8 (que da a entender que Taiwán debe ser devuelta a la RPC) en su comunicado conjunto? Básicamente, indica una muestra de deferencia a la postura de la RPC al rechazar la noción de “dos Chinas” o “una China, un Taiwán”.
La aclaración del ministro de Asuntos Exteriores Ōhira en 1972
Después de que Japón normalizase sus lazos con la RPC, surgieron dudas respecto a las referencias a Taiwán en el comunicado. En respuesta, el ministro de Asuntos Exteriores Ōhira Masayoshi, en declaraciones en el Comité Presupuestario de la Cámara de Representantes el 8 de noviembre de 1972, aclaró la postura del Gobierno de la siguiente manera (traducción de nippon.com):
La posición de Japón es que comprende plenamente y respeta el punto de vista del Gobierno de la República Popular China de que Taiwán es una parte inalienable del territorio de la República Popular China. En consecuencia, consideramos que la confrontación entre el Gobierno de la República Popular China y Taiwán es, básicamente, un asunto interno de China. Japón espera que esta cuestión se resuelva de manera pacífica entre las partes concernidas y cree que no existe una posibilidad realista de que derive en un conflicto armado.
Es importante señalar el uso que hizo Ōhira del calificativo “básicamente”. ¿Por qué eligió esa formulación? La respuesta se encuentra en la parte final de su declaración, donde expresó la esperanza de Japón de una solución pacífica y su convicción de que un conflicto armado era improbable. En otras palabras, Japón consideraba la cuestión de Taiwán como un “asunto interno de China” bajo el supuesto de que se resolvería de forma pacífica. Dicho de otro modo, si el problema no se resolvía pacíficamente, Japón podría dejar de verlo como un asunto puramente interno.
Esto concuerda con la declaración conjunta Japón-EE. UU. de 1969 tras la cumbre Satō-Nixon, en la que se afirmaba que el mantenimiento de la paz y la seguridad en la región de Taiwán constituía también un factor de suma importancia para la seguridad de Japón. La explicación de Ōhira ha sido, en general, mantenida por las administraciones japonesas posteriores. Pero ¿se trataba de una interpretación a la que Japón llegó por sí solo, o era compartida con China?
Una pista se encuentra en la cumbre de septiembre de 1972, tal como se recoge en el volumen publicado en 2003 por Iwanami Shoten sobre las negociaciones de normalización, editado por Ishii Akira y otros. Según los registros, el primer ministro Zhou Enlai dijo a la delegación japonesa el 26 de septiembre que, en lo relativo al Tratado de Seguridad Japón-EE. UU., no creía que la República Popular China fuera a liberar Taiwán por la fuerza. También afirmó que Japón no tenía responsabilidad alguna por la declaración conjunta Satō-Nixon de 1969 que vinculaba a Taiwán con la seguridad de Japón, y añadió que Washington también había indicado que no plantearía este asunto.
No consta que ni el primer ministro Tanaka ni el ministro de Asuntos Exteriores Ōhira respondieran directamente a las declaraciones de Zhou. Sin embargo, es evidente que consideraron la garantía de Zhou de que China no usaría la fuerza contra Taiwán como estrechamente vinculada a la declaración conjunta de 1969 que subrayaba la importancia de Taiwán para la seguridad de Japón. La decisión de Japón de tratar la cuestión de Taiwán como un asunto interno (bajo el supuesto de una resolución pacífica) probablemente se basó en las declaraciones de Zhou.
El marco jurídico japonés para una contingencia en Taiwán
Desde entonces no han dejado de aparecer referencias al estrecho de Taiwán, también durante la reunión 2+2 de ministros de Asuntos Exteriores y Defensa de Japón y EE. UU. celebrada en 2005. Hasta hoy, tanto Japón como Estados Unidos (y a menudo incluso Japón y China) han invocado con regularidad la frase “paz y estabilidad en el estrecho de Taiwán. Recientemente, la expresión se ha consolidado en las declaraciones del G7 y en las cumbres entre Japón, EE. UU. y Corea del Sur.
Mientras tanto, dentro de Japón se han venido impulsando preparativos institucionales ante la posibilidad de que la cuestión de Taiwán no se resuelva de manera pacífica, es decir, en caso de que China intente zanjarla por la fuerza. Un paso importante en esa dirección fue el paquete de leyes de seguridad aprobado durante la segunda Administración de Abe Shinzō.
El detonante inmediato del actual desencuentro diplomático con China (la respuesta de la primera ministra Takaichi a las preguntas del legislador de la oposición Okada Katsuya sobre qué constituiría una situación que amenazara la supervivencia de Japón) también está directamente relacionado con esta cuestión. Al ser interrogada sobre qué tipo de medidas podría emplear Pekín para someter plenamente a Taiwán a su control, la primera ministra afirmó que acciones que implicaran buques de guerra y el uso de la fuerza militar podrían, según cualquier interpretación razonable, constituir una situación que amenazara la supervivencia del país.
No obstante, conviene señalar que Takaichi precedió estas afirmaciones con aclaraciones de que cualquier valoración debe basarse en las circunstancias concretas de una situación real y tener en cuenta toda la información disponible. Añadió además que la definición de una “situación que amenaza la supervivencia” ya está establecida en el artículo 2, párrafo 4, de la Ley de Respuesta a Situaciones de Ataque Armado. Esta disposición define dicha situación como aquella en la que “se produce un ataque armado contra un país extranjero que mantiene una relación estrecha con Japón y, como consecuencia, se amenaza la supervivencia de Japón y existe un peligro claro de que se vean fundamentalmente menoscabados los derechos del pueblo a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad”.
Esto plantea la cuestión de qué países entran en la categoría de “país extranjero que mantiene una relación estrecha con Japón”. El Gobierno japonés ha abordado este punto en reiteradas ocasiones. Por ejemplo, en una sesión plenaria de la Cámara de Representantes celebrada el 14 de marzo de 2017, el entonces primer ministro Abe afirmó que, de forma realista, la posibilidad de que algún país distinto de Estados Unidos encajara en esa categoría era bastante limitada, aunque señaló que cualquier determinación dependería en última instancia de las circunstancias concretas de cada situación.
En otras palabras, Estados Unidos es el principal “país extranjero que mantiene una relación estrecha con Japón”, aunque ello no excluye otras posibilidades. En la práctica, es con Estados Unidos con quien Japón realiza de manera habitual ejercicios de preparación para operaciones coordinadas.
Esto conduce a la siguiente cuestión: ¿qué otros países extranjeros, en su caso, podrían entrar en esta categoría? A este respecto, el Gobierno señaló, en una respuesta escrita fechada el 21 de julio de 2015 a preguntas presentadas por el miembro de la Cámara de Consejeros Mizuno Ken’ichi, que la expresión “país extranjero que mantiene una relación estrecha con Japón” se refiere, por lo general, a países que comparten el interés de responder a un ataque armado externo, al considerarlo una amenaza común, y que expresan su voluntad de responder conjuntamente con Japón. Ello puede incluir países con los que Japón no mantiene relaciones diplomáticas.
Desde la perspectiva del Gobierno, por tanto, Estados Unidos encaja indiscutiblemente en esta categoría, y la premisa básica es el ejercicio de la autodefensa colectiva junto al único aliado de Japón en virtud de un tratado. No obstante, la ley también permite valoraciones caso por caso en función de las circunstancias concretas de cada situación y reconoce que la categoría puede incluir a países con los que Japón carece de relaciones diplomáticas, como Taiwán.
A primera vista, esta interpretación podría parecer que va más allá de los debates anteriores, que situaban la cuestión del estrecho de Taiwán en el marco del Tratado de Seguridad Japón–Estados Unidos. No obstante, en la práctica, las Fuerzas de Autodefensa realizan ejercicios de operaciones conjuntas principalmente con las fuerzas estadounidenses, y no con el ejército taiwanés.
En ese sentido, el ejercicio de la autodefensa colectiva en una situación que amenace la supervivencia se produciría, en términos prácticos, entre Japón y Estados Unidos. Aunque Taiwán podría encajar teóricamente en la categoría de “país extranjero que mantiene una relación estrecha con Japón”, la ley está redactada de forma lo suficientemente amplia como para que cualquier país, incluidos aquellos sin lazos diplomáticos con Japón, pueda entrar en esa definición. Por esta razón, no puede concluirse de manera definitiva que la respuesta escrita estuviera pensada específicamente con Taiwán en mente.
(Publicado originalmente en japonés el 25 de diciembre de 2025. Imagen del encabezado: el primer ministro de China, Zhou Enlai, a la izquierda, y el primer ministro japonés, Tanaka Kakuei, saludan a la multitud reunida en el aeropuerto de Shanghai antes de la partida de Tanaka desde China en septiembre de 1972. © Kyōdō.)
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