La política japonesa en 2026: ¿podrá Takaichi reconstruir un Gobierno estable del PLD?
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El primer riesgo: su carácter
La primera mujer en ocupar la jefatura del Gobierno de Japón, Takaichi Sanae, afronta 2026 con la ventaja de un alto índice de apoyo público. Sin embargo, para mantener ese impulso deberá gestionar cinco riesgos clave y calibrar cuidadosamente el mejor momento para convocar elecciones generales. Con el gobernante Partido Liberal Democrático en una posición defensiva, las decisiones de la primera ministra podrían tener profundas implicaciones para el futuro de la política japonesa.
En el contexto político actual, el factor que más influye en la capacidad de un primer ministro para mantenerse en el cargo y gobernar con eficacia es su carácter. Hasta ahora, la mayoría de los observadores han valorado la personalidad de la primera ministra Takaichi como un activo. No obstante, su estilo de liderazgo también entraña riesgos para la eficacia y la longevidad de su Gobierno.
Takaichi tiene desde hace tiempo fama de ser una dirigente decidida y una solucionadora eficaz de problemas. El lado negativo de este rasgo de su personalidad es su tendencia a insistir en la microgestión, en lugar de delegar parte de la toma de decisiones y de las negociaciones en otras personas.
El liderazgo directo y jerárquico de Takaichi permitió la aprobación, el 16 de diciembre, de un presupuesto suplementario para el ejercicio fiscal 2025 por valor de 18,3 billones de yenes, así como la elaboración de un proyecto de presupuesto récord de 122 billones de yenes para el ejercicio fiscal 2026. Sin embargo, ese mismo proceso intensivo proporcionó el contexto en el que, el 7 de noviembre de 2025, realizó unas declaraciones improvisadas sobre las implicaciones para Japón de una posible contingencia en Taiwán, lo que provocó una brusca escalada de las tensiones entre su país y China.
Esta tendencia también ha suscitado preocupación por su salud. Según se informa, Takaichi escatima en horas de sueño e incluso descuida las comidas, impulsada por su entusiasmo por el trabajo y su gran capacidad de esfuerzo. A ello se suma el factor del estrés inherente a un cargo de tan alta presión y objeto de mucha atención como el de primer ministro. El mantenimiento y la gestión de la salud constituyen un desafío constante que está al acecho en segundo plano.
Segundo riesgo: el trabajo en equipo
Un segundo riesgo, estrechamente relacionado con el anterior, es la falta de un equipo de liderazgo eficaz y que funcione con fluidez, incluido un coordinador político sólido capaz de articular y generar consensos entre los diversos actores implicados.
Esta carencia quedó claramente de manifiesto a finales de noviembre, cuando el Partido Liberal Democrático de Takaichi irritó a su nuevo socio de coalición, el Nippon Ishin no Kai (Partido de la Innovación de Japón), al no consultarle antes de anunciar que tres diputados independientes, previamente expulsados de Ishin, se incorporarían al PLD para asegurar una mayoría en la Dieta.
El incidente ejemplifica el estilo de gobierno de “mujer orquesta” de Takaichi, que podría resultar difícil de sostener. “Al final, no nos queda más remedio que plantear cada uno de los asuntos directamente a la primera ministra para que sea ella misma quien tome la decisión”, se quejó un responsable del Ishin.
Tercer Riesgo: los asuntos de la coalición
El tercer riesgo al que se enfrenta el Gobierno de Takaichi tiene que ver con la fragilidad inherente de la alianza del PLD con el Nippon Ishin no Kai. Al asumir el liderazgo de su partido, Takaichi se vio obligada a forjar una coalición con al menos uno de los partidos de la oposición para asegurarse una mayoría en la Dieta. El Ishin accedió a colaborar con el PLD (aunque sin incorporarse formalmente al Gabinete) con la condición de que ambos partidos trabajaran conjuntamente para aprobar una legislación que redujera en un 10 % el número de escaños de la Cámara de Representantes (Cámara Baja). Dicha iniciativa legislativa fue presentada ese mismo otoño, durante la sesión extraordinaria de la Dieta, pero su tramitación quedó bloqueada ante la férrea resistencia de las fuerzas de la oposición. Mientras tanto, las tensiones entre los partidos fueron en aumento debido al empeño del Ishin por sacar adelante una reforma que muchos dentro del PLD contemplan con ambivalencia.
Con la sesión extraordinaria de la Dieta acercándose a su fin a mediados de diciembre, Takaichi y el líder del Ishin, Yoshimura Hirofumi, acordaron retirar temporalmente el proyecto de ley con el entendimiento de que tratarían de aprobarlo durante la sesión ordinaria de la Dieta de 2026, en enero. Dado que Yoshimura ha calificado este proyecto como el “punto esencial de la reforma política”, no lograr su aprobación en un plazo razonable podría poner en peligro la coalición.
Cuarto riesgo: la economía
Desde el punto de vista de las políticas que adopte, los mayores desafíos a los que se enfrenta la administración Takaichi están relacionados con la gestión de la economía. Lo que más preocupa a los votantes es el aumento del coste de la vida y la caída de los salarios reales.
Esto nos lleva al cuarto riesgo: no responder de forma adecuada a las inquietudes económicas del electorado. Uno de los principales factores detrás de la derrota de la coalición gobernante en las elecciones a la Cámara de Consejeros (Cámara Alta) de julio de 2025 fue la insatisfacción de los votantes con las políticas económicas del Gobierno.
El presupuesto suplementario para el ejercicio fiscal 2025, aprobado en diciembre, incluía medidas destinadas a amortiguar el impacto de la subida de los precios, incorporando demandas del Partido Democrático Constitucional de Japón y del Kōmeitō con el fin de asegurar su apoyo. Sin embargo, en el actual entorno inflacionario, los mercados reaccionaron negativamente a este activismo fiscal, que iba a financiarse mediante nuevas emisiones de bonos del Estado. Siguió una venta masiva de yenes y un aumento de los tipos de interés a largo plazo.
El Banco de Japón elevó los tipos de interés el 19 de diciembre hasta su nivel más alto en 30 años, pero, contrariamente a las expectativas del propio banco central, el yen continuó debilitándose frente al dólar. La debilidad de la moneda japonesa contribuye al encarecimiento del coste de la vida al elevar los precios del combustible y de otras importaciones. Si el Gobierno no logra revertir esta tendencia, los consumidores (es decir, los votantes) perderán inevitablemente la paciencia. La estabilidad a largo plazo de la administración Takaichi dependerá en gran medida de si los votantes perciben que sus finanzas domésticas han mejorado como resultado del presupuesto para el ejercicio fiscal 2026.
Aunque el bloque gobernante controla una exigua mayoría en la Cámara Baja (233 de los 465 escaños), la Cámara Alta se encuentra dividida a partes iguales entre los bloques gobernante y opositor. Esto obliga a la Administración a negociar con la oposición para engrasar el proceso legislativo.
En una reunión celebrada el 18 de diciembre, Takaichi y Tamaki Yūichirō, líder del Partido Democrático para el Pueblo (PDPP), acordaron elevar el umbral mínimo de ingresos sujetos a tributación hasta 1,78 millones de yenes, una medida que el PDPP viene defendiendo desde 2022. A cambio, el PDPP aceptó colaborar para que el presupuesto de 2026 sea aprobado en la Dieta antes del final del actual ejercicio fiscal, desactivando así el riesgo más inmediato para el liderazgo de Takaichi.
Quinto riesgo: la cuestión de China
Aunque el apoyo de los votantes depende principalmente de la situación económica, el Gabinete de Takaichi también se enfrenta a serios desafíos en el ámbito de la política exterior. Entre ellos, destacan especialmente los riesgos emergentes derivados del deterioro de las relaciones con China.
El 7 de noviembre, en respuesta a una pregunta formulada en una comisión de la Dieta, Takaichi expresó su opinión de que una contingencia en Taiwán (esto es, una invasión o un bloqueo por parte de China) podría constituir una amenaza existencial para Japón, que es la condición jurídica básica para que el país pueda responder militarmente. Estas declaraciones provocaron una airada reacción de los dirigentes chinos, que exigieron una retractación. Desde entonces, Pekín ha castigado a Japón en el plano económico instando a los ciudadanos chinos a abstenerse de viajar al país. También ha incrementado la presión mediante actos de intimidación militar, incluidos incidentes en los que cazas chinos fijaron sus radares sobre aeronaves japonesas.
Los expertos se muestran pesimistas respecto a la posibilidad de un deshielo rápido. Cuanto más se prolongue este enfriamiento, mayor será el impacto negativo sobre el sector turístico y otros ámbitos de la economía japonesa. El actual nivel de tensión también eleva el riesgo de un enfrentamiento militar no intencionado.
A este desafío se suma la imprevisibilidad de las relaciones entre EE. UU. y China bajo la presidencia de Donald Trump. La primera ministra confía en visitar EE. UU. antes del viaje de Trump a China previsto para abril, con el fin de reafirmar la solidaridad entre Japón y Estados Unidos.
El apoyo popular y la conveniencia de unas elecciones
Según las encuestas de opinión de los principales medios de comunicación, el índice de aprobación del Gabinete se mantiene elevado, en torno al 60 %-70 %, incluso dos meses después de la formación del Gobierno. Este nivel de apoyo popular, poco habitual, constituye la mayor fortaleza de la Administración Takaichi.
El respaldo es especialmente alto entre los votantes en la veintena, la treintena y la cuarentena. Takaichi ha logrado recuperar a muchos de los votantes jóvenes que abandonaron al PLD durante los mandatos de los primeros ministros Kishida Fumio e Ishiba Shigeru. La mayoría de los votantes vinculados al centroderechista PDPP y al populista de derechas Sanseitō tienen una opinión favorable del Gabinete de Takaichi. El estilo político de la primera ministra y su retórica directa gozan, en general, de buena acogida.
La cuestión clave es cuánto tiempo podrá sostenerse esta popularidad en medio de los riesgos y desafíos a los que se enfrenta el Gobierno. De ello dependerá en gran medida el momento de las próximas elecciones generales. (Las elecciones generales no tendrían que celebrarse hasta el otoño de 2028, pero la primera ministra tiene la facultad de disolver la Cámara Baja y convocar elecciones anticipadas en cualquier momento.) No obstante, hay otros factores que también deben tenerse en cuenta.
Algunos políticos del PLD consideran que la mejor opción es convocar elecciones anticipadas lo antes posible, aprovechando la popularidad personal de la primera ministra para recuperar los escaños perdidos en las elecciones generales de 2024. Dejando margen para la aprobación del presupuesto del ejercicio fiscal 2026, ello implicaría disolver la Cámara Baja durante la segunda mitad de la actual sesión ordinaria de la Dieta, prevista hasta el 21 de junio.
Otro factor relevante es el acuerdo de coalición relativo a la reducción del número de escaños de la Cámara Baja, el proyecto predilecto del Nippon Ishin no Kai. En su reunión de diciembre, Takaichi y Yoshimura acordaron aprobar la legislación necesaria durante la sesión ordinaria de la Dieta de 2026. Si la resistencia de la oposición vuelve a bloquear el avance del proyecto, es seguro que el Ishin intensificará la presión exigiendo que la cuestión se someta al veredicto de los votantes.
A pesar del alto índice de aprobación del Gabinete, el apoyo al PLD como partido sigue siendo bajo. Para que el PLD recupere el control en solitario de la Cámara Baja, el llamado “efecto Takaichi” deberá ser suficiente para atraer de nuevo a los votantes desencantados que se pasaron al PDPP o al Sanseitō el pasado mes de julio, al tiempo que compense la pérdida de votos derivada de la reciente disolución de la coalición PLD-Kōmeitō (véase más abajo).
No obstante, una mayoría absoluta en la Cámara Baja (233 escaños) puede no ser imprescindible. Cualquier mejora sustancial respecto al desastroso resultado del PLD en 2024 (cuando obtuvo tan solo 191 escaños) reforzaría la posición del Gobierno y daría a Takaichi una posibilidad razonable de asegurarse un segundo mandato en las elecciones presidenciales del PLD previstas para el otoño de 2027. La forma en que la primera ministra equilibre estas consideraciones marcará su estrategia electoral y la agenda política de 2026.
La política japonesa en transición
La situación política actual de Japón debe entenderse como parte de un desplazamiento tectónico en curso que comenzó en 2024. Para comprender este proceso, es necesario situarlo en su contexto histórico.
En 1993, tras 38 años de gobierno ininterrumpido del PLD bajo el llamado sistema de 1955, una heterogénea coalición anti-PLD se hizo brevemente con las riendas del poder (primero bajo el primer ministro Hosokawa Morihiro y luego bajo Hata Tsutomu). Cuando esta alianza inestable se derrumbó, el PLD forjó una improbable coalición con el Partido Socialdemócrata y el Nuevo Partido Sakigake, con el líder del PSD, Murayama Tomiichi, como primer ministro. Esta maniobra, que precipitó al PSD en una espiral de declive, permitió al PLD recuperar el liderazgo en 1996. Con el apoyo del centrista Kōmeitō (vinculado a la organización budista Sōka Gakkai), el PLD se mantuvo al frente del Gobierno hasta 2009, cuando fue desalojado del poder por el Partido Democrático de Japón.
Los liberaldemócratas regresaron al poder en diciembre de 2012, dando inicio a una nueva etapa de estabilidad política bajo la supremacía incontestada del PLD. Este “nuevo sistema de 1955” de dominio de un solo partido sufrió un duro revés en octubre de 2024, cuando el PLD perdió la mayoría en la Cámara Baja, y terminó por derrumbarse con la derrota del partido en la Cámara Alta en julio de 2025.
Cuando Takaichi fue elegida presidenta del PLD en octubre de ese año, el Kōmeitō se retiró de la coalición bipartidista que había durado 26 años, obligando al PLD a buscar un nuevo socio. El Ishin ha ocupado ese papel, pero su actitud tibia queda clara en su negativa a aceptar cargos ministeriales. Tampoco existen las condiciones adecuadas para una alianza electoral entre ambos partidos. En estas circunstancias, resulta difícil imaginar una asociación duradera.
La política japonesa ha entrado en una fase de realineamiento y transición, y la coalición PLD-Ishin debería interpretarse probablemente como un arreglo provisional, destinado a ganar tiempo hasta que vuelva a emerger un orden político estable.
¿Podrá el PLD aterrizar de pie?
Hasta ahora, las principales líneas de confrontación política en Japón habían sido las que separaban al PLD del conjunto de la oposición. Las elecciones a la Cámara Alta de 2025 anunciaron una nueva configuración definida por tres campos ideológicos en competencia: conservador (derecha), liberal (izquierda) y centrista. El Sanseitō y el Partido Conservador de Japón se sitúan en el extremo derecho de este espectro, seguidos por el PLD y el Ishin. El centro está representado por el centroderechista PDPP, el Kōmeitō y el ala centrista del liberal Partido Democrático Constitucional de Japón. En el extremo izquierdo se encuentran el ala izquierdista del PDCJ, el Reiwa Shinsengumi y, finalmente, el Partido Comunista Japonés.
Durante el proceso de elaboración del presupuesto para el ejercicio fiscal 2026, el PLD logró recabar la cooperación del centroderechista PDPP al aceptar su exigencia de elevar el umbral mínimo de ingresos sujetos a tributación. Para el PLD, esta maniobra tiene el efecto de reducir el riesgo de una rebelión del Ishin al forjar lo que, en la práctica, equivale a una coalición sin presencia en el Gabinete con el PDPP. Al incorporar al PDPP a su órbita, el PLD también reduce la posibilidad de un desafío electoral centrista unificado por parte del PDCJ, Kōmeitō y el propio PDPP. Esta jugada, además, priva al PDPP de uno de sus principales reclamos. Reforzar su control del poder adoptando una política de la oposición es una táctica tradicional del PLD.
Solo el tiempo dirá si el llamado “efecto Takaichi”, combinado con una hábil gestión de las relaciones interpartidistas, puede crear las condiciones propicias para unas elecciones generales anticipadas. Pero si Takaichi opta por ese camino, el consiguiente realineamiento de las fuerzas gubernamentales y opositoras podría cambiar el rostro de la política japonesa en 2026 y en los años venideros.
(Traducido al español de la versión en inglés. Imagen del encabezado: la primera ministra Takaichi Sanae habla ante los medios de comunicación en la Oficina del Primer Ministro en Tokio después de la aprobación de una propuesta de presupuesto del Gabinete para el año fiscal 2026. © Jiji.)
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