Poca claridad y cortoplacismo arrojan dudas sobre la política migratoria de Japón

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La llamada “política sobre los extranjeros” del Gobierno de Japón hace énfasis en un endurecimiento de los controles sobre los residentes internacionales, siempre bajo el lema de “convivencia dentro de un orden”. Sin embargo, no dibuja claramente qué perspectivas de admisión de extranjeros se abren a largo plazo.

Turistas y residentes extranjeros, todos al mismo saco

En enero, el Gobierno de Takaichi Sanae presentó su “Estrategia integral para la aceptación de extranjeros y la convivencia dentro de un orden”. ¿En qué se diferencia de las políticas que, con nombre similares, existían ya desde que se creó el sistema de Habilidades Específicas (tokutei ginō) en 2018, para dar visado a trabajadores extranjeros?

La principal diferencia es que la estrategia de Takachi apunta también a problemas como el sobreturismo y la compra de terrenos por extranjeros, sean residentes o no residentes. Es decir, que sus medidas no se limitan a los trabajadores extranjeros que viven en Japón.

Sin embargo, aunque los turistas e inversores extranjeros que no viven en Japón y los residentes extranjeros en nuestro país tengan en común su condición de no nacionales, su implicación en la sociedad japonesa es completamente diferente y, por tanto, es inaceptable plantear estrategias o directrices políticas que los traten de forma indiferenciada. Eso de tener una única “política sobre los extranjeros” que otorgue a todos el mismo tratamiento, además de desdibujar los complejos intereses y trasfondos de cada caso concreto, fomenta debates tan simplistas como el de contraponer “tolerancia” a “restricción”.

En cuanto a las políticas que se aplican a los residentes extranjeros, asuntos como la formación en idioma japonés y el apoyo para sus hijos tanto en la escuela como a la hora de encontrar trabajo, como ocurría en los esquemas previos, también en esta nueva política de Takaichi se han dictado directrices para adecuar el marco institucional. Pero, al mismo tiempo, se está poniendo énfasis en que la convivencia debe ser siempre “dentro de un orden”, y para ello se está procediendo a “adecuar”, léase endurecer el control sobre el cambio de estatus de residencia, estableciendo como condición para otorgar la residencia permanente someterse a cursos de japonés y otras materias, o alargando el periodo mínimo de residencia exigible para conceder la nacionalidad.

Sin embargo y pese a todo el énfasis que se está poniendo en esa supuesta “adecuación”, el Gobierno no está aclarando cómo ve la disminución de la población activa que está experimentando Japón, ni qué pautas seguirá para permitir la entrada en Japón de más extranjeros. No está mostrando directrices claras sobre un tema tan básico como si las puertas de Japón se abren a la mano de obra extranjera con carácter temporal, si se parte de la premisa de que estas personas se quedarán a vivir aquí, o si en el futuro se va a limitar su entrada.

Los visados permanentes y las nacionalizaciones no aumentan

Actualmente, el grupo que más está creciendo es el de los extranjeros con visado de residencia temporal. Según los datos sobre concesiones y denegaciones y porcentaje de concesión que encontramos en el anuario Estadísticas de Control de Migraciones, que viene haciéndose público desde 2006, el número de extranjeros que reciben visados de residencia permanente marcó su máximo en 2007 y luego comenzó a descender. Si bien desde 2017 tuvo un repunte, no se ha llegado a alcanzar los niveles de la segunda mitad de la primera década del siglo, y actualmente ronda los 35.000. La tasa de concesión (número de solicitudes aprobadas dividido entre la suma de las aprobadas y las denegadas) ha seguido una línea paralela.

Evolución de las concesiones de visados de residencia permanente y otros datos

Las cifras de naturalizaciones (obtenciones de la nacionalidad japonesa) son públicas desde hace más tiempo que las de las concesiones de visados de residencia permanente. En la gráfica mostramos su evolución desde 1989, que fue el año en que comenzaron a publicarse también los datos de denegaciones. El pico se alcanzó en 2003 (18.000 concesiones aproximadamente), tras lo cual vino un descenso. Desde principios de la década de 2010 el número ronda los 10.000. El índice de concesión ha sido durante todo este tiempo superior al 90 %, un porcentaje que puede calificarse de alto. De todos modos, desde 2013 se ha situado siempre por debajo del 95 % con tendencia sostenida a la baja durante los últimos años.

Evolución de las concesiones de nacionalidad

Tanto en el caso de los visados permanente como en el de las naturalizaciones, cabe pensar que el perfil de los solicitantes haya cambiado con el tiempo y, por lo tanto, sería apresurado concluir, basándonos en el descenso del índice de concesión, que los criterios se hayan endurecido. Lo que se advierte en todo caso es que, frente al número total de residentes extranjeros, que está experimentando un rápido aumento, el de residentes permanentes y naturalizados no crece.

Un estudio realizado en 2018 por el grupo de investigación al que pertenezco revela que solo el 38,5 % de las personas de nacionalidad extranjera nacidas fuera de Japón que viven en nuestro país desea quedarse a vivir aquí para siempre. Incluso si limitamos el cálculo a quienes tienen un estatus de residencia en virtud de su estado civil o posición (residentes permanentes o cónyuges de nacionales japoneses), un grupo al que se atribuye un alto grado de arraigo, el porcentaje no llega al 50 %. Dado que quienes colaboran respondiendo a este tipo de encuestas suelen ser personas con interés en la sociedad japonesa que se sienten muy vinculadas a ella, suponemos que, eliminado ese sesgo, el porcentaje de quienes tienen una intención clara de quedarse aquí sobre el total de extranjeros que viven en Japón será todavía menor.

Admisión casi exclusivamente para trabajadores y estudiantes

Si comparamos el grado de aceptación de población extranjera en otros países a partir de los datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), las características de Japón saltan a la vista. Japón muestra una fuerte tendencia a aceptar casi exclusivamente trabajadores y estudiantes para periodos concretos, más cortos o más largos, cerrando sus puertas al resto.

Países como Alemania, Países Bajos o Francia admiten en mayor o menor medida extranjeros que no son propiamente ni trabajadores ni estudiantes: personas procedentes de otros países miembros de la Unión Europea (UE) que tienen libertad de movimiento, refugiados (“por razones humanitarias”, en la siguiente gráfica), familiares de extranjeros ya residentes (reunificación familiar), etcétera. El Reino Unido, que se escindió de la UE, no reconoce la libre circulación de personas, pero si admite que personas que han recibido visados, en su mayor parte son de estudios, lleguen con sus familias, o que dichas familias se reunifiquen posteriormente. Corea del Sur, otro país miembro de la OCDE, muestra una clara tendencia a otorgar visados de trabajo por un periodo corto.

Admisión de extranjeros en Japón y otros países

Problemas derivados del “sostenimiento de la permanencia temporal”

Hasta ahora, Japón ha visto a los extranjeros como fuerza de trabajo y ha favorecido activamente su admisión, permitiéndoles también ampliar su periodo de permanencia, pero no ha aceptado que estos extranjeros se conviertan en inmigrantes arraigados en la sociedad japonesa. Los datos que he venido mostrando y los estudios a los que he aludido avalan que Japón pretende admitir extranjeros ante todo como residentes temporales, reflejando la postura mantenida por el Gobierno de que Japón no está “fomentando la inmigración”.

En los medios de comunicación se ha dicho que en el proceso de fijación de la actual estrategia integral, se está estudiando la posibilidad de establecer límites numéricos absolutos, pero en la práctica vemos que las cifras totales de admisión para trabajadores bajo los sistemas de Empleo para Desarrollo de Habilidades y Habilidades Específicas no muestran cambios significativos con respecto a las cifras actuales, por lo que parece que las directrices de admitir a un gran número se mantienen.

En cambio, como se observa en el endurecimiento de las condiciones para conseguir el visado de residencia permanente o la naturalización, el sistema restringe fuertemente la entrada de extranjeros cuando la premisa es concederles algún día la residencia permanente. Así pues, la nueva estrategia refuerza los esquemas seguidos hasta ahora de ver a los extranjeros como “residentes temporales”, sin dar solución al problema de como asegurar la continuidad de esta “permanencia temporal”.

De los trabajadores extranjeros se esperaba que cubrieran los puestos de trabajo que tienden a ser rehuidos por los japoneses debido a las condiciones laborales relativamente malas que ofrecen. La siguiente gráfica, elaborada a partir de los datos del Censo Nacional de Población de 2020, muestra la proporción de trabajadores no incluidos en plantilla (eventuales o a tiempo parcial) por nacionalidades. La proporción de extranjeros en este tipo de trabajo precario es mayor que la de japoneses. Especialmente entre los trabajadores de sexo masculino, frente al 14 % de los japoneses los brasileños tienen un 53 %, los indonesios un 45 % y los vietnamitas, nepaleses y peruanos en torno a un 40 %. Entre las mujeres los porcentajes de empleo precario en estas nacionalidades, así como entre filipinas y tailandesas, es también mayor que entre las japonesas.

Proporción de trabajadores no de plantilla según nacionalidad

Los trabajadores fuera de plantilla corren el riesgo de perder su trabajo cuando la situación económica empeora. Estudios realizados hasta el momento muestran que los extranjeros tienen un mayor riesgo de perder el trabajo en crisis como la desencadenada por la quiebra de la financiera norteamericana Lehman Brothers en 2008, o a sufrir reducciones de jornada como las acarreadas por la pandemia del nuevo coronavirus. Es decir, que se advierte una tendencia a utilizar a los trabajadores extranjeros para hacer con mayor agilidad los ajustes necesarios en función de la coyuntura económica.

A corto plazo, la presencia de estos extranjeros es una válvula de escape que favorece la flexibilidad laboral en las empresas japonesas. Al mismo tiempo, para quien deja su tierra con la idea de trabajar durante algún tiempo y regresar, en muchos casos los ingresos netos pesan más que la estabilidad del puesto de trabajo. Sin embargo, en muchos países que reciben gran cantidad de migrantes se ve que, aunque al principio el trabajador tenga la intención de regresar a su país en el futuro, en la práctica las estancias se alargan y muchos acaban arraigando en el país de acogida. Surge entonces el problema de cómo sobrevivir tras la jubilación, pues con sistemas como el japonés en el que la cuantía de la pensión de jubilación depende del tipo de empleo que se ha tenido durante la vida laboral, es muy posible que muchos de ellos no puedan recibir una pensión que les asegure una vejez digna.

Reproducción de brecha entre nacionalidades y fractura social

Varios estudios señalan que la situación económica de los padres condiciona los resultados escolares de los hijos. Aunque el porcentaje de hijos de extranjeros que acceden al bachillerato está elevándose gradualmente, el fracaso escolar es muy común. Todavía hay muchas barreras que se interponen entre estos jóvenes y la obtención de un título del bachillerato o el acceso a una universidad. Si vamos hacia una situación en la que los hijos de los extranjeros no disfrutan de las mismas oportunidades que los japoneses y terminan condenados a hacer trabajos tan poco apetecibles como los que hicieron sus padres, estaremos exportando a la siguiente generación la brecha socioeconómica. Es precisamente esa reproducción de las desigualdades lo que acaba produciendo una gran fractura social en los países que admiten a migrantes.

La admisión de extranjeros dentro de estos esquemas de “sostenimiento de la permanencia temporal” no puede decirse que cumpla las condiciones de una visión a largo plazo y tampoco va a contribuir a una “convivencia dentro de un orden” en el verdadero sentido de la palabra. Si el Gobierno considera que para Japón es necesario que la admisión de extranjeros se haga sobre la premisa de que se asienten permanentemente, deberá reconocerlo, explicarlo a la ciudadanía y dotarse de los sistemas necesarios para hacerlo posible.

Fotografía del encabezado: Turistas se aglomeran en el famoso cruce de Shibuya (Tokio) el 20 de enero de 2026. (Fotografía de Kyōdō News)

(Traducido al español del original en japonés.)

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