La contundente victoria de Takaichi anticipa un punto de inflexión conservador en Japón
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El “efecto Sanae” arrasa
Tras dos derrotas consecutivas (en las legislativas de 2024 y en las elecciones a la Cámara Alta de 2025) del gabinete de Ishiba Shigeru, el Partido Liberal Democrático (PLD) se había convertido por primera vez en su historia en un “partido minoritario”, sin mayoría ni en la Cámara de Representantes ni en la Cámara de Consejeros (la Cámara Baja y la Cámara Alta de la Dieta, respectivamente).
En esta ocasión, en cambio, el panorama cambió de forma radical con una victoria contundente de Takaichi Sanae. El Partido Liberal Democrático arrasó en todo Japón al hacerse con los 316 escaños a su alcance, con 249 diputados elegidos en circunscripciones uninominales y 67 escaños obtenidos por representación proporcional. Es cierto que las urnas le otorgaron 81 escaños en la parte proporcional, pero como el número de candidatos de su propio partido era en realidad minoritario en algunas listas, el PLD tuvo que ceder 14 escaños a otras formaciones. Puede decirse, por tanto, que el PLD de Takaichi Sanae contaba con una capacidad de voto equivalente a 330 escaños.
Esta victoria se debe a la imponente popularidad de la dirigente japonesa. Tras su llegada al cargo de primera ministra en octubre de 2025, se produjo el auge del llamado “efecto Sanae” (en japonés, Sana-katsu). Fueron sobre todo los jóvenes japoneses quienes se lanzaron a comprar bolígrafos y bolsas con su imagen, pese a que algunos creían que el atractivo de ser la primera mujer en ocupar la jefatura del Gobierno sería algo pasajero y sin futuro.
Sin embargo, cuando a comienzos de enero anunció su intención de disolver la Cámara de Representantes el 23 de enero, la decisión fue duramente criticada por la oposición y por los medios, que hablaron de una “disolución egocéntrica” e incluso de un “abuso del derecho de disolución”. Se le reprochó en particular haber convertido la votación en un referéndum personal, más aún al imponer unas elecciones anticipadas en pleno invierno, apenas un año y cuatro meses después de las anteriores legislativas.
Pero la “fiebre Takaichi” barrió todas esas dudas. Allí donde iba a pronunciar un discurso la aguardaban multitudes. Los electores votaban al PLD para apoyarla a ella.
Gracias a su tirón, el exministro de Educación Shimomura Hakubun (71 años) logró reconquistar la 11.ª circunscripción de Tokio. Antiguo dirigente de la facción del PLD encabezada por el fallecido ex primer ministro Abe Shinzō, la Seiwa (Seisaku Kenkyū-kai), este representante del ala derecha del llamado “PLD negro” había perdido su escaño por verse implicado en un escándalo de fondos clandestinos procedentes de la reventa ilegal de entradas para actos del partido y por sus estrechos vínculos con un grupo religioso. Su regreso en febrero de 2026 le permitió hacerse con el segundo puesto con una amplia ventaja.
La posibilidad de un mandato duradero
Con sus 316 nuevos escaños obtenidos en febrero de 2026, el PLD supera los dos tercios de la Cámara Baja (465 escaños en total). Aunque sigue siendo minoritario en la Cámara Alta, el partido puede ahora aprobar sus proyectos de ley con una mayoría cualificada de dos tercios e incluso aspirar a una revisión de la Constitución, ya que el equilibrio entre ambas cámaras se inclina claramente a favor de la Cámara Baja. El sistema parlamentario japonés no está lejos de poder asimilarse a un régimen prácticamente monocameral.
A lo largo de sus 71 años de existencia, el PLD ha cosechado sin duda importantes victorias: obtuvo 300 de los 512 escaños bajo el gabinete de Nakasone Yasuhiro en 1986; 296 de 480 con Koizumi Jun’ichirō en 2005; y 294 de 480 cuando Abe Shinzō regresó al poder en 2012. Pero esta vez Takaichi Sanae bate todos los récords: es la primera vez desde la guerra que un partido controla en solitario más de dos tercios de la Cámara de Representantes.
Las inquietudes por la desaceleración de la economía japonesa, el aumento del coste de la vida y las presiones ejercidas por China acabaron jugando a favor de Takaichi, que asumió el riesgo de poner su dimisión sobre la mesa y ganó su apuesta.
Todo indica que el mandato del gabinete Takaichi podrá prolongarse. En un primer momento se pensó que su Gobierno no se sostendría, ya que Takaichi no partía de una posición de fuerza dentro de su propio partido. Sin embargo, ahora aspira a ser reelegida como presidenta del PLD en septiembre de 2027 y a recuperar la mayoría en la Cámara Alta en las elecciones de 2028.
En septiembre de 2021, cuando Takaichi se presentó por primera vez a la elección para la presidencia del PLD con el respaldo de Abe, influyentes dirigentes del partido se burlaron de los parlamentarios que la apoyaban: “era la primera vez que el ala derecha del partido cerraba filas”. Hoy ya no se la considera una simple “variable de ajuste”. Tras primeros ministros relativamente liberales como Kishida Fumio e Ishiba Shigeru, que hicieron perder apoyos al PLD (en parte porque los votantes más conservadores optaron por el partido populista de extrema derecha Sanseitō en las legislativas de 2025), el partido ha emprendido un claro giro a la derecha.
Dentro del PLD conviven conservadores y liberales, y no todos los diputados respaldan la línea dura del partido. Pero en esta ocasión la victoria ha sido tan arrolladora que se ha vuelto difícil oponerse abiertamente a Takaichi.
La reducción del impuesto al consumo y la defensa nacional
Takaichi puede ahora virar abiertamente a la derecha. Su lema, “Un Japón fuerte y próspero”, ha seducido a las masas. Esta estrategia se apoya en tres pilares: una “gestión económica y fiscal expansionista”, una “política de seguridad agresiva” y una “legislación nacional basada en valores conservadores”.
En el plano económico, Takaichi defiende una “política presupuestaria responsable y proactiva”. Quiere que el Gobierno invierta en inteligencia artificial, semiconductores y construcción naval para cubrir las necesidades de Japón. El mercado pudo interpretar esta línea como una política fiscal expansiva, pero tras la victoria del PLD, el índice Nikkei se disparó el 9 de febrero y superó su récord, por encima de los 57.000 yenes, en la Bolsa de Tokio.
Por otro lado, Takaichi había anunciado su intención de reducir a cero el impuesto al consumo (hasta ahora del 8 %) sobre los productos alimentarios durante dos años, con el objetivo de combatir el encarecimiento del coste de la vida. Los japoneses son muy sensibles a este argumento, que tendría un impacto directo en su día a día, pero la aplicación de la medida abriría un agujero de 5 billones de yenes en las finanzas públicas, hasta un total de 10 billones de yenes en dos años. Takaichi quiere que, en ese plazo, Japón pase a un sistema de “crédito fiscal con prestaciones”.
Sin embargo, la encuesta a la que respondieron los candidatos durante la campaña muestra que Ishiba Shigeru (ex primer ministro), Hayashi Yoshimasa (ministro de Asuntos Internos y Comunicaciones), Akazawa Ryōsei (ministro de Economía, Comercio e Industria) y Onodera Itsunori (presidente de la comisión fiscal del PLD) se mostraban más bien favorables a mantener el tipo actual del impuesto al consumo. Conviene, por tanto, ser prudentes en este punto. Esta partida presupuestaria será difícil de financiar, pero los japoneses difícilmente aceptarían que dicho impuesto volviera al 8 % dentro de dos años. Y la luna de miel de Takaichi con el electorado podría terminar de forma abrupta.
En materia de defensa, Takaichi quiere revisar antes de finales de 2026 tres documentos clave de la estrategia de seguridad nacional. Dado que aspira a reforzar la capacidad disuasoria de Japón, rodeado de potencias nucleares autoritarias como China, Rusia y Corea del Norte, considera indispensable aumentar sustancialmente el presupuesto de defensa y flexibilizar de forma notable las restricciones a la exportación de armas, con el fin de desarrollar la industria militar y reforzar la competitividad del país en este ámbito.
Donald Trump respalda esta política de aumento del gasto militar. El 5 de febrero, incluso antes de la votación, el presidente estadounidense elogió la postura de Takaichi y escribió en las redes sociales: “Ya ha demostrado que es una dirigente fuerte y perspicaz” y “Buena suerte en la importante votación del domingo”. Tras el anuncio de los resultados, la felicitó en estos términos: “Le deseo mucho éxito en la aplicación de su programa conservador y en su ambición de paz mediante la fuerza”. Takaichi podría convertirse, al igual que la primera ministra italiana Giorgia Meloni, en una de las dirigentes extranjeras favoritas de Trump.
En el ámbito de la política interior, el Gobierno ha declarado su intención de crear una Agencia Nacional de Inteligencia para reforzar los servicios existentes, aprobar un paquete de leyes relativas al espionaje y endurecer la política hacia los extranjeros, medidas todas ellas que satisfacen al ala conservadora del partido.
Por otra parte, Japón sigue siendo el único país del mundo que impone por ley un apellido común a los matrimonios. Esta cuestión divide a la sociedad japonesa desde hace más de una década: ¿es posible replantear el estado civil y dejar la elección en manos de los cónyuges? Takaichi querría cerrar el debate permitiendo a las parejas elegir su apellido, pero mientras los conservadores —que consideran que esta posibilidad atenta contra la unidad familiar— sigan oponiéndose, será imposible avanzar.
Asimismo, previsiblemente intentará silenciar el debate sobre la apertura de la sucesión imperial a las mujeres, apelando a la necesidad de preservar la estabilidad de la línea sucesoria.
La alianza entre el Partido Democrático Constitucional y el Kōmeitō, una suma que resta
Los errores estratégicos de la oposición se tradujeron en una derrota aplastante.
Durante 26 años, el Kōmeitō y el PLD habían sido aliados. Esa larga alianza llegó a su fin en octubre de 2025. Incluso durante los años de Abe Shinzō, marcados por un acusado giro a la derecha, el Kōmeitō se había mantenido fiel. Si rompió con el PLD tras la llegada al poder de Takaichi Sanae, fue porque quería desmarcarse de un partido al que reprochaba no haber hecho lo suficiente para prevenir los escándalos relacionados con la financiación política.
El Partido Democrático Constitucional de Japón (PDCJ), principal fuerza de la oposición, atravesaba una situación delicada. Confiaba en que estas legislativas anticipadas pudieran convertirse en una oportunidad electoral. Su líder, Noda Yoshihiko, multiplicó los gestos de acercamiento hacia Saitō Tetsuo, entonces al frente del Kōmeitō. Aspiraba a crear una fuerza “centrista” capaz de contrarrestar la línea derechista de Takaichi, argumentando que ambos compartían una visión común.
Su objetivo, por puro cálculo electoral, era arrebatar al PLD entre 10.000 y 20.000 “votos de la organización religiosa Sōka Gakkai” en cada circunscripción y sumarlos a su causa para ganar escaño a escaño. Tras anunciarse la disolución de la Cámara, el Kōmeitō proclamó de inmediato la creación de un nuevo partido, bautizado para la ocasión como Alianza Reformista de Centro, fruto de su unión con el PDCJ. Este cambio de alianzas conmocionó al PLD, que en las elecciones anteriores solo había logrado imponerse por un estrecho margen (apenas 10.000 votos más que los demócratas constitucionales).
El nacimiento de la Alianza Reformista de Centro se anunció el 22 de enero, la víspera de la disolución. Noda esperaba devolver al centro al PDCJ, que consideraba excesivamente escorado a la izquierda. Pretendía armonizar las estrategias y alinearse con el Kōmeitō, habida cuenta de que durante años dicho partido había formado parte de la coalición gobernante. Sin embargo, esta nueva formación, creada con prisas, no logró convencer al electorado.
Antes de la fusión, el PDCJ y el Kōmeitō podían presumir de 172 escaños. Tras las legislativas anticipadas, apenas conservan un tercio de esa cifra. Hoy, el nuevo centro se limita a 49 escaños. Aspiraba a convertirse en la principal fuerza de la oposición, pero en las circunscripciones uninominales solo siete de sus candidatos lograron salir elegidos.
El lema de la Alianza Centrista era “1 + 1 = 3”, pero en la práctica el resultado fue más bien “0,5”. El análisis por franjas de edad revela que este nuevo centro no consiguió en absoluto atraer a los jóvenes y se limitó a conservar el voto de los electores de mayor edad.
Por último, el retroceso del Partido Comunista de Japón y del Reiwa Shinsengumi marca casi el final de la izquierda japonesa. ¿Cómo contrarrestar, entonces, al poderoso gabinete de derechas de Takaichi? La oposición tendrá que aprender a resolver esta ecuación.
(Imagen del encabezado: Takaichi Sanae, primera ministra y líder del PLD, durante una rueda de prensa tras las elecciones. Imagen tomada en la tarde del 9 de febrero de 2026 en la sede del partido en Nagatachō, Tokio. © Franck Robichon / Pool vía Reuters.)
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