El reto diplomático de la primera ministra Takaichi ante el segundo mandato de Trump

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El 19 de marzo, la primera ministra de Japón, Takaichi Sanae, se reunirá con el presidente estadounidense, Donald Trump, en la Casa Blanca. Sahashi Ryo analiza las oportunidades y los retos diplomáticos a los que se enfrenta “la mujer más poderosa del mundo” en un entorno internacional cada vez más inestable.

Cambios importantes en la política de seguridad

El Partido Liberal Democrático de la primera ministra Takaichi Sanae y su socio menor de coalición, el Nippon Ishin no Kai (Partido de la Innovación de Japón), lograron una victoria aplastante en las elecciones generales de febrero de 2026, al obtener 352 de los 465 escaños de la Cámara de Representantes, la Cámara Baja de la Dieta. El PLD, por sí solo, aumentó su representación en la cámara baja en 120 escaños en una convocatoria que Takaichi había caracterizado como “unos comicios para elegir a un primer ministro”, lo que le permitió reivindicar un fuerte mandato.

La oposición combinada sigue controlando más de la mitad de los escaños en la Cámara de Consejeros (Cámara Alta), pero eso ha pasado a ser irrelevante; en la Cámara Baja, la coalición PLD–Ishin cuenta con la mayoría de dos tercios necesaria para anular a la Cámara Alta al aprobar leyes. Armado con esta supermayoría, el Gobierno de Takaichi ha atraído la atención mundial. De hecho, la revista británica The Economist la ha apodado “la mujer más poderosa del mundo”.

¿Qué hará la primera ministra Takaichi con ese poder?

La seguridad es uno de los ámbitos en los que se anticipan importantes cambios de política. Ya se ha informado de que la Administración Takaichi quiere relajar las restricciones a la exportación de material de defensa. Además, planea actualizar antes de lo previsto los tres documentos estratégicos clave del país, modificar la legislación de seguridad económica aprobada en 2022 y aumentar aún más el presupuesto de defensa. También se han puesto en marcha consejos de expertos para deliberar sobre controles más estrictos de las actividades de los ciudadanos extranjeros, incluidas las adquisiciones de terrenos, y se espera que comiencen a presentar sus conclusiones en los próximos meses. Todo apunta a que será un año decisivo para la política de seguridad de Japón.

Contar con el favor de Trump

Cuando el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, reciba a la primera ministra Takaichi Sanae en la Casa Blanca el 19 de marzo, sin duda expresará su admiración por la forma en que la “dama de hierro” de Japón ha consolidado su liderazgo en el ámbito interno. En contraste, el impulso político de Trump parece haberse estancado de cara a las elecciones legislativas de mitad de mandato de noviembre. Con el descontento interno en aumento por la gestión de la inmigración y la inflación por parte de su Gobierno, Trump confía sin duda en reforzar su imagen en el escenario diplomático. Sin embargo, su capacidad para recurrir a los aranceles —una de sus herramientas diplomáticas predilectas— se ha visto gravemente limitada por un fallo de la Corte Suprema de los Estados Unidos según el cual el presidente carece de autoridad legal para imponer tales impuestos por decreto en virtud de la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional.

¿Cómo debería Japón tratar con Trump en estas nuevas circunstancias?

En muchos países, incluido Japón, crece el apoyo a la retórica desafiante empleada por el primer ministro canadiense Mark Carney en su discurso en la reunión anual del Foro Económico Mundial del pasado mes de enero, cuando criticó implícitamente a Estados Unidos por socavar el orden internacional. Preguntémonos primero si Japón tiene algo que ganar con una postura tan desafiante.

Entre funcionarios de la Administración Trump y otros sectores conservadores cunde la alarma ante indicios de que los países europeos se están acercando a China al tiempo que intensifican sus críticas a la política exterior estadounidense. El discurso de Carney en Davos llegó poco después de su visita a Pekín en enero, durante la cual, según se dice, restableció las relaciones con el principal rival de Estados Unidos. En medio de las crecientes tensiones con Europa y Canadá, Japón ha ganado prestigio en Washington. Tokio llegó relativamente pronto a un acuerdo comercial con el Gobierno de Trump y ya ha anunciado el primer paquete de inversiones que formaban parte del acuerdo arancelario. Además, Takaichi ha demostrado estar dispuesta y ser capaz de plantar cara a China. Al mantener una línea coherente en sus relaciones con Estados Unidos y en su postura hacia China, Tokio ha asegurado una posición favorable a los ojos de la Administración Trump, y a Japón le conviene mantener ese estatus.

Para mantener la relación bilateral en equilibrio a corto plazo, la cumbre del 19 de marzo debe lograr avances sustanciales en áreas clave como el comercio, la inversión y la seguridad. Por supuesto, hay que procurar que estos compromisos no supongan una carga excesiva para el Gobierno japonés. Pero lo cierto es que la inversión en Estados Unidos promete beneficiar a la industria japonesa al ampliar su acceso al mercado estadounidense. Algunos han pedido al Gobierno que renegocie el acuerdo de inversión estratégica de 550.000 millones de dólares que concluyó con Estados Unidos el año pasado, pero aún es demasiado pronto para sacar a relucir un tema potencialmente tan explosivo.

Evitar que se consolide el estancamiento de las relaciones sinojaponesas

En lo que respecta a las relaciones entre Japón y China, las perspectivas de una mejora sustancial en el corto plazo son escasas. A finales de febrero, Pekín anunció nuevas restricciones a la exportación de bienes de uso dual dirigidas a empresas japonesas y otras entidades. Dada la antipatía de China hacia la orientación ideológica de Takaichi Sanae, incluidas sus posturas sobre la historia, es probable que Pekín mantenga una actitud cautelosa al menos hasta la cumbre de noviembre del foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC, por sus siglas en inglés), que se celebrará en Shenzhen. A largo plazo, sin embargo, el fuerte respaldo interno del Gobierno de Takaichi, combinado con sus firmes vínculos con Estados Unidos, debería reforzar la posición negociadora de Japón y allanar el camino para cambios positivos en la relación bilateral entre Japón y China.

Desde una perspectiva a medio plazo, Tokio debe evitar acciones o declaraciones que puedan consolidar el actual estancamiento e impedir un eventual deshielo en las relaciones entre Japón y China. Para mantener abierta la puerta a una distensión, el Gobierno japonés debería reafirmar su compromiso con los cuatro documentos diplomáticos básicos que sustentan la relación bilateral y dejar claro que Japón sigue dispuesto al diálogo en todo momento. Más allá de eso, cualquier iniciativa proactiva para recomponer las relaciones con China sería poco aconsejable en este momento, y tampoco parece probable bajo la administración de Takaichi.

Cooperar con Corea del Sur

Takaichi Sanae y el presidente Lee Jae-myung de la República de Corea comenzaron con buen pie con la visita de Lee a Japón el pasado enero. Se espera que Takaichi devuelva la visita en marzo, y que la “diplomacia de lanzadera” (visitas mutuas frecuentes) en curso contribuya a reforzar la confianza entre ambos países. Durante demasiado tiempo, las disputas históricas y territoriales han obstaculizado una asociación muy necesaria entre Japón y Corea del Sur. La única forma de avanzar es adoptar un enfoque de doble vía, separando claramente esos desacuerdos de larga duración y difícil solución de aquellos ámbitos en los que la cooperación es posible y deseable.

Ha llegado el momento de que ambas partes adopten un enfoque orientado al futuro y comiencen a trabajar juntas en cuestiones concretas del mundo real. Debemos empezar a pensar más allá del marco de la cooperación en seguridad entre Japón, Estados Unidos y Corea del Sur, y reforzar la colaboración bilateral en los ámbitos económico y tecnológico. Al igual que otros gobiernos que buscan fortalecer sus vínculos bilaterales, Tokio y Seúl deberían elaborar una lista de proyectos conjuntos en los campos de la seguridad económica y la tecnología, y comprometerse públicamente a su puesta en práctica.

La Administración de Takaichi también tiene la responsabilidad más amplia de profundizar los lazos de cooperación con otros países afines de la región del Indopacífico. Muchos de estos países se han mostrado últimamente cada vez más receptivos a las iniciativas de acercamiento de China. ¿Qué puede hacer Japón para impulsar su visión de un Indopacífico libre y abierto? ¿Cómo debería Takaichi avanzar en la construcción del “Indopacífico fuerte y próspero” que prometió en su discurso de política general de febrero ante la Dieta de Japón?

La ASEAN y el Indopacífico

El primer paso es seguir el ejemplo del difunto primer ministro Abe Shinzō y fortalecer los lazos diplomáticos con la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN, por sus siglas en inglés). Esto implicará esfuerzos sustanciales para intensificar la cooperación en ámbitos como la alta tecnología, la seguridad económica y la defensa. Tokio también necesita reforzar su diplomacia con Australia, India, Taiwán y los países insulares del Pacífico.

Desde una perspectiva global, la erosión de las reglas y normas que rigen la sociedad internacional ha generado una amplia inquietud sobre el futuro del orden mundial. Japón necesita demostrar su determinación de contribuir a un orden internacional basado en reglas a través del mecanismo del Acuerdo Amplio y Progresista de Asociación Transpacífico, integrado por 12 miembros, y de marcos similares.

Con todo, la gestión de la relación entre Japón y Estados Unidos sigue siendo el principal desafío diplomático al que se enfrenta la administración de Takaichi Sanae. El comportamiento del presidente Donald Trump, impredecible incluso en el mejor de los casos, podría volverse aún más errático mientras intenta recuperar el apoyo popular de cara a las elecciones legislativas de noviembre. Es perfectamente posible que Trump adopte nuevas medidas que vulneren las normas internacionales y vayan en contra de los intereses de los aliados europeos de Estados Unidos. Para desenvolverse diplomáticamente con un Gobierno de ese tipo, el Gabinete de Takaichi debe estar preparado para tomar decisiones acertadas basadas no solo en principios morales, sino, sobre todo, en los intereses nacionales.

Reforzar de forma independiente la capacidad de defensa

En su discurso de política general de febrero, la primera ministra Takaichi Sanae se comprometió a convertir a Japón en un “faro brillante” en la región del Indopacífico. Este es un aspecto clave de su visión de futuro. Al mismo tiempo, Japón debe seguir fortaleciendo sus vínculos con Estados Unidos, no solo con el objetivo de gestionar la relación bilateral en la era de Donald Trump, sino también con la intención de animar a Estados Unidos a retomar un compromiso constructivo con la comunidad internacional.

Con la cumbre Japón-EE. UU. del 19 de marzo en perspectiva, me gustaría proponer que la primera ministra Takaichi aproveche la ocasión para pronunciar un importante discurso en Washington, D.C.. En esa intervención debería transmitir el sentimiento de crisis e inquietud que se extiende hoy por el mundo y comunicar, de forma firme y concreta, la determinación de Japón de asumir mayores responsabilidades en asociación con Estados Unidos.

Estados Unidos necesita comprender que el Gobierno japonés tomará la decisión independiente de seguir intensificando sus esfuerzos en el ámbito de la defensa. Japón debe manifestar su disposición a contribuir a nuestra seguridad común no solo mediante inversiones, sino también colaborando con Estados Unidos para reducir nuestra excesiva dependencia de China en materiales estratégicos, una vulnerabilidad importante. Japón debe presentarse no como un país dependiente que busca unilateralmente concesiones de Estados Unidos, sino como un socio en pie de igualdad, que coordina con Estados Unidos en el escenario global sin sacrificar su propia visión.

La supermayoría del partido gobernante otorga a Takaichi un margen considerable para perseguir su propia visión. Pero la libertad conlleva responsabilidad. La política exterior de Japón debe seguir centrada en una gestión realista de las relaciones con Estados Unidos, al tiempo que mantiene bajo control las tensiones con China, profundiza la cooperación con países afines como Corea del Sur y Australia, y contribuye a construir un orden libre y abierto en el Indopacífico y en todo el mundo. En esta era de incertidumbre, con el orden internacional en juego, resulta aún más vital seguir una política exterior lúcida y realista, medida no por ideales sino por resultados: el logro de una paz y una prosperidad duraderas.

(Publicado originalmente en japonés el 2 de marzo de 2026 y traducido al español de la versión en inglés. Imagen del encabezado: al bajar del helicóptero presidencial Marine One, el presidente de EE. UU., Donald Trump, y la primera ministra Takaichi Sanae saludan a las tropas a bordo del portaaviones USS George Washington, en la base naval estadounidense de Yokosuka, en la prefectura de Kanagawa, el 28 de octubre de 2025. © Jiji.)

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