El ‘boom’ de Japón y el ‘japonisme’: una importante diferencia

Cultura Mundo

Últimamente oímos usar con insistencia la palabra neojapanism, en referencia al actual boom de lo japonés, que está sustentado por la popularidad de anime y el manga. Pero, en rigor, es una utilización equivocada del término, como explica Mabuchi Akiko, experta en estos temas culturales y ex directora del Museo Nacional de Arte Occidental.

La apertura de Japón, un fuerte estímulo para Occidente

Japonisme, un término bien asentado en los círculos artísticos mundiales, designa un fenómeno cultural ocurrido en la Europa de finales del siglo XIX y principios del XX, que tuvo su origen en el fuerte estímulo recibido por Europa occidental al entrar en contacto con la cultura y las expresiones artísticas japonesas.

En el caso de la pintura, lo vemos por ejemplo en Vincent van Gogh: sus colores planos y vívidos, o el uso que hace de marcos dentro de la propia pintura para poner en primer plano la naturaleza. Japonisme fue un término aplicado en un primer momento a las bellas artes, pero pronto se extendió a otros campos como la literatura, la música, el teatro, la arquitectura o la moda. Hoy se considera que el japonismo se extendió a todas las manifestaciones culturales. ¿Por qué ocurrió entonces y no en otro momento?

En primer lugar, fue entonces cuando Japón comenzó a ser conocido en el mundo, algo que ocurrió muy rápidamente. En 1854, bajo la presión diplomática de las potencias occidentales, Japón se abrió al mundo poniendo fin a cerca de 250 años de aislamiento. Cuatro años más tarde, en 1858, firmó con varios países tratados de amistad y comercio. A partir de estas fechas, en citas como las exposiciones universales, diversos objetos culturales japoneses se pusieron de moda y ese gran boom fue uno de los hechos que más influyeron en el nacimiento del japonisme. Eran manifestaciones culturales que entrañaban valores diferentes a los del mundo occidental.

Pero hay otra razón: en aquella época, las formas de representación del mundo y los valores cristianos que Occidente mantenía desde el Renacimiento entraron en franca discrepancia con los valores de la modernidad. Atrapada en este conflicto, la gente comenzó a explorar nuevas formas de pensar y de actuar.

Europa había recibido previamente otras influencias. Por ejemplo, cuando las mercancías chinas fluyeron hacia Occidente en el siglo XVIII, se pusieron de moda los objetos de arte chinos (chinoiserie), pero la asimilación fue solo parcial, el cambio no supuso la absorción de una nueva visión del mundo. Algo parecido puede decirse de la ola de orientalismo, que llegó a Europa a principios del siglo XIX: el interés suscitado por el Oriente Medio no llegó a comprometer los valores occidentales. Es decir, que la llegada de una nueva corriente cultural puede quedar en una simple moda o afición por lo exótico si no viene acompañada por una voluntad de autotransformarse.

Arriba, la pintura de Van Gogh Les Alyscamps (1888, colección del Museo Kröller-Müller). El cielo queda intencionalmente fuera del encuadre, con la alameda en primer plano. Esta forma de aprovechar el efecto visual de la rectitud de los troncos es un tratamiento en el que el grabador de ukiyoe Utagawa Hiroshige fue maestro. Abajo, Yoshitsune ichidai zukai (1834-1835 aprox.), de Hiroshige (fuente: Colbase). El encuadre es muy similar. (Japonisme: gensō no Nihon; colección de bolsillo de la editorial Chikuma).
Arriba, la pintura de Van Gogh Les Alyscamps (1888, colección del Museo Kröller-Müller). El cielo queda intencionalmente fuera del encuadre, con la alameda en primer plano. Esta forma de aprovechar el efecto visual de la rectitud de los troncos es un tratamiento en el que el grabador de ukiyoe Utagawa Hiroshige fue maestro. Abajo, Yoshitsune ichidai zukai (1834-1835 aprox.), de Hiroshige (fuente: Colbase). El encuadre es muy similar. (Japonisme: gensō no Nihon; colección de bolsillo de la editorial Chikuma).

Una conferencia para devolver la confianza a la juventud japonesa

En 2018, se celebró en París y otras ciudades de Francia el Japonisme 2018, un magno evento de presentación de la cultura japonesa. Con una planificación dirigida desde el Gobierno de Japón, se consiguió reunir una amplia gama de manifestaciones culturales, desde pinturas de Jakuchū y de los autores de la escuela Rinpa (periodo Edo, 1603-1868), hasta manga, caligrafías y arte contemporáneo, pasando por objetos de los que se importaban de Japón en la era Meiji (1868-1912). Pero nada de lo que allí se reunió era en realidad japonisme. Y la razón es que en ninguna de estas manifestaciones habían intervenido los franceses ni los occidentales.

Para mí, continúa siendo un misterio por qué se le puso ese nombre y no “Cool Japan”, que nuestro Gobierno venía usando tan frecuentemente. Los organizadores tal vez lo eligieran en la errónea creencia de que en el japonisme del siglo XIX fue Japón el que llevaba el liderazgo, o alentados por el deseo de que así hubiera sido.

Pero, antes de que el evento se realizase, un famoso actor del que se cree que tuvo alguna participación en él me llamó para ofrecerse a dar una charla, diciendo, más o menos, que hablando sobre el japonisme quería devolver la seguridad en su país a los jóvenes que la habían perdido. Ciertamente, cuando se habla sobre el japonisme se obtienen reacciones del estilo de “Japón es increíble” o “me alegra saber que Japón es valorado”, que no por ser sinceras dejan de ser enfoques equivocados. Pero resulta muy difícil reconducir el tema.

Lo diré otra vez: aquel fenómeno no ocurrió porque la cultura japonesa fuera maravillosa, sino porque para los occidentales representó una oportunidad de oro para reinventarse. El japonisme fue, de principio a fin, algo hecho por y para los occidentales, que accidentalmente implicó la importación de muchos objetos japoneses, pero en ningún caso fue algo concebido ni programado por el Gobierno Meiji.

La tarea de importar la cultura occidental absorbía todas las energías del Gobierno japonés de la época, que no podía siquiera imaginar que la cultura de Japón tuviera la potencialidad de transformar Occidente. Para los europeos y americanos que conocían el arte japonés del periodo Edo, las cosas que producía Japón para ser exportadas con ocasión de exposiciones universales y otros eventos eran baratijas. Ninguno de esos torpes intentos logró el éxito. La empresa Kiryū Kōshōgaisha, una exportadora semipública creada para ese fin, fue de muy corta vida.

Una industria que en 2033 facturará 20 billones de yenes

Poco después de abrirse el siglo XXI, en Occidente se pusieron de moda el anime, el manga, la moda y la música de Japón, entre otras manifestaciones subculturales. Estas cosas se exportan en grandes cantidades y se han convertido en fuente de divisas. Dentro de su estrategia de “Cool Japan”, el Gobierno se ha fijado la meta de que el mercado internacional de la industria japonesa de contenidos alcance un volumen de 20 billones de yenes para 2033.

Sin embargo, esta subcultura japonesa de tan masiva aceptación no ha llegado a convertirse en un catalizador tan potente como para hacer que los occidentales creen de forma diferente, y por lo tanto no es equiparable al japonisme del siglo XIX. Dicho de otro modo, aunque pueda hablarse de un segundo boom de lo japonés, los occidentales se han quedado en el nivel del consumo y todavía no ha nacido nada que se perfile como una nueva cultura. No obstante, por lo visto hay gente interesada en llamar a este boom “neojaponismo”.

Japonisme, un neologismo forjado en 1872 por el crítico francés Philippe Burty, se usaba al principio simplemente para referirse al boom de lo japonés. Había gente que disfrutaba rodeándose de objetos de arte japoneses, artistas que imitaban sus formas se servían de sus motivos para complementar sus obras y aparecieron también otros que iban más allá, pues creaban nuevas obras desde una comprensión de los principios de la plástica japonesa. Japonisme incluía todos estos fenómenos.

Con el tiempo, los estudios sobre los impresionistas y postimpresionistas, sobre todo en Francia, revelaron cómo los artistas se habían servido de los principios de la plástica japonesa para innovar su propio arte. De esta forma, la palabra japonisme pasó a definir esta actividad creadora de los artistas occidentales.

Así pues, el japonisme no fue una iniciativa japonesa, sino una conducta creativa de los artistas occidentales surgida de una original absorción de lo japonés. Y como Francia era el centro, fue una palabra francesa la utilizada. También fueron utilizados sus equivalentes en otros idiomas, como el inglés o el alemán, pero poco a poco japonisme fue ganando terreno también entre los investigadores de fuera del área del idioma francés y actualmente es de uso general.

Néo-japonisme, según investigadores franceses

Aunque, si dejamos por un momento a un lado el erróneo uso que el Gobierno japonés ha hecho de él, el término japonisme no ha recibido demasiadas objeciones, tampoco puede decirse que se haya alcanzado una comprensión correcta del mismo en amplios círculos. Esta es la razón por la que surgen vocablos como el referido Neo-Japonism, sin un significado claro. Una rápida búsqueda en Internet acaba de revelarme que existía incluso un grupo femenino de ídolos juveniles llamado precisamente NEO JAPONISM. Nació en 2017, así que lleva ya bastantes años activo. Soy lega en la materia y no me había enterado de su existencia.

Al margen de esto, últimamente investigadores franceses han señalado la existencia de un fenómeno llamado néo-japonisme. El libro Neo-japonisme 1945-1975 (2025), una edición dirigida por Sophie Basch y Michael Lucken, llama de esa forma el nuevo japonisme nacido después de la Segunda Guerra Mundial, en una época en la que existía un flujo de información mucho más rico y complejo que el del siglo XIX, cuando surgió el primer japonisme, que en todo caso el libro analiza para saber cómo se absorbió la cultura japonesa para crear una nueva cultura.

Como el libro analiza solo el periodo comprendido entre las fechas del título, no cubre fenómenos globales desarrollados posteriormente como la difusión del anime, el manga o los videojuegos, pero su análisis es efectivo si lo que queremos es comprender el japonisme en sentido amplio. En esta época la identidad de los creadores es mucho más cosmopolita que en el siglo XIX, y participan en el fenómeno japoneses con un profundo conocimiento de Occidente, mestizos y personas que al cabo de largas estancias en el extranjero han adquirido un bagaje multicultural, a lo que hay que sumar el hecho de que ellos conocen bien el japonisme del pasado, todo lo cual explica que ahora la simple absorción de la cultura japonesa por la cultura occidental ya no sea el único esquema existente.

Pero quiero recalcar aquí que la moda de la cultura japonesa en Occidente llamada neo-japonism es un fenómeno diferente tanto del japonisme original como del néo-japonisme.

Por cierto, la Sociedad de Estudios del Japonisme, cuyo nombre inicial fue Sociedad de estudios de la Japonaiserie, un grupo formado por unas pocas personas en 1979, se ha convertido en una sociedad internacional con cerca de 270 miembros, muchos de ellos extranjeros, que examinan seriamente y basándose siempre en los hechos históricos la difusión del japonisme.

Imagen del encabezado: A la izquierda La japonaise, de Claude Monet (1876, Museo de Bellas Artes de Boston); a la derecha, personas en cosplay en el evento Anime NYC, celebrado en Nueva York, en fotografía tomada el 21 de agosto de 2025. (Fotografías: Sipa USA/Reuters).

(Traducido al español del original en japonés.)

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