Pasado, presente y futuro del ‘jidaigeki’: desde el “padre del cine japonés” hasta ‘Shogun’

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El cine japonés de época llevaba tiempo en declive debido, entre otras cosas, a la drástica reducción del número de producciones. Tras el éxito de Shogun, no obstante, acapara de nuevo la atención en todo el mundo. Por otra parte, dados la transformación del entorno de producción, la transmisión de la cultura y la técnica que han sustentado estas películas se encuentra en una situación crítica.

El trasfondo histórico del jidaigeki

La noticia de que la serie de televisión estadounidense Shogun se alzó con un total de 18 premios Emmy en la edición de 2024 tuvo una gran repercusión en Japón. La película independiente Samurai Time Slipper, estrenada ese mismo año, que comenzara proyectándose en una única sala, vio su popularidad extenderse gracias al boca a boca y también se convirtió en un gran éxito, proyectado cada vez en más salas, que batió récords de permanencia en cartelera. En la actualidad, tanto en Japón como en el extranjero se está despertando un renovado interés por las películas y series de época.

El jidaigeki, esas obras de época, se puede ver en teatro, cine, televisión y plataformas de streaming, y existe también en formato de manga y anime. Sin embargo, en el pasado, cuando se hablaba de jidaigeki, se hacía principalmente en referencia al cine y la televisión, de modo que la drástica reducción del número de producciones audiovisuales llegó a considerarse un problema hasta el punto de que se llegó a considerar que ese rincón de la industria había llegado a una época de crisis. En este artículo analizamos la situación actual de la producción de jidaigeki, centrándonos principalmente en el cine.

Ante todo, ¿en qué consiste un jidaigeki, exactamente? En Japón, las películas, las series de televisión y las obras de teatro se clasifican en dos géneros: los dramas de época (jidaigeki) y los contemporáneos (gendaigeki), y esto tiene su origen en un contexto histórico.

A raíz de la Restauración Meiji (1868), el Gobierno adoptó activamente los valores, conceptos y estilos occidentales. Muchos, sin embargo, entre ellos los samuráis (la antigua clase guerrera), se mostraron descontentos con esta forma de actuar, lo que dio lugar al “Movimiento por los Derechos Civiles y la Libertad”, cuyo objetivo era acabar con el autoritarismo del Gobierno Meiji y establecer una política parlamentaria. En 1888, con el fin de ilustrar al pueblo, los sōshi (los activistas de ese movimiento) pusieron en marcha el llamado “teatro sōshi”. Con el tiempo se empezó a dar más importancia en sus obras al contenido de estas que a la concienciación política y, hacia 1896, cuando llegó el cine, ya se utilizaban como tema novelas de la época. Este tipo de teatro pasó a denominarse shinpa (“nueva ola”), mientras que el kabuki, con el que el pueblo llano se había familiarizado desde el periodo Edo (1603-1868) como teatro popular, se denominó kyūgeki (“teatro antiguo”).

A finales del periodo Meiji surgió el shingeki (“nuevo teatro”), que incorporaba estilos teatrales y obras dramáticas occidentales. La distinción entre el kyūgeki, el teatro tradicional, y el shinpa o shingeki, las nuevas corrientes, se aplicó también al cine, y hacia 1920 se empezó a distinguir entre jidaigeki (“películas de época”) y gendaigeki (“películas contemporáneas”).

Makino Shōzō, el padre del cine japonés

En los inicios del cine en Japón, los rodajes se realizaban principalmente con fines documentales, sin buscar una narrativa concreta. Con el tiempo se empezaron a filmar escenas de kabuki, y a producirlas como geki eiga (“películas dramáticas”; es decir, de ficción). Estas representan el jidaigeki de los primeros tiempos del cine japonés.

Quien sentó esas bases, descubrió las características propias del cine y dio a conocer a numerosas estrellas es precisamente Makino Shōzō (1878-1929), apodado “el padre del cine japonés”.

Makino no solo era el empresario del teatro Senbonza de Kioto, sino también su director de escena. Partiendo de la idea de capturar en película las interpretaciones de los actores itinerantes de kabuki, decidió no utilizar decorados artificiales, sino aprovechar las ventajas geográficas de Kioto para rodar en escenarios reales, como los recintos de templos y santuarios. De este modo, Makino estableció el sistema de producción del jidaigeki.

Makino Shōzō (izquierda). Onoe Matsunosuke (1875-1926), la primera estrella de cine japonesa descubierta por Makino, era actor de una compañía itinerante de teatro (derecha). (Biblioteca Nacional de la Dieta)
Makino Shōzō (izquierda). Onoe Matsunosuke (1875-1926), la primera estrella de cine japonesa descubierta por Makino, era actor de una compañía itinerante de teatro (derecha). (Biblioteca Nacional de la Dieta)

Las películas de jidaigeki basadas en obras de kabuki o en relatos de kōdan, familiares al público, resultaban más accesibles para la gente común de la época que las obras contemporáneas.

En el kabuki del periodo Edo hay obras que, aunque incorporaban en sus historias la situación social y los acontecimientos de la época, se ambientaban deliberadamente en épocas anteriores para evitar que pudieran dar lugar a críticas al shogunato. Las películas de época influidas por el kabuki tampoco son dramas históricos que reproduzcan fielmente los hechos reales, aunque aparezcan personajes que existieron realmente. El hecho de que se desarrolle antes del periodo Edo tampoco significa que una película sea un jidaigeki de forma automática. En términos extremos, se trata de una ficción que no representa ningún problema a la hora de ambientarla en el periodo Heian o en la era Sengoku y reflejar con ella la sociedad y los acontecimientos actuales, o incluso darle un toque de ciencia ficción o fantasía.

Mi propia definición de jidaigeki es que se trata de una obra de ficción que cumple ciertas condiciones: 1) la mayoría de los personajes llevan el pelo recogido en un moño (mage) y llevan ropa tradicional japonesa; 2) hay personas que portan armas abiertamente (espadas, por ejemplo); y 3) la aparición de demonios, yōkai o ninjas no resulta extraña para nadie en la historia. Bajo estas condiciones, se han creado historias que combinan una infinidad de elementos diversos y hacen gran uso de la imaginación.

Las “vacas flacas”: se reduce el número de producciones

Entre los años cincuenta y principios de los sesenta, considerados la segunda época dorada del cine japonés, en la posguerra, el jidaigeki también alcanzó su apogeo. A partir de mediados de los años sesenta, no obstante, el número de producciones no dejó de disminuir. Este declive lo produjeron ciertos cambios en el público y en los valores, provocados por la aparición de la familia nuclear y la urbanización, así como al hecho de que el jidaigeki pasó a emitirse en televisión, lo que redujo el número de espectadores que acudían a las salas de cine.

A partir de los años setenta el sistema de estudios que las grandes productoras cinematográficas habían mantenido se fue desmoronando debido a problemas económicos. Dado que el cine es un negocio basado en la inversión previa, en el que hay que obtener la financiación antes de la producción, los costes se convirtieron en un gran obstáculo para la producción de películas de época. No solo los decorados, sino también el vestuario, los peinados y el atrezo suponen un gasto considerable. Especialmente cuando la trama se desarrolla en la era Sengoku, los costes se disparan aún más debido a las armaduras, los caballos y los gastos de personal de los extras.

Durante la transición a la era de la televisión, las grandes productoras cinematográficas también crearon productoras de televisión afiliadas y rodaron series de jidaigeki. En la década de los noventa, sin embargo, muchas de esas series llegarían a su fin. Durante un tiempo se vivió una época de letargo para esas producciones.

Los efectos digitales causan un cierto repunte

En los últimos tiempos el número de películas de jidaigeki, incluidos los remakes, ha aumentado ligeramente. No solo hay películas de acción real, sino también bastantes adaptaciones de manga y anime de época. Si se incluyen los servicios de streaming y la televisión por satélite, se puede decir que, aun a pequeña escala, se sigue produciendo jidaigeki sin cesar.

Un gran punto de inflexión fue que el uso de los efectos especiales generados por computadora (CG) y la digitalización permitieron reducir los costes de producción y facilitaron la posproducción. Los decorados a gran escala se pueden recrear con CG y compilar posteriormente con las secuencias rodadas, y también se pueden crear multitudes de extras con CG. En cuanto a las escenas de acción, como las de lucha, gracias al montaje y al procesamiento de imágenes generadas por ordenador, es posible hacer que los movimientos de actores sin apenas experiencia en jidaigeki parezcan acrobáticos. Por otro lado, mientras que en el cine tradicional el coste de una película se dispara cada vez que una toma falla, en el caso de la imagen digital no hay que preocuparse por eso.

La incorporación de las últimas tecnologías en la producción, la reutilización en soportes como el DVD, la popularización de la televisión por satélite y el afianzamiento de los servicios de streaming y suscripción han ido abriendo poco a poco nuevas vías para el jidaigeki como contenido audiovisual.

Gracias también a la aceleración de la diversificación multimedia, el público que antes no sentía interés por los dramas históricos tiene ahora más oportunidades de ver adaptaciones de manga y anime a imagen real, lo que está permitiendo captar a nuevos espectadores. Cuando surge algún jidaigeki que acapara la atención, como Shogun, no son pocos los espectadores que se animan a verlos al menos una vez. Es más, no hace falta ir al cine, ya que se pueden disfrutar cómodamente a través de plataformas de streaming. En ese sentido, se puede decir que el jidaigeki tiene un futuro claro.

La crisis en la transmisión de las técnicas propias del jidaigeki

El problema fundamental, entonces, a la hora de plantearse la producción futura de obras de jidaigeki consiste en que no se transmiten la cultura y la técnica propias de Japón.

Se están perdiendo diversos elementos de las técnicas y formas de expresión propias de Japón, que fueron creadas y consolidadas por Makino Shōzō (que las desarrolló a partir del kabuki) y por un gran número de profesionales, entre quienes se incluyen diversos directores de cine, miembros del equipo técnico, estrellas protagonistas y los actores conocidos como karami, que se enfrentaban a las estrellas.

En 1975 Toei inauguró el parque temático Toei Uzumasa Eiga Mura, utilizando parte de los estudios de Kioto que la empresa empleaba para el rodaje de jidaigeki. El parque también se utiliza para rodajes reales. (octubre de 1975, Kyōdō)
En 1975 Toei inauguró el parque temático Toei Uzumasa Eiga Mura, utilizando parte de los estudios de Kioto que la empresa empleaba para el rodaje de jidaigeki. El parque también se utiliza para rodajes reales. (octubre de 1975, Kyōdō)

Fukumoto Seizō (1943-2021), actor que interpretaba a los “sacrificios” en los espectáculos de jidaigeki del Toei Uzumasa Eiga Mura. A los quince años se convirtió en actor de reparto en los estudios de Toei en Kioto e interpretó esos “sacrificios” en numerosas películas de jidaigeki, lo que le valió el apodo de “el hombre asesinado 50.000 veces”. También participó en la película El último samurái (2003), protagonizada por Tom Cruise. (Se desconoce la fecha de la imagen; Kyōdō)
Fukumoto Seizō (1943-2021), actor que interpretaba a los “sacrificios” en los espectáculos de jidaigeki del Toei Uzumasa Eiga Mura. A los quince años se convirtió en actor de reparto en los estudios de Toei en Kioto e interpretó esos “sacrificios” en numerosas películas de jidaigeki, lo que le valió el apodo de “el hombre asesinado 50.000 veces”. También participó en la película El último samurái (2003), protagonizada por Tom Cruise. (Se desconoce la fecha de la imagen; Kyōdō)

En los decorados de las películas, por ejemplo, teniendo en cuenta hasta cierto punto la investigación histórica, se construían a partir de los diseños del director de arte grandes elementos escenográficos, denominados sōchi (“accesorios”), como castillos, mansiones de daimio, grandes tiendas (ōdana) o incluso casas adosadas y posadas. Se han cultivado y transmitido técnicas especializadas que abarcan desde el vestuario y los peinados (pelucas, peinados tradicionales, etc.), que se diferenciaban según la época y la clase social (samuráis, campesinos, comerciantes, bandidos, etc.), hasta la fabricación de los accesorios que los actores llevaban consigo, como espadas o sandalias, o que se colocaban en los decorados.

Lo mismo ocurre con las escenas de lucha. La calidad de las mismas se mantenía gracias a la representación precisa de movimientos y pequeños gestos que variaban según el personaje. Las espadas takemitsu (espadas de imitación talladas en bambú) que se utilizan en los rodajes son ligeras, pero las espadas honmi (con hoja) pesan más de un kilo. Lo fundamental es que parezca que se está blandiendo una espada pesada. La película Samurai Time Slipper, mencionada al principio, cuenta la historia de un samurái de finales del periodo Edo que viaja en el tiempo hasta un plató de rodaje de películas de época y participa en la filmación como sacrificio. En la obra se describe el proceso que se sigue hasta crear impactantes escenas de lucha con espadas, mientras se practican las secuencias de combate.

Los utensilios y los kimonos que se utilizan en la ceremonia del té, las artes marciales, el teatro y la danza japonesa siguen teniendo cierta demanda en la actualidad. Sin embargo, las pelucas, las puertas de entrada e interiores de casas tradicionales japonesas (ambos como decorado) apenas se utilizan fuera del ámbito del cine y el teatro. Si se sustituyen por imágenes generadas por ordenador, se perderá la experiencia acumulada a lo largo de los años en la construcción de esos decorados. Además, si proliferan las escenas de lucha con espadas creadas de forma artificial en la posproducción, existe el riesgo de que se produzca un verdadero estancamiento en este arte.

El jidaigeki es un tesoro de la cultura japonesa. Gracias a su producción continua, se han transmitido diversas tradiciones culturales. Si solo se da importancia a los procesos de posproducción, es inevitable que se rompa esa cadena de tradiciones y técnicas. Puede que estas películas de época tengan un futuro, pero desde el punto de vista de la transmisión cultural y la formación de personal, no se puede ser optimista y pensar que ese futuro sea muy prometedor. Necesitamos reflexionar sobre el verdadero futuro del jidaigeki.

(Artículo traducido al español del original en japonés. Imagen del encabezado: Pixta.)

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