¿Qué giro tomará la política de defensa de Japón con la primera ministra Takaichi?
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El difícil equilibrio entre el orden de Yalta y la Guerra Fría
En febrero de 1945, cuando la Segunda Guerra Mundial estaba en su última fase, se celebró en Yalta, en la península de Crimea, la famosa conferencia de los aliados, en la que participaron el presidente norteamericano Franklin D. Roosevelt, el primer ministro británico Winston Churchill y el líder de la Unión Soviética Iósif Stalin. Discutieron sobre lo que debería ser el nuevo orden internacional una vez finalizase el conflicto. Lo que los tres líderes aliados pretendían en aquella ocasión era un amplio acuerdo entre Washington y Moscú que lograse conjurar definitivamente la amenaza militarista de la Alemania nazi y de Japón.
Aproximadamente medio año después, Japón aceptó la Declaración de Potsdam, se rindió incondicionalmente a los aliados y fue desarmado. El siguiente paso fue la redacción de una nueva constitución para Japón, cuyo borrador se hizo bajo iniciativa de la Comandancia Suprema de las Fuerzas Aliadas. El Artículo 9 proclamaba que Japón no mantendría fuerzas armadas. Se implementaba así al pie de la letra el “orden de Yalta”, según el cual la desmilitarización de Japón era una de las claves para la paz mundial.
Sin embargo, el esquema que emergió de aquella conferencia no fue el del pretendido entendimiento entre Estados Unidos y la URSS, sino precisamente el contrario, el de un antagonismo que dio origen a la Guerra Fría. De esta forma, Japón tuvo que hacer frente a la Guerra Fría como miembro del bloque occidental rearmándose y estableciendo una alianza de seguridad con Estados Unidos al tiempo que mantenía su Artículo 9. Aprisionado entre Yalta y la Guerra Fría, para Japón la política de seguridad nacional a partir de la posguerra ha sido un vía crucis.
Pero la Guerra Fría también quedó atrás y Japón tuvo que afrontar sucesivamente las provocaciones de Corea del Norte, el ascenso de China como potencia militar y la reducción de la implicación de Estados Unidos en los asuntos del mundo a consecuencia del agotamiento producido por la larga “guerra contra el terrorismo”. Fruto de estas nuevas circunstancias, la idea de que, si se quería mantener la paz, en el terreno de la seguridad nacional lo mejor que podía hacer Japón era estarse callado fue perdiendo vigencia. Simultáneamente, ha ido cobrando credibilidad la idea opuesta: la de que también en el terreno de la seguridad nacional Japón debe ser un actor influyente a fin de mantener y desarrollar un orden internacional favorable tanto para sí mismo como para el resto del mundo.
Un entorno de seguridad nacional cada vez más difícil
El 17 de diciembre de 2013, durante el segundo mandato de Abe Shinzō, se elaboró la Estrategia de Seguridad Nacional, primera en su género que se hacía en Japón. Este documento, sumado a otros dos llamados entonces Principios Generales de Planificación de Defensa y Plan de Dotación de Fuerzas Defensivas a Medio Plazo (los actuales Estrategia Nacional de Defensa y Plan de Dotación de Fuerzas de Defensa) forman lo que llamamos los Tres Documentos de la Seguridad Nacional.
El Gobierno de Kishida Fumio revisó estos tres documentos el 16 de diciembre de 2022, con motivo de la agresión rusa a Ucrania. En su nueva redacción, los tres documentos pretendían ser un gran giro en la praxis de la estrategia de defensa nacional que había mantenido Japón desde el final de la guerra. En concreto, se hablaba de tener capacidad de contraataque (algo que teóricamente Japón no había tenido hasta el momento) y aumentar hasta el 2 % del PIB el gasto en defensa, una partida que venía representando en torno al 1 %. La revisión de Kishida fue una plasmación del principio de “pacifismo proactivo” sostenido desde que Abe configuró los documentos en 2013.
Sin embargo, las condiciones cada vez más difíciles que rodean la seguridad nacional de Japón se han hecho sentir incluso después de la revisión de 2022.
El gasto en defensa oficialmente declarado por China para 2026 es de 40,1 billones de yenes, aproximadamente el doble de lo que era hace 10 años. Son 15,4 billones de yenes más que en 2022, un aumento que supera ampliamente el de 3,6 billones presentado por Japón como un gran logro(*1). La presencia militar china en las inmediaciones de Japón es cada vez más ostensible. El 3 de mayo de 2025 un helicóptero transportado por una nave de la Guardia Costera china que navegaba en aguas próximas a las islas Senkaku violó el espacio aéreo japonés. Las maniobras militares se repiten una y otra vez alrededor de Taiwán, y el 8 de junio de 2025 se detectó por primera vez un portaaviones de la Armada china desplazándose al este de la isla japonesa de Iōtō, conocida también como Iwojima. Hay una clara percepción de que la presencia militar china en el Pacífico es cada vez mayor.
Por otra parte, Corea del Norte sigue impulsando sus capacidades en materia nuclear y de misiles y la cooperación militar entre este país, China y Rusia, inmersa en la invasión de Ucrania, está intensificándose.
Ante esta situación, el Gobierno de Takaichi Sanae ha decidido adelantar un año la revisión de los Tres Documentos de la Seguridad Nacional, que estaba prevista para 2027. El 27 de abril de 2026 se reunió por primera vez el Consejo de Expertos para la Consideración de la Seguridad Nacional desde la Perspectiva del Poder Nacional Integral, órgano consultivo encargado de formular propuestas de revisión para los tres documentos, entre cuyos miembros figuran el exembajador en Estados Unidos Sasae Ken’ichirō, el ex viceministro administrativo de Defensa Kuroe Tetsurō y el ex jefe del Estado Mayor Yamazaki Kōji.
En cuanto a qué orientación concreta podría tomar la nueva revisión de estos documentos, además de aspectos como la capacidad de defensa stand-off (a distancia), la defensa aérea y antimisil integrada, la defensa del Pacífico y de las líneas de comunicación marítima o la capacidad de defensa mediante activos no tripulados, se habla de fortalecer también la capacidad de defensa en los dominios espacial, cibernético y electromagnético, así como el mando, las comunicaciones y las coordinaciones con los aliados mediante el uso de la inteligencia artificial. Estas ideas y propuestas se hacen, en buena medida, sobre las enseñanzas que nos deja la “nueva forma de hacer la guerra” combinando misiles y activos no tripulados que hemos visto en el conflicto entre Rusia y Ucrania. Tampoco deben descuidarse cuestiones como el fortalecimiento de los recursos humanos o de los fundamentos productivos y tecnológicos de la industria de la defensa.
De priorizar el equipamiento básico a hacer frente a las amenazas
En estrecha relación con lo anterior, el 21 de abril, por decisión del Consejo de Ministros, el Gobierno Takaichi procedió a desregular a gran escala la exportación de armas, incluyendo las específicamente diseñadas para ser utilizadas contra personas. En Japón, durante mucho tiempo, pesaba sobre la exportación de armas una prohibición de hecho, que se fundamentaba en los llamados “Tres Principios sobre las Exportaciones de Armamento” de 1976 y otras disposiciones. La desregulación de Takaichi supuso, por tanto, un importante hito. Esta decisión no solo implica un fortalecimiento de las bases productivas y tecnológicas de Japón, sino que favorece también la coordinación con los países aliados mediante la puesta en común del equipamiento militar, así como de su producción y mantenimiento.
Desde el final de la Segunda Guerra Mundial y durante mucho tiempo, en Japón la defensa se vio desde la perspectiva de mantener una fuerza de defensa básica, lo que llevaba a dotarse de una forma que no tenía en cuenta las amenazas reales, y que priorizaba la posesión de equipamiento en sí misma, dejando en segundo plano su operatividad.
Frente a estos planteamientos, especialmente a partir de la década de 2010, los esquemas han ido cambiando de “evitar las amenazas” a “hacerles frente”, y de priorizar el equipamiento a priorizar su operatividad. Simultáneamente, se ha dado un giro de concebir las dotaciones de defensa como un fin en sí mismas a considerarlas desde el punto de vista de las exigencias operativas que plantean. La nueva “versión Takaichi” de los tres documentos serán, a buen seguro, una proyección de esta nueva corriente de pensamiento que frente a la amenaza opta por hacerle frente antes que evitarla y prioriza ante todo la operatividad.
En esta línea, dos formulaciones que están cobrando relevancia son la superación de la inferioridad y la preparación para una larga lucha. Cada vez es mayor la necesidad de superar la tradicional inferioridad japonesa en tierra, mar y aire con una estrategia transversal que se extienda a los nuevos terrenos de los que hablábamos más arriba. Por otra parte, Ucrania ha entrado ya en el quinto año de su resistencia a la agresión rusa. El presidente ruso Vladímir Putin probablemente se lo habría pensado dos veces al atacar si hubiera sido capaz de prever que el conflicto se alargaría de esta manera. Se espera que, dotándose primero de una fuerza defensiva cimentada en esos principios de repeler las amenazas y priorizar la operatividad, Japón sea capaz también de aumentar su capacidad disuasiva mediante la superación de la inferioridad y la preparación para una larga lucha.
Un debate que incluya los tres principios antinucleares
Al margen de todos estos aspectos, se ha dicho también que la presente revisión de los Tres Documentos de la Seguridad Nacional podría implicar una revisión paralela de los Tres Principios Antinucleares (no poseer armas nucleares, no fabricarlas y no permitir su introducción en Japón).
Ciertamente, Takaichi ha mantenido hasta el presente una postura favorable a la revisión de estos principios. En un escrito que publicó en 2024 calificó de “obstáculo” la mención explícita al “respeto a ultranza” de esos tres principios(*2) que se hace en los Tres Documentos de la Seguridad Nacional de 2022. En su opinión, el principio de no permitir la introducción de armamento nuclear en territorio japonés entra en colisión con la disuasión ampliada que ofrece Estados Unidos a Japón.
Si embargo, el 26 de noviembre de 2025, en respuesta a una interpelación parlamentaria que recibió siendo ya primera ministra, se mostró comedida diciendo que cuando se hacía la revisión de los tres documentos no dio “claras instrucciones” para que se revisaran los tres principios.
El 17 de marzo de 2010, durante el Gobierno del Partido Democrático de Japón, el entonces ministro de Asuntos Exteriores Okada Katsuya, a una interpelación similar sobre el supuesto de que un buque de guerra norteamericano cargado con armas nucleares pretendiera hacer escala en un puerto japonés, respondió que, si se diera el caso de que solo permitiendo esa escala pudiera garantizarse la seguridad de Japón, el Gobierno de turno tendría que tomar esa difícil decisión poniendo en juego su propia supervivencia. Esta respuesta de Okada contribuyó a hacer todavía más claro de lo que ya era el significado de este “no permitir la introducción”. La propia Takaichi ha dicho en la Dieta (Parlamento) con claridad que suscribe la respuesta de Okada.
Hay que decir, no obstante, que este problema está en íntima relación con la postura adoptada por Estados Unidos en el manejo de estas armas. Este país ha interrumpido el despliegue de armas nucleares no estratégicas en buques y aviones de guerra y, además, actualmente, tampoco tiene operativo ningún submarino de ataque de propulsión nuclear que cargue con misiles de crucero lanzados desde el mar (SLCM-N, por sus siglas en inglés). Según la información que tenemos, en la propuesta de revisión de los tres documentos elaborada por los partidos que sustentan el Gobierno, no se solicita que se revisen también los tres principios. En adelante, la cuestión no será solamente si deberían o no revisarse estos principios, sino si Japón, incluyendo su opinión pública, es capaz de profundizar en este debate desde una perspectiva estratégica de reforzamiento de la disuasión ampliada.
Cómo encajar la guerra de EE. UU. en Irán
El debate sobre la revisión de los tres documentos se verá posiblemente afectado también por la guerra lanzada contra Irán el 28 de febrero de 2026 por la Administración Trump y el Gobierno de Israel. La postura de Japón, también en los tres documentos en su versión de 2022, es la de mantener y preservar un orden internacional basado en el derecho internacional, pero la acción armada de la Administración Trump contra Irán parece constituir una clara violación de ese derecho. Dependiendo de si este movimiento norteamericano es una desviación temporal o una tendencia a más largo plazo, es posible que haya que cuestionarse también cómo gestionar la propia alianza entre Tokio y Washington.
En términos de efectos más directos, tenemos que la guerra con Irán amenaza con disipar en gran parte el interés y los recursos que se esperaría que Estados Unidos dirigiera hacia Asia Oriental, razón de más para que, aprovechando esta reformulación de los Tres Documentos de la Seguridad Nacional que se dispone a hacer Takaichi, Japón refuerce su autonomía e iniciativa.
Imagen del encabezado: La primera ministra de Japón, Takaichi Sanae, toma la palabra el 27 de abril de 2026 en la reunión inaugural del Consejo de Expertos para la Consideración de la Seguridad Nacional desde la Perspectiva del Poder Nacional Integral, órgano consultivo que aborda la revisión de los Tres Documentos de la Seguridad Nacional, en la Oficina del Primer Ministro. (Fotografía: Kyōdō News)
(Traducido al español del original en japonés.)
(*1) ^ Security Environment Surrounding Japan (“Entorno de seguridad nacional de Japón”), Ministerio de Defensa.
(*2) ^ Takaichi Sanae: Kokuryoku kenkyū: Nihon rettō wo, tsuyoku yutaka ni (“Estudios sobre el poderío nacional: Hacia un archipiélago japonés fuerte y rico”, Keizai Shimbun Shuppan, 2024, pág. 19).