Japón y Corea del Sur estrechan su coordinación estratégica en un mundo cada vez más inestable
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Tokio y Seúl como socios estratégicos
El 19 de mayo, la primera ministra japonesa, Takaichi Sanae, viajó a Andong, en la provincia surcoreana de Gyeongsang del Norte —ciudad natal del presidente de Corea del Sur, Lee Jae-myung—, para celebrar una cumbre bilateral. Apenas unos meses antes, en enero, Lee se había reunido con Takaichi en Nara, la ciudad natal de esta. En la rueda de prensa conjunta, Lee subrayó la importancia de esta diplomacia de intercambio de visitas, señalando que era la primera vez en la historia que los líderes de ambos países visitaban mutuamente sus lugares de origen, un gesto extremadamente inusual incluso a escala internacional.
Para Lee, que asumió el cargo en junio de 2025, esta fue ya su sexta cumbre con un dirigente japonés: tres con el anterior primer ministro, Ishiba Shigeru, y tres con Takaichi, o cuatro si se incluye la reunión informal celebrada durante la cumbre del G20 en noviembre de 2025. Una comunicación tan frecuente al más alto nivel ha contribuido sin duda a estabilizar las relaciones bilaterales.
Aunque Takaichi, una firme conservadora, y Lee, cuya base política se encuentra en el sector progresista surcoreano, habían sido muy críticos con el otro país antes de llegar al poder, ambos han convertido la relación bilateral en una prioridad desde que asumieron sus cargos. En su primera rueda de prensa como primera ministra, celebrada el pasado octubre, Takaichi calificó a Corea del Sur de vecino importante y socio indispensable para afrontar los desafíos globales. Tras la última cumbre, Lee describió a Japón y Corea del Sur como “socios estratégicos” que responden conjuntamente a un entorno internacional en rápida transformación.
Cooperación en materia de seguridad energética
Entre la reunión de Nara y la más reciente cumbre celebrada en Andong, la inestabilidad en Oriente Medio y el cierre efectivo del estrecho de Ormuz desembocaron en una crisis de alcance mundial. Dado que Japón obtiene de Oriente Medio el 90 % de su petróleo crudo y Corea del Sur el 70 %, la seguridad energética se ha convertido en una preocupación urgente para ambos gobiernos. En este contexto, el acuerdo alcanzado por los dos líderes para profundizar la cooperación en la adquisición y el suministro mutuo de petróleo crudo y gas natural licuado (GNL) constituye un logro destacable.
Este acuerdo se basa en el Acuerdo de Asociación para la Cadena de Suministro firmado en marzo de 2026 por el ministro japonés de Economía, Comercio e Industria, Akazawa Ryōsei, y el ministro surcoreano de Comercio, Industria y Energía, Kim Jung-kwan. Lo importante es que ambos líderes lo han reafirmado ahora y se han comprometido a impulsar su aplicación.
En la rueda de prensa conjunta, Takaichi señaló dos pilares fundamentales: reforzar la resiliencia de las cadenas de suministro energético (incluidas las reservas regionales en el Indopacífico) y fortalecer la seguridad energética bilateral mediante mecanismos de suministro mutuo e intercambio de petróleo crudo, productos petrolíferos y GNL. Los avances en el primer ámbito pondrían de relieve la capacidad de ambos países para proporcionar bienes públicos regionales, mientras que los progresos en el segundo demostrarían que la cooperación bilateral genera beneficios económicos tangibles.
El presidente Lee ha defendido desde hace tiempo que la cooperación internacional debe traducirse en beneficios perceptibles para la vida cotidiana de la población. En particular, los esfuerzos conjuntos para la adquisición de recursos energéticos podrían contribuir a ampliar el apoyo público a un mayor acercamiento entre Japón y Corea del Sur.
Preocupaciones compartidas por la reducción de la presencia militar estadounidense
La cumbre de Andong se celebró poco después de la reunión entre los líderes de Estados Unidos y China en Pekín. Según la oficina presidencial surcoreana, Takaichi y Lee abordaron los resultados de las conversaciones entre Donald Trump y Xi Jinping, aunque todavía no está claro cómo afectará a Japón y Corea del Sur el compromiso de Washington y Pekín de avanzar hacia una “estabilidad estratégica constructiva”.
Desde la perspectiva del Gobierno de Takaichi, no resulta especialmente tranquilizador que la Administración estadounidense esté dando prioridad a la cooperación económica con China en un momento en que las relaciones entre Tokio y Pekín atraviesan dificultades. Por su parte, Seúl ve con buenos ojos una mayor estabilidad en las relaciones entre Estados Unidos y China, pero sigue siendo muy consciente —a la luz de su experiencia histórica de quedar atrapada entre grandes potencias— de los riesgos de que un eventual entendimiento entre Washington y Pekín pueda producirse a costa de Corea del Sur.
Al mismo tiempo, tanto Seúl como Tokio comparten la preocupación de que la presencia militar estadounidense en Asia Oriental pueda seguir reduciéndose, en un contexto en el que Washington exige una mayor contribución a sus aliados y mantiene una fuerte implicación en Oriente Medio.
En una reunión del gabinete celebrada en marzo, el presidente Lee afirmó claramente que Seúl se opone a que Estados Unidos retire activos de defensa aérea de la península coreana para destinarlos a sus propias necesidades operativas. En Andong, Takaichi declaró compartir la opinión de que Japón y Corea del Sur deben adoptar medidas proactivas (a través de la alianza Japón-Estados Unidos, la alianza Estados Unidos-Corea del Sur y la coordinación trilateral) para mantener y reforzar las capacidades de disuasión y respuesta en favor de la paz y la estabilidad en el Indopacífico. Asimismo, añadió de forma llamativa que ambos líderes acordaron mantenerse en contacto frecuente y consultarse directamente cada vez que surjan dificultades, incluso en la gestión de las relaciones con terceros países.

En una foto publicada en las redes sociales se ve a Lee y a Takaichi luciendo unas monturas de gafas procedentes de Sabae, en la prefectura de Fukui —un obsequio de la primera ministra japonesa—, durante su cumbre en Andong. Detrás de ellos se ven unas máscaras tradicionales coreanas, regalo del presidente surcoreano. (© Jiji.)
Mapas regionales divergentes
En lo que Takaichi describe como un entorno internacional cada vez más inestable, ambos líderes consideran esencial una coordinación más estrecha, especialmente para hacer frente a Estados Unidos, un país cada día más orientado hacia sus propios intereses internos. Esta lógica estratégica compartida se ha convertido en el principal factor de estabilidad de la relación bilateral. De hecho, los vínculos entre Japón y Corea del Sur, tradicionalmente el eslabón más débil del triángulo de seguridad formado por Japón, Estados Unidos y Corea del Sur, se han fortalecido en parte como consecuencia de los cambios ocurridos en Washington.
Sin embargo, aunque Tokio y Seúl coinciden en la visión general, sus perspectivas y respuestas divergen cuando se abordan cuestiones concretas. Evitar que esas diferencias socaven la cooperación exigirá una comunicación constante y una estrecha coordinación política, el primer gran desafío para profundizar la asociación entre ambos países.
El contraste quedó patente en la rueda de prensa conjunta: Takaichi hizo referencia en cuatro ocasiones al “Indopacífico”, mientras que Lee no utilizó el término ni una sola vez. En su lugar, habló del “Noreste Asiático” y subrayó que Corea del Sur, China y Japón deben respetarse mutuamente y colaborar en la búsqueda de intereses comunes. Takaichi, por su parte, reiteró la importancia de un Indopacífico libre y abierto y la necesidad de reforzar la autonomía y la resiliencia, ideas que ya había destacado durante un discurso de política exterior pronunciado en Vietnam a comienzos de mayo.
En relación con Corea del Norte, Lee puso el acento en el objetivo de lograr una coexistencia pacífica y una prosperidad compartida entre las dos Coreas, mientras que Takaichi se centró en la amenaza que representan los programas nuclear y de misiles de Pionyang. En la década de 2000, cuando la cooperación bilateral era más fluida, Tokio y Seúl respaldaban públicamente las políticas del otro, pero esa situación ya no existe. La evolución del entorno regional ha hecho que la coordinación política entre ambos gobiernos sea hoy considerablemente más compleja.
Fomentar e institucionalizar la cooperación
Un segundo gran desafío consiste en seguir institucionalizando la cooperación en materia de defensa y seguridad entre Japón y Corea del Sur. Los agravios históricos siguen proyectando una larga sombra sobre la relación bilateral, lo que hace que muchos surcoreanos, especialmente dentro del bloque progresista que respalda a Lee, contemplen con recelo o incluso se opongan a un mayor acercamiento en el ámbito de la seguridad. Por ello, la mayor parte de la cooperación se ha desarrollado en el marco trilateral junto con Estados Unidos, y el Acuerdo General de Seguridad de la Información Militar (GSOMIA, por sus siglas en inglés) sigue siendo el único mecanismo de seguridad jurídicamente vinculante entre Tokio y Seúl. Además, el incidente de 2018 en el que un radar de control de tiro presuntamente apuntó a una aeronave militar japonesa dañó gravemente la confianza entre los estamentos de defensa de ambos países.
La buena noticia es que la comunicación a nivel de defensa ha vuelto a encauzarse. En su reunión de enero, los ministros de Defensa de ambos países acordaron reanudar las visitas anuales, revitalizar los intercambios de personal y de unidades militares, y retomar los ejercicios conjuntos de búsqueda y rescate (SAREX), suspendidos desde 2017. El siguiente paso consiste en institucionalizar la cooperación mientras se ponen en práctica estas iniciativas. Para ello será necesario reconstruir gradualmente la confianza mutua y crear el espacio político necesario para concluir finalmente el tan anhelado Acuerdo de Adquisición y Prestación Recíproca de Servicios (ACSA).
El diálogo de seguridad entre Japón y Corea del Sur fue elevado en mayo del nivel de directores generales al de viceministros, pero debería convertirse en una reunión ministerial plena tan pronto como sea posible. Japón ya celebra reuniones ministeriales conjuntas de Exteriores y Defensa (el llamado formato “2+2”) con alrededor de diez países, entre ellos Estados Unidos, Australia, India y varios socios europeos.
Un tercer desafío consiste en avanzar con rapidez en la cooperación bilateral. Desde el rápido deshielo de las relaciones entre Japón y Corea del Sur iniciado en 2023, se han reactivado, ampliado y complementado con nuevos mecanismos de diálogo diversas consultas gubernamentales que habían quedado paralizadas durante el período de deterioro de las relaciones. La cumbre de Andong dio lugar a otro nuevo marco de cooperación: un diálogo sobre política industrial y comercial destinado a impulsar la colaboración en materia de seguridad energética.
Sin embargo, aunque el diálogo es importante, lo que la relación bilateral necesita ahora son acciones visibles y concretas. La cooperación práctica y repetida será, en última instancia, lo que permita que los vínculos entre Japón y Corea del Sur se vuelvan más sólidos y resistentes con el paso del tiempo.
(Publicado originalmente en japonés el 2 de junio de 2026. Imagen del encabezado: La primera ministra Takaichi y el presidente surcoreano Lee se dan la mano antes de su cumbre en Andong, Corea del Sur, el 19 de mayo de 2026. © Jiji.)
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