El sumo se globaliza: el deporte tradicional de Japón en la era internacional
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Gran popularidad en Europa
En 2026, los principales luchadores profesionales de sumo de Japón viajaron a Francia para disputar un torneo de dos días, celebrado el 13 y el 14 de junio. Los dos grandes campeones yokozuna, Ōnosato y Hōshōryū, visitaron la Torre Eiffel, mientras los tambores taiko japoneses resonaban bajo el cielo de la capital francesa. Durante dos jornadas, los espectadores se congregaron en el Accor Arena de Bercy, el mayor recinto cubierto del país, para presenciar los combates.

Los luchadores saludan al público tras la ceremonia de clausura del Torneo de Sumo de París, el 14 de junio de 2026. (© Mael Ghazi/Hans Lucas vía Reuters Connect)
El sumo gana popularidad en Europa, donde en octubre de 2025 se celebró un torneo en Londres después de 25 años de ausencia. Durante mis visitas a Italia en 2023 y 2024, las conversaciones del almuerzo con investigadores italianos giraban en torno a la teleserie sobre sumo Sanctuary, entonces disponible en Netflix. En Francia, donde el difunto presidente Jacques Chirac fue un destacado aficionado, el sumo es respetado como patrimonio cultural vivo.
La incorporación de luchadores extranjeros
Desde la segunda mitad de la década de 1990 hasta la de 2010 asistimos a una explosión de la globalización, con la expansión de internet y, más tarde, de los smartphone, que conectaron el mundo entero. Resulta llamativo que durante esas últimas décadas no se celebraran torneos en el extranjero. Sin embargo, fue precisamente entonces cuando numerosos luchadores nacidos fuera de Japón se incorporaron al sumo.
Hasta la década de 1990, los luchadores no japoneses procedían principalmente de Estados Unidos, sobre todo de Hawái. Takamiyama inició su carrera en el sumo en 1964, y después llegaron Konishiki, Akebono y Musashimaru, que habían forjado su potente estilo practicando fútbol americano. Sin embargo, cuando comenzó a aumentar la afluencia de luchadores extranjeros, ya no se incorporaron más luchadores procedentes de Hawái.

Takamiyama, nacido en Hawái, llegó a alcanzar el rango de sekiwake; noviembre de 1980. (© Jiji)
Desde la década de 1990, tras la caída de la Unión Soviética a comienzos de ese decenio, fueron llegando en número cada vez mayor nuevos aspirantes a este deporte procedentes de antiguos países socialistas, entre ellos Mongolia, Bulgaria y Ucrania. En 1992, justo después del fin del régimen comunista en Mongolia, seis jóvenes mongoles llegaron a Japón, los primeros luchadores de ese país en hacerlo. Entre ellos estaban Kyokushūzan, que alcanzó la primera división makuuchi, y el futuro mito del sumo Kyokutenhō. Sus actuaciones recibieron una amplia cobertura de la prensa mongola, lo que alentó un flujo constante de jóvenes aspirantes desde su país.
Resulta llamativo que los cambios en los sistemas políticos de países lejanos tuvieran semejante repercusión en el sumo japonés. Aunque en aquel periodo no se celebraron torneos en el extranjero, el deporte adquiría un carácter cada vez más internacional. En el Kyūshū basho de noviembre de 2010, 20 de los 42 luchadores de la división makuuchi eran extranjeros, al igual que cuatro de los cinco competidores que ocupaban el rango de yokozuna, el superior, y el de ōzeki, el segundo en importancia. El mundo del sumo, paradigma de lo japonés y aparentemente uno de los ámbitos menos expuestos a la globalización, sintió muy pronto los efectos de la llegada de luchadores extranjeros.

El yokozuna Hakuhō, nacido en Mongolia, realiza la ceremonia de entrada al dohyō en el santuario Meiji de Tokio el 7 de enero de 2008. (© Reuters)
El hermético mundo del sumo, tan aferrado a sus tradiciones, ya se ha globalizado, de hecho. De haberse regido únicamente por los mecanismos normales del mercado, el sumo como manifestación cultural habría desaparecido. Para evitar ese destino, el organismo rector de este deporte introdujo nuevas normas, entre ellas criterios más estrictos para admitir a luchadores extranjeros, cuyo número alcanzó su máximo en torno a 2010.
Llevo muchos años estudiando el sumo y he observado que los luchadores extranjeros tienden a ser mucho más pesados y altos que sus homólogos japoneses, lo que ha propiciado que también se incorporen japoneses de mayor tamaño y corpulencia. Los luchadores más grandes ganaban con mayor frecuencia, pero también se ausentaban de más torneos, probablemente porque su peso los hacía más propensos a las lesiones. Un regreso estricto a un sumo integrado únicamente por rikishi japoneses podría haber corregido esta tendencia, pero excluir por completo a los extranjeros habría impedido la revitalización de la que hoy disfruta el sumo. Una selección más cuidadosa de jóvenes promesas extranjeras ha favorecido un sumo más equilibrado, que gana en emoción sin perder su valor cultural.
Ya no son figuras anónimas

Aonishiki, natural de Ucrania, derriba a su rival el 13 de junio de 2026, primera jornada del torneo de París. (© Abaca vía Reuters Connect)
Tras un largo periodo en el que la discreción y la renuncia al protagonismo eran la norma, los luchadores actuales, muy diversos, muestran personalidades mucho más marcadas. Muchos resultan reconocibles al instante por su físico, su carácter o su trayectoria personal. Uno de ellos es Aonishiki, que llegó a Japón siendo adolescente cuando Ucrania fue atacada en 2022: actualmente se rueda en Francia un documental sobre él. Aunque perdió el rango de ōzeki tras ausentarse del torneo de mayo de 2026, llegó en plena forma a la cita de París.
Este fenómeno no se limita a Aonishiki ni a otros luchadores de la élite. Ura, natural de Osaka y actualmente maegashira, es conocido por su estilo acrobático de sumo y siempre ofrece espectáculo, independientemente de su balance de victorias y derrotas. Kotoeihō, de Chiba y también maegashira, realiza una larga pausa durante el ritual de pisotones shiko antes de iniciar el combate y destaca por la elegancia de sus movimientos.

Seguidores de Ura (a la izquierda en el dohyō) sostienen toallas con su nombre durante el torneo de primavera, el 12 de marzo de 2026, en el Edion Arena Osaka. (© Jiji)
Como muestra de las prácticas modernas, durante los torneos pueden verse aficionados especialmente entregados a determinados luchadores, que sostienen toallas largas y estrechas con el nombre de sus ídolos. Esto no significa, sin embargo, que las antiguas costumbres estén desapareciendo. Con motivo del centenario de la Asociación Japonesa de Sumo en 2025, se escenificó sumo tradicional acompañado del espléndido espectáculo de las danzas ceremoniales que se interpretaban en la corte imperial del periodo Heian (794-1185).
Durante la época convulsa de comienzos de la década de 2000, marcada por combates amañados y un caso de acoso que terminó con una muerte, la popularidad del sumo se resintió. Hoy ha recuperado con fuerza el favor del público, y los recintos se llenan en los seis grandes torneos que se celebran en Japón.
La IA no sustituye la experiencia en directo

Luchadores y responsables del torneo se reúnen en el dohyō para participar en la ceremonia de clausura de París el 14 de junio de 2026. (© Mael Ghazi/Hans Lucas vía Reuters Connect)
Con estos antecedentes, y ahora que la globalización del sumo ha completado el círculo, resulta especialmente notable su popularidad en Europa. Muchos de los yokozuna y ōzeki, símbolos del sumo como deporte nacional de Japón, no tienen nacionalidad japonesa. En un contexto de crecientes tensiones económicas y geopolíticas, el sumo, como patrimonio cultural vivo, desempeña un importante papel en el fomento de la buena voluntad internacional.
El Hokusai manga (“Bocetos de Hokusai”), obra del célebre artista de ukiyo-e del periodo Edo, comenzó a circular en Occidente a partir de mediados del siglo XIX y dio inicio a la corriente del “japonismo” en Europa. Los apuntes de Hokusai incluían dibujos de luchadores de sumo que, sin duda, estimularon la imaginación de los franceses. Un siglo después, Jacques Chirac, conocido aficionado y entonces alcalde de París, organizó un torneo de sumo en la ciudad e invitó a los luchadores al Palacio del Elíseo, donde disfrutó abiertamente de su presencia. Como entonces, el ferviente interés por el sumo en Europa seguirá contribuyendo a estrechar la amistad entre Japón y otros países.

Jacques Chirac saluda al yokozuna Chiyonofuji en París el 9 de octubre de 1986. (© Bridgeman Images vía Reuters Connect)
El sumo siempre ha tenido un significado propio, tanto antes de su globalización como en la actualidad. Conserva elementos distintivos —los tambores y los estandartes que ondean frente a los recintos, la entrada ceremonial de los luchadores al dohyō, los pisotones previos al cuerpo a cuerpo— y la fuerza física en estado puro de dos enormes cuerpos que chocan y pugnan por imponerse mediante la potencia y la técnica. El sumo combina la belleza de la forma con el dinamismo del movimiento.
Tanto en Londres como en París, los preámbulos de los combates dejaron claro que el sumo no es un simple deporte ni una mera lucha. Presenciar los combates en directo transmitió a los espectadores europeos la experiencia de un patrimonio cultural vivo. Pese al rápido desarrollo de la inteligencia artificial, el sumo en directo encarna físicamente una experiencia que la IA nunca podrá igualar.
(Publicado originalmente en japonés el 30 de junio de 2026. Imagen del encabezado: ataviados con coloridos delantales ceremoniales, los rikishi participan en la segunda jornada del torneo de París el 14 de junio de 2026. © Mael Ghazi/Hans Lucas vía Reuters Connect.)