El FOIP 3.0 de Takaichi Sanae: Japón toma la iniciativa en una nueva estrategia para el Indopacífico
Política Mundo- English
- 日本語
- 简体字
- 繁體字
- Français
- Español
- العربية
- Русский
Diez años de la estrategia de un Indopacífico Libre y Abierto
La estrategia de un Indopacífico Libre y Abierto (FOIP, por sus siglas en inglés) es el concepto de política exterior regional más exitoso surgido en Japón desde el final de la Guerra Fría. Propuesto por el segundo Gobierno del primer ministro Abe Shinzō en 2016 y desarrollado posteriormente por el primer ministro Kishida Fumio en 2023, el FOIP considera los océanos Índico y Pacífico, Asia y África como un único espacio estratégico y plantea un orden regional basado en el Estado de derecho, la libertad de navegación, el libre comercio, la conectividad y la seguridad marítima.
Uno de los principales objetivos del FOIP era ampliar las opciones institucionales, económicas y de seguridad de los países de la región para evitar que la rivalidad entre Estados Unidos y China limitara su margen de maniobra. El concepto japonés del FOIP se apartó de la lógica de trazar líneas divisorias entre bloques enfrentados y, en su lugar, concibió el Indopacífico como un “orden abierto”.
En mayo de 2026, cuando la iniciativa se acercaba a su décimo aniversario, el Gobierno de la primera ministra Takaichi Sanae presentó una serie de declaraciones de política sobre el tema en tres escenarios distintos. El 2 de mayo, durante un discurso sobre política exterior pronunciado en la Universidad Nacional de Vietnam, en Hanói, Takaichi anunció una versión “evolucionada”, o actualizada, del FOIP. Al día siguiente, durante una visita a Kenia —donde Abe había presentado oficialmente la iniciativa original una década antes—, el ministro de Asuntos Exteriores, Motegi Toshimitsu, intervino con un discurso titulado Las relaciones entre Japón y África y el Indopacífico Libre y Abierto. Finalmente, el 31 de mayo, en el Diálogo de Shangri-La celebrado en Singapur, el ministro de Defensa, Koizumi Shinjirō, pronunció un discurso en el que vinculó el FOIP actualizado con medidas concretas de seguridad conjunta, entre ellas el fortalecimiento de las capacidades de defensa, la realización de ejercicios militares conjuntos, el intercambio de inteligencia, la cooperación en equipos y tecnología militares y la colaboración entre las industrias de defensa. En conjunto, estos tres discursos presentan el FOIP actualizado como un esfuerzo diplomático coordinado que conecta la implicación de Japón en el Sudeste Asiático y África con una agenda más amplia de cooperación en materia de seguridad.
Una lectura más detenida del discurso de Takaichi del 2 de mayo, junto con los materiales distribuidos por el Ministerio de Asuntos Exteriores, deja poco margen de duda sobre las intenciones del Gobierno japonés. Aunque mantiene los principios fundamentales del FOIP —libertad, apertura, diversidad, inclusión y Estado de derecho—, el plan de Takaichi subraya la necesidad de adaptarse a las nuevas realidades mundiales y regionales: la intensificación de la competencia geopolítica, la aceleración de la innovación tecnológica y el ascenso del Sur Global. Con este propósito, busca reforzar la autonomía de los países del Indopacífico (es decir, su capacidad para decidir su propio futuro en un contexto de complejas relaciones de interdependencia) y su resiliencia (la capacidad de resistir crisis y presiones coercitivas) en los ámbitos económico, social y de la seguridad. En esencia, ese es el núcleo del FOIP 3.0 de Takaichi.
¿De qué manera está la crisis energética tranformando el FOIP?
Implícito en el discurso de Takaichi se encontraba un objetivo más amplio: transformar el FOIP de un concepto geopolítico abstracto en un marco de actuación capaz de orientar las industrias de la región y la vida cotidiana de sus habitantes. La primera ministra puso de relieve tanto la profundidad como la fragilidad de las cadenas de suministro y de la interdependencia económica regional, recurriendo a ejemplos concretos: productos electrónicos de consumo fabricados en Vietnam que dependen de empresas japonesas para sus componentes esenciales; la formación de ingenieros de semiconductores en la Universidad Vietnam-Japón; el papel de Japón en el desarrollo del Centro Espacial Nacional de Vietnam y del satélite vietnamita de observación terrestre LOTUSat-1; y la cooperación bilateral en las cadenas de suministro de tierras raras. Todo ello pone de manifiesto que el FOIP es, al mismo tiempo, una visión geopolítica trazada sobre el mapa marítimo y un marco de actuación cada vez más concreto que conecta parques industriales, universidades, sistemas satelitales, semiconductores, puertos, centros de datos y otros ámbitos.
En este contexto, la puesta en marcha por parte del Gobierno, el 15 de abril, de POWERR Asia (del inglés “Partnership on Wide Energy and Resources Resilience Asia”), como respuesta a la crisis en el estrecho de Ormuz, supuso un hito de gran relevancia. La iniciativa tiene como objetivo construir un programa integral de seguridad energética que combine el abastecimiento de combustibles —con el respaldo del Banco Japonés para la Cooperación Internacional (JBIC), Nippon Export and Investment Insurance (NEXI) y la Agencia de Cooperación Internacional del Japón (JICA)— con un sistema regional de almacenamiento y liberación de reservas, así como con medidas estructurales a medio y largo plazo que abarquen el ahorro energético y el desarrollo e implantación de biocombustibles, energía solar de nueva generación, energía nuclear y gas natural licuado. Se trata de un ambicioso intento de ampliar el alcance del FOIP, pasando de los debates sobre la defensa de las rutas marítimas a políticas coordinadas de gestión de crisis destinadas a proteger el suministro energético y la base industrial de la región.
Como hemos visto en los últimos meses, cuando se interrumpe el suministro de petróleo procedente del golfo Pérsico, las consecuencias van mucho más allá de la escasez de combustible. La interrupción del suministro de nafta afecta a la producción de una amplia gama de plásticos y otros derivados del petróleo, incluidos suministros médicos esenciales, además de repercutir en el conjunto de la industria manufacturera. El FOIP actualizado de Takaichi pretende presentar esta cadena de vulnerabilidades como un desafío para el orden regional.
Los suministros de minerales críticos y de productos farmacéuticos presentan una vulnerabilidad similar. En respuesta, Japón ha impulsado iniciativas como el proyecto conjunto con Australia sobre tierras raras en Malasia, programas para recuperar minerales críticos de electrodomésticos y automóviles desechados en los países de la ASEAN y la diversificación de las cadenas de suministro farmacéutico. Estas medidas deben entenderse, sobre todo, como preparativos prácticos para impedir que una dependencia excesiva se convierta en un instrumento de presión política.
Lo cierto es que una independencia total no constituye una opción realista para las economías asiáticas. Lo que se necesita, en cambio, es un sistema que combine fuentes alternativas de suministro, almacenamiento de reservas, asistencia financiera, cooperación tecnológica y establecimiento de normas, con el fin de preservar múltiples opciones para los países de la región incluso en caso de crisis.
Aplicar el FOIP en la IA, las normativas y la seguridad
Las políticas relativas a la inteligencia artificial y a los datos también deben entenderse en el contexto de la autonomía y la resiliencia regionales. El Concepto de Corredor Digital del FOIP propone el desarrollo, a escala regional, de las infraestructuras esenciales para la era de la inteligencia artificial y los datos, como centros de datos, cables submarinos, redes Open RAN (Red de Acceso Radioeléctrico Abierta), comunicaciones por satélite y redes totalmente ópticas. Además, prevé apoyar el desarrollo de inteligencia artificial en lenguas locales, de modelos fundacionales específicos para distintos sectores industriales y de programas avanzados de formación de especialistas en IA. De este modo, va más allá de la construcción de redes de comunicaciones para abordar cuestiones fundamentales que afectan a las comunidades locales.
¿De quién deben ser los datos que circulen y bajo qué normas? ¿Qué tipo de modelos de IA deberían adoptarse para respaldar la administración pública, la industria, la respuesta ante desastres y la educación?
En la era de la IA, la soberanía nacional estará determinada no solo por el poder militar, sino también por el acceso a recursos de computación y datos, por los estándares, el talento y la capacidad para definir normas. El Corredor Digital del FOIP debe concebirse como un bien público destinado a evitar que los países de la región pasen a depender en exceso de una esfera tecnológica cerrada o de infraestructuras orientadas a la vigilancia.
En lo que respecta a la construcción de un orden económico regional, el eje del FOIP 3.0 debería ser la ampliación y modernización del Acuerdo Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (CPTPP), sucesor del Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP) respaldado en su día por Estados Unidos. Con la configuración de un orden regional como objetivo, Japón encabeza los esfuerzos para extender al ámbito de la seguridad económica las normas de libre comercio de alto nivel. Este enfoque se refleja tanto en el impulso a los procesos de adhesión de Filipinas, Indonesia y los Emiratos Árabes Unidos como en la atención prestada a cuestiones como la regulación del comercio electrónico, las medidas para reforzar la resiliencia de las cadenas de suministro y las políticas destinadas a combatir las prácticas que distorsionan el mercado y la coerción económica.
La retirada de Estados Unidos del TPP en 2017, bajo la presidencia de Donald Trump, supuso un duro golpe para todo el concepto de un régimen de libre comercio basado en normas. Sin embargo, al mantener firmemente los elevados estándares del acuerdo original, Japón ha preservado importantes opciones para el futuro de la región. El espíritu del FOIP reside en la creación de un entramado institucional que permita a cada país conservar su capacidad de elección en momentos de crisis que amenacen el orden internacional.
El Gobierno de Takaichi también aspira a aprovechar la amplia experiencia acumulada por Japón en materia de políticas públicas para reforzar la seguridad regional. El objetivo es fortalecer las capacidades de los socios regionales mediante programas de desarrollo de capacidades en aplicación de la legislación marítima y conocimiento del dominio marítimo (Maritime Domain Awareness, MDA), cooperación en ciberseguridad, Asistencia Oficial para la Seguridad (Official Security Assistance, OSA), transferencia de equipos de defensa y apoyo a infraestructuras portuarias y aeroportuarias. La experiencia acumulada por la Guardia Costera de Japón —incluidos sus sistemas de vigilancia marítima, la Unidad de Apoyo al Desarrollo de Capacidades de la Guardia Costera y las capacidades de MDA basadas en datos satelitales y tecnologías de análisis de información— proporciona una base para que los países de la región puedan proteger mejor sus propias aguas. Asimismo, la OSA contribuye a reforzar la capacidad soberana de los socios regionales mediante el suministro de radares de vigilancia costera, patrulleras y vehículos aéreos no tripulados.
La visión del orden regional que se espera del FOIP 3.0
Algunos sectores en Japón han criticado el FOIP 3.0 por considerar que carece de medidas concretas, pero, a la luz de lo expuesto, esa valoración resulta claramente equivocada. En realidad, el plan destaca precisamente por la riqueza de sus propuestas. Establece un marco de actuación integral que abarca la energía, los minerales críticos, la IA, los datos, el libre comercio y la seguridad marítima, sobre la base de iniciativas ya existentes en ámbitos como la asistencia oficial al desarrollo, otros flujos oficiales, la inversión privada, la cooperación entre guardias costeras, la cooperación en materia de defensa y la elaboración de normas comerciales. El FOIP 3.0 de Takaichi representa la convergencia entre la asistencia a la conectividad impulsada por Abe, la inclusividad promovida por Kishida y el actual énfasis en la seguridad económica.
Además, es importante señalar que las distintas políticas que lo integran están concebidas para reforzarse mutuamente. Prepararse para una crisis energética también fortalece las cadenas de suministro de minerales críticos y de la industria manufacturera. A su vez, las infraestructuras de datos y las redes de comunicación hacen posible la formación de especialistas en IA y la modernización industrial. Un marco normativo sólido dentro del CPTPP refuerza la capacidad institucional para resistir la coerción económica. Del mismo modo, el fortalecimiento de las capacidades de conocimiento del dominio marítimo y de aplicación de la legislación marítima contribuye a garantizar la seguridad del tráfico marítimo del que dependen las cadenas de suministro regionales. Cuando políticas coherentes se integran en una narrativa estratégica convincente, su efecto conjunto puede superar con creces el de cada medida por separado. En ello reside el potencial del FOIP 3.0 de Takaichi.
En mi opinión, lo que aún falta es una visión de conjunto del orden regional que estas políticas pretenden sustentar. El FOIP de Abe dotó a la diplomacia japonesa de una nueva imaginación geográfica al vincular los océanos Índico y Pacífico y conectar Asia con África. El FOIP de Kishida incorporó las ideas de inclusividad y cocreación mediante conceptos como “nuestro FOIP”, “asociación en igualdad de condiciones” y un “enfoque centrado en las personas”. ¿Qué debería expresar, entonces, el FOIP de Takaichi? A mi juicio, la respuesta es una visión del orden regional basada en la autonomía y la resiliencia.
La cuestión central es qué significa la “autonomía estratégica” en Asia. En Europa, este concepto suele entenderse como la capacidad de mantener cierto grado de independencia respecto de Estados Unidos al tiempo que se refuerzan las capacidades propias del continente. En muchos países asiáticos, sin embargo, la autonomía tiene implicaciones políticas diferentes. Para ellos, ampliar sus capacidades y sus opciones nacionales permite mantener el compromiso de Estados Unidos con la región, evitar una dependencia excesiva de China y, al mismo tiempo, preservar las relaciones con Pekín. La autonomía en Asia constituye la base necesaria para que las alianzas y las asociaciones sean sostenibles. El FOIP 3.0 de Takaichi debería estructurarse en torno a esta idea fundamental.
Takaichi ha presentado la iniciativa como un FOIP “actualizado”, una expresión que sugiere una prolongación lineal del proyecto concebido hace una década. Sin embargo, el entorno estratégico ha evolucionado de formas que aquel planteamiento inicial no podía prever plenamente. La rivalidad entre Estados Unidos y China se ha intensificado; la crisis energética ha puesto de manifiesto la fragilidad de la base industrial asiática; la inteligencia artificial y los datos están redefiniendo el significado de la soberanía; y Estados Unidos ha adoptado un enfoque más selectivo y transaccional en la configuración del orden internacional. Por ello, el FOIP 3.0 requiere no solo una ampliación de sus políticas, sino también una integración conceptual: una idea rectora clara que otorgue coherencia al conjunto de sus iniciativas y defina el orden regional que aspiran a construir.
En última instancia, el núcleo del FOIP debería ser el compromiso de ampliar las opciones de los países de la región y reforzar su capacidad para ejercerlas. Esas opciones deben seguir siendo viables incluso frente a situaciones de coerción o de crisis. Para ello se necesitan bases institucionales que abarquen la energía, la conectividad digital, el comercio y la seguridad marítima. Si el FOIP de Takaichi logra integrar todos estos elementos en una visión coherente del orden regional, el FOIP —el concepto regional más exitoso surgido de la diplomacia japonesa desde el final de la Guerra Fría— podrá evolucionar hasta convertirse en un sólido marco para el mantenimiento del orden en un mundo cada vez más inestable.
(Imagen del encabezado: la primera ministra Takaichi ofrece un discurso sobre política exterior en la Universidad Nacional de Vietnam en Hanói, el 2 de mayo de 2026. © AFP/Jiji.)