La transformación digital en el ámbito sanitario: ¿Cuál es el sistema adecuado para Japón?

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Japón impulsa la transformación digital en la sanidad con el fin de mejorar la eficiencia y completar la digitalización de las historias clínicas antes de 2030. Sin embargo, el país continúa rezagado en comparación con otras naciones en este ámbito. Una experta en tecnología médica analiza los desafíos que plantea la digitalización de la atención sanitaria en Japón.

Líderes en tecnología, rezagados en su aplicación

Coloco un monitor fetal compacto sobre el vientre de una embarazada y le digo: “Escuche los latidos de su bebé”.

La expresión de quienes nos rodean cambia al instante. No estamos en Japón, sino en una aldea remota situada a varias horas del hospital más cercano, sin ningún médico destinado de forma permanente y en un país donde dar a luz aún puede costarle la vida a una mujer.

Los latidos aparecen en la pantalla en forma de ondas. Los datos se transmiten a un médico que se encuentra en otro lugar, los analiza y, si lo considera necesario, indica el traslado de la paciente a un hospital. Es un procedimiento sencillo, pero puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte tanto para la madre como para el bebé.

Como fundadora de Melody International, he trabajado en la atención perinatal tanto en Japón como en otros países mediante nuestro monitor fetal móvil, iCTG, y nuestra plataforma de salud digital. Ya sea en Bután, Tailandia, Brasil, diversos países africanos o en las islas remotas y las regiones montañosas de Japón, siempre me hago la misma pregunta: ¿qué impide que una atención sanitaria esencial llegue a quienes más la necesitan?

Hay otra cuestión que también ocupa mis pensamientos: ¿por qué Japón sigue teniendo dificultades para avanzar en la transformación digital (conocida también como “DX”) de su sistema sanitario, pese a su reconocido desarrollo tecnológico?

No es que el país no haya hecho esfuerzos. El Ministerio de Salud, Trabajo y Bienestar impulsa la creación de una plataforma nacional de información médica, servicios para compartir historias clínicas electrónicas y la implantación de la receta electrónica. En el caso de las historias clínicas electrónicas, su adopción ha aumentado año tras año y, según una encuesta realizada por el ministerio en 2025, ya las utilizaban el 77,7 % de los hospitales y el 71,0 % de las clínicas.

Aun así, en comparación con países como Estonia y Dinamarca, donde la información médica se comparte a escala nacional, los avances de Japón parecen lentos. Según un estudio realizado por el citado ministerio en 2019, entre el 85 % y el 100 % de los hospitales y entre el 80 % y el 99 % de los médicos de atención primaria de Estados Unidos, el Reino Unido, Suecia y Singapur ya utilizaban historias clínicas electrónicas.

¿Por qué, desde la perspectiva de quienes trabajan en el ámbito sanitario, da la impresión de que la transformación digital de Japón no termina de despegar?

Mi respuesta es que esta transformación no depende únicamente de la tecnología. También tiene que ver con la confianza, la responsabilidad y la carga que soportan los profesionales que trabajan en la primera línea de la atención sanitaria.

La excelencia de la asistencia sanitaria japonesa dificulta el cambio

El sistema sanitario japonés mantiene un alto nivel de calidad gracias a un marco detallado y complejo que abarca desde el diagnóstico, las pruebas médicas y la gestión de historiales hasta las explicaciones a los pacientes, la facturación y los procedimientos administrativos. Precisamente la excelencia de este sistema es lo que se interpone en el camino de la transformación digital.

Desde fuera de Japón, el uso de historiales médicos en papel, máquinas de fax, llamadas telefónicas y cartas de derivación escritas a mano puede parecer anticuado e ineficiente. Sin embargo, estas prácticas forman parte de un sistema que los profesionales sanitarios han construido durante décadas para garantizar la seguridad y la fiabilidad. Por ello, la transformación digital no consiste simplemente en introducir un nuevo sistema para hacer las cosas más cómodas.

Si los médicos tienen que dedicar más tiempo a manejar nuevos sistemas e introducir datos, inevitablemente dispondrán de menos tiempo para atender a sus pacientes. Un estudio de la Asociación Médica de Japón realizado en 2025 reveló que el 54,2 % de las clínicas consideraba inviable la adopción de historias clínicas electrónicas. Entre las principales razones señaladas figuraban el elevado coste y el tiempo que exigiría su implantación, lo que reduciría el tiempo disponible para la atención de los pacientes.

En el ámbito sanitario, evitar los errores tiene prioridad sobre la comodidad. Lo que puede parecer una resistencia al cambio es, en realidad, la cautela propia de unos profesionales a quienes se ha confiado la vida de las personas.

Por eso resulta peligroso explicar el lento avance de la transformación digital del sistema sanitario japonés recurriendo únicamente a factores como la supuesta resistencia de la Asociación Médica de Japón, unas estrictas normas de protección de la privacidad o la falta de profesionales con conocimientos tecnológicos.

Donde más se necesita la transformación

El embarazo y el parto no son enfermedades, pero sí situaciones impredecibles que pueden convertirse rápidamente en emergencias médicas. El feto puede presentar alteraciones en el ritmo cardíaco. La futura madre puede sufrir hipertensión, hemorragias o un parto prematuro. En estos casos, un retraso en la toma de decisiones puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte.

Los obstetras y las matronas no siempre están distribuidos de manera uniforme en una determinada región. Incluso en Japón, la reorganización de los servicios de maternidad ha hecho que algunas embarazadas de zonas con menor densidad de población tengan que recorrer largas distancias para llegar a un centro donde puedan dar a luz. En otras partes del mundo, muchas mujeres ni siquiera tienen acceso a controles prenatales básicos.

La solución no consiste en construir un gran hospital en cada pueblo. Lo que se necesita es un sistema en el que las matronas y enfermeras locales realicen las exploraciones, mientras que médicos situados a distancia revisen los datos y tomen con rapidez las decisiones necesarias.

Esa fue la idea que dio origen al iCTG de Melody International. Mediante dispositivos portátiles conectados a la nube, que sustituyen a los grandes monitores fetales disponibles en los hospitales, permitimos que personal sanitario capacitado pueda realizar exploraciones en cualquier lugar y que los médicos evalúen a distancia los latidos del corazón del feto. Esta innovación no consiste únicamente en reducir el tamaño de los equipos, sino en cambiar la forma en que se presta la atención sanitaria.

La expresión “transformación digital de la atención sanitaria” evoca una gran reforma estructural. Las grandes plataformas de datos, la estandarización, la inteligencia artificial, las historias clínicas electrónicas y, en el caso de Japón, el sistema My Number de identificación personal y tributaria desempeñan papeles importantes. Sin embargo, desde la perspectiva de quienes trabajan en primera línea, el punto de inflexión debe buscarse en algo más concreto: ampliar el alcance de los profesionales sanitarios más allá de sus limitaciones actuales.

Existe un límite al número de embarazadas que un obstetra puede atender. Pero mediante la monitorización remota y la revisión de información médica esencial, el apoyo puede llegar a muchas más pacientes. Si las matronas pueden realizar exploraciones en sus propias comunidades y los médicos toman decisiones clínicas a distancia, las mujeres embarazadas no tendrán que desplazarse durante horas para recibir los controles necesarios. Una transformación digital de este tipo no sustituye a los profesionales sanitarios por la tecnología; utiliza la tecnología para extender sus conocimientos y experiencia allí donde sean necesarios.

En mi opinión, esta es la clave para avanzar en la transformación del sistema sanitario japonés.

No hay que esperar a la perfección

Japón es un país que diseña sus sistemas con un gran cuidado y atención al detalle. Esa es una de sus fortalezas. Al mismo tiempo, puede convertirse en una debilidad si se evita avanzar hasta que todos los aspectos hayan sido perfectamente definidos.

La transformación digital del sistema sanitario afronta el mismo desafío. Tendemos a esperar hasta que se hayan establecido los estándares, puesto en marcha los programas de ayudas y definido con claridad las responsabilidades. La seguridad y los marcos institucionales son, por supuesto, indispensables. Pero la realidad de la atención sanitaria no espera a que se den las condiciones perfectas.

Incluso hoy, las mujeres embarazadas siguen teniendo preocupaciones y existen lugares con escasez de médicos donde no queda más remedio que ofrecer atención con recursos humanos limitados. En este sentido, Japón cuenta con ventajas frente a los países en desarrollo, donde todavía hay madres y bebés que pierden la vida sin siquiera llegar a un hospital. Sin embargo, las disparidades regionales también tienen consecuencias dentro del propio país.

Por eso debemos hacer algo más que perseguir un único modelo válido para todo el territorio nacional. Es necesario partir de pequeños casos de éxito en comunidades concretas y desarrollar un sistema que realmente sea útil en islas remotas, regiones montañosas, zonas con escasez de obstetras y comunidades donde las matronas desempeñan un papel central; un sistema que los médicos quieran adoptar y en el que los pacientes puedan confiar.

La transformación digital no se completa inmediatamente después de introducir un nuevo sistema. Solo arraiga cuando las personas empiezan a utilizarlo, lo mejoran y llegan a depender de él.

Un modelo que Japón puede compartir con el mundo

Personalmente, no creo que Japón vaya a seguir rezagado en la transformación digital de su sistema sanitario. Al contrario, creo que tiene el potencial de mostrar al mundo un camino diferente: uno que entienda esta transformación como algo más que una búsqueda de eficiencia y optimización.

Aunque conectar los datos sanitarios es importante, nunca debemos olvidar que detrás de esos datos hay personas reales: mujeres embarazadas, bebés y familiares preocupados, por no hablar de los médicos que revisan la información durante la noche y las matronas que se desplazan por comunidades remotas.

El sistema sanitario japonés siempre ha concedido un gran valor al trato humano. Si somos capaces de preservar ese vínculo humano al tiempo que utilizamos la tecnología para reforzarlo, Japón podrá ofrecer al mundo un modelo de transformación digital con un valor significativo.

Problemas como el envejecimiento de la población, la escasez de médicos y las disparidades regionales no son exclusivos de Japón. Las soluciones desarrolladas en las zonas menos pobladas del país podrían contribuir a mejorar la atención sanitaria en regiones desfavorecidas de todo el mundo.

El avance decisivo de la transformación digital del sistema sanitario japonés no llegará únicamente de una gran infraestructura digital nacional que se construya en el futuro. La clave ya está aquí, junto a nosotros: junto a los profesionales sanitarios y las mujeres embarazadas, y en los latidos de los bebés antes de que lleguen al mundo con su primer llanto. Construir una sociedad en la que ese latido pueda escucharse allí donde se encuentre una madre es la base de la transformación digital de la atención sanitaria que imagino. Y es también el tipo de enfoque sanitario que Japón puede ofrecer al mundo.

(Imagen del encabezado: personal sanitario presta asistencia médica perinatal con una unidad de iCTG en Chiang Mai, Tailandia. Cortesía de Melody International.)

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