La muerte en soledad, un fenómeno en ascenso reflejo de los cambios sociales
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Más de ocho días de espera para incinerar un cadáver en Tokio
Los japoneses están entre los pueblos más longevos del mundo. Las mujeres alcanzan como promedio 87,33 años y los hombres 81,35 (2025). En los 80 años que han transcurrido desde el final de la Segunda Guerra Mundial, la esperanza de vida ha aumentado más de 20 años.
Sin embargo, los supervivientes de la generación del primer baby boom, un importante componente de esa población, tenían al menos 75 años en 2025. Todos ellos van a ir cumpliendo su esperanza de vida en años sucesivos.
El número de muertes anuales alcanza ya en Japón la cifra de 1.605.000 (2024). Es prácticamente el doble de las 788.000 defunciones que se registraban en 1989, cuando Japón entró en la era Heisei. Como cada año la cifra de nacimientos no alcanza los 700.000, se estima que el ritmo de pérdida de población irá acelerándose. La población con nacionalidad japonesa a fecha de 1 de enero de 2026 bajó por primera vez de los 120 millones 42 años después de haber alcanzado esa cifra. En esta sociedad de alta mortalidad las listas de espera para incinerar cadáveres se están convirtiendo ya en un problema social.
En Tokio, cuya población se aproxima a los 14 millones (incluyendo a los extranjeros), mueren unas 380 personas cada día. Los datos para el periodo abril-octubre dicen que, en los 26 crematorios de que dispone la capital, las familias tuvieron que esperar cuatro días para incinerar el cadáver del fallecido. Ese tiempo de espera se elevó por encima de los ocho días durante los meses de enero y febrero, en los que se registran mayor número de muertes. Durante la espera los cadáveres deben ser refrigerados mediante hielo seco en “hoteles mortuorios” que están siempre completos.
Un encargado de bienestar social de una de estas instalaciones pone el dedo en la llaga. “Lo más grave de vivir en una sociedad de alta mortalidad no es el número de muertes en sí mismo. Es la cantidad de gente que pasa sus años finales sin nadie que la asista y muere en soledad”.
Un tercio de los ancianos viven ya solos
En nuestros años postreros, los humanos no podemos vivir sin la ayuda de los demás. Pero simultáneamente a su envejecimiento, la población japonesa está cada vez también más aislada.
Si atendemos a los cambios estructurales en los núcleos familiares con presencia de ancianos (en este caso, mayores de 65 años), vemos que en 1990 la proporción de hogares formados por un matrimonio era del 21,4 %, un porcentaje superior al 14,9 % de hogares unipersonales. Ese año, el grupo más grande era el de los hogares con tres generaciones representadas (39,5 %).
Comparemos estas cifras con las de 2024. Este año, entre los hogares con presencia de ancianos, los formados solo por un matrimonio representan el 31,8 % y los unipersonales alcanzan el 32,7 %, doblando así la proporción de 1990. En cuanto a los hogares con tres generaciones, ya representan solo el 6,3 %. Como la muerte de uno de los cónyuges convertirá todos esos hogares en unipersonales, puede decirse que hoy en día en Japón más del 60 % de los ancianos están en riesgo de terminar sus días en soledad.
Las estadísticas de muerte en soledad publicadas por la Oficina del Gabinete solo incluyen los casos en que el cadáver ha permanecido sin ser descubierto ocho o más días. Según las estimaciones que ha publicado, basadas en datos de la Agencia Nacional de Policía, en 2025 murieron en soledad 22.222 personas, 15.911 de las cuales eran mayores de 65 años. En 1.953 casos transcurrieron tres meses o más entre la muerte y el descubrimiento del cadáver. De ellos, hubo 208 casos en que transcurrió más de un año.
Estas muertes comportan situaciones realmente lamentables. He recorrido varios de estos escenarios acompañando a operarios de una empresa de limpieza especializada en “rehabilitar” viviendas afectadas y he visto suelos donde era difícil poner un pie porque estaban cubiertos de restos de alimentos de fácil preparación como fideos instantáneos, ropa sucia y, a veces, envases pet llenos de orina. Para la empresa, la tarea más dura es eliminar el olor. Los cadáveres comienzan a descomponerse en seguida, despidiendo un hedor insoportable y muy persistente. No puedo olvidar estas palabras de uno de los operarios: “Este olor es el grito silencioso del muerto. Nuestro trabajo aquí hace las veces de réquiem”.
Hombre soltero que vive solo, un perfil cada vez más extendido
Uno de los problemas más acuciantes de los últimos años es el de las personas que no tienen quien se haga cargo de su cadáver tras su muerte. En Japón, los sistemas de apoyo a los mayores parten de la premisa de que existe una familia. Por eso, quienes durante sus últimos años de vida no tiene familiares que les apoyen lo pasan realmente mal. Especialmente problemático resulta su ingreso en hospitales o residencias cuando no hay nadie que los avale. A veces, se les deniega el ingreso por esa razón. El Estado ha enviado circulares para que no se actúe de esta manera. Pero para estas instituciones, que nadie pague los cuidados médicos y la asistencia cuando estas personas mueren es un riesgo muy real, y el proceso de búsqueda de familiares para que se hagan cargo del cadáver es largo e ingrato.
Pero los problemas no terminan ahí. ¿Quién se encarga de incinerar el cadáver y de enterrarlo? ¿Quién pondrá orden en los objetos dejados atrás por el difunto? ¿Quién hará los trámites necesarios en relación con la pensión de ancianidad o con los seguros de vida contratados? Cuando hay una familia que está ahí prestando su apoyo, todos estos asuntos fluyen con naturalidad. Pero hoy en día, en Japón, los casos en que el finado no tiene a nadie que pueda encargarse de todo esto están en rápido aumento.
Lo crítico de la situación viene siendo señalado desde hace ya más de 10 años por responsables de ofrecer cuidados y trabajadores sociales que prestan servicio en hospitales. No son cuestiones que puedan dejarse sin hacer y esto significa que alguien tendrá que trabajar fuera de horario y sin retribución. Es el llamado shadow work o trabajo a la sombra.
Son los varones de edad avanzada, en particular, los que más preocupan a estos cuidadores y trabajadores sociales. Entre los hombres hay más solteros que entre las mujeres. El esquema familiar que se extiende a mayor velocidad es el de los hogares unipersonales compuestos por un anciano soltero. Según la policía, cerca del 80 % de las muertes en soledad corresponden a este perfil. Según estimaciones del Instituto Nacional de Investigaciones Demográficas y de la Seguridad Social, para el año 2050 el 59,7 % de los ancianos que viven solos serán solteros, un porcentaje que casi dobla al de las mujeres (30,2 %). Un gestor de servicios de cuidados que trabaja para el ayuntamiento de Yokohama me comentó que sentía pavor ante la perspectiva de que seis de cada 10 hombres ancianos que viven solos no tengan a nadie que se ocupe de ellos.
El ayuntamiento de Yokosuka expone una dolorosa realidad
Fue un gráfico hecho público por el ayuntamiento de Yokosuka, una ciudad de 360.000 habitantes de la prefectura de Kanagawa, lo que levantó la voz de alarma y empujó al Gobierno central y a los entes regionales y locales a plantearse seriamente el problema de las personas que mueren sin allegados.
La Ley de Cementerios y Enterramientos establece que cuando una persona muera y no haya allegados que se encarguen de ella, será el ente local en el que haya ocurrido la defunción el encargado de enterrar o incinerar el cadáver. Yokosuka llevaba estadísticas de estas actuaciones públicas desde 1963. En 2015, Kitami Kazuyuki, un funcionario que trabaja en el área de la reinserción social para dicho ayuntamiento elaboró un gráfico de la evolución, año a año, del número de casos en que los restos mortales de estas personas no encontraban receptor. Así, se dio a conocer que, mientras que los casos en que resultaba imposible identificar unos restos mortales experimentaban pocas variaciones a lo largo de los años, sin alcanzar la decena, los casos de negativas a recibir unos restos mortales pese a haberse identificado al finado y localizado a sus familiares iban pasando, año tras año, de los 30 a los 40 y de ahí sucesivamente a los 50 y 60.
Este gráfico visibilizó el problema de los ancianos sin familiares ni allegados, del que ya se era consciente en los servicios de bienestar social de los ayuntamientos de todo el país. Las cosas empezaron a moverse en el mundo de la política cuando, en mayo de 2023, cierto parlamentario del Partido Liberal Democrático, basándose en dicho gráfico y en otros datos, planteó el tema ante la Dieta (Parlamento), obteniendo una actitud receptiva de parte del entonces primer ministro Kishida Fumio. En junio de 2026 el pleno de la Cámara de Consejeros (Cámara Alta) aprobó una reforma de la Ley de Bienestar Social que ampliaba las ayudas a los ancianos sin apoyos familiares, lo que ha introducido mejoras en la vida de estas personas, así como en los casos de ingresos o altas en hospitales, o en los trámites necesarios una vez ocurrida la defunción.
El Instituto de Investigaciones de Japón (Nihon Sōken) calcula que durante 2023 se dieron en Japón unos 42.000 casos de restos mortales sin receptor. Es obvio que el problema no se limita a la ciudad de Yokosuka, y que adquiere proporciones nacionales. Y junto a quienes realmente no tienen a ningún pariente con quien poder contar, hay otras muchas personas que no tienen familiares en condiciones de encargarse de ellos o que, simplemente, no quieren depender de la familia. Todos ellos acaban afrontando situaciones parecidas a los primeros. Mi impresión es que a partir de ahora los ayuntamientos del país van a entrar en una difícil competencia.
En la ciudad de Yamato, situada también en la prefectura de Kanagawa, se está reempleando a funcionarios retirados para que atiendan las consultas de la ciudadanía sobre los preparativos necesarios para afrontar la vejez y la muerte, llamados en Japón shūkatsu. En la ciudad de Shizuoka, prefectura homónima, se está empezando a certificar a empresas especializadas en solventar los preparativos y trámites del caso. En Edogawa, uno de los 23 ku o distritos centrales de Tokio, con estatus similar al de un municipio, el Comité de Bienestar Social se propone comenzar a comprar tumbas para responder a las necesidades de las personas que desean que sus restos mortales descansen en Edogawa.
En la pionera Yokosuka existen dos programas para acompañar a los ciudadanos en la previsión y planificación de la última fase de su vida. El primero es el llamado “Asistencia al Ending Plan” y está enfocado a los ciudadanos de bajos ingresos. El objetivo es guiarlos en la contratación de una funeraria, responsabilizándose el propio Ayuntamiento de hacer el seguimiento post mortem. El otro se denomina “Watashi no shūkatsu tōroku jigyō” (Programa “Mi registro de preparativos”) y está abierto a todos los ciudadanos, que de esta forma pueden registrar ante el ayuntamiento una serie de puntos importantes, como contactos familiares para situaciones de emergencia, médico de cabecera, lugar en el que se guarda el testamento o su equivalente, etcétera, hasta un total de 11 apartados.
“Lo más importante”, recalca el citado Kitami, “es tomar el toro por los cuernos cuando todavía hay tiempo. De eso depende todo”.
Las ideas sobre la vida y la muerte, los funerales… todo está cambiando
La familia ya no es la familia numerosa de otros tiempos, se ha nuclearizado, y en cuanto a casarse o no, tener hijos o no, todas esas cosas se entienden como fruto de decisiones libres e individuales. Por supuesto, hay muchas personas que siguen solteras contra su voluntad. Pero, sean cuales fueren las circunstancias que llevan a ello, morir tristemente sin nadie que nos acompañe en los momentos finales y sin nadie que celebre nuestros funerales de forma digna no es bueno, y una sociedad en la que estos casos aumentan es una sociedad enferma.
El número de los casos de muerte en soledad alcanzará su pico, según se cree, entre mediados de las décadas de 2050 y 2060, cuando los miembros de la generación del segundo baby boom hayan alcanzado los ochenta años. En esta situación de descenso demográfico acompañado de gigantescos déficits fiscales, no podemos pretender que sea solo la Administración pública japonesa la que solucione los problemas que han dado origen a esta convergencia de “alta mortalidad” y “muerte en soledad”. En estas circunstancias, a partir de ahora y durante mucho tiempo el pensamiento de los japoneses sobre la vida y la muerte, así como su religiosidad y la forma en que entienden y realizan las honras fúnebres se verán alterados inevitablemente.
La cuestión de las honras fúnebres comenzó a cambiar claramente ya en los años 90 del pasado siglo. Cada vez son más quienes se apartan del esquema tradicional de la tumba o panteón familiar y eligen formas como la dispersión de cenizas en el mar o el enterramiento junto a árboles. Y en cuanto a los funerales, la tendencia es a celebrarlos con la participación solo de la familia más cercana, implicando dedicar a estas honras menos tiempo y dinero. Tendremos que seguir observando cómo Japón supera este momento histórico en el que la alta mortalidad coexiste con la visión cada vez más privada de la muerte.
(Imagen del encabezado: Pixta.)
(Traducido al español del original en japonés.)

