Bienvenidos al ‘haikai’ clásico

Lindísimas las encías / del chiquillo que da cuenta / de los brotes de bambú (Ransetsu)

Literatura Cultura

Takenoko (“brote de bambú”) es el término estacional en esta vigésima entrega.

竹の子や児(ちご)の歯ぐきのうつくしき 嵐雪

Takenoko ya
chigo no haguki no
utsukushiki

(Poema de Ransetsu contenido en la antología Sumidawara, de 1694)

Lindísimas las encías
del chiquillo que da cuenta
de los brotes de bambú.

Ransetsu nació en una familia de samuráis de bajo rango de Edo (actual Tokio). A los 21 años entró como discípulo en la escuela de Bashō y a los 35 se independizó como maestro del haikai (forma primitiva del haiku). Fue un hombre que no se adaptó nunca a los cánones vitales del típico samurái –se casó con una prostituta– y que dedicó su vida al placer y a sus aficiones.

En este poema, Ransetsu se fija en el bello aspecto de las encías de un niño que despacha vorazmente unos tiernos brotes de bambú cocidos. Para adjetivar las encías usa el calificativo utsukushi, que más que a cosas suele aplicarse a personas, mujeres y niños principalmente, pues denota afecto y ternura. Al niño le llama chigo, una palabra que designa a los infantes que acaban de echar los dientes. Como término estacional, takenoko (“brote de bambú”) señala la fase inicial del verano. A veces aparece en contextos culinarios; otras, en metáforas del rápido crecimiento de los niños. Estos términos dejan traslucir la amorosa mirada con la que autor contempla a este pequeño, cuyo apetito presagia una salud y un crecimiento de los que se congratula.

Hay que notar, de todos modos, que la imagen de este poema entronca con la literatura clásica japonesa, en concreto con el Genji monogatari o Historia de Genji. En el capítulo “Yokobue” hay una escena en la que el protagonista, Hikaru Genji, contempla a Kaoru, el hijo que le ha dado Onna-Sannomiya. Kaoru es en realidad fruto de un encuentro furtivo de Onna-Sannomiya con otro hombre que se enamoró perdidamente de ella, Kashiwagi, así que Hikaru Genji no es su padre biológico. A Kaoru le están saliendo los dientes y ahora babea tratando de mordisquear unos brotes de bambú que han caído en sus manos. Hikaru Genji lo contempla con ternura, pero también con contradictorios sentimientos.

No hay necesidad de buscar en este poema de Ransetsu todas aquellas complicaciones, pero es una buena muestra de la gran influencia que la Historia de Genji ha tenido en la posteridad.

(Traducido al español del original en japonés.Fotografía del encabezado: PIXTA.)

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