Al encuentro de las imágenes budistas
La estatua sedente del ‘nyorai’ Yakushi del templo de Shin’yakushiji
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En el centro del círculo formado por los Doce Generales Celestiales, el nyorai o buda Yakushi, imagen principal del Shin’yakushiji, desprende un aura imponente. Este templo fue construido en el año 747 por orden de la emperatriz Kōmyō, para pedir por la salud del emperador Shōmu. La estatua data de los últimos años del siglo VIII, iniciado ya el periodo Heian (794-1185).

La robustez física de la estatua transmite estabilidad. Tiene un rostro lleno, con ojos grandes y prominentes, nariz de aletas dilatadas y labios carnosos. Todo en ella nos habla de juventud y vitalidad.

En su mano izquierda porta un yakko o tarro de medicinas. La diestra marca el gesto de mano (japonés: inzō; sánscrito: mudra) llamado semui-in, con el que invita a los seres sintientes a no temer. Su aire relajado, holgado, transmite toda la benevolencia propia del buda de la sanación.

La cabeza y el tronco fueron tallados en un gran bloque de madera de kaya (Torreya nucifera, especie de conífera). Los brazos y las piernas debieron de hacerse con madera del mismo ejemplar de árbol y, además, se tuvo mucho cuidado para que las vetas de unas partes y otras coincidieran. El acoplamiento fue tan perfecto que la estatua parece hecha en un solo bloque. De hecho, es lo que se creía hasta que, en 1975, la gubernamental Agencia de Asuntos Culturales hizo un estudio detallado de ella con ocasión de una obra de reparación.
Pero ¿por qué los tallistas hicieron algo tan trabajoso? La intención era que este buda medicinal de reputadas facultades curativas estuviera hecho de un único árbol consagrado al templo. En este pensamiento convergen el budismo con otras creencias ancestrales de Japón que atribuían a los grandes árboles poderes sobrenaturales. El hecho de que la madera no esté policromada, si exceptuamos las líneas de los ojos, cejas y bigotes, hechas con tinta, y el bermellón utilizado en los labios, refuerza la idea de que se quiso preservar al máximo la pureza del árbol sagrado. La espectacular aureola que tiene tras de sí lleva adosadas seis figuras del nyorai Yakushi sedente en miniatura. Tienen unos 40 centímetros de altura y están hechas en un único bloque de madera de hinoki (Chamaecyparis obtusa, falso ciprés japonés). Todas tienen los dedos en la misma posición que el gran buda, formando un canónico Septeto del Buda Yakushi.

“Cuando dirigí el objetivo a ella, sentí que esta imagen tan voluminosa, de cara y cuerpo tan carnosos, irradiaba una fuerte energía, algo incluso prodigioso, que partía del fondo de su mirada y venía hacia mí”, dice el fotógrafo Muda Tomohiro. “Pero al seguir contemplándola, noté que esa potente energía iba suavizándose, convirtiéndose en una luz de misericordia que me envolvía con dulzura”.

Estatua sedente del nyorai Yakushi
- Nombre en japonés: Yakushi nyorai zazō
- Altura: 1,91 m.
- Época: Principios del period Heian
- Colección: Templo de Shin’yakushiji
- Grado de protección: Tesoro nacional (catalogado como Mokuzō Yakushi nyorai zazō, consagrado en el hondō o edificio principal)
Imagen del encabezado: estatua sedente del nyorai Yakushi, templo de Shin’yakushiji. (Fotografía: Muda Tomohiro)
(Traducido al español del original en japonés.)