Al encuentro de las imágenes budistas

La estatua del buda Shaka naciente del templo de Tōdaiji

Cultura Arte

Entre las tanjōbutsu o estatuas del buda naciente, esta es la única que ha sido designada tesoro nacional. En ella hay algo que transmite toda la dignidad de quien nació para salvar el mundo.

El buda Shaka naciente del templo de Tōdaiji inspira una gran ternura.

El 8 de abril es el natalicio de Shaka (sánscrito: Sakyamuni), padre del budismo. Los templos de Japón lo celebran por todo lo alto con fiestas florales (hanamatsuri) también llamadas kanbutsue. Ese día todo gira en torno al pequeño Shaka, a quien la tradición hace nacer milagrosamente del costado de la dama Maya. Nada más venir al mundo, Shaka dio siete pasos y, señalando con la mano derecha el cielo y con la izquierda la tierra, proclamó: “Tenjō tenge yuiga dokuson” (“Entre el cielo, arriba, y la tierra, abajo, solamente yo soy venerable”, interpretable como “solo el yo es digno de estima”). Aunque el origen de la celebración se remonta al periodo Asuka (siglos VI-VII), fue en el periodo Edo (1603-1868) cuando se extendió la costumbre, que todavía hoy se sigue, de verter amacha (té dulce) sobre las imágenes para celebrar el nacimiento.

En el templo de Tōdaiji esta ceremonia recibe el nombre de busshōe (literalmente “reunión del nacimiento de Buda”). La estatuilla del Shaka naciente se coloca delante del pabellón del Gran Buda, en el centro de una pila de bronce colmada de amacha bajo un dosel recubierto de una tupida capa de camelias y asebi (Pieris japonica, andrómeda japonesa). El vistoso conjunto se llama midō. Tratándose de una valiosísima obra de arte designada tesoro nacional, no habrá que decir que la figurilla que rociamos con amacha es solo una réplica. Los originales de la estatua y la pila se guardan celosamente en el museo del templo.

El sonriente rostro de ojos entornados y carrillos regordetes, los brazos igualmente rollizos y el resto de la anatomía encajan con la imagen que tenemos de un recién nacido. Que no estamos ante cualquier recién nacido queda patente en el rahotsu, cabello formado por prietos ricitos, que es el atributo de los seres iluminados. El conjunto exhala un aire de imperturbable serenidad.

Pese a estar considerada una de las mejores muestras del arte del periodo Tenpyō (729-749), que marcó el apogeo de la antigua capital de Nara, esta estatua no aparece en la documentación de la época y su autor es desconocido. Entre los entendidos hay cierta unanimidad en que debería datarse en torno a 752, año en que la consagración de la imagen del Gran Buda Rushana se acompañó con la fabricación de la gran linterna octogonal que vemos ante el Daibutsuden, edificio principal del templo. Fundamentan su idea en el parecido existente entre la estatuilla y los onjō bosatsu o “bodhisattavas musicales” en relieve que adornan los paneles de la linterna. Ciertamente, comparte con ellos la expresión facial y la mullida carnosidad.

La linterna de bronce octogonal enfrente del Daibutsuden del Tōdaiji. Con sus 4,6 metros de altura es la más grande de Japón, además de ser también la más antigua, lo que le ha valido la designación de tesoro nacional.

La linterna de bronce octogonal enfrente del Daibutsuden del Tōdaiji. Con sus 4,6 metros de altura es la más grande de Japón, además de ser también la más antigua, lo que le ha valido la designación de tesoro nacional.

Uno de los onjō bosatsu o “bodhisattvas musicales” en relieve que adornan cuatro de los paneles que recubren la linterna octogonal. Los cuatro hacen sonar flautas transversales y verticales, y otros instrumentos musicales.
Uno de los onjō bosatsu o “bodhisattvas musicales” en relieve que adornan cuatro de los paneles que recubren la linterna octogonal. Los cuatro hacen sonar flautas transversales y verticales, y otros instrumentos musicales.

Pero cuando contemplamos esta representación del buda naciente, cuestiones como quién hizo esta figura o de qué periodo histórico data se nos antojan secundarias. Lo que sentimos es que ese rostro apacible que ha cruzado la inmensidad de los siglos nos inquiere silenciosamente a nosotros, que vivimos el momento presente, por la verdadera budidad. Y esta interrogante es la que resuena en nuestro corazón.

Por lo común, los budas nacientes suelen ser estatuas de pequeño tamaño. La del templo de Shōgenji, considerada la más antigua de Japón (periodo Asuka, 592-710) es una figurilla de bronce de apenas 10 centímetros. La del templo de Tōdaiji, en cambio, alcanza los 47,5 centímetros, y es la mayor entre las fabricadas en la antigüedad.

“Da una impresión completamente diferente a la del resto de los budas nacientes, que ante todo basan su encanto en la infantil candidez”, comenta el fotógrafo Muda Tomihiro. “Nos hace pensar en un ser seguro de sí mismo, que al nacer asume la misión de salvar al mundo”.

Estatua del buda Shaka naciente

  • Nombre en japonés: Tanjō Shaka butsu ryūzō.
  • Altura: 47,5 cm.
  • Época: Periodo Nara
  • Colección: Templo de Tōdaiji
  • Grado de protección: Tesoro nacional (catalogado como Dōzō tanjō Shaka butsu ryūzō).

Imagen del encabezado: Estatua del buda Shaka naciente del templo de Tōdaiji. (Fotografía: Muda Tomohiro)

(Traducido al español del original en japonés.)

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