Maestros, genios y prodigios de la pintura japonesa

Ogata Kōrin: los opulentos biombos y obras de un pintor ornamental

Arte Cultura

Ogata Kōrin creó obras novedosas con composiciones atrevidas, formas simplificadas y un uso claro del color. Su extraordinario sentido estético sigue fascinando al público hoy en día.

Pintor tras gastar toda su herencia

Ogata Kōrin (1658-1716) fue el segundo hijo de una acaudalada familia que regentaba la tienda de telas y kimonos Kariganeya, en Kioto. Los Ogata eran parientes del afamado artesano y pintor Hon’ami Kōetsu, activo en Kioto a principios del siglo XVII, y el prestigio de su negocio era tal que incluso recibían encargos de las mujeres de la familia imperial. De joven Kōrin llevó una vida refinada, cultivando artes como el noh, la poesía waka y la caligrafía junto con su padre y su hermano menor Kenzan, quien más tarde se convertiría en ceramista.

Sin embargo, con la muerte de la emperatriz consorte Tōfukumon’in (esposa del emperador Gomizunoo y originaria del clan Tokugawa) Kariganeya perdió una cliente muy influyente, haciendo que el negocio decayera hasta obligarlos a cerrar. Tras gastar la herencia de su padre, Kōrin se puso a buscar una manera de independizarse; a mediados de la treintena decidió finalmente convertirse en pintor. Fue por esta época cuando empezó a usar el nombre por el que se le terminó conociendo. Aunque inicialmente se formó en la escuela Kanō, pronto desarrollaría una profunda admiración por el artista de la escuela Rinpa Tawaraya Sōtatsu, activo en la primera mitad del siglo XVII.

Su obra Monje Hotei jugando al ‘kemari’, pintada cuando tenía alrededor de 40 años, transmite el movimiento ascendente de la pelota mediante una astuta composición vertical en la que se suceden, de abajo arriba, el sello del autor, la bolsa de Hotei, su tripa, su cabeza y la pelota. También destaca por su ingenio la inusual ocurrencia de retratar al legendario monje chino Hotei jugando al kemari, un juego de pelota popular entre los aristócratas japoneses desde el período Heian. Este humor con el que Kōrin retrata al monje muestra la influencia de pintores como Kanō Tan’yū, y el trazo grácil de sus pinceladas transmite un ritmo que cautiva al espectador.

Monje Hotei jugando al ‘kemari’. (Colección del Museo de Arte Idemitsu)
Monje Hotei jugando al ‘kemari’. (Colección del Museo de Arte Idemitsu)

Un efecto decorativo tan simple como poderoso

En 1701 Kōrin fue nombrado hokkyō, un título honorífico que originalmente denotaba cierto rango entre monjes budistas. A partir de entonces comenzaría a firmar sus obras con el sello de “Hokkyō Kōrin”. Fue justo tras recibir esta distinción cuando creó su obra más conocida, el Biombo de los lirios. El azul ultramar y el cardenillo, ambos pigmentos minerales de alta calidad, resaltan sobre un fondo de pan de oro creando un efecto decorativo tan simple y claro como impactante. Los lirios son un motivo refinado y fragante que alude al noveno capítulo de Ise monogatari (“Cuentos de Ise”), obra escrita a principios del periodo Heian; en este pasaje, el protagonista y su sirviente componen poemas inspirados por los lirios que ven florecer por doquier. Lo innovador de esta pintura es precisamente la elección de crear una obra que muestra únicamente los lirios, sin ningún personaje a la vista. La obra llegó a nuestros días tras conservarse durante años en el templo Nishi Honganji de Kioto.

Panel derecho del Biombo de los lirios (Tesoro Nacional). Colección del Museo Nezu. Se exhibe únicamente desde mediados de abril hasta principios de mayo de cada año, coincidiendo con la época en la que florecen los lirios.
Panel derecho del Biombo de los lirios (Tesoro Nacional). Colección del Museo Nezu. Se exhibe únicamente desde mediados de abril hasta principios de mayo de cada año, coincidiendo con la época en la que florecen los lirios.

Talento para el diseño artesanal

A diferencia de la tradición artística occidental en la que disciplinas como la escultura o pintura se diferenciaban de la artesanía de uso práctico, en Japón ciertos objetos como los cuencos de té o las cajas para la tinta se han valorado desde la antigüedad como obras de arte. Kōrin, lejos de limitarse a la pintura, demostró también un gran talento para el diseño de estos objetos artesanales. Su Caja para tinta con ocho puentes fue creada cuando tenía poco más de cuarenta años, y una vez más usa como motivo los lirios de Ise monogatari. Innovadora en el arte del lacado, la caja luce un diseño claro y atrevido, combinando materiales como plomo (para los puentes), plata (en las vigas), oro espolvoreado (en las hojas) y nácar incrustado (las flores). De especial originalidad es la composición, propia del artista, por la que cinco de las seis caras de la caja quedan conectadas con puentes. Los diseños de Kōrin para objetos lacados se caracterizan, entre otros, por sus composiciones construidas con unos pocos motivos en primer plano, el uso de planchas de metal y una temática sacada de la literatura clásica. A pesar de utilizar una técnica de lacado heredada (el método conocido como kōetsu maki-e), Kōrin llevó más allá su complejidad y sofisticación, diseñando cada superficie de manera diferente pero manteniendo la armonía del conjunto.

Caja para tinta con ocho puentes. Tesoro Nacional. (Colección del Museo Nacional de Tokio. Fuente: ColBase)
Caja para tinta con ocho puentes. Tesoro Nacional. (Colección del Museo Nacional de Tokio. Fuente: ColBase)

Rumbo a Edo en busca de nuevas cotas

Pese a haber alcanzado cierto éxito en Kioto, en el invierno de 1704 Kōrin partió hacia Edo, la actual Tokio, en busca de un mayor reconocimiento. Kioto era la antigua capital; Edo, una nueva metrópoli en pleno desarrollo y sede del shogunato Tokugawa. Debido al sistema Sankin kōtai que les obligaba a vivir en Edo uno de cada dos años, los daimios o señores feudales del país tenían ahora residencias en la urbe, haciendo que los grandes comerciantes abrieran también tiendas en la ciudad. El objetivo principal de Kōrin era conseguir algún encargo de estos nobles y mercaderes. Su Kimono blanco con motivo de hierbas otoñales es un kosode o kimono de manga corta pintado a mano, creado para la esposa de la acaudalada casa de comerciantes Fuyukiya, en Edo. La composición, cuidadosamente elaborada para representar un campo otoñal que se extiende de arriba abajo (dejando intacta la zona del obi o cinturón), es espléndida, como lo es el uso sobrio y delicado que hace del color.

Kimono blanco con motivo de hierbas otoñales. (Colección del Museo Nacional de Tokio. Fuente: ColBase)
Kimono blanco con motivo de hierbas otoñales. (Colección del Museo Nacional de Tokio. Fuente: ColBase)

Justo antes de partir hacia Edo, Kōrin pintó el único retrato de su carrera: el Retrato de Nakamura Kuranosuke. Nakamura, funcionario de Ginza, la casa de la moneda de Kioto, se convertiría en el mayor mecenas de Kōrin durante la segunda mitad de su vida. Su espalda erguida y el formal kosode negro con escudo familiar transmiten al espectador la dignidad de su carácter.

Retrato de Nakamura Kuranosuke. Patrimonio Cultural de Importancia. (Colección del Museo Yamato Bunkakan)
Retrato de Nakamura Kuranosuke. Patrimonio Cultural de Importancia. (Colección del Museo Yamato Bunkakan)

Aprendiendo de Tawaraya Sōtatsu

Durante su estancia en Edo, Kōrin se propuso varios desafíos. Uno de ellos fue asimilar las técnicas pictóricas de Sesshū y Sesson, monjes zen del período Muromachi. Así, en su Biombo del oleaje se observan elementos que recuerdan a estos pintores, como el violento movimiento de las olas que se alzan o el profundo azul ominoso que perfila su contorno. El vaivén rítmico de sus delicados trazos y las pinceladas que parecen hechas con varios pinceles atados juntos —una técnica conocida como renpitsu— son reflejo, a su vez, del estudio que Kōrin hizo de las exquisitas pinturas a tinta de Tawaraya Sōtatsu. Afincado en Kioto a principios del periodo Edo (1603-1868), Sōtatsu trabajó para los altos estamentos y nobles de la zona de Kioto y Osaka, y es conocido por haber revivido y adaptado a la era moderna el estilo de pintura Yamato-e, originario de la era Heian (794-1185). Para Kōrin, el reto de asimilar el estilo de Sōtatsu y desarrollar un lenguaje pictórico propio a partir de él fue cobrando cada vez mayor importancia.

Biombo del oleaje. (Colección del Museo Metropolitano de Arte de Nueva York)
Biombo del oleaje. (Colección del Museo Metropolitano de Arte de Nueva York)

El Biombo de Matsushima es una copia casi exacta de la obra homónima de Sōtatsu (actualmente en la Galería de Arte Freer) a la que se le han añadido ligeras modificaciones en el panel derecho. Se puede ver alguno de estos detalles adicionales, por ejemplo, en la masa rocosa de la derecha; pero donde realmente se aprecia el estilo de Kōrin es en la mayor frontalidad de la composición y en la impactante representación de las olas rompiendo una contra otra.

Este biombo fue adquirido durante una visita a Japón por el historiador de arte oriental estadounidense Ernest Fenollosa, conocido por su labor de difusión del arte japonés en el extranjero. Tras regresar a su patria fue nombrado jefe del departamento de arte oriental del Museo de Bellas Artes de Boston, lugar donde se conserva la obra desde 1911.

Biombo de Matsushima. (Colección del Museo de Bellas Artes de Boston)
Biombo de Matsushima. (Colección del Museo de Bellas Artes de Boston)

De vuelta a Kioto: una última obra maestra

En la primavera de 1709 Kōrin volvió a afincarse en Kioto tras pasar seis años viajando continuamente entre Kioto y Edo. Allí viviría siete años más hasta su muerte, un periodo en el que creó numerosos biombos dorados. Dios del viento y dios del trueno es una de estas obras tardías: a pesar de ser una réplica muy cercana del biombo con el mismo nombre de Sōtatsu, los contornos oscuros y fuertes junto al uso de un bermellón y un cardenillo más saturado acentúan el contraste de las figuras. Los dioses destacan así sobre el fondo, adquiriendo una mayor presencia.

Aunque separada después, en el reverso del biombo Dios del viento y dios del trueno hubo durante una época otra pintura añadida más tarde: Plantas de verano y otoño, de Sakai Hōitsu (1761-1829). Artista representativo de la escuela Rinpa y ferviente admirador de Kōrin, se dice que Hōitsu pintó esta obra por encargo de Hitotsubashi Harusada, padre del entonces shōgun Tokugawa Ienari y hombre con una gran influencia en el Gobierno. La anécdota es prueba del enorme aprecio del que gozaron las obras de Kōrin incluso entre las clases altas de samuráis.

Biombo del Dios del Viento y Dios del Trueno. Patrimonio Cultural de Importancia. (Colección del Museo Nacional de Tokio. Fuente: ColBase)
Biombo del Dios del Viento y Dios del Trueno. Patrimonio Cultural de Importancia. (Colección del Museo Nacional de Tokio. Fuente: ColBase)

Fue en esta época en la que Kōrin volvía a estrechar lazos con nobles y ricos comerciantes de Kioto cuando pintó Bambú y tigre. Pese a su mirada fija, el tigre no tiene un ápice de intimidante; si acaso es más bien adorable. Se trata de una obra en tinta china cuyo desenfado nos muestra la faceta más sociable de Kōrin, quien según se cuenta era un hábil conversador. Tan es así que cuando visitaba las residencias de nobles solía ser para hacer de otogi, es decir, de compañero de conversación para personas de alto rango. La firma en esta pintura reza Seisei Kōrin o “Kōrin verdiazul”; un nombre que su hermano menor Kenzan propuso inspirándose en las exuberantes aguas del río Kamo. Aunque los dos hermanos siempre tuvieron un temperamento marcadamente diferente, mantuvieron una estrecha relación durante toda su vida.

Bambú y tigre. (Colección del Museo Nacional de Kioto. Fuente: ColBase)
Bambú y tigre. (Colección del Museo Nacional de Kioto. Fuente: ColBase)

La obra maestra de los últimos años de Kōrin es el biombo de flores de ciruelo rojas y blancas. Los ciruelos junto al agua eran un tema pictórico de gran tradición, recurrente en la poesía waka desde el período Heian. Sin embargo, Kōrin combina aquí unos ciruelos realistas con un fluir del agua casi esbozado, dándole una originalidad sorprendente a la obra. Siempre consciente de la función ornamental de los biombos, crea un espacio bidimensional que tiene al mismo tiempo un gran valor decorativo. Las sinuosas ramas con flores rojas beben de la tradición pictórica del Yamato-e, remontándose al período Heian; los ciruelos de flores blancas, con sus formas angulosas, son herencia de la tradición artística china introducida en Japón durante el período Kamakura. La textura nudosa de los vetustos troncos contrasta con las flores que brotan delicadamente, anunciando la llegada de la primavera. El pan de plata usado para el río fue aparentemente oxidado a propósito, mientras que las profundas aguas estancadas parecen reflejar las complejas emociones de un Kōrin en el ocaso de su vida. El biombo llegó a nuestros días tras pasar de generación en generación en la familia del daimio Tsugaru.

Biombo de flores de ciruelo rojas y blancas. Tesoro Nacional. Se exhibe únicamente en febrero de cada año, época en la que florecen los ciruelos. (Colección del Museo de Arte MOA)
Biombo de flores de ciruelo rojas y blancas. Tesoro Nacional. Se exhibe únicamente en febrero de cada año, época en la que florecen los ciruelos. (Colección del Museo de Arte MOA)

Los términos en los que se habla hoy en día sobre Kōrin —pinturas ricamente decorativas, composiciones atrevidas, un tratamiento innovador del color— son expresiones creadas por la crítica a finales del siglo diecinueve. La misma gente que había sido testigo de las innovaciones artísticas en Europa a partir de la aparición del impresionismo, atribuyó a Kōrin unos valores que casaban con las artes plásticas del momento, elevando al pintor a estatus de representante del arte japonés. El nombre de Rinpa, como escuela a la que pertenecía Kōrin y que incluye a Sakai Hōitsu y su predecesor Tawaraya Sōtatsu, no se popularizaría hasta el siglo veinte. No es exagerado decir que fue el aprecio que estos pintores encontraron en Occidente, reintroducido luego a Japón, lo que dio pie a un nuevo fervor por la escuela Rinpa en todo el país.

(Artículo traducido al español del original en japonés. Imagen del encabezado creada a partir del Biombo del dios del viento y dios del trueno. Colección del Museo Nacional de Tokio. Fuente: ColBase.)

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