Casas tradicionales convertidas en cafés
Café, libros y un viaje en el tiempo en Itabashi Tototo
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En Tokio hay un lugar que nos permite viajar en el tiempo hasta la era Taishō (1912-1926). Para ello, basta con tomar la línea Toei Mita en la estación de Ōtemachi, un barrio tokiota repleto de rascacielos que se ha convertido en el núcleo de la economía japonesa, y apearse en la de Shimura-Sakaue. El trayecto en metro dura 23 minutos, tras los cuales tenemos que caminar cinco minutos más por una zona residencial. Al llegar a un cruce, el paisaje cambia repentinamente y nos topamos con un muro alargado. El recinto al otro lado de esta pared, rodeado por el verdor de los árboles, alberga una antigua residencia del período Edo (1603-1868); en ella vivía el líder de la zona. La entrada se identifica fácilmente, pues se trata de una puerta del tipo yakui, con un tejado a dos aguas, de la cual cuelga una cortina noren de color marrón rojizo. La elección de este tono no es casualidad: en japonés se denomina azukiiro, palabra que contiene dos de los tres ideogramas que conforman el nombre de este barrio: Azusawa.

Puerta del tipo yakui. El tejado lo sujetan varios pilares secundarios situados detrás de los pilares principales. Las técnicas arquitectónicas merecen también nuestra atención.
Esta puerta llevaba cerrada alrededor de 50 años. Sin embargo, tras una renovación de gran envergadura, volvió a abrirse y ahora pasan por ella numerosas personas. Así pues, se ha convertido en el punto de partida de un viaje en el tiempo gracias a Itabashi Tototo, un hermoso complejo cultural, inaugurado el 29 de noviembre de 2025, que contiene una cafetería y una librería, entre otros locales.
Restaurando varios almacenes del período Taishō
Nada más pasar por la imponente puerta del tipo yakui, a mano derecha nos encontramos con Higashi no kura, un edificio de estuco negro con una puerta corredera. Este antiguo almacén del período Taishō lo comparten ahora la cafetería Apollon y la librería especializada en los viajes en el tiempo Utouto.

Higashi no kura, antiguo almacén que alberga la cafetería y la librería.
Al acceder al interior, la vista se va involuntariamente hacia arriba: la luz del sol entra por las altas ventanas de lo que antes era la planta superior del edificio, cuyo suelo se eliminó para dar lugar a un techo más abierto, e ilumina el robusto armazón. Este tiene su núcleo en unas vigas de zelkova del Japón (keyaki) muy antiguas.

Vigas gruesas de zelkova del Japón (keyaki), una madera muy robusta.
Aún abrumados por las vistas, bajamos la mirada hacia la cómoda y el resto de los muebles que se empleaban en la antigua residencia y que ahora forman parte del ambiente tranquilo que aguarda a la clientela.
Conservar el edificio o transformarlo en apartamentos, una decisión familiar
“El escritorio situado al fondo de la cafetería pertenecía a mi abuelo, decimoctava generación de la familia”, explica Hasunuma Yuki, hermana mayor del vigésimo patriarca. Ella y su esposo, Akira, nos enseñan el almacén.
Tras el fallecimiento de su tío, decimonoveno cabeza de familia, entre los integrantes de esta fue cobrando fuerza la idea que más lógica tenía en términos económicos: demoler los almacenes y la residencia, donde ya no vivía nadie, y construir un edificio de apartamentos.
Sin embargo, mientras Hasunuma iba poniendo en orden los almacenes, llenos de polvo, se vio obligada a enfrentarse con sus orígenes y se dio cuenta de que ella no existiría si no fuera por sus antepasados, cuyo linaje se remonta a hace cuatro siglos. Este profundo sentimiento la llevó a querer conservar el solar.
Según nos cuentan, la generación anterior se dedicaba a la enseñanza del japonés como primera lengua, una actividad que ocupaba todo su tiempo, y usaba únicamente la puerta lateral, de ahí que la principal, la del tipo yakui, permaneciera cerrada medio siglo.
“Quería volver a abrir esta puerta y, al igual que las generaciones anteriores, que no escatimaron en esfuerzos para contribuir a la comunidad local, transformar de nuevo este espacio privado en uno público y devolver así el trato recibido en el barrio”, comenta Hasunuma. Este entusiasmo hizo que todas las partes implicadas tomaran cartas en el asunto, empezando por el cabeza de familia.
Una historia contada a través de unos documentos olvidados
En el almacén fueron apareciendo uno tras otro diversos objetos de valor: utensilios agrícolas, artículos cotidianos, ropa de la era Meiji (1868-1912), fotografías de graduación que databan de la era Taishō, un santuario sintoísta portátil (mikoshi) perteneciente al barrio y hasta un ryūdosui —una bomba de agua manual que se utilizó para la extinción de incendios desde el período Edo hasta la era Meiji— en perfecto estado. Había, además, miles de documentos. Entre los papeles encontrados se cuentan varios relacionados con la administración local y la gestión de terrenos que fueron escribiendo los sucesivos patriarcas de los Hasunuma, líderes de la localidad de Azusawa. La familia donó dichos documentos al Museo de Historia de Itabashi, donde los conservan a día de hoy. Según el comisario de esta entidad, supusieron un gran descubrimiento, ya que servirán para arrojar luz sobre una parte de la historia desconocida hasta la fecha. Al parecer, aún están descifrándolos y estudiándolos. Así pues, son un eslabón perdido de la historia local.

La antigua llave del almacén es uno de los elementos decorativos del cartel de bienvenida que han colgado en la pared.
Café y repostería horneada en la cafetería Apollon
La planificación y la ejecución de la restauración de este almacén irremplazable corrieron a cargo del Estudio de Arquitectura Kiyotake, mientras que del diseño se encargó la firma Nomura, reconocida por la creación de espacios sostenibles. Los muebles originales están hechos con madera de Nishikawa, en la ciudad de Hannō (Saitama). Además, se aprovecharon las virutas de dicha madera: se endurecieron con resina para crear los tableros de las mesas.
Los dos establecimientos especializados que decidieron ocupar semejante espacio porque pensaron que se adaptaba a su visión son lugares que estremecen el corazón y permiten alejarse de lo cotidiano.
En la barra de la cafetería Apollon encontramos cafés de especialidad y una selección de repostería horneada de elaboración casera que combina muy bien con el sabor de ese tipo de bebida.
El empresario Fukuhara Eito aprendió el oficio de barista en la ciudad australiana de Melbourne, cuya cultura cafetera está muy desarrollada, y abrió el local principal de su cadena en Ōji, también en Tokio. En el de Itabashi Tototo también sirven tres variedades de café afrutado y tueste ligero, ideales para combinar con una repostería horneada baja en azúcar.

De entre los bizcochos y las magdalenas elegimos un scone de trigo integral.
Cuando pedimos las bebidas en la barra, que lleva integrada una puerta de una elegante cómoda de madera de paulownia típica de la era Meiji, nos fijamos en la vajilla: cada pieza no ha sido elegida únicamente por su diseño, sino con el objetivo de que la clientela pueda disfrutar del café de especialidad de una manera novedosa; por ejemplo, hay unas tazas de cerámica de Arita cuya forma emula la de un vaso de vino, de modo que el aroma se concentre en la punta de la nariz. Además, disponen de unos vasos para el café con leche típicos de Oceanía, lugar donde Fukuhara inició su andadura en el mundo cafetero.

La barra lleva integrada una puerta de una cómoda de madera de paulownia.
“No me esperaba en absoluto que en Tokio existiera un lugar así”, explica Fukuhara al recordar cómo reaccionó la primera vez que visitó este almacén. “Derribar algo es fácil; lo difícil es conservarlo. Por eso pensé que sería curioso contribuir a esta iniciativa mediante el café y me animé a participar en ella”, prosigue.
La librería especializada en los viajes en el tiempo Utouto, fruto de una grieta en el espacio-tiempo
El otro local que ocupa el almacén es la librería especializada en los viajes en el tiempo Utouto, cuya selección de obras de esta temática resulta fascinante. Los libros y los artículos de papelería están expuestos en varios muebles empleados anteriormente por la familia Hasunuma: estanterías, una cómoda de madera de paulownia de las eras Taishō y Shōwa y un equipo de sonido con patas. Las historias que cuentan los libros y los recuerdos asociados a estos muebles resuenan entre sí.

Los muebles antiguos hacen de estanterías.
“La sensación de haber viajado en el tiempo nada más cruzar la puerta no tiene igual. Itabashi Tototo es un lugar donde se nota claramente que los dueños le dan importancia a la historia del terreno y desean conectar a la gente”, cuenta Fujioka Minami, quien, además de regentar la librería, se dedica a escribir.
“Lo que fascina de los artículos relacionados con los viajes en el tiempo es que no solo hacen que nos emocionemos, sino que sintamos que es algo que también nos podría ocurrir a nosotros mismos”, señala. Nos recomienda Replay, de Ken Grimwood. Trata sobre un bucle temporal y, al parecer, es el producto más vendido de la tienda.
“Siempre he querido hacer realidad los viajes en el tiempo. Espero que, en este espacio, la gente elija tranquilamente los libros, los artículos de papelería y los dibujos rodeada de un edificio y unos muebles antiguos que cuentan la historia de sus propietarios. Ojalá me visiten muchos viajeros en el tiempo”, concluye Fujioka.

Libros sobre los viajes en el tiempo y tarjetas de presentación escritas a mano.
Conectando a la gente con los recuerdos de hace cuatro siglos y con el futuro
Hasunuma, que también es bibliotecaria en un colegio, nos habló de los puntos en común entre los libros y los edificios antiguos: “Ambos cuentan historias. Los libros las cuentan mediante palabras, mientras que los objetos antiguos contienen historias que no se pueden expresar mediante el lenguaje”. Tal vez la nueva historia de Hasunuma sea precisamente ir descifrando y transmitiendo a la siguiente generación los vestigios del tiempo que encierran los objetos encontrados en los almacenes.
En la primavera de 2026 habilitaron otro de los almacenes del complejo para alquilarlo, el Nishi no kura. Además, de cara al futuro están pensando en aprovechar también el edificio principal y otro almacén más. El matrimonio Hasunuma se dedica a diario a limpiar el jardín y el cementerio y a rezar en los santuarios Inari y Musashi Mitakesan que alberga la finca. De este modo, han recuperado, en un formato distinto, las tradiciones de sus antepasados, quienes, en calidad de líderes locales, apoyaban los festivales de la zona y la fe en torno al monte Fuji.

El edificio principal, cuyo uso están estudiando aún.
“Vi a un matrimonio que se limitaba a pasar el tiempo aquí en silencio, observando el techo y el jardín mientras tomaban café. Espero que mucha gente disfrute de momentos así con nosotros”, señala Hasunuma.
Itabashi Tototo nos permite viajar libremente del pasado al futuro y viceversa. Una taza de café y un libro: con ellos nos convertiremos en viajeros en el tiempo.
Itabashi Tototo
- Dirección: Tōkyō-to Itabashi-ku Azusawa 2-23-4
- Horario: de 10:00 a 17:00. Cerrado los martes y los miércoles por descanso.
- Cómo llegar: a unos cinco minutos a pie de la estación de Shimura-Sakaue, de la línea Toei Mita
- Sitio web oficial: https://itabashitototo.com
Texto e imágenes: Kawaguchi Yōko.
Imagen del encabezado: Entrada principal de Itabashi Tototo.
(Traducido al español del original en japonés.)
