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‘Hirayasumi’ y el arte de saber descansar: la felicidad que se descubre al aminorar el paso

Manga Cultura

En la sociedad japonesa contemporánea, un manga nos recuerda la importancia de hacer una pausa. Se trata de Hirayasumi, obra de Shinzō Keigo. Con una adaptación televisiva en 2025 y más de 1,5 millones de copias vendidas en todo el mundo, esta obra refleja un cambio en la mentalidad japonesa respecto al trabajo y la vida.

Vidas que se cruzan en una casa de una sola planta

El escenario de la historia es una hiraya, una casa tradicional japonesa de una sola planta, abierta y sin escaleras. El título Hirayasumi parece jugar con el doble significado de “vivir en una casa de una planta” (hiraya-sumi) y un “descanso apacible” (hira-yasumi).

El protagonista es Hiroto, un freeter (joven que vive de trabajos temporales) de 29 años con una personalidad tan afable que suele atraer la conversación de los ancianos. Antes mantenía una estrecha relación con Hanae, una anciana del vecindario con la que cenaba dos veces por semana; tras el fallecimiento de esta por un infarto de miocardio, Hiroto hereda su casa de una planta en Asagaya, Tokio. La trama arranca cuando su prima Natsumi llega desde Yamagata para vivir con él tras mudarse a la capital.

Mientras Hiroto vive una especie de vacaciones perpetuas tras abandonar su sueño de ser actor, la obra presenta a diversos personajes que trabajan sin descanso, obligando al lector a reflexionar sobre el significado del “descanso”.

Hideki, por ejemplo, el mejor amigo de Hiroto, tiene un empleo estable en una empresa de mobiliario de lujo y soporta el sarcasmo de sus compañeros. Está casado, tiene un hijo y un coche de alta gama; parece tenerlo todo, pero el estrés laboral le ha provocado problemas de salud mental e incluso deseos suicidas.

Es Hiroto (sin trabajo fijo, esposa ni hijos) quien salva a Hideki. A pesar de los desplantes de su amigo, Hiroto permanece a su lado. Lo hace porque, cinco años atrás, cuando Hiroto abandonó su sueño actoral agotado por la competitividad, Hideki le dijo:

“Me importas tú, independientemente de si eres actor o no. Solo quiero que podamos vernos tranquilamente cuando sea”.

En un mundo obsesionado con el estatus y los títulos, contar con una sola persona que piense así puede dotar de sentido a la vida. Su amistad nos hace ver que hay parcelas de la felicidad que el dinero, el prestigio o el poder no pueden llenar.

Aunque Hiroto parece despreocupado, a veces duda de si debería buscar un empleo estable o esforzarse más. Sin embargo, Hideki le reafirma:

“Tal como eres ahora tú ya eres genial”.

La obra está repleta de este tipo de máximas que actúan como bálsamo para los lectores exhaustos por la competitividad social.

Una página del volumen 9 de Hirayasumi. (© Shinzō Keigo / Shōgakukan)
Una página del volumen 9 de Hirayasumi. (© Shinzō Keigo / Shōgakukan)

La visión del trabajo tal y como se retrata en el manga

Tras el estallido de la burbuja económica, la época en la que muchos creían que cuanto más se trabajaba, más se prosperaba la vida, entre los años 2000 y 2010, Japón entró en una era de severa meritocracia. En ese periodo que reflejaba el zeitgeist de la época triunfaron mangas en los que los protagonistas buscaban la excelencia y el éxito profesional, incluyendo muchas historias de empoderamiento femenino.

Por ejemplo, Hataraki man (“Trabajadora incansable”, 2004) de Anno Moyoco y Real Clothes (2006) de Makimura Satoru presentan a mujeres profesionales que destacan en sus carreras. También abundaron las obras centradas en profesiones creativas en las que los protagonistas se abren camino únicamente con su propio talento. Entre ellas sobresalen Bakuman (2008), con guion de Ōba Tsugumi y dibujo de Obata Takeshi, y Kakukaku Shikajika (Publicado en inglés como Blank Canvas: My So-Called Artist’s Journey, 2012) de Higashimura Akiko. Estas obras, que retratan a aspirantes a mangaka esforzándose y superándose mutuamente para alcanzar su sueño, se convirtieron en títulos muy comentados en repetidas ocasiones.

El denominador común era la entrega y la sinceridad hacia el trabajo como llaves para abrirse camino en la vida en aquel entonces. Muchos lectores se sintieron alentados por estas figuras, pero otros acabaron agotados ante una realidad donde el esfuerzo no siempre garantizaba recompensas.

Si en la era Shōwa (1926–1989) la felicidad estándar era “un empleo estable, matrimonio e hijos”, en la era Heisei (1989–2019), manteniendo todavía esa forma de pensar, los jóvenes empezaron a priorizar la autorrealización y el hacer lo que uno ama. Sin embargo, esa búsqueda de autorrealización también generó la presión de tener que ser alguien, o lograr algo importante, algo que dejó a muchos frustrados, al comparar sus vidas con sus ideales.

Desde finales de Heisei hasta la actual era Reiwa (2019–), han proliferado obras centradas en el descanso. Títulos como Nagi no oitoma (El descanso de Nagi, 2016) de Konari Misato o Shiawase wa tabete nete mate (“La felicidad viene de comer, dormir y esperar”, 2020) de Mizunagi Tori priorizan los vínculos humanos y la cotidianidad sencilla frente a los grandes sueños. Hirayasumi es parte de esta tendencia.

Según el Ministerio de Salud, Trabajo y Bienestar, las horas anuales de trabajo por persona en Japón han caído un 20 % entre 1990 y 2024, situándose en 1.643 horas de media. Tras las reformas laborales impulsadas por el Gobierno, la mentalidad ridiculizada como “abeja obrera” está quedando atrás, y la sociedad empieza a valorar el tiempo de descanso. El éxito de estos mangas refleja claramente este cambio de marea social.

Además de su encanto, la obra ha obtenido reconocimiento crítico, ganando el Premio al Cómic del Año 2021 de la revista TV Bros. y el Premio de Manga Shōgakukan en enero de 2026. Al recibir el premio al Mejor Cómic por Entregas en el festival Lucca Comics & Games 2024, el mayor festival de cultura pop de Europa, el jurado destacó su “ritmo pausado y tono tranquilo tanto en el dibujo como en el guion”.

Una historia nacida de una pausa forzada

El origen de la obra se narra en el relato corto “Sobre cuando estuve ingresado por un linfoma maligno”, incluido en la antología Sentimental Muhan’nō. Shinzō concibió la idea durante su tratamiento de quimioterapia al inicio de la pandemia de la COVID-19. Aunque la enfermedad remitió, el manga destila la experiencia real del autor sobre la necesidad de parar. Tras la experiencia colectiva de la pandemia, donde lo cotidiano desapareció de golpe trayendo una sensación de impermanencia, los lectores empatizan profundamente con los personajes de Hirayasumi.

Entre octubre y diciembre de 2023, el autor pausó la publicación durante tres meses. En redes sociales, explicó que quería dibujar el arco del verano sin remordimientos, tomándose el tiempo necesario para hacerlo bien. Es un mensaje que subraya su convicción: el descanso es fundamental para la creación de calidad.

Dos personajes opuestos frente a sus sueños

Los dos pilares de la historia, Hiroto y Natsumi, representan posturas opuestas respecto a los sueños. Hiroto es alguien que ya renunció a su sueño de ser actor; Natsumi es una estudiante de bellas artes que aspira a ser mangaka. Natsumi es, en esencia, un reflejo del pasado de Hiroto.

Portada del volumen 4 de Hirayasumi. (© Shinzō Keigo / Shōgakukan)
Portada del volumen 4 de Hirayasumi. (© Shinzō Keigo / Shōgakukan)

A través de sus vidas paralelas, el lector reflexiona sobre qué es realmente un sueño. Tener metas no es malo y puede dar brillo a la vida, como le ocurre a Natsumi. Pero a través de Hiroto, aprendemos que si un sueño desgasta el alma hasta hacernos perder la identidad, está bien descansar o incluso dejarlo. La vida no se arruina por ello; la juventud puede florecer de nuevo, incluso pasados los treinta años.

¿Cómo se desarrollarán sus sueños y sus vidas? Es imposible apartar la mirada.

El aroma de la cena y el ambiente de los barrios de la línea Chūō

El atractivo de Hirayasumi no reside solo en su temática actual, sino también en sus deliciosas descripciones de la comida casera y el realismo con el que retrata los barrios a lo largo de la línea JR Chūō, especialmente Asagaya. La obra captura magistralmente esa atmósfera melancólica de los barrios frecuentados por soñadores y amantes de la subcultura.

El aroma de la comida al volver a casa al atardecer, el bullicio que se filtra tras las ventanas iluminadas... Al cerrar el manga, uno siente el deseo de volver al hogar donde alguien lo espera y comprende que, al aminorar el paso, se descubre una felicidad que antes pasaba inadvertida.

(Imagen del encabezado: portadas de los volúmenes 1, 2 y 9 de Hirayasumi © Shinzō Keigo / Shōgakukan.)

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