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‘El verano en que Hikaru murió’: la evolución del ‘J-horror’ tradicional

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Si tu mejor amigo de la infancia fuera sustituido por “algo” de otro mundo, a pesar de tener su misma apariencia... Hikaru ga shinda natsu (El verano en que Hikaru murió, de Mokumokuren) es una obra maestra del manga de terror donde la cotidianidad de un pueblo corriente se transforma de golpe en algo extraordinario. Basada en los cánones del J-horror, es una obra ambiciosa que aborda el tema contemporáneo de la convivencia con lo ajeno.

“Algo” que habita en el interior de Hikaru

Yoshiki y Hikaru, dos estudiantes de bachillerato que viven en una zona montañosa, son amigos de la infancia. La historia se desarrolla en torno a este vínculo de amistad profunda entre ambos.

Hace medio año, Hikaru desapareció en la montaña durante una semana antes de regresar. Un día de verano, mientras caminan de vuelta a casa comiendo helado, Yoshiki le plantea a Hikaru una duda que le carcome: “Tú... no eres Hikaru, ¿verdad?”. En ese instante, una extraña masa viscosa emerge del interior del cuerpo de su amigo y le suplica que, por favor, no se lo diga a nadie. El verdadero Hikaru murió en la montaña seis meses antes; el ser que Yoshiki tiene ante sí es “algo” que ha ocupado su lugar. Aunque Yoshiki tiembla de pavor, acaba aceptando la petición del falso Hikaru: “No importa quién seas, es mucho mejor que no tenerte a mi lado...”.

Escena del primer capítulo del volumen 1. (© Hikaru ga shinda natsu, Mokumokuren. Kadokawa / Kadokawa Comics Ace.)
Escena del primer capítulo del volumen 1. (© Hikaru ga shinda natsu, Mokumokuren. Kadokawa / Kadokawa Comics Ace.)

Un terror arraigado en la idiosincrasia de Japón

Hikaru ga shinda natsu arranca con una escena impactante desde el primer momento. El giro con el que una rutina anodina se transforma instantáneamente en un horror abismal es sumamente nítido.

Cabe destacar, en primer lugar, que la obra respeta fielmente los pilares del llamado J-horror. El punto de partida de este género, que floreció a partir de la era Heisei (1989-2019), se sitúa en la novela Ringu (1991) de Suzuki Kōji, obra que creó un nuevo tipo de terror en el que la maldición de un espíritu clásico se propagaba a través de una cinta de vídeo, abriendo las puertas al terror moderno japonés en el cine y los videojuegos. Este estilo se vinculó también con los estudios folclóricos y, en años recientes son tendencia las obras ambientadas en “pueblos dominados por costumbres opresivas”. El ejemplo más actual es el exitoso videojuego de terror Silent Hill f (Konami Digital Entertainment), que trasladó una serie originalmente ambientada en la América rural a la atmósfera japonesa para explorar nuevas vías. Hikaru ga shinda natsu se inscribe precisamente en esta corriente del J-horror.

Ese “algo” que habita el cuerpo de Hikaru parece ser una entidad sin forma (una deidad) vinculada a las leyendas locales, la llamada Nounuki-sama, que moraba en las profundidades de la montaña como parte de un sello sobre una “distorsión” de la tierra. Al romperse ese sello, una serie de incidentes extraños comienzan a sucederse en la aldea. Aunque este nuevo Hikaru ha heredado los recuerdos y la personalidad del original y parece un muchacho inocente, es incapaz de comprender las emociones humanas. Afirma que la diferencia entre la vida y la muerte no es más que un cambio de forma, y no siente que matar a seres vivos sea algo malo. Yoshiki intenta enseñarle a Hikaru en qué consiste ser humano, pero, en el proceso, el propio Yoshiki comienza a mezclarse con lo no humano...

Portada de la edición limitada del volumen 7, donde se aprecia el “algo” que desborda del cuerpo de Hikaru. (© Mokumokuren / Kadokawa.)
Portada de la edición limitada del volumen 7, donde se aprecia el “algo” que desborda del cuerpo de Hikaru. (© Mokumokuren / Kadokawa.)

Una ambientación rural que acentúa la inquietud

La descripción del paisaje rural resulta impresionante. Destaca sobre todo el elaborado uso de las onomatopeyas. Los sonidos de las cigarras (shawa-shawa-shawa) o el estrépito de la lluvia (zaaaa) cubren por completo las viñetas. La oscuridad de los senderos forestales, las sombras de los túneles, las siluetas alargadas de las bicicletas o los nubarrones de tormenta estival están dibujados con una precisión meticulosa. La nostalgia por el paisaje japonés realza aún más la sensación de desasosiego dentro del terror.

Escena del capítulo 7 del volumen 2. (© Mokumokuren / Kadokawa.)
Escena del capítulo 7 del volumen 2. (© Mokumokuren / Kadokawa.)

La historia oculta del pueblo constituye un gran misterio que va atrapando al lector. Los personajes secundarios, como cierto inquietante “especialista” o una médium, aportan un gran dinamismo a pesar de ser arquetipos del género. Mientras que los compañeros de clase de Yoshiki y Hikaru simbolizan la rutina pacífica, una estudiante con fuerte sensibilidad espiritual acaba desempeñando un papel crucial. Su autor, Mokumokuren, afirma que la obra nació de “mezclar todas las cosas que me gustan y he acumulado en mi interior”. Gran parte del atractivo de este título como J-horror reside en su profundo respeto por sus predecesores.

Una historia entre “seres distintos”

Por otro lado, la profundidad de esta obra radica en que no puede explicarse solo a través del terror.

En el primer tomo hay una escena en la que Yoshiki, a petición de Hikaru, introduce la mano en una “grieta” en el abdomen de este. Hikaru describe una sensación de placer como si le estuvieran acariciando la cabeza, e intenta tragarse a Yoshiki. Es una secuencia que provoca rechazo visceral pero que, al mismo tiempo, posee un fuerte erotismo. La popularidad de la obra estalló inmediatamente tras el inicio de su serialización web en 2021, y el impacto de esta escena tuvo mucho que ver.

Al leer esta escena me pregunté en un principio si se trataba de un BL (boys’ love), pero ahora considero que es una obra abierta a diversas interpretaciones, incluida la del BL. Yoshiki acepta a Hikaru sabiendo que el verdadero Hikaru ha muerto. Este sentimiento contradictorio es el eje central del relato. A medida que avanza la historia, los sentimientos románticos de Yoshiki hacia el Hikaru original se hacen evidentes. Del mismo modo que Hikaru es un elemento extraño en el mundo humano, Yoshiki también se siente como un extraño en su pueblo, de mentalidad cerrada, y oculta sus sentimientos a quienes le rodean. Su largo flequillo es el símbolo de este ocultamiento. Hikaru le grita a Yoshiki: “No puedo... dejar de quererte...”. No obstante, ese sentimiento es demasiado complejo como para reducirlo a una simple declaración de amor. Hikaru no tiene sentimientos románticos ni deseo sexual. Ni siquiera entiende el significado de querer a alguien. Yoshiki y Hikaru son, ante todo, “seres distintos” el uno para el otro.

El miedo común a no tener un lugar al que pertenecer

La obra ha sido traducida a varios idiomas y goza de gran popularidad, aunque sus matices complejos en torno al sexo y la identidad parecen desconcertar a ciertos lectores. Mokumokuren ha aclarado que se trata de “una historia queer, no de un romance”. Es decir, retrata a minorías sexuales, pero no es una historia de amor. Es un relato sobre el miedo a no poder ser normal, a no tener un lugar al que pertenecer.

Al principio Yoshiki intenta enseñar a Hikaru las normas y emociones de la sociedad humana. Trata de atraer a Hikaru hacia el lado de los seres humanos. Sin embargo, tras aceptar que eso es imposible, empieza a buscar una nueva forma de relación reconociendo la alteridad de Hikaru. Este, por su parte, aprende poco a poco el valor de la vida a través de Yoshiki. En una entrevista de 2025, el autor comentó: “Es posible para ellos lograr acercarse pese a ser incapaces de comprenderse, precisamente porque no son ambos seres humanos”. También señaló que, al ser Hikaru una forma de vida ajena, “puede representar la figura de alguien que se esfuerza por entender al otro sin quedar atrapado en la supuesta corrección de su propio sentido común”.

En definitiva, la obra utiliza el formato del J-horror para plantear una gran pregunta: ¿cómo convivir con lo diferente? Por otro lado, observando la sociedad internacional actual, vemos a seres humanos divididos y enfrentados en nuevos y constantes conflictos bélicos. Incluso en Japón, un país aparentemente pacífico, ¿no está la sociedad imbuida de un ambiente que no tolera aquello que no se asimila a lo japonés? Aunque no sea necesariamente la intención explícita del autor, los interrogantes que plantea la obra parecen reflejar el clima social del momento presente, en pleno año 2026.

La edición en chino tradicional de la obra recibió el Premio Especial Global en los Premios Next Manga 2022. También fue elegida para el primer puesto en la categoría para lectores masculinos de Kono manga ga sugoi! 2023 (Takarajimasha). En julio de 2025 se adaptó al anime y se emitió en Japón a través de Abema, y a nivel mundial por Netflix. En septiembre de 2025 se anunció la producción de una segunda temporada. Sus excelentes críticas, tanto en Japón como en el extranjero, no se deben solo a su calidad como J-horror, sino también a la altura de sus ambiciones temáticas.

Con el volumen 8, el más reciente, la magnitud de la “anomalía” que asola el pueblo empieza a vislumbrarse. El relato del verano de Yoshiki y Hikaru encara ya su recta final. Cuando esta obra alcance su desenlace, se grabará una nueva página en la historia del terror japonés.

La versión en anime también se distribuyó globalmente y se ha anunciado la producción de una segunda temporada. (© Mokumokuren / Kadokawa - Comité de producción de Hikaru ga shinda natsu.)
La versión en anime también se distribuyó globalmente y se ha anunciado la producción de una segunda temporada. (© Mokumokuren / Kadokawa - Comité de producción de Hikaru ga shinda natsu.)

(Imagen del encabezado: portadas de Hikaru ga shinda natsu. La relación entre Hikaru y Yoshiki en los volúmenes 1 y 5 es uno de los puntos fuertes de la obra. © Mokumokuren / Kadokawa.)

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