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‘El chico que me gusta no es un chico’: una historia de juventud sobre el afecto entre mujeres

Manga

Ki ni natteru hito ga otoko janakatta (El chico que me gusta no es un chico), de Arai Sumiko, es un manga que retrata, como su título indica, el vínculo entre dos mujeres en forma de una historia de música y juventud. ¿Dónde reside la universalidad y el atractivo tan actual de esta obra, muy galardonada en Japón y el extranjero, y con más de un millón y medio de ejemplares vendidos en todo el mundo?

El “chico” que idolatra es su compañera de clase

La historia comienza cuando Aya, estudiante de bachillerato, se convierte en seguidora acérrima del “chico” que trabaja en una tienda de discos. Ese “chico” tan genial, con el que coincide tanto en estilo como en gustos musicales, resulta no ser un hombre, sino Mitsuki, una estudiante apocada que se sienta a su lado en clase. Al principio, Mitsuki no se atrevía a revelarle la verdad a Aya, una de las chicas más populares y extrovertidas de su curso. Temía que, si Aya descubría su otra identidad y ataba cabos, terminaría decepcionada.

Sin embargo, a medida que la música las va uniendo, la verdad sale finalmente a la luz. Aya no se enfada tanto con Mitsuki porque el “chico” fuera en realidad una mujer, sino porque se lo había ocultado; pero una vez que se disipa la tensión entre ellas, desarrollan una relación que va más allá de la amistad, aunque sin llegar a ser un noviazgo. Con todo, la característica principal de esta obra es que apenas se muestran dilemas por el hecho de que las protagonistas sean dos mujeres. El entorno también las acepta con total naturalidad, y resulta conmovedor ver cómo todos las observan con cariño, en plenitud de su juventud.

El obstáculo no es el género, sino la posición que ocupa cada una en el aula (que representa la brecha entre ser popular y extrovertida, o retraída e introvertida), así como los conflictos internos de la propia Mitsuki por su dificultad para adaptarse a los demás. A medida que superan estos problemas, el vínculo entre ambas evoluciona con la historia, hasta el punto de que en el reciente tomo 4 comienzan a vivir juntas.

Se podría decir que el sentido de la modernidad de la obra reside en haber plasmado el lazo y el proceso amoroso entre dos mujeres como un drama juvenil natural, sin reducirlo a conflictos excesivos o tragedias. Se trata de una obra emblemática que refleja la actualidad de la era Reiwa, en la que se ha extendido la comprensión hacia las parejas del mismo sexo.

El chico que me gusta no es un chico, tomo 4 (obra de Arai Sumiko). Kadokawa / Kitora. La relación entre Mitsuki, de cabello castaño (izquierda), y Aya, de cabello negro (derecha), se acelera a medida que avanza la historia.
El chico que me gusta no es un chico, tomo 4 (obra de Arai Sumiko). Kadokawa / Kitora. La relación entre Mitsuki, de cabello castaño (izquierda), y Aya, de cabello negro (derecha), se acelera a medida que avanza la historia.

Un vínculo especial retratado a lo largo del tiempo

La incertidumbre, propia de la adolescencia, sobre la sexualidad, la inquietud sobre qué significa exactamente enamorarse de alguien... son temas que se han plasmado desde antiguo en los mangas y novelas dirigidos al público femenino juvenil. Ese tema del “vínculo supremo” que trasciende barreras como el género posee una universalidad que halla su continuidad en esta obra.

Muchos se refieren a las historias sobre lazos íntimos o romances entre mujeres como yuri, en un sentido amplio. El debate sobre si esta obra debe encuadrarse en dicha categoría depende de la amplitud con la que se defina el término, por lo que en este artículo no nos posicionaremos en ese debate. No obstante, las obras que abordan este tema existen en Japón desde hace mucho tiempo y han evolucionado reflejando cada época. Aunque sea de forma somera, me gustaría analizar el atractivo de esta obra repasando dicha trayectoria.

Los albores de esta temática tiene sus orígenes en las novelas para chicas de antes de la Segunda Guerra Mundial. Obras como Wasurenagusa (“Nomeolvides”), de Yoshiya Nobuko, que describían la “cultura del S” (relaciones especiales entre estudiantes en el entorno de las escuelas femeninas), cosecharon un ferviente apoyo entre las lectoras jóvenes. La gran mayoría de las chicas de aquella época estaban destinadas a casarse con la pareja elegida por sus padres y a dedicarse al hogar. Por ello, el S proliferó en el cerrado mundo de las escuelas femeninas como una forma de romance simulado y temporal. Tras la guerra, el amor libre se generalizó y esta cultura cayó en desuso, pero estos elementos efímeros fueron heredados por el manga femenino (shōjo).

Tras la Segunda Guerra Mundial, y a pesar de la implantación de la democracia, la homosexualidad seguía siendo objeto de una estricta mirada social, por lo que las relaciones entre mujeres solían representarse de forma trágica. Shiroi heya no futari (“Las dos de la habitación blanca”), publicada por Yamagishi Ryōko en 1971 y ambientada en el internado de una escuela femenina, narra la atracción mutua entre dos chicas solitarias; sin embargo, el hecho de ser del mismo sexo las separa y conduce a un final triste.

Posteriormente, el amor entre varones y el boys’ love (BL) prosperaron en el manga femenino. Aunque las obras que trataban el amor entre mujeres no alcanzaron en número a las del amor entre hombres, se siguieron dibujando de forma ininterrumpida.

La expansión del género: un reflejo de la sociedad japonesa

Desde finales de la década de 1980 hasta los años 90, coincidiendo con el esplendor de la economía de la burbuja, empezaron a verse desarrollos argumentales sin atisbos de sombra, alejados de la tragedia o finales destructivos. Por ejemplo, en Anata to sukyandaru (“Un escándalo contigo”), de Shiina Ayumi, serializada en 1993 en la revista de manga femenino Ribon, el objeto del enamoramiento de la protagonista no era un hombre, sino una mujer. Esta premisa guarda similitudes con El chico que me gusta no es un chico. La protagonista no se desanima ante las críticas de su entorno, que la tachan de pervertida o desviada. Logra ver sus sentimientos correspondidos, y forja un vínculo insustituible con esa joven, aunque finalmente la obra concluye con un “final feliz” en el que se une a otro chico.

A partir de la década de 2000, bajo la influencia de novelas ligeras como Maria-sama ga miteru (“La Virgen María nos está mirando”), de Konno Oyuki, no solo las mujeres sino también los hombres comenzaron a leer obras centradas en las relaciones especiales entre mujeres, lo que propició la aparición de revistas especializadas. El término yuri se consolidó para designar de forma genérica a estas obras, convirtiéndose en un gran género.

Las obras que abordan las minorías sexuales (LGBTQ+) aumentaron progresivamente, y en la actual era Reiwa (que comenzó el 1 de mayo de 2019) la mentalidad de los japoneses también ha cambiado. Aunque en Japón el matrimonio entre personas del mismo sexo no está reconocido legalmente, el número de municipios que han implantado un sistema de unión para parejas homosexuales para reconocer oficialmente a las parejas LGBTQ+ ascendía en mayo de 2025 a 530, lo que supone una cobertura del 92,5% de la población. El chico que me gusta no es un chico es, sin duda, uno de los símbolos de este cambio social.

Por supuesto, no se puede afirmar que la sociedad japonesa sea verdaderamente tolerante con las diversas identidades de género. La relación natural que retrata esta obra tampoco es la norma, necesariamente. Precisamente por eso, esta historia también puede leerse como un ideal que muchos desearían ver convertido en realidad, en un futuro cercano.

Una obra que nos hace conscientes de los estereotipos

Esta obra comenzó a serializarse en 2022 en la cuenta de X (antigua Twitter) de su autora y, para febrero de 2026, el número total de seguidores en sus redes sociales superaba los 1.980.000. El motivo de que haya despertado tanta empatía radica, probablemente, en que es una obra que nos hace tomar conciencia de los sesgos de género y los estereotipos inconscientes arraigados entre los japoneses.

Como indica el título, la obra parte del enamoramiento basado en la asunción de que alguien que una mujer considera atractivo y genial debe ser un hombre, lo que hace que muchos lectores se den cuenta de la idea preconcebida de que las mujeres se enamoran de hombres. Posteriormente, al ver cómo ambas profundizan en su vínculo especial de igual a igual, como personas del mismo sexo, los lectores se predisponen de forma natural a aceptar dicha relación.

Más que provocar una sorpresa o un impacto desmedidos, la relación entre ambas se ve expresada de tal manera que se asimila con naturalidad, invitando a pensar que esa forma de relación también es una opción. La mayoría de los lectores experimentará un cambio interior mientras leen la historia.

Se puede catalogar como una obra innovadora en el sentido de que permite empatizar con ella como drama humano universal, sin quedar encasillada en géneros como el yuri o el girls’ love.

Coincidiendo con el lanzamiento del cuarto tomo en febrero de 2026, se instalaron espacios especiales pop-up en las librerías Kinokuniya de Japón, Estados Unidos y la región de Asia-Pacífico.
Coincidiendo con el lanzamiento del cuarto tomo en febrero de 2026, se instalaron espacios especiales pop-up en las librerías Kinokuniya de Japón, Estados Unidos y la región de Asia-Pacífico.

En el ámbito nacional, la obra obtuvo el primer puesto en la categoría de manga web de los Tsugi ni Kuru Manga Taishō 2023 (“premios al manga con mayor proyección de 2023”), el segundo puesto en la categoría femenina de la guía Kono manga ga sugoi! 2024 (“¡Este manga es increíble! 2024”; Takarajimasha), y el segundo puesto en la clasificación de cómics del Libro del Año 2023 de la revista Da Vinci. También se ha confirmado su adaptación al anime.

En el extranjero, la versión en inglés fue galardonada con el premio Best New Manga (“mejor manga nuevo”) en los American Manga Awards de 2025; la versión en francés recibió el premio al mejor romance en los premios Daruma de la Japan Expo del mismo año; y la versión en español obtuvo el premio al mejor yuri en el Salón del Manga de Barcelona. Además, la versión en inglés fue seleccionada para la Lista de lectura de novelas gráficas Texas Maverick 2026, una lista de recomendaciones estadounidense elaborada para jóvenes por bibliotecarios públicos y escolares.

Un manga musical que “trasciende barreras”

Otro de los rasgos distintivos de la obra es que la historia avanza al ritmo de la música.

A Mitsuki y a Aya les gusta el rock occidental. Esto las diferencia del perfil actual de las estudiantes de bachillerato que siguen a los idols o influencers de moda. El hecho de afirmar, a través de la música, qué les gusta y cómo quieren ser, en lugar de guiarse por lo que a todos les gusta y lo que todos hacen, aporta un toque de estilo a esta historia juvenil. Esto, a su vez, refuerza el argumento de la obra, centrado en unas relaciones humanas que no se ven atadas por valores preestablecidos. Además, el uso de la impresión a dos tintas, que tiñe de verde las zonas de las tramas grises, contribuye a realzar la estética sofisticada de la obra.

Las conversaciones de estas dos apasionadas del rock occidental están repletas de información sobre bandas de rock reales y recomendaciones de canciones. Escenas como las de ambas asistiendo juntas al Fuji Rock Festival resultarán sin duda emocionantes para quienes hayan vivido esa experiencia en el pasado. Entre la población que hoy tiene treinta y tantos o cuarenta años eran muchos los que disfrutaban del rock occidental en su juventud. Sin embargo, entre las generaciones jóvenes actuales, las personas con los gustos de Aya y Mitsuki son una minoría, lo que se utiliza también como un símbolo de individualidad.

El chico que me gusta no es un chico, tomo 3 (Arai Sumiko). Kadokawa / Kitora. La guitarra se utiliza como motivo. Al final del tomo 2 se incluye el siguiente comentario de la autora: “Una de las razones por las que me gusta escuchar música es la alegría de saber que hay alguien que comprende lo buena que es una canción; eso mismo ocurre con este manga”.
El chico que me gusta no es un chico, tomo 3 (Arai Sumiko). Kadokawa / Kitora. La guitarra se utiliza como motivo. Al final del tomo 2 se incluye el siguiente comentario de la autora: “Una de las razones por las que me gusta escuchar música es la alegría de saber que hay alguien que comprende lo buena que es una canción; eso mismo ocurre con este manga”.

La música elimina las barreras de edad, género o posición social, ya sea la de alguien popular o una persona retraída, y conecta a la gente trascendiendo cualquier obstáculo. El uso magistral de la música para expresar este concepto constituye otro de los grandes atractivos de esta obra.

En aplicaciones de reproducción musical como Spotify o Amazon Music ya se encuentran disponibles listas de reproducción oficiales que incluyen las canciones que aparecen en la obra, así como temas seleccionados por la autora inspirados en el universo de las dos protagonistas. Ojalá el lector disfrute de ellas tanto durante la lectura del manga como después de la misma.

(Imagen del encabezado: los dos primeros tomos de la edición japonesa de El chico que me gusta no es un chico; Arai Sumiko - Kadokawa / Kitora.)

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