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‘¡Yotsuba!’, un entrañable retrato de la vida cotidiana

Manga Cultura

El manga Yotsuba to! (¡Yotsuba!), de Azuma Kiyohiko, presenta a una niña como protagonista y relata sus pequeños pero novedosos descubrimientos cotidianos. Los grandes éxitos del manga suelen dar el salto al anime u otros formatos audiovisuales, pero esta obra no cuenta con una adaptación audiovisual.

El valor de lo cotidiano

La historia comienza un día de verano, cuando Koiwai Yotsuba, una niña de cinco años un tanto peculiar, se muda a una nueva localidad con su padre, Yōsuke, al que llama “tōchan” (una forma tierna en la que los niños dicen “papá” en Japón).

La mayoría de los episodios son autoconclusivos y narran sucesos de la vida de Yotsuba. Estos abarcan desde momentos tan sencillos como jugar en el parque o ir de compras hasta experiencias especiales como preparar curri en un campamento o montar en globo aerostático. La acompaña un variopinto grupo de personajes, entre ellos las tres hermanas de la familia Ayase, que vive en la casa vecina, y Jumbo y Yanda, amigos de Yōsuke. Aunque se da a entender que Yotsuba y Yōsuke no están unidos por lazos de sangre, por ahora no se han revelado más detalles.

No solo Yōsuke, sino también los adultos y las personas de más edad que ella, cuidan de Yotsuba con naturalidad más allá de los vínculos de sangre y del concepto de familia. Aunque sus imprevisibles palabras y acciones los traen de cabeza, se ponen a su altura y disfrutan al máximo del momento presente.

La obra retrata el día a día de Yotsuba con su familia y sus vecinos (¡Yotsuba!, volúmenes 2 y 8; Azuma Kiyohiko; Kadokawa/Dengeki Comics).
La obra retrata el día a día de Yotsuba con su familia y sus vecinos (¡Yotsuba!, volúmenes 2 y 8; Azuma Kiyohiko; Kadokawa/Dengeki Comics).

Llena de energía y de una inocencia desbordante, Yotsuba cambia de expresión en cada momento y no para de reír y llorar. Todo cuanto contempla le parece nuevo y, con cada episodio, amplía su mundo y sigue creciendo.

El signo de exclamación que aparece en el título sugiere el tema que subyace en la obra: el descubrimiento. A través de los ojos de Yotsuba, el lector redescubre el encanto de una cotidianidad que los adultos, sin darse cuenta, acaban pasando por alto: el placer de empaparse bajo un aguacero o la sorpresa de lograr darle la vuelta por primera vez a una tortita. La obra nos recuerda que cada experiencia aparentemente trivial de la infancia fue, en realidad, una deslumbrante gran aventura.

La atmósfera pausada que continúa desde Azumanga Daioh

Antes de crear esta obra, Azuma Kiyohiko alcanzó popularidad con Azumanga Daioh, un manga de cuatro viñetas que empezó a dibujar en 1999 y giraba en torno a la vida cotidiana de unas estudiantes de secundaria. No presenta grandes dramas ni apenas tramas románticas. Su escenario es la escuela y el humor nace de los diálogos entre personajes de marcada personalidad, así como de sus peculiares pausas y ritmo. Con Azumanga Daioh como uno de sus puntos de partida, en la década de 2000 proliferaron en el manga de cuatro viñetas obras clasificadas como kūkikei (“historias de ambiente”), nichijōkei (“historias de la vida cotidiana”) o moe yonkoma (“manga moe de cuatro viñetas”). El interés por retratar una vida cotidiana sin grandes acontecimientos era, por tanto, un tema que el autor ya exploraba antes de ¡Yotsuba!.

Cuando ¡Yotsuba! comenzó a publicarse, hacia 2003, se popularizó la expresión “vida lenta” (slow life) y creció el interés por estilos de vida más reposados. En el mundo de los videojuegos, por ejemplo, ganaron presencia títulos como Boku no Natsuyasumi (“Mis vacaciones de verano”) y Animal Crossing, que invitaban a disfrutar de una existencia sin prisas y del placer de descubrir. Quizá la sintonía entre aquella época y los temas que perseguía el autor explique por qué ¡Yotsuba! conquistó a tantos lectores.

Caminar y contemplar el mundo junto a Yotsuba: un encuadre singular

La capacidad de la obra para seguir despertando empatía se debe también a su extraordinario dominio expresivo. La exposición itinerante “¡Dibujar! Exposición de manga: las técnicas gráficas que dan vida a las obras maestras —trazos, viñetas y personajes—”, dedicada a las técnicas del manga y que recorrió Japón a partir de 2015, analizó en profundidad los recursos expresivos de ¡Yotsuba!.

Por ejemplo, el comisario de la muestra, Itō Gō, escribió en el catálogo de la exposición —publicado por la secretaría organizadora— que, en las viñetas de ¡Yotsuba!, el punto de vista, o ángulo, “rara vez coincide exactamente con el de Yotsuba”, aunque “eso tampoco significa que corresponda a la mirada de un adulto”, y señaló que “el lector no llega a identificarse por completo con Yotsuba ni la contempla desde lejos, sino que recorre el espacio y observa el mundo junto a ella”.

Por su parte, el dibujante de manga Tanaka Keiichi destaca que los fondos realistas dotan de credibilidad al espacio, mientras que los personajes se representan con un estilo propio del manga, más esquemático. Según él, esta combinación permite transmitir intuitivamente las emociones de los personajes y “ofrece al lector una sensación de presencia sin límites”.

La original atmósfera de la obra surge de sus encuadres y del realismo de los fondos (¡Yotsuba!, volúmenes 9 y 14; Azuma Kiyohiko; Kadokawa/Dengeki Comics).
La original atmósfera de la obra surge de sus encuadres y del realismo de los fondos (¡Yotsuba!, volúmenes 9 y 14; Azuma Kiyohiko; Kadokawa/Dengeki Comics).

¡Yotsuba! es una obra nostálgica que evoca los paisajes y las experiencias emocionantes de la infancia. Sin embargo, no se trata de simple nostalgia, sino también de la sensación de contemplar una utopía. Quizá la obra se sitúe precisamente en el espacio intermedio entre ambas.

Tengo un hijo de casi la misma edad que Yotsuba. Por una parte, reconozco en las acciones de Yotsuba escenas que vivo con mi propio hijo; por otra, experimento algo distinto de la empatía real que suelen provocar los llamados “mangas de carácter ensayístico sobre la crianza”.

Los paisajes que contempla Yotsuba y las experiencias que vive resultan entrañablemente familiares y nos devuelven recuerdos olvidados. Al mismo tiempo, sin embargo, parecen pertenecer a una utopía alejada de la realidad. Quizá sea porque el origen de Yotsuba permanece envuelto en el misterio, porque no se muestran las dificultades y frustraciones de una crianza que rara vez sale como uno espera y porque habita un mundo casi demasiado amable, donde todos cuantos la rodean aceptan con naturalidad su personalidad.

“Hacia un lugar que hemos visto en alguna parte, pero que no existe en ningún sitio”: esta frase, incluida en la faja promocional del tercer volumen, resume a la perfección el mundo de ¡Yotsuba!. Y quizá sea precisamente la hábil puesta en escena descrita antes —“una posición de cámara perfectamente calibrada, que no coincide ni con la mirada de Yotsuba ni con la de los adultos”, o “la combinación de fondos realistas y personajes esquemáticos”— la que hace emerger con tanta fuerza este universo singular.

Un sistema para proteger el universo de la obra

En la conservación del inconfundible universo de ¡Yotsuba! desempeña un papel crucial Yotsuba Studio, dirigido por Satomi Hideki. Un reportaje publicado en el número de mayo de 2009 de la revista especializada en diseño Idea explicó que, frente al sistema tradicional liderado por las editoriales, el estudio se ocupa directamente de la producción integral de todo cuanto rodea la obra: el diseño de los tomos recopilatorios, los textos de las fajas promocionales, los materiales para su promoción en librerías y todo tipo de artículos.

Asimismo, Yotsuba Studio se propuso llevar las obras de Azuma Kiyohiko a un público más amplio, sin limitarlas a un “sector otaku” concreto, y desarrolló una estrategia de marca que planificaba minuciosamente incluso la imagen proyectada fuera de las propias obras. La estrategia dio un resultado espléndido y ¡Yotsuba! acabó conquistando a lectores de muy diversas generaciones y gustos.

Ese esmero se extiende también a su expansión internacional. Las ediciones traducidas que se publican en todo el mundo se localizan reproduciendo en lo posible el formato original japonés, con el fin de preservar escrupulosamente el universo de la obra.

La historia avanza despacio del verano al otoño y, después, al invierno

Más de 20 años después del comienzo de la serialización, la historia que arrancó en un caluroso día de verano ha ido cambiando suavemente de estación, ha dejado atrás el otoño y se aproxima a la Navidad. En ese lento fluir del tiempo, Yotsuba ha crecido de forma constante y vigorosa: ha aprendido a montar en bicicleta sin ruedines y ha llegado a coronar el monte Takao, en el oeste de Tokio.

El último volumen, el 16, también reserva momentos capaces de emocionar, como la aparición de un personaje inesperado que hará las delicias de los seguidores veteranos de Azumanga Daioh.

Los aficionados de todo el mundo aguardan con impaciencia el próximo volumen para descubrir qué nueva estampa estacional ofrecerá esta historia que sigue retratando “un lugar que hemos visto en alguna parte, pero que no existe en ningún sitio”.

(Imagen del encabezado: volúmenes 1 y 3 de ¡Yotsuba!; Azuma Kiyohiko; Kadowaka/Dengeki Comics.)

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