Folclore en desaparición, a través de la fotografía

Amami: donde Haga Hideo se convirtió en un maestro fotógrafo del folclore

Cultura Historia

Haga Hideo fue eterno testigo, mediante película fotográfica, de las actividades y costumbres humanas, y fundador de la fotografía folclórica. Su enfoque, dar confianza a sus sujetos antes de sacar la cámara, se perfeccionó a través de su experiencia en la investigación académica. Kikuchi Akira, folclorista que estudia la relación entre el folclore y la fotografía, rastrea los orígenes de Haga.

Trabajo de campo y fotografía

El proyecto fotográfico de tres años de Haga Hideo (1921-2022) llevado a cabo en las islas Amami, en la prefectura de Kagoshima, durante la década de 1950, representó un esfuerzo trascendental en las humanidades japonesas en lo que respecta al uso de la fotografía en el trabajo de campo. El estudio de Amami (las “islas fronterizas”, el punto más meridional de Japón antes de la devolución de Okinawa) representó un proyecto de enorme importancia en la posguerra, tras la pérdida de las colonias a causa de la derrota, para reexaminar la esencia misma de lo que era realmente Japón.

En plena transición de la reconstrucción de posguerra al periodo de alto crecimiento económico, las islas que acababan de ser devueltas a Japón aún conservaban formas de vida premodernas: viviendas con techos de paja, graneros elevados, cargas trasportadas sobre la cabeza, entierros al aire libre y lavado de huesos. Para investigar la relación entre la cultura fundacional de Japón y las culturas del sur, Haga viajó a Amami con otros académicos. Para él, que había luchado con el tema del folclore a su manera desde que las clases de Orikuchi Shinobu lo inspiraran durante sus años de estudiante, esto supuso un punto de inflexión decisivo para convertirse en un auténtico fotógrafo folclórico.

Las ocho islas pobladas del archipiélago de Amami

Transportar cargas sobre la cabeza; terraplenes pisoteados por el ganado; lavado de huesos.
Transportar cargas sobre la cabeza; terraplenes pisoteados por el ganado; lavado de huesos.

Desde su nacimiento en Europa occidental, a principios del siglo XIX, la fotografía ha registrado diversos temas en todo el mundo. Sin embargo, pasó algún tiempo antes de que la vida de las personas (sus formas de vivir, trabajar, celebrar y actuar), los temas propios de ciencias de campo como el folclore y la etnología, pudieran ser capturados por la cámara. Este retraso se debió a la falta de portabilidad del equipo y a su baja sensibilidad a la luz, lo que impedía que alcanzara un rendimiento suficiente para documentar de cerca la vida cotidiana de las personas.

El etnólogo Torii Ryūzō (1870-1953), que recorrió los territorios del antiguo Imperio de Japón (que incluía China, Taiwán, Corea y Karafuto) durante los periodos Meiji (1868-1912) y Taishō (1912-1926), fue una de las primeras figuras académicas de Japón en utilizar la fotografía para su trabajo de campo. Sus expediciones fotográficas, no obstante, realizadas con pesadas cámaras y frágiles placas de vidrio seco, resultaron extremadamente arduas. Aunque la adopción de cámaras con película de fabricación nacional se generalizó a partir de 1925, lo que llevó a un mayor uso en estudios académicos, el progreso no fue fácil. A partir de la segunda mitad de la década de 1930, cuando la nación entraba en régimen de guerra, el trabajo de campo pasó a considerarse espionaje cerca de las regiones fronterizas y las instalaciones militares.

El estudio de Amami realizado por la Federación de las Nueve Sociedades

Una vez eliminadas las restricciones de la posguerra, era natural que el trabajo de campo floreciera de pronto, cual presa que hubiera reventado por la presión. Al mismo tiempo avanzó tanto la importación de equipos fotográficos del extranjero como la reactivación de la industria nacional de cámaras, lo que condujo a la utilización a gran escala de la fotografía.

Cabe destacar especialmente el proyecto de investigación conjunto de la Federación de las Nueve Sociedades (FNS). Impulsada por Shibusawa Keizō, nieto de Shibusawa Eiichi, un destacado empresario y folclorista, esta federación se creó con el fin de fomentar la colaboración interdisciplinar entre nueve sociedades académicas, entre ellas la Asociación Japonesa de Antropología y la Asociación Japonesa de Sociología. Siguiendo el modelo de los estudios regionales al estilo estadounidense, se llevaron a cabo investigaciones conjuntas a gran escala en Tsushima (1950-1951) y Noto (1952-1953). El tercer lugar seleccionado para estudiar fue el archipiélago Amami, que acababa de ser liberado de la administración militar estadounidense el 25 de diciembre de 1953.

El folclorista Seki Keigo, que dirigió este estudio sobre Amami entre 1955 y 1957, propuso que participara también un fotógrafo, lo que llevó a la inclusión de Haga en el grupo. Durante esos tres años pasó un total de 182 días en Amami, explorando métodos de fotografía folclórica a través del trabajo colaborativo con los académicos.

El equipo de investigación de la FNS visitando las islas de Amami. Haga aparece en la parte derecha de la última fila de la fotografía de grupo.
El equipo de investigación de la FNS visitando las islas de Amami. Haga aparece en la parte derecha de la última fila de la fotografía de grupo.

La obra local de kyōgen de Kakeromajima, Shodon Shibaya. Representada por primera vez desde la guerra para dar la bienvenida a la visita del equipo de investigación a la isla.
La obra local de kyōgen de Kakeromajima, Shodon Shibaya. Representada por primera vez desde la guerra para dar la bienvenida a la visita del equipo de investigación a la isla.

Técnicas de investigación académica aplicadas a la fotografía

Cabe destacar que los investigadores aprendieron durante el estudio la técnica de la “observación participante”, mediante la cual el investigador se convierte en parte del grupo objeto de estudio. En cuanto a la filmación de las sacerdotisas noro o yuta, Haga afirma lo siguiente:

“No les gustan los funcionarios, policías y hombres así. Además, no era fácil para un académico o fotógrafo acceder a su mundo. Mientras reflexionaba sobre cómo podría tomar fotografías sin provocar su rechazo, un joven estudioso de las religiones y un psicólogo me ofrecieron su sabiduría. En primer lugar, había que encontrar a un miembro masculino de la familia o a parientes de la noro o yuta que se sintiera orgulloso de su trabajo. Empezar por fotografiarlo mientras trabajaba. Naturalmente, él estaba encantado de ser mi modelo. Luego fotografié a los hijos de las familias de las noro y yuta. Un mes más tarde, pude fotografiar a una yuta rodeada de su familia dentro de su casa. Poco a poco, incluso cuando estaba presente en las casas de los familiares de las sacerdotisas, ya no me miraban con expresión de desconcierto. Entonces pude fotografiar a una yuta que había sido invitada al servicio conmemorativo ancestral de una familia. Este éxito inicial significó que la fotografía podría avanzar sin mayor problema, e incluso logré capturar el estado de trance de una sacerdotisa. No solo eso, sino que las propias yuta y noro comenzaron a enseñarme cómo realizar los rituales ellas mismas(*1)”.

Se dice que, en la observación participante, la capacidad de establecer una buena relación con los sujetos de investigación es el factor más importante que influye en la calidad de los datos. El trabajo de filmación de Haga fue precisamente la parte práctica del establecimiento de una buena relación.

En la isla de Okinoerabu Haga se acerca a los ritos sagrados de una sacerdotisa yuta y captura el momento de la posesión divina: el “bostezo”.
En la isla de Okinoerabu Haga se acerca a los ritos sagrados de una sacerdotisa yuta y captura el momento de la posesión divina: el “bostezo”.

En Amami Ōshima Haga registró el ritual Arahobana, centrado en la noro, que reza por una cosecha abundante. También documentó en detalle la vida cotidiana de las jóvenes noro, registrando meticulosamente la secuencia de cada ceremonia y los instrumentos rituales.
En Amami Ōshima Haga registró el ritual Arahobana, centrado en la noro, que reza por una cosecha abundante. También documentó en detalle la vida cotidiana de las jóvenes noro, registrando meticulosamente la secuencia de cada ceremonia y los instrumentos rituales.

Otro punto clave que Haga dominó en Amami fue el sistema de clasificación. Para organizar las aproximadamente 30.000 fotografías realizadas por el equipo, los investigadores aplicaron el sistema de clasificación desarrollado por miembros de la HRAF (Human Relations Area Files, “archivos de área de relaciones humanas”, ONG internacional con gran experiencia en el campo), basada en la Universidad de Yale, Estados Unidos, liderados por el antropólogo cultural G. Murdock. Este sistema se creó originalmente durante la Segunda Guerra Mundial para el procesamiento de inteligencia estratégica nacional, lo que permitía la clasificación, conservación y visión global de materiales etnográficos.

Posteriormente, en 1959, se completó el volumen fotográfico del informe de la encuesta Amami – shizen, bunka, shakai (Amami: naturaleza, cultura, sociedad). Al adoptar un formato de volumen independiente de la sección de artículos, se convirtió en el único informe centrado en el elemento visual que se produjo durante el cerca de medio siglo de actividad de la FNS. De las 770 fotografías publicadas, más de tres cuartas partes (562) fueron sacadas por Haga, lo que convierte a esta obra, en la práctica, en una colección fotográfica de Haga.

A través de esta experiencia, Haga llegó a considerar la clasificación de fotografías como una tarea esencial para comprender de manera integral sus temas. Al mismo tiempo, sus temas fotográficos se expandieron desde eventos anuales hasta abarcar la vida en su totalidad.

En Amami Haga registó eventos, ritos del ciclo de vida e incluso escenas cotidianas.
En Amami Haga registó eventos, ritos del ciclo de vida e incluso escenas cotidianas.

Arriba: Sección fotográfica (derecha) de Amami, recopilada por el Comité de Investigación de Amami Ōshima de la FNS. Las fotografías, clasificadas en 50 categorías, como “Tumbas” o “Noros”, se organizan en 12 capítulos, entre los que se incluyen “La vida humana” y “La vida religiosa”. Abajo: Película de la oficina de Haga, organizada mediante un sistema de clasificación único. (Fotografía de nippon.com)
Arriba: Sección fotográfica (derecha) de Amami, recopilada por el Comité de Investigación de Amami Ōshima de la FNS. Las fotografías, clasificadas en 50 categorías, como “Tumbas” o “Noros”, se organizan en 12 capítulos, entre los que se incluyen “La vida humana” y “La vida religiosa”. Abajo: Película de la oficina de Haga, organizada mediante un sistema de clasificación único. (Fotografía de nippon.com)

Y este sistema de clasificación aportó inadvertidamente beneficios comerciales a Haga: su archivo fotográfico, etiquetado por ubicación y tema, permitía responder de forma rápida y meticulosa a los pedidos de los medios de comunicación y las agencias de publicidad. Esto se debía en gran medida a los esfuerzos de su esposa, Kyōko, que se encargaba de la clasificación y la organización; a veces identificaba ciertas necesidades e indicaba a Haga qué debía fotografiar. Aunque son muchos los fotógrafos que han capturado el folclore en sus imágenes, esa capacidad de respuesta no es algo que cualquiera pueda lograr. Ahí radica la verdadera esencia del establecimiento por parte de Haga del género de la fotografía folclórica y la consolidación de su estatus inquebrantable.

El estudio de Amami, por tanto, puede considerarse el punto de partida de Haga. En verano de 2025, su hijo mayor, el fotógrafo Haga Hinata, digitalizó toda la colección de negativos de su padre y la donó al municipio local. Aunque en vida de Hideo ya se habían donado y expuesto obras importantes en instituciones como el Museo Amami, esta donación completa permite rastrear secuencias de antes y después, lo que ayuda a su vez a comprender de forma más concreta las circunstancias en el momento de realizar cada fotografía. Sin duda, el valor archivístico de la obra de Haga aumentará aún más. Ojalá estas imágenes de un folclore ya desaparecido lleguen a los ojos del público e inspiren nuevos descubrimientos.

Arriba: Haga Hinata (centro derecha) dona la película digitalizada de las imágenes del estudio de Amami a la propia ciudad de Amami. Abajo: También se donaron imágenes locales a las localidades de China y Wadomari, en Okinoerabujima. Ambas localidades tienen previsto utilizarlas en boletines locales y exposiciones fotográficas. (Fotografía de nippon.com)
Arriba: Haga Hinata (centro derecha) dona la película digitalizada de las imágenes del estudio de Amami a la propia ciudad de Amami. Abajo: También se donaron imágenes locales a las localidades de China y Wadomari, en Okinoerabujima. Ambas localidades tienen previsto utilizarlas en boletines locales y exposiciones fotográficas. (Fotografía de nippon.com)

Fotografías en blanco y negro realizadas entre 1955 y 1957 por Haga Hideo.

(Artículo traducido al español del original en japonés. Imagen del encabezado: escenas agrícolas y pesqueras en Amami Ōshima en la década de 1950.)

(*1) ^ Haga Hideo, Amami Ōshima no noro to yuta (“Las noro y yuta de Amami Ōshima”), en Nihon shashin zenshū 9 – minzoku to dentō (“Colección de fotografía japonesa 9 – folclore y tradición”), Shigemori Kōen y Tanaka Masao, eds., Shogakukan, 1987, pp. 162-163.

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