Folclore en desaparición, a través de la fotografía

La identidad de Amami, en comunión con la naturaleza, en imágenes

Cultura

En el archipiélago de Amami, en Kagoshima, zona de coral, bosques vírgenes y valiosa flora y fauna, ha transmitido durante milenios una tradición de convivencia y respeto hacia la naturaleza. Junto a imágenes del paisaje original de Amami que el difunto fotógrafo folclórico Haga Hideo capturó en los cincuenta, el fotógrafo Hamada Futoshi, oriundo de Amami, nos muestra los vestigios de aquellos tiempos.

Una época perdida de la cultura de Amami

1953, el año en que nací, fue también el año en que Amami, mi archipiélago natal, pasó de estar bajo administración estadounidense a volver a formar parte de Japón. En las islas principales la reconstrucción de la posguerra se había acelerado de golpe y estaba a punto de dar comienzo la era de rápido crecimiento económico.

En las zonas rurales y las islas remotas de aquella época se produjo tal fuga de población que parecía una migración en masa: muchas personas en plena flor de la vida buscaban trabajo en las zonas industriales de Kansai y Kantō. La cultura arraigada en cada localidad, como festivales y ceremonias, se consideraba anticuada y se fue perdiendo poco a poco. En la educación escolar se nos enseñaba que debíamos “convertirnos en personas que triunfaran en la ciudad”, llegando incluso a instruirnos para que abandonáramos nuestros dialectos. Yo, que crecí en una pequeña aldea de la isla de Amami-Ōshima, fui uno de los afectados por estos cambios. Todavía no puedo olvidar la ocasión en que, en la escuela primaria, utilicé mi variante del japonés y, como escarmiento, me colgaron al cuello una placa que rezaba “uso de dialecto”.

Tras terminar el instituto comencé mi carrera como fotógrafo en Tokio, y regresé a mi tierra natal en 1979. Aunque comencé a fotografiar la vida, las fiestas y la naturaleza de Amami, no lograba encontrar un tema propio, por lo que pasé varios años disparando el obturador sin un rumbo muy claro. En 1986, tras seis años completos, empecé a estudiar la ecología del conejo de Amami (declarado Patrimonio Natural Especial), que habita en los bosques vírgenes de la zona, y por fin encontré mi proyecto de vida.

El centro de la ciudad de Naze (actualmente Amami), poco después de su reincorporación a Japón. Por las calles sin asfaltar circulaban autobuses con capó y caballos.
El centro de la ciudad de Naze (actualmente Amami), poco después de su reincorporación a Japón. Por las calles sin asfaltar circulaban autobuses con capó y caballos.

El actual barrio de Naze. Se han realizado obras de relleno en el puerto, de aguas poco profundas, para permitir el atraque de buques de gran tamaño. Las calles comerciales, como Amami Hondōri (abajo a la izquierda, la antigua calle Tenmonkan), desprenden un cierto aire retro.

El actual barrio de Naze. Se han realizado obras de relleno en el puerto, de aguas poco profundas, para permitir el atraque de buques de gran tamaño. Las calles comerciales, como Amami Hondōri (abajo a la izquierda, la antigua calle Tenmonkan), desprenden un cierto aire retro.

Tradiciones que debemos conservar

A medida que iba al bosque, empecé a reflexionar sobre la formación de la naturaleza de Amami. Dicen que el bosque virgen, en el que habitan valiosas especies endémicas, adquirió su aspecto actual hace unos 6.000 años. Seguramente nuestros antepasados agudizaron sus cinco sentidos y aprendieron con la práctica qué animales del bosque eran comestibles y cómo protegerse de las serpientes venenosas y los tifones. En la base de la cultura de vida tradicional de la isla se encuentra, no cabe duda, un gran respeto hacia la naturaleza que se remonta a tiempos inmemoriales.

En 1987, cuando empezaba a vislumbrarse de nuevo la identidad de mi tierra natal, se decidió que expondríamos unas fotografías en la sección de ciencias naturales del Museo de Amami, a punto de inaugurarse. En la sala de preparación descubrí una serie de obras que el fotógrafo folclórico Haga Hideo había realizado en los cincuenta en el archipiélago de Amami. Haga era un verdadero maestro de la fotografía, y desde mi época de estudiante había visto sus obras en revistas de fotografía y en álbumes. Fue entonces cuando supe por primera vez que aquella figura, para mí alguien prácticamente inalcanzable, había iniciado su carrera como fotógrafo en mi tierra natal.

Los paisajes que se extendían a lo largo y ancho del campo, las casas con techos de paja... Esas vistas originales quedaron grabadas a fuego en mi mente cuando apenas empezaba a ser consciente del mundo. Haga los había plasmado con gran realismo. Los arrozales que había en las islas se convirtieron en campos de otros cultivos debido a las políticas agrícolas tras la reintegración a la isla principal, y las diversas costumbres relacionadas con el cultivo del arroz fueron cayendo en el olvido. En medio de aquellos cambios, Haga documentó minuciosamente el archipiélago de Amami desde una perspectiva folclórica, dejando constancia de unas imágenes que ya nunca volveríamos a ver.

Pude conocerlo en persona en 1992, en la primera asamblea general a la que asistí tras cumplir mi sueño de ingresar en la Asociación de Fotógrafos de Japón. Haga, uno de los miembros fundadores, también se hallaba presente, y cuando le dije que era de Amami, me respondió con una sonrisa: “Amami es el origen de mi fotografía”. Luego añadió: “Mientras haya seres humanos viviendo en la Tierra, el folclore no terminará. Es importante distinguir entre lo que hay que conservar y lo que se puede perder”, y eso me hizo renovar mi determinación de seguir fotografiando Amami.

El Shikyo-ma, un ritual relacionado con el cultivo del arroz que se celebraba antiguamente en la localidad de Uken, en la isla de Amami-Ōshima. En el seno del hogar se ofrecían las primeras espigas ante el altar y se probaban unos pocos granos de arroz.
El Shikyo-ma, un ritual relacionado con el cultivo del arroz que se celebraba antiguamente en la localidad de Uken, en la isla de Amami-Ōshima. En el seno del hogar se ofrecían las primeras espigas ante el altar y se probaban unos pocos granos de arroz.

En el distrito de Akina, en la localidad de Tatsugō, donde aún se conservan unas de las pocas zonas de cultivo de arroz que quedan en la isla de Amami-Ōshima, se celebra desde hace siglos el Festival de Akina Arasetsu en el octavo mes del calendario lunar para pedir una buena cosecha. Una de sus tradiciones más emblemáticas es el Shochogama, ritual en el que, al amanecer, los hombres derriban pisoteando los tejados de paja.

En el distrito de Akina, en la localidad de Tatsugō, donde aún se conservan unas de las pocas zonas de cultivo de arroz que quedan en la isla de Amami-Ōshima, se celebra desde hace siglos el Festival de Akina Arasetsu en el octavo mes del calendario lunar para pedir una buena cosecha. Una de sus tradiciones más emblemáticas es el Shochogama, ritual en el que, al amanecer, los hombres derriban pisoteando los tejados de paja.

En la ceremonia vespertina Hirase Mankai, las noro (sacerdotisas), vestidas de blanco, invocan a los dioses, al otro lado del mar.

En la ceremonia vespertina Hirase Mankai, las noro (sacerdotisas), vestidas de blanco, invocan a los dioses, al otro lado del mar.

Se cree que el origen de la festividad de Arasetsu de Akina se remonta a antes del siglo XVII, cuando el dominio del clan Satsuma aún no se había establecido, y que surgió de la fusión entre la creencia en los dioses de los campos de arroz, procedentes de las islas principales de Japón, y la fe en Nirai-Kanai, de las islas Ryūkyū.

Se cree que el origen de la festividad de Arasetsu de Akina se remonta a antes del siglo XVII, cuando el dominio del clan Satsuma aún no se había establecido, y que surgió de la fusión entre la creencia en los dioses de los campos de arroz, procedentes de las islas principales de Japón, y la fe en Nirai-Kanai, de las islas Ryūkyū.

Cómo recuperar la identidad de la tierra natal

La fotografía folclórica comenzó a cobrar protagonismo en la década de 1990, en una época en la que los japoneses estaban a punto de perder la confianza en sí mismos tras el estallido de la burbuja económica, la cual trajo consigo el fin del crecimiento económico. El término “identidad”, en origen un concepto psicológico, pasó a interpretarse de forma más amplia para referirse a la personalidad de los grupos y al carácter propio de cada región, lo que dio lugar a un creciente interés por replantearse las propias raíces del pueblo.

En ese contexto comencé en 1995 a publicar con mi esposa, que es editora, Horizon, una revista de información local sobre el archipiélago de Amami. Se trataba de un intento por redescubrir la identidad de Amami a través de reportajes sobre la naturaleza, la historia, la cultura y la vida actual de los isleños. Haga se sumó a esa idea y aceptó encargarse de una serie de artículos con fotografías de los cincuenta y textos relacionados con ellas. La serie, que revivía con gran nitidez acontecimientos de hacía medio siglo, recibió una respuesta constante de los lectores en cada número y se prolongó hasta 2009.

En 2021 se inscribieron tanto Amami-Ōshima como Tokunoshima en la Lista del Patrimonio Mundial de la Naturaleza de la UNESCO. Ahora que la biodiversidad de estas islas, una de las más ricas del país, está recibiendo más atención que nunca, los lugareños debemos replantearnos nuestra convivencia con la naturaleza. En ese contexto, las cerca de 20.000 fotografías realizadas por Haga en el archipiélago de Amami fueron digitalizadas por su hijo mayor, el también fotógrafo Hinata, y donadas al Museo de Amami y a las autoridades locales. Los paisajes primigenios de nuestra tierra natal que allí se capturan con viveza son precisamente “algo que debemos conservar”. Sin duda, el hecho de que este valioso conjunto de obras perdure para siempre servirá de guía para el futuro de los descendientes de la isla.

El arte escénico tradicional de la isla de Kakeroma: el shodon shibaya.
El arte escénico tradicional de la isla de Kakeroma: el shodon shibaya.

La isla de Kikai hace 70 años. Todavía no había automóviles, solo caballos.
La isla de Kikai hace 70 años. Todavía no había automóviles, solo caballos.

La isla de Kikai en la actualidad. Las carreteras asfaltadas se extienden entre los cuidados campos de caña de azúcar. La producción de sésamo blanco, fomentada tras la guerra, llegó a representar el 40 % del mercado nacional.
La isla de Kikai en la actualidad. Las carreteras asfaltadas se extienden entre los cuidados campos de caña de azúcar. La producción de sésamo blanco, fomentada tras la guerra, llegó a representar el 40 % del mercado nacional.

El Hamauri de Inokawa, en la isla de Tokunoshima, es una celebración en la que se agradece la cosecha a los espíritus de los antepasados. En el séptimo mes del calendario lunar, tras el banquete Ichijū Ichibin, en el que los participantes llevan a la playa bandejas de comida y sake, se recorre el pueblo durante toda la noche bailando la danza Natsume.
El Hamauri de Inokawa, en la isla de Tokunoshima, es una celebración en la que se agradece la cosecha a los espíritus de los antepasados. En el séptimo mes del calendario lunar, tras el banquete Ichijū Ichibin, en el que los participantes llevan a la playa bandejas de comida y sake, se recorre el pueblo durante toda la noche bailando la danza Natsume.

Aunque el cultivo del arroz en Tokunoshima está en declive, las tradiciones del Hamauri y la danza Natsume sirven para fortalecer los lazos de la comunidad.
Aunque el cultivo del arroz en Tokunoshima está en declive, las tradiciones del Hamauri y la danza Natsume sirven para fortalecer los lazos de la comunidad.

Izquierda: un agricultor teje tsumugi en su taller (pueblo de Kasari, del actual barrio homónimo, en la ciudad de Amami). El Ōshima tsumugi es un tejido de seda con 1.300 años de historia. En la década de los setenta, debido al aumento de la demanda, se fabricaba también en el extranjero, pero hoy en día la producción es solo una setenta parte de la de entonces. Derecha: un agricultor (en el municipio de Wadomari) hilando tela de banano (bashōfu), otra artesanía tradicional.

Izquierda: un agricultor teje tsumugi en su taller (pueblo de Kasari, del actual barrio homónimo, en la ciudad de Amami). El Ōshima tsumugi es un tejido de seda con 1.300 años de historia. En la década de los setenta, debido al aumento de la demanda, se fabricaba también en el extranjero, pero hoy en día la producción es solo una setenta parte de la de entonces. Derecha: un agricultor (en el municipio de Wadomari) hilando tela de banano (bashōfu), otra artesanía tradicional.

Hasegawa Chiyoko, tejedora de bashōfu. Aprendió de Taira Toshiko (Tesoro Nacional Viviente), de Okinawa, las técnicas de fabricación que se habían perdido ya en la isla de Okinoerabu.
Hasegawa Chiyoko, tejedora de bashōfu. Aprendió de Taira Toshiko (Tesoro Nacional Viviente), de Okinawa, las técnicas de fabricación que se habían perdido ya en la isla de Okinoerabu.

En la isla de Okinoerabu, formada por roca caliza, los manantiales eran un importante bien común.

En la isla de Okinoerabu, formada por roca caliza, los manantiales eran un importante bien común.

En Jokkyonuhō, en el municipio de China, sigue brotando agua del manantial; hoy es un lugar de descanso.

En Jokkyonuhō, en el municipio de China, sigue brotando agua del manantial; hoy es un lugar de descanso.

Paisaje de Yoron; antes de la reintegración de Okinawa era la isla más meridional de Japón.
Paisaje de Yoron; antes de la reintegración de Okinawa era la isla más meridional de Japón.

La costa de Chabana, en la isla de Yoron. En esta costa de arrecifes de coral se ha habilitado un embarcadero.

La costa de Chabana, en la isla de Yoron. En esta costa de arrecifes de coral se ha habilitado un embarcadero.

En 1966, cuando los productos fabricados en serie se habían generalizado ya, alguien que temía la desaparición de la cultura y el modo de vida de la isla, invirtió su propio capital en la creación del Pueblo Folclórico de Yoron. A través de sus exposiciones, ventas y talleres de fabricación de utensilios tradicionales, transmite a las generaciones futuras cómo era la vida en el pasado.
En 1966, cuando los productos fabricados en serie se habían generalizado ya, alguien que temía la desaparición de la cultura y el modo de vida de la isla, invirtió su propio capital en la creación del Pueblo Folclórico de Yoron. A través de sus exposiciones, ventas y talleres de fabricación de utensilios tradicionales, transmite a las generaciones futuras cómo era la vida en el pasado.

(Imágenes en blanco y negro en el artículo realizadas por Haga Hideo entre 1955 y 1957.)

Texto e imágenes: Hamada Futoshi.

(Artículo traducido al español del original en japonés. Imágenes del encabezado: a la izquierda, fiesta en la playa de la isla de Okinoerabu, 1955. En sus últimos años, Haga Hideo lamentaba la desaparición de la belleza del Ichijū Ichibin que se podía contemplar en las islas. A la derecha; en la fiesta de la llegada a la playa de la isla de Tokunoshima aún se pueden apreciar vestigios de estas costumbres.)

Fotografía Amami Ōshima