‘Lost Land’: el director Fujimoto Akio hace frente al problema de los rohinyás refugiados
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Los rohinyá, un pueblo perseguido y sin patria
Los rohinyás son una minoría étnica de origen musulmán que ha vivido durante años en el extremo occidental de Myanmar (Birmania), en el estado de Rakáin. Aunque Myanmar es un Estado multiétnico compuesto por un 70 % de birmanos y un 30 % de minorías étnicas, los rohinyás no figuran entre los 135 grupos étnicos reconocidos por la Ley de Nacionalidad, por lo que no se les considera ciudadanos. La mayoría de los rohinyás que se encuentran en Myanmar y en los campos de refugiados de la vecina Bangladés carecen de nacionalidad.

Kawai Yūmi, encargada de la narración del tráiler de esta película. En enero de 2026 visitó los campos de refugiados de los rohinyás de Bangladés junto con el director Fujimoto. (©2025 E.x.N K.K.)
En el estado de Rakáin los enfrentamientos entre budistas y musulmanes se prolongan desde hace años. Muchos rohinyás abandonaron su tierra natal y se refugiaron en Bangladés. En 2016 y 2017 el ejército de Myanmar llevó a cabo una operación de barrido a gran escala contra las fuerzas armadas rohinyás en dicho estado en la que murieron numerosos civiles. Se calcula que en ese momento más de 700.000 personas huyeron a Bangladés, y a marzo de 2026 el número de personas en los campos de refugiados ha aumentado hasta superar 1.180.000 (según la Asociación de la UNHCR de las Naciones Unidas). No cesa el flujo de personas que tratan de escapar de esos campos, donde las condiciones de vida son pésimas, para intentar entrar ilegalmente en Malasia o Indonesia, y esto ha provocado la pérdida de muchas vidas en accidentes marítimos.

Fotograma de Lost Land. Unos refugiados, muchos más de los que en realidad caben, se suben a un destartalado barco pesquero para embarcarse en una peligrosa travesía de varios días. (©2025 E.x.N K.K.)
Lost Land (“Tierra perdida”) es una historia inspirada en esta realidad. La protagonizan Shafi, un niño de cinco años, y su hermana mayor, Somira, de nueve; ambos viven en un campo de refugiados rohinyá. Guiados por sus tías, y con la ayuda de un traficante, los hermanos se embarcan en un barco pesquero con rumbo a Malasia, donde viven sus familiares, pero en el camino sufrirán numerosas dificultades...

Somira (en el centro) y su hermano Shafi rezan en la cubierta del barco de refugiados, junto a los adultos. (©2025 E.x.N K.K.)
Un encuentro con Myanmar
Fujimoto se involucró con Myanmar hace ya más de diez años, cuando se enteró por casualidad de que había un proyecto para rodar una película en ese país y se ofreció para participar en él. En 2013 lo visitó por primera vez para documentarse; era un país, claro, totalmente desconocido para él. Aunque luego ese proyecto no llegó a realizarse, el vínculo que Fujimoto había establecido con Myanmar lo llevó a dirigir su primer largometraje. De hecho, según dice, ya por aquel entonces tenía en mente abordar el tema de los rohinyás.
“Mientras entrevistaba a birmanos que viven en Japón, muchos de ellos me hablaron de los rohinyás. Me decían cosas como ‘ten cuidado con esos’, o ‘si los veo por la calle les daré una paliza’. Todas las reacciones eran negativas. Por eso me picó la curiosidad y empecé a preguntarme quiénes eran en realidad los rohinyás”.
Sin embargo, al final no abordó el tema de los rohinyás; en su ópera prima, Boku no kaeru basho (“El lugar al que vuelvo”), narró la historia de una madre y su hijo de Myanmar que vivían en Japón mientras solicitaban que los reconocieran como refugiados.
En la época en la que estaba terminando de rodar su primer largometraje conoció a una mujer birmana que vivía en Japón y se casó con ella. Así profundizó aún más sus vínculos con el país, hasta el punto de acabar viviendo allí mientras seguía trabajando en el mundo del cine. Allí se hallaba también en 2015, cuando la Liga Nacional para la Democracia, liderada por Aung San Suu Kyi, llegó al poder y el país intentaba salir definitivamente de un largo periodo de gobierno militar.

Somira y Shafi son hermanos de sangre. (©2025 E.x.N K.K.)
“Poco a poco el país iba mejorando y aumentaba el número de empleados de empresas extranjeras destinados allí; todo rebosaba vitalidad. Sin embargo, en la sombra, en 2017 se produjo el genocidio de los rohinyás. A pesar de hallarnos en el mismo país en el que se había producido un suceso de tal magnitud, nadie se atrevía a hablar de ello. Se respiraba un ambiente en el que no se podía hablar de ese tema; era algo muy inquietante”.
Sigue fresco en la memoria de todos que incluso Suu Kyi (por entonces consejera de Estado), que mantenía una tensa relación con el ejército, adoptó una postura casi de tolerancia ante la opresión de los rohinyás, lo que le valió duras críticas por parte de la comunidad internacional.

Campo de refugiados rohinyá en Bangladés (enero de 2026). (©2025 E.x.N K.K.)
De la indecisión a la determinación
Tras el golpe militar de 2021 Myanmar entró en una nueva fase de guerra civil. Suu Kyi quedó de nuevo bajo arresto domiciliario, situación en la que se encuentra hoy día.
En Japón se ha extendido el movimiento de apoyo a la población de Myanmar, que sufre los estragos de la guerra civil y la represión del régimen militar. Fujimoto también se sumó a esa causa, y organizó proyecciones benéficas por todo el país, aunque, según cuenta, en lo más profundo de su corazón albergaba un conflicto que no podía confesar a nadie. Fue precisamente ese conflicto el que dio origen a Lost Land.
“Me sentía frustrado por mi propio doble rasero; si decía apoyar al pueblo de Myanmar, ¿por qué no había alzado la voz en defensa de los rohinyás durante la masacre de 2017? Siempre he cargado con ese sentimiento de culpa”.

Fotograma de Lost Land. (©2025 E.x.N K.K.)
Fujimoto pensó que en su siguiente película no podría eludir el tema, así que empezó a escribir el guion mientras seguía adelante con su activismo. Pero también confiesa que, incluso en esa fase, todavía se engañaba a sí mismo.
“El proyecto de Lost Land se puso en marcha en 2023. En realidad, el año anterior había dedicado doce meses a desarrollar un guion diferente. Escribí la historia inspirándome en los rohinyás, pero con un mundo y unos personajes ficticios. No mencionaba ni una vez el nombre del pueblo. Fue entonces cuando me di cuenta de que me estaba mintiendo a mí mismo. Había escrito un guion sin ningún tipo de base o fundamento, sin haber conocido a ningún rohinyá, usando tan solo mi imaginación. Me di cuenta de que estaba huyendo”.
Según cuenta, desde que cambió de opinión y decidió afrontar de lleno la realidad de los rohinyás a la hora de rodar la película, cortó por completo el contacto con sus amigos de Myanmar. Toda la documentación la realizó en el extranjero.
Al preguntarle si le había costado mucho conseguir que su mujer, oriunda de Myanmar, entendiera su postura, dio una respuesta muy sorprendente.
“No se lo conté a mi mujer hasta el día antes de la rueda de prensa en Venecia. Al principio pensaba decírselo cuando la película estuviera terminada, pero durante los dos meses que pasaron entre que la terminé y se confirmara su selección para Venecia, no me decidía a dar el paso. Pensaba: ‘¿Y si esto acaba en divorcio?’ (risas). Al final, su reacción fue: ‘Podrías habérmelo dicho antes’, y ahora me apoya”.

Fotograma de Lost Land. (©2025 E.x.N K.K.)
El viaje de quienes perdieron su patria
Aunque aborda el delicado tema de la persecución de las minorías étnicas, causa la firme impresión de que lo ha tratado como un tema que para él es, ante todo, cercano.
“Creo que en esta ocasión es un tema especialmente personal. Mi motivación era volver a acercarme a algo que, aunque estaba a mi alcance, había mantenido a distancia. Pero más allá de los primeros pasos no puedo seguir pensando así. Al fin y al cabo, se trata de la historia de los rohinyás, y tengo la responsabilidad social de hacer llegar ese mensaje al mundo”.

Fujimoto junto a Kawai Yūmi, durante su visita a un campo de refugiados rohinyá en Bangladés. (©2025 E.x.N K.K.)
La peligrosa travesía de los rohinyás desde los campos de refugiados hacia terceros países se plasma de forma realista a través de los relatos de quienes la han vivido en primera persona. El equipo de producción llevó a cabo una exhaustiva labor de investigación durante más de un año hasta completar el guion y, una vez iniciadas las grabaciones se incorporaron los comentarios de los actores en los detalles de la producción.
“Mientras realizábamos la investigación sentí que me iba integrando cada vez más en la comunidad rohinyá y que establecía un vínculo con ellos. Quería que en la película ocurriera lo mismo. Espero que, a través de los personajes, el público pueda conectar con el mundo de los rohinyás, un tema que hasta ahora no se había abordado”.
El objetivo era crear una película que “pudieran ver también los niños”. La intención era mostrar algo que se entendiera incluso sin conocer el contexto de los rohinyás, para que el público “se llevara algo consigo”. Por eso, aunque se dio importancia a la realidad, lo que se buscó fue, ante todo, el poder de la ficción que posee la historia.

Fotograma de Lost Land. (©2025 E.x.N K.K.)
“Lo primero que se me ocurrió fue hacer una road movie. Dadas las limitaciones físicas (no podíamos rodar ni en Myanmar ni en los campos de refugiados) pensé que, por descarte, lo único que podíamos retratar era un viaje. Esperaba poder crear una película que despertara todo tipo de sentimientos mientras el público seguía con suspenso y emoción las aventuras de los dos niños”.
El título original de Lost Land es Harà Watan, en rohinyá. Más tarde Fujimoto supo que watan, “patria”, también tiene el significado de “cuerpo”.
“El término ‘patria perdida’ hace referencia a un hecho objetivo, que define a los rohinyás. Quiero que ese dolor se convierta en algo subjetivo para quienes vean la película. He puesto en ella mi deseo de que permita sentir lo que otros han perdido como si fuera un dolor propio de pérdida”.
Fotografías de la entrevista: Igarashi Kazuharu
Texto: Matsumoto Takuya (nippon.com)
Información de la película
- Guion, dirección y montaje: Fujimoto Akio
- Narración en el tráiler: Kawai Yūmi
- Reparto: Muhammad Shofik Rias Uddin, Shomira Rias Uddin y otros
- Dirección de fotografía: Kitakawa Yoshio
- Sonido: Yaei Yōki
- Color: Yov Moor
- Música: Ernst Reijseger
- Diseño de producción: x.N / Producción: E.x.N, Dongyū Kurabu, Kinema Towards
- Coproducción: Panorama Films、Elom Initiatives、Cinemata、Scarlet Visions
- Distribución: Kino Films
- Año de producción: 2025
- Países: Japón / Francia / Malasia / Alemania
- Duración: 99 minutos
- Página web oficial (en japonés): lostland-movie.com/
Estrenada el 24 de abril en Human Trust Yūrakuchō, Kino Cinéma Shinjuku, Pole Pole Higashi Nakano y otras salas de todo el país.




