El mar y el plástico

Reciclaje de botella a botella: un desafío prometedor

Sociedad

La recogida selectiva de botellas de plástico PET se ha convertido ya en una parte de nuestra vida diaria. Sin embargo, no más del 10 % de las recogidas vuelven a tomar forma de botellas. El resto se recicla, pero de una forma que siempre implica producir nuevos desechos.

Y ahora, ¿dónde metemos el plástico usado?

En 2017, China anunció que prohibiría la importación de residuos plásticos, materiales que hasta entonces venía recogiendo de todo el mundo. Esto significaba colapsar la red mundial de reciclaje, pero sacaba a relucir los daños en la salud del personal utilizado en el tratamiento de los envases PET con restos de bebida o mezclados con otros materiales que llegaban de los países desarrollados, daños que se extendían a campos y ríos, dando origen a problemas medioambientales.

La medida sobresaltó a los países desarrollados, que trataron de esquivar el golpe buscando nuevos compradores, pero el Sudeste Asiático, temiendo convertirse en el nuevo vertedero global, comenzó a seguir los pasos de China. Tanto Malasia como Filipinas anunciaron que devolverían a los países desarrollados todos los residuos plásticos importados ilegalmente. En la reunión de países firmantes de la Convención de Basilea sobre control de importaciones y exportaciones de residuos tóxicos se adoptó la decisión de modificar el texto para que incluya los residuos plásticos sucios entre los materiales controlados, modificación que entrará en vigor en enero de 2021.

En cuanto a Japón, produce anualmente cerca de nueve millones de toneladas de residuos plásticos, de las cuales 1,5 aproximadamente iban a parar a China y otros países asiáticos. Con la prohibición anunciada por China, Japón logró en 2018 una importante reducción de su volumen de exportaciones, que se situó en un millón de toneladas. Se cree que el plástico japonés que no encuentra salida en el extranjero va acumulándose en el país.

Solo un 10 % vuelve a tomar forma de botella

El del tratamiento de los residuos plásticos es un problema acuciante. En Japón, algunos piden un aumento de la capacidad de las plantas incineradoras, pero su utilización como combustible choca con el problema de las emisiones de CO2 y en rigor no puede hablarse de un verdadero reciclaje.

Entre los muchos materiales que separamos a la hora de desecharlos, las botellas PET ocupan un lugar muy especial, pues su reciclaje es una de las costumbres que más arraigo han tomado entre la ciudadanía. Son muchos los entes locales que recogen estas botellas como recurso y los puntos de recogida en lugares como konbini (convenience stores) o estaciones son ya parte del paisaje urbano. Sin embargo, aunque este material se utiliza para la fabricación de fibras sintéticas como el borreguillo (fleece), y de bandejas y otros envases para alimentos, apenas un 10 % de las botellas PET recogidas renacen como nuevas botellas. Si se consiguiera engrosar este ciclo de botella a botella, se evitaría utilizar tanto crudo en la fabricación de plástico y contener así el volumen de basura.

En este contexto, adelantándose al resto de fabricantes de bebidas, Suntory Holdings anunció a finales de mayo de 2019 su intención de perfeccionar dicho ciclo. La llave tecnológica que abre la puerta a esta mejora está en manos de Kyōei Sangyō, un grupo empresarial dedicado al reciclaje de plásticos con sede en la ciudad de Oyama (prefectura de Tochigi).

Dentro de dicho grupo, es la empresa Japantech, con sede en Kanuma (Tochigi) la encargada de hacer realidad el ciclo perfecto de botella a botella. Apilados en el patio de su planta de Utsunomiya, en la misma prefectura y a 40 minutos por carretera de la estación de Oyama de la línea Tōhoku Shinkansen, pueden verse grandes cantidades de bloques cuadrangulares formados por botellas PET usadas, que son transportadas a la planta ya compactadas.

Pilas de botellas PET usadas, desmenuzadas y compactadas en bloques.
Pilas de botellas PET usadas, desmenuzadas y compactadas en bloques.

Llegan a esta planta diariamente procedentes de todas las regiones del país 2,5 millones de botellas PET usadas. El primer paso en el proceso para obtener botellas nuevas es conseguir resina PET de alta pureza. El gran espacio interior de la planta, con una altura equivalente a la de un edificio de dos pisos y sin tabiques, presenta un aspecto pulcro y ordenado. Apenas se percibe el mal olor característico de los materiales de desecho.

El incesante flujo de botellas en la cinta transportadora es fiscalizado por sensores que detectan y desvían automáticamente los plásticos coloreados, las partículas metálicas y cualquier otro cuerpo extraño. En el último sector de la cinta esperan los humanos, ojo avizor, para separar manualmente cualquier objeto que haya podido colarse.

Las botellas que han pasado el examen son desmenuzadas y reducidas a escamas (flakes), tras lo cual quedan limpias de etiquetas y otras partes adheridas, operación para la que se utiliza un sistema de aire a presión. Pasan entonces al lavado. Para obtener nuevos recursos de los materiales reciclados es muy importante una esmerada selección que permita obtener un producto homogéneo, y retirar cuidadosamente cualquier impureza.

Etiquetas separadas de las botellas PET mediante un sistema de aire a presión.
Etiquetas separadas de las botellas PET mediante un sistema de aire a presión.

Las escamas para reciclado resultantes son transportadas a otra planta situada en la ciudad de Oyama, donde serán transformadas en pelet (pellet), el material del que se hacen las nuevas botellas. En esta fase la resina PET se calienta hasta una temperatura ligeramente inferior a la de fusión del material (245-260 grados) para extraer al vacío toda el agua y las impurezas. En esas condiciones el material produce una reacción química llamada polimerización por condensación. De esta forma, es posible prevenir el deterioro que podría sufrir la materia prima durante el proceso de reciclado y devolver a la resina PET su viscosidad, consiguiendo una resina de la misma calidad que la procedente del crudo.

Demasiadas complicaciones para tan poca ganancia

“Técnicamente, una gran empresa química podría hacer lo mismo con facilidad, con solo invertir unos 5.000 millones de yenes”, afirma Furusawa Eiichi (62 años), presidente de Kyōei Sangyō.

Furusawa Eiichi, presidente de la empresa Kyōei Sangyō, que ha hecho realidad el reciclaje de botella a botella.
Furusawa Eiichi, presidente de la empresa Kyōei Sangyō, que ha hecho realidad el reciclaje de botella a botella.

Siendo un proceso sencillo para quien conozca las características de la resina PET, surge la pregunta de por qué otras empresas no siguen sus pasos.

“Porque para lo trabajoso que es el proceso, la ganancia es muy escasa. Nosotros seguimos un proceso de 25 fases para conseguir una resina del mismo nivel que la PET virgen derivada del petróleo”.

La relación de Furusawa con el reciclaje de botellas PET se remonta al inicio de la comercialización de este material, hace ahora unos 30 años.

Las botellas PET se popularizaron rápidamente por su ligereza, porque es fácil ponerles un tapón y por otras ventajas que no ofrecen las latas ni las botellas de vidrio. Corrían los últimos años 80 y los primeros 90.

En aquel entonces, Furusawa tenía ya una empresa de reciclaje. Para 1994 había previsto ya que la resina PET de las botellas usadas podía convertirse en un buen recurso y había comenzado a prepararse para la tarea.

Los legisladores japoneses se movieron en esa misma dirección, pues en 1997 promulgaron la Ley de Reciclaje de Envases y Envoltorios. Los entes locales quedaron obligados a hacer la recogida de materiales y las empresas a poner manos a la obra en el reciclaje. Pero las plantas construidas a ese fin por fabricantes de bebidas y otras empresas entraron pronto en números rojos.

Fue en 2001 cuando Furusawa, a requerimiento de una asociación sectorial, asumió el reto reciclar la resina PET.

El valor de separar

“Si lo mezclas tienes basura, pero si lo separas lo que tienes es un yacimiento de petróleo”. Es el lema de Furusawa.

Japón no tiene recursos petrolíferos ni de gas, así que depende casi completamente de la importación, debiendo pagar precios que varían al albur de las fluctuaciones económicas del mundo. Furusawa viene sosteniendo, en artículos académicos publicados por revistas especializadas y en otros foros, que Japón debería dejar de producir botellas PET directamente del crudo y girar hacia un modelo industrial de reciclaje. Se ha dirigido también al Ministerio de Economía, Comercio e Industria, y al de Medio Ambiente para conseguir que promuevan el uso de resina PET reciclada, pero la respuesta ha sido tibia.

La mentalidad más extendida era la de que si el plástico de desecho tenía demanda como materia prima, y si además era posible venderlo a buen precio, desde el punto de vista de la eficiencia económica lo más indicado era exportarlo.

Pero Furusawa perseveró por ensayo y error hasta que, en 2006, dejó lista una planta que hacía posible el reciclaje completo de botella a botella. Tres años después demostró que el CO2 emitido durante el proceso de reciclaje de la resina PET era un 63 % menos que el emitido en la fabricación convencional de dicha resina a partir del petróleo. Que el reciclaje de botella a botella resultase perfectamente racional también desde la perspectiva de las emisiones supuso un verdadero punto de inflexión.

Siguiendo la idea de Furusawa, las botellas PET recuperadas se convertían en un recurso comparable a un “campo petrolífero urbano”. Además, se contribuía a reducir las emisiones de CO2. En reconocimiento de estos méritos, en 2010 el Ministerio de Economía, Comercio e Industria, presentó su planta en su libro blanco anual. En esos mismos años el fabricante Suntory decidió usar en sus productos la resina PET salida de la planta de reciclaje de Kyōei. En aquella época todavía había mucha resistencia a aceptar que un producto reciclado pudiera llevarse a la boca, pero la decisión empresarial consiguió romper el tabú. La iniciativa partió del responsable del departamento de materiales para envases.

Posteriormente, Suntory empezó a colaborar también en el desarrollo de la tecnología de reciclaje, fruto de lo cual es la nueva planta de Kasama (prefectura de Ibaraki), que desde 2018 realiza un proceso de producción más eficiente. En diciembre de ese año, obtuvo uno de los premios WorldStar, concurso internacional organizado por una entidad que promueve los mejores envases y fomenta la difusión de tecnologías.

Para 2030, Suntory habrá prescindido totalmente de los combustibles fósiles y fabricará el 100 % de sus botellas PET con una combinación de resina PET reciclada y otros materiales de origen exclusivamente vegetal. La resina es la que ha desarrollado conjuntamente con Kyōei.

La proporción de envases reutilizados se eleva en Europa al 40 % y en Estados Unidos al 20 %. ¿Arraigará el reciclaje de botella a botella, una práctica que no produce nuevos desechos plásticos? Es un desafío que compromete a todo el mundo, que se enfrenta en nuestra era al grave problema que supone la gran cantidad de plástico que se desecha.

(Todas las fotografías, incluida la del encabezado, son de la autora del artículo)

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