¿Quién fue en realidad Sugihara Chiune?

Sugihara Chiune: un honor restituido 14 años después de su muerte

Historia

Sugihara Chiune, que había alertado puntualmente a Japón del inminente inicio de la guerra entre Alemania y Rusia, y era visto con recelo por los nazis, recibió orden de traslado a Bucarest, capital de Rumanía. Cuando, dos años después de terminar la Segunda Guerra Mundial, logró por fin regresar a su país, se le informó de que su carrera en el Ministerio de Asuntos Exteriores había concluido.

Temido también por los nazis

Inmediatamente después de que llegase a Tokio el mensaje cifrado de alto secreto en el que Sugihara Chiune anunciaba la inminencia de una guerra ruso-alemana, el ejército de la Alemania nazi, guiado por Hitler, inició su ofensiva sobre la Unión Soviética, dominada por Stalin. Corría el mes de junio de 1941. Tres meses después, Sugihara, que cumplía su función en la ciudad de Königsberg, en la Prusia Oriental, muy cerca de la frontera ruso-alemana, pidió al Ministerio de Asuntos de Exteriores de Japón que se le permitiese regresar al país, justificándose en que se cumplían los cuatro años desde que fuera destinado a Europa.

“Creo que debió de influir mucho en su decisión lo difícil que se estaba tornando su labor como agente de inteligencia (especialista en recogida y análisis de informaciones)”, interpreta el más acreditado experto en la figura del diplomático, Shiraishi Masaaki, del Archivo Diplomático del Ministerio de Asuntos Exteriores de Japón. “Para las autoridades nazis Sugihara, que sentía profunda compasión por la situación de Polonia, se había convertido en una persona non grata. Posiblemente percibió el peligro que se cernía sobre él y su familia”.

Que sus temores no eran vanos lo demuestran documentos de la época emitidos por los servicios de seguridad alemanes, en los que se dice que de continuar su labor en Königsberg ello supondría un peligro para las relaciones nipo-alemanas. Sugihara era un oficial de inteligencia de gran talento y, como tal, no solo era temido por la Unión Soviética, sino también por Alemania, aliado de Japón.

Pero el ministerio hizo caso omiso de los deseos de Sugihara y le asignó un nuevo destino lejos de Alemania, en Bucarest. Dos días antes de tomar posesión de su nuevo cargo en la capital rumana, Japón bombardeó Pearl Habour, dando así inicio a la Guerra del Pacífico.

La red informativa de Sugihara detectó los pactos secretos de Yalta

Sugihara había establecido vínculos de cooperación con los servicios secretos del Gobierno polaco en el exilio, vínculos que no se rompieron cuando tuvo que abandonar Königsberg. La red informativa de Sugihara fue heredada por Onodera Makoto, agregado militar (Ejército de Tierra) en la Embajada de Japón en Estocolmo, capital de Suecia, que era un país neutral. Los informes sobre el pacto secreto hecho durante la Conferencia de Yalta de febrero de 1945 para que Rusia entrase en guerra con Japón llegaron a conocimiento de Onodera gracias a dicha red.

Onodera telegrafió a Tokio para informar del pacto secreto usando un encriptado de máxima seguridad. Pero no hay ningún indicio de que esta trascendental información fuera recibida y estudiada por el Estado Mayor japonés. En aquellos momentos, el Ejército de Tierra maniobraba desesperadamente para conseguir poner fin a la guerra por mediación soviética y, dado que el contenido del mensaje era un jarro de agua fría sobre estas esperanzas, es muy posible que el Estado Mayor echase tierra sobre el asunto. Las consecuencias fueron funestas, pues una vez fracasadas dichas maniobras los hechos evolucionaron hacia el peor escenario posible: el bombardeo nuclear y la declaración de guerra soviética contra Japón.

Terminada la guerra, a Sugihara le esperaba una realidad muy cruda. Como diplomático de uno de los países vencidos, fue internado junto a su familia en un campo de prisioneros a las afueras de Bucarest y solo pudo regresar a Japón en abril de 1947. Dos meses después recibió una citación del Ministerio de Asuntos Exteriores y cuando acudió le comunicaron que su carrera había terminado pues no había ningún puesto para él. Este retiro forzado se ha explicado de dos formas: unos dicen que se le responsabilizó de los visados que había emitido a refugiados judíos incumpliendo las instrucciones recibidas del ministerio; otros entienden que fueron las circunstancias, pues en la posguerra, bajo el control de las autoridades de ocupación, el ministerio no podía realizar ninguna labor verdaderamente diplomática y se vio obligado a prescindir de gran parte de su cuerpo. En cualquier caso, lo cierto es que el ministerio dejó escapar a un diplomático y experto en temas soviéticos irrepetible y no serán muchos los que, hoy en día, aprueben la decisión tomada en aquel momento por sus altos responsables.

No bien Sugihara hubo dejado el ministerio, la desgracia se cernió sobre su familia. Su tercer hijo varón, que había nacido mientras su padre emitía aquellos “visados de la vida” en Kaunas (Lituania), enfermó y murió súbitamente a los siete años. Al año siguiente murió también su cuñada, que había acompañado al matrimonio durante sus 10 años en Europa.

Estatua de bronce de Sugihara Chiune en el parque Jindō no oka (“Colina del Humanitarismo”) en el municipio de Yaotsu, prefectura de Gifu. (Fotografía cortesía de Shiraishi Masaaki)
Estatua de bronce de Sugihara Chiune en el parque Jindō no oka (“Colina del Humanitarismo”) en el municipio de Yaotsu, prefectura de Gifu. (Fotografía cortesía de Shiraishi Masaaki)

Posteriormente, gracias a su dominio del idioma ruso, Sugihara consiguió sucesivos empleos en el mundo empresarial y educativo, así como en el servicio internacional de la radiotelevisión pública NHK. Y desde 1960 vivió en Moscú como director de la delegación de una empresa comercial. Ocupó ese puesto durante 15 años, hasta que tuvo 75, viviendo durante todo ese periodo solo.

Reencuentro con los judíos cuyas vidas salvó

En 1968, durante una estancia temporal en Japón, recibió una inesperada llamada telefónica de la Embajada de Israel, que le permitió reunirse con uno de los judíos a quienes había salvado con sus visados. Esta persona había estado preguntando insistentemente por él ante el ministerio, pero quizás por no disponer del nombre de Sugihara Chiune, sino del de Sugihara Senpo, que este utilizaba por considerarlo de más fácil pronunciación para los extranjeros, no supieron darle razón de él. Y aunque dicha persona aclaró que se refería al Sugihara que había trabajado en el consulado de Kaunas, la respuesta de parte del ministerio no varió.

Una de las visas emitidas por Sugihara el día 31 de julio de 1940. (Fotografía cortesía de la Casa Memorial Chiune Sugihara)
Una de las visas emitidas por Sugihara el día 31 de julio de 1940. (Fotografía cortesía de la Casa Memorial Chiune Sugihara)

A raíz de este encuentro, Sugihara visitó por primera vez Israel en 1969, donde se reunió con el ministro de Asuntos Religiosos, que había sido uno de aquellos judíos receptores de sus salvíficos visados. Según dijo el propio ministro, fue entonces cuando se enteró de que Sugihara había emitido todos aquellos visados aun a riesgo de perder su puesto y sin contar con la autorización de su ministerio. En 1985, en reconocimiento por su meritorio trabajo que tantas vidas de judíos salvó, el Gobierno de Israel le concedió el título de Justo entre las Naciones, siendo el primer japonés en recibirlo.

Sugihara falleció un año después a los 86 años. Se fue de este mundo en silencio, respetando el precepto de máxima discreción profesional, sin haber hecho nunca alarde de sus logros como agente de inteligencia y sin haberse explayado sobre cómo y por qué emitió los visados en favor de los judíos.

Unas disculpas muy poco comunes para su familia

Ciertamente con mucho retraso, en el año 2000, 14 después de su muerte, el Gobierno de Japón dio el paso hacia el reconocimiento de los méritos de Sugihara Chiune. En conmemoración del centenario de su nacimiento, se colocó en el Archivo Diplomático del Ministerio de Asuntos Exteriores (Azabudai, Tokio) una placa en su honor, cuya inauguración fue acompañada de un saludo del titular de la cartera, Kōno Yōhei, lo cual no es un gesto demasiado habitual. “Habría sido mucho mejor hacer una ceremonia como esta en vida de Sugihara”, manifestó el ministro. “En el trato con su familia ha habido descortesías de diverso tipo y falta de entendimiento en lo concerniente a su honor, por todo lo cual ofrezco mis más sinceras disculpas”. Igualmente, manifestó: “Hace 60 años, en una situación tan extrema como la persecución de los judíos por los nazis, tomó decisiones humanitarias y de gran valentía, enseñándonos la importancia de considerar las situaciones desde el ángulo del humanitarismo”.

Los Emperadores (actuales Emperadores Eméritos) contemplan el monumento a Sugihara Chiune en Lituania el 26 de mayo de 2007, durante su visita al país báltico. (Fotografía: Jiji Press)
Los Emperadores (actuales Emperadores Eméritos) contemplan el monumento a Sugihara Chiune en Lituania el 26 de mayo de 2007, durante su visita al país báltico. (Fotografía: Jiji Press)

Los Emperadores (actuales Emperadores Eméritos) Akihito y Michiko, que en 2007 viajaron a Lituania, visitaron el monumento que se erigió en honor de Sugihara en un parque a orillas del río Neris, en Vilnius, capital del país báltico. Contemplando el retrato del diplomático en relieve y leyendo la placa, sus majestades rememoraron la figura y méritos del diplomático. Durante el almuerzo de bienvenida ofrecido por el presidente lituano, este tuvo las palabras más elogiosas para Sugihara: “Se ha tendido un puente muy especial entre nuestros dos países, que pasa por encima de los tratados y de la diplomacia. El diplomático que lo tendió, Sugihara Chiune, dejó un gran legado humanitario y se ganó el respeto del pueblo lituano”.

El citado Shiraishi explica así que la figura de Sugihara como destacado agente de inteligencia no se haya dado a conocer hasta ahora.

“Uno de los atractivos de investigar la historia contemporánea es que se puede recurrir a entrevistar a sus protagonistas y personas relacionadas. Aunque en vida Sugihara no se mostró dispuesto a hablar, se han realizado muchas entrevistas a judíos que salvaron sus vidas gracias a él. Pero, aunque estas entrevistas han permitido hacer grandes avances, por el lado documental se ha sufrido un gran retraso. Por eso se ha acentuado solo su vertiente humanística, llegándose a perder incluso su otra cara como agente de inteligencia”.

Pero la talla de Sugihara es demasiado grande para que podamos conformarnos valorando solamente su faceta humanística. Solo sumando a ella su faceta como competente agente de inteligencia podremos formarnos una imagen íntegra de quién fue y transmitir su verdad a las generaciones venideras.


Fotografía del encabezado: monumento erigido en honor de Sugihara Chiune en un parque de Lituania (fotografía cortesía de Shiraishi Masaaki). En la sección derecha del monumento, a media altura, una reproducción de uno de sus “visados de la vida”.

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