Escenas olímpicas de un famoso locutor japonés: recuerdos con deportistas y sucesos detrás de cámara

Recuerdos de un locutor: la tristeza de Takano Susumu en Barcelona 92

Sociedad

Eran las 7:30 de la tarde del 3 de agosto de 1992, aunque el sol brillaba como si fuera de día en el estadio olímpico de Montjuic. Takano Susumu, de 31 años, estaba frente a la línea de salida de la semifinal de los 400 metros lisos masculinos.

Por fin una nueva oportunidad

Antes de la Segunda Guerra Mundial, Japón llegó a sorprender al mundo con algunos logros históricos en saltos. Sin embargo, dejando de lado competiciones de larga duración como el maratón, no se habían conseguido otros frutos de importancia. Particularmente en competiciones cortas, el último japonés que había logrado clasificarse para la final de los 100 metros lisos fue Yoshioka Takayoshi en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 1932.

En las competiciones de atletismo en pista, hasta las carreras de los 400 metros lisos se tienen que correr en un carril designado, es decir, por separado. En la salida que se encuentra cerca de la primera esquina se colocan bloques que indican la posición que deben tener los atletas en carriles exteriores más adelante, por lo que da la impresión de que aquellos en los carriles interiores empiezan de mucho más atrás. La curvatura de la pista da un diámetro desigual entre los carriles exteriores e interiores. Se colocan de esta manera para que los deportistas corran exactamente la misma distancia.

Además, como se puede cambiar el ritmo del paso como táctica durante la carrera, es bastante difícil predecir quién va a ganar si no se conoce este tipo de competición. Del otro lado del estadio podría parecer que dos corredores están en la misma posición, pero esto no suele influir en los resultados de la prueba. Hay infinitas posibilidades dependiendo de las condiciones y de los rivales.

El atleta británico que llegó a la meta con su padre

Takano participó en el primer grupo de las semifinales. Ataviado con su uniforme blanco se colocó en el primer carril preparado para el comienzo de la carrera. Logró superar la primera clasificación y, en la segunda, que se llevó a cabo el 2 de agosto, logró mejorar su tiempo y quedó en el segundo lugar del segundo grupo, solo por detrás del británico Derek Raymond. El corredor japonés tuvo un buen arranque tras la señal de inicio. Parecía que iba a contenerse al principio, pero después de la segunda esquina, aunque ya corría en la parte no curva de la pista, no lograba reducir la distancia con los atletas de los carriles exteriores. Mientras tanto, yo me preguntaba por qué no apretaba más el paso y si iba a dar la batalla en la segunda parte de la carrera.

Raymond con su padre llegando a la meta.Raymond con su padre llegando a la meta.

En ese momento, un atleta que iba muy por delante de Takano bajó el paso intempestivamente. Se tocaba el dorso del muslo y parecía que se había detenido. Un contratiempo. Takano pasaba por la cuarta esquina cuando vio de reojo a sus rivales que bajaron la velocidad y logró colarse en la final en cuarto lugar. Ya un poco más tranquilo, Takano volteó a ver al otro corredor. Se trataba de Raymond, quien lo había superado en las clasificatorias. Después de estar de rodillas por unos momentos, se levantó arrastrando un poco la pierna que le dolía y empezó a caminar hacia la meta. El público le empezó a aplaudir. Raymond siguió avanzando dando saltos.

En ese instante, un hombre salió disparado de las gradas y se acercó a socorrerlo. Uno de los encargados lo detuvo y le dijo que si lo hacía, el corredor tendría que ser descalificado por recibir ayuda. Raymond se apoyó en el hombre y siguió caminando con todas sus fuerzas. El público, de pie, no dejaba de aplaudir. Por fin, Raymond llegó a la meta, llorando. Después supe que el hombre que le ofreció ayuda era su padre. Cuando el encargado se acercó a detenerlo, el padre le respondió: “Esta disciplina la comenzamos juntos, por lo que déjenos terminarla juntos también”.

Acaba la era de los países, empieza la de los individualismos

La final fue el 5 de agosto. Takano estaba en el primer carril exterior. Poco después de empezar, los atletas de los carriles interiores empezaron a alcanzarlo y rebasarlo. Pensé que su táctica sería empezar con paso lento. Pero, incluso en la tercera esquina no había signos de que la distancia estuviera disminuyendo. En la recta final, parecía que Takano no tenía la fuerza necesaria para recuperarse. Al final quedó en el octavo lugar. Mientras lo observaba fui perdiendo toda la fuerza en los hombros.

Después de la carrera, Takano reflexionó: “La velocidad era tanta que mi paso y mi estilo se destruyeron en tan solo un segundo”. Quizá desde el momento de ser alcanzado Takano ya tenía la sensación de derrota. Si tan solo hubiera corrido por un carril interior. Takano tuvo que ir por un carril exterior, esto le impidió ir regulando su paso mientras observaba a los demás competidores. “Al final, fue el mundo el que no me dejó correr a mi manera”. Las palabras de Takano, sabiendo que eran sus últimos juegos Olímpicos, fueron sumamente dolorosas.

En el año 1989 cayó el muro de Berlín, un punto de inflexión en la historia. Los Juegos Olímpicos de Barcelona fueron los primeros tras dicho suceso. Durante la Guerra Fría, incluso en las competiciones deportivas, destacaban los enfrentamientos entre las naciones, pero con la caída del muro, la relevancia de las naciones también disminuyó. En Barcelona, los deportistas destacaban por sus fortalezas personales. Takano llegó a los Juegos Olímpicos gracias a su esfuerzo y al apoyo de la Universidad Tōkai, y Raymond también llegó a la ansiada meta gracias a su padre.

Los 400 metros lisos no son una competición larga. Sin embargo, los 400 metros lisos de unos Juegos Olímpicos están llenos de historias para contar.

Fotografía del encabezado: Takano Susumu a toda velocidad en los 400 metros planos de los Juegos Olímpicos de Barcelona. (Jiji)

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