¡No todo son multisalas! El encanto y los secretos de los pequeños cines locales

Hatchoza (Hiroshima): un cine que da felicidad tanto al espectador como al empleado

Cine

Hatchoza (y su sala asociada, el Salon Cinema), es un cine mediano de cuatro pantallas operado por la empresa Johakyū. Se encuentra en Hacchōbori, en la ciudad de Hiroshima. Lejos de tratarse de un cine tranquilo y silencioso posee una abrumadora presencia en la zona, superando incluso la fama de las grandes cadenas de multicines.

Un montaje que busca exaltar las emociones del espectador

Las personas que acuden a este local para ver una película se ven arrastradas desde el principio al mundo mismo del cine a través de una pintoresca entrada. El fusuma-e (motivos pintados sobre una puerta corredera) de la puerta fue utilizado en producciones cinematográficas en los estudios Tōei de Kioto, los cuales la cedieron amablemente para el local.

El fusuma-e de la entrada del cine Hatchoza.
El fusuma-e de la entrada del cine Hatchoza.

Hay dos tipos de asientos en el cine: de 80 centímetros de ancho y de 85. El tamaño de los asientos de un cine típico de provincias, como el Cinema 5 de Ōita, es de 53 centímetros. El asiento de la clase business de un avión de Japan Airlines, por ejemplo, mide 52 centímetros. Con estas medidas podemos hacernos una idea de la comodidad que suponen los asientos del Hatchoza. Además, la sala cuenta con otros tipos de espacio para sus clientes, desde esterillas para sentarse en el suelo a asientos con pequeñas barras sobre las que apoyarse de pie mientras se disfruta de alguna bebida.

Los asientos del salón “ichi” del cine Hatchoza.
Los asientos del salón “ichi” del cine Hatchoza.

Al otro lado de la avenida en la que se encuentra el Hatchoza se halla el Salon Cinema, la otra sala del cine; en la parte superior de su vestíbulo de entrada un mural circular a lo largo de la pared da la bienvenida a los aficionados y los llena de ilusión: se trata de una obra del ilustrador Miyazaki Yūji, famoso entre los cinéfilos por sus dibujos en la revista de cine Kinema Junpō.

Un mural circular del ilustrador Miyazaki Yūji rodea por completo el vestíbulo del Salon Cinema.
Un mural circular del ilustrador Miyazaki Yūji rodea por completo el vestíbulo del Salon Cinema.

En una sala de cine convencional se suelen imprimir carteleras inorgánicas por ordenador (aunque, dado que es lo normal, no creo que sean inorgánicas por eso…), pero en el Hatchoza el personal se encarga diariamente de escribirlo todo a mano. Los empleados usan un uniforme informal consistente en un happi -una chaqueta típica de los festivales-, con el que reciben a los clientes. Y no solo eso: antes de la proyección acuden cada vez ante el público para presentar la obra. Es casi como ir a una de las grandes salas lujosas de antaño.

La guía de proyecciones, escrita a mano, de la recepción del Hatchoza.
La guía de proyecciones, escrita a mano, de la recepción del Hatchoza.

Los empleados deben sentirse felices

Para poder lograr ese objetivo que existe en Hatchoza de “crear valor en la experiencia misma del entretenimiento”, los dueños de la sala invierten en ello todos sus recursos -tanto en términos de dinero como en conocimientos-. Y dedican una especial atención al concepto y ejecución de la gestión de recursos humanos.

El presidente Kuramoto y el director general Sumioka conocen de sobra qué se debe hacer en su negocio, pero han decidido seguir la compleja estrategia empresarial de no hacer jamás aquello que hacen otras empresas, una idea extremadamente teórica.

Las dos salas (Hatchoza y Salon Cinema) cuentan con un total de 20 empleados, de los cuales 15 son empleados regulares y otros cinco trabajan por horas. Se trata de una estructura empresarial con muchos puestos fijos, para el tamaño de la empresa. En la mayoría de las salas de cine se da exactamente lo contrario. Se trata de una decisión muy valiente en un negocio en el que se requiere una inversión constante en la infraestructura, pero la empresa trata, siempre que puede, de contratar a empleados a tiempo completo.

Los empleados a tiempo completo cuentan con seguridad social, y reciben diariamente almuerzo o cena (dependiendo del turno) y una merienda. En la oficina todos los escritorios están alineados por igual, sin importar si son del presidente, del director o de cualquier otro empleado, y la comunicación está diseñada para que todos puedan verse sin necesidad de levantarse.

La gerencia tiene ideas muy concretas sobre la sala: “Quiero ganarme la vida en un lugar en el que todos amemos realmente el cine”, dice el presidente Kuramoto; “Es importante, por eso, que los empleados y los clientes estén a un mismo nivel”, asegura el director general Sumioka. “Los quince que trabajamos aquí amamos este lugar”, dice el presidente, “y todos lo damos todo por él. Es muy difícil abandonar algo así” (de una entrevista en agosto de 2018).

Bajo estas declaraciones subyace la creencia de que, para poder materializar el concepto de esta sala, un “cine que venda sueños”, los empleados deben ante todo ser felices trabajando en ella. Esto implica, por ejemplo, crear diariamente guías a mano para una sala diferente, que proyecta películas diferentes a las de otras salas de cine, presentación de diferentes proyecciones cada vez, o una serie de 300 proyecciones anuales que realizan para decidir las películas que van a proyectar. A través de este tipo de actividades los empleados ven que su trabajo merece la pena y se sienten felices, y así pueden transmitir también al cliente el atractivo de películas en las que ellos mismos creen; de este modo se puede ver cómo el Hatchoza ha tenido éxito en crear un contexto especial entre las películas y los clientes.

(Artículo traducido al español del original en japonés. Imagen del encabezado: fachada del Hatchoza - fotografía del autor.)

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