Las impactantes diferencias de precios entre Japón y EE. UU. en la actualidad
Economía Sociedad- English
- 日本語
- 简体字
- 繁體字
- Français
- Español
- العربية
- Русский
Un costoso viaje a Estados Unidos
Durante un reciente viaje de negocios a Estados Unidos me sorprendió, y no por primera vez en los últimos años, la diferencia de precios entre ese país y Japón. Como había hecho muchas veces antes, me levanté temprano a la mañana siguiente de mi llegada a Nueva York, a principios de noviembre, y me dirigí con entusiasmo a Barney Greengrass, una popular y tradicional panadería conocida por sus asequibles y deliciosos bagels.
Lo primero que nos llamó la atención a mi compañero de negocios y a mí fue el precio del billete de metro, 2,90 dólares. Con un tipo de cambio de 154 yenes por dólar, eso suponía casi 450 yenes, unas 2,5 veces el precio de un trayecto corto en el metro en Tokio.
Cuando llegamos al restaurante ya había una larga cola. Tras esperar 15 minutos nos sentamos en una mesa de la terraza. Copiando los pedidos de los clientes locales habituales, terminamos por pedir un bagel con salmón ahumado y queso crema, huevos revueltos salteados con salmón, latkes (buñuelos de patata al estilo de Europa del Este) y café.
Quedamos totalmente satisfechos con la calidad y el sabor. Sin embargo, después de añadir el 20 % de propina y los impuestos, la cuenta ascendió al equivalente de más de 7.000 yenes, el precio de un bufé matutino en la última planta de un hotel de primera clase en Tokio. Con el leve olor a gases de escape de los camiones flotando a nuestro alrededor mientras comíamos fuera, no fue precisamente una experiencia gastronómica de lujo. Pero pagamos, por desgracia, precios de alta cocina, como hicimos en muchos otros restaurantes locales de Nueva York que antes eran asequibles.
Una Coca-Cola Light de autoservicio: 800 yenes
También me llevé una desagradable sorpresa en una cafetería de autoservicio del Museo Metropolitano de Arte. Aún bajo los efectos del desfase horario, con la mente nublada, cogí una Coca-Cola Light y utilicé el pago sin contacto sin mirar el precio. Tras sentarme miré por fin el recibo: ¡5,44 dólares (más de 800 yenes)!
La cadena de restaurantes japonesa Ōtoya tiene un local cerca de Times Square, en Nueva York. Conocida en Japón por servir teishoku (menús) “caseros”, decidí volver a probarla tras mucho tiempo. Pedí shima-hokke (caballa Atka) en un menú con ñame rallado (tororo) como acompañamiento. Agotado por el viaje al extranjero, comer algo familiar era sin duda lo que necesitaba mi estómago. Sin embargo, el coste total ascendió a más de 7.000 yenes, incluyendo la propina y los impuestos. El mismo pedido en Ōtoya en Tokio me habría costado 1.240 yenes; en Nueva York fue 5,8 veces más caro.
Al mirar a mi alrededor tampoco vi a ninguno de los residentes japoneses y sus familias que antes frecuentaban Ōtoya en gran número. El lugar estaba lleno, en cambio, de residentes no japoneses y apenas quedaba sitio libre.
¿Qué hay de otras actividades famosas de Nueva York, como Broadway? Al consultar los precios de las entradas en la página web oficial vi que las mejores localidades para una función nocturna de fin de semana de El rey león a finales de diciembre (la temporada alta) costarían alrededor de 65.000 yenes. En Tokio, las localidades más caras para el mismo espectáculo son cinco veces más baratas, con un precio de 13.000 yenes.
Dejando atrás Nueva York, en una droguería de Washington D.C. compré un sándwich de pavo de tamaño normal en pan de masa madre. Es cierto que era un poco más grande que el tamaño estándar de los sándwiches en Japón, donde puede costar alrededor de 400 yenes en una tienda de veinticuatro horas, pero aquí costaba 10,60 dólares (1.600 yenes).

Mi menú de Ōtoya (izquierda) y el sándwich de pavo de Washington D.C. (© Katō Izuru)
Entré en una pequeña tienda de recuerdos, probablemente independiente. El propietario me preguntó enseguida si era japonés. Acababa de regresar esa misma mañana de Osaka, tras un viaje de dos semanas a Japón.
Me contó que lo había disfrutado muchísimo: “¡Japón es increíble! Todo el mundo es muy amable, no hay sintechos. Los precios son increíblemente baratos. ¡No podía creer que un almuerzo tan delicioso costara solo cinco o seis dólares! ¡Quiero volver a visitarlo!”.
Aunque es agradable escuchar elogios sobre Japón, está claro que muchos países ahora perciben a Japón como “barato”. ¿Quizás estamos vendiendo los productos culturales de calidad de Japón a un precio demasiado bajo?
Depreciación extrema del yen
Una de las principales razones de esta gran diferencia en los niveles de precios es la inflación persistente en Estados Unidos. Según las estimaciones de GOBankingRates, los ingresos mínimos anuales necesarios para vivir cómodamente en Nueva York son de 28,4 millones de yenes, mientras que en Washington D.C. la cifra es de 24,33 millones de yenes. El nivel más alto se encuentra en San José, California, en el corazón de Silicon Valley, con 40,8 millones de yenes.
Otra causa, quizás aún más importante, es la extrema debilidad del yen. Si se analiza el poder adquisitivo del yen y el dólar frente a los tipos de cambio reales, queda claro que el yen actual está significativamente infravalorado. Hay que remontarse a 1970, cuando el tipo de cambio era de 360 yenes por dólar, para encontrar niveles similares de infravaloración.
En otras palabras, los japoneses que visitan Estados Unidos se sorprenderán ahora igual que se sorprendían hace más de medio siglo, cuando todavía se debatía si Japón debía considerarse un país desarrollado. Mientras tanto, monedas como el euro, la libra esterlina y el dólar australiano no están tan infravaloradas como el yen. Un turista de cualquiera de esos países no percibiría los precios estadounidenses tan altos como los japoneses.
En última instancia, la causa subyacente de la debilidad del yen es el descenso a largo plazo de la competitividad económica de Japón. Sin embargo, esta debilidad se ha visto agravada por la reciente política monetaria, en particular por el tipo de interés oficial excesivamente bajo del Banco de Japón y su renuencia a ajustarlo. El tipo de interés real (el tipo de interés oficial menos la tasa de inflación general) se sitúa en el 0,88 % en Estados Unidos, pero en el -2,4 % en Japón. Parece que Japón está persiguiendo activamente la depreciación del yen.
Japón es un país con una autosuficiencia alimentaria y energética extremadamente baja, por lo que depende de las importaciones para cubrir los déficits. Permitir tácitamente una depreciación monetaria de esta magnitud causa inevitablemente dificultades a muchos hogares y empresas orientadas al mercado interno. Si este dolor se mitiga continuamente mediante recortes fiscales, subvenciones o pagos, las condiciones fiscales empeorarán de forma continua. Esto echará más leña al fuego de la inflación futura. Los tipos de interés reales excesivamente bajos también están provocando distorsiones en los precios de los activos en determinados sectores de la economía, como el inmobiliario y el mercado bursátil.
Mientras tanto, la mayoría de las empresas japonesas en Estados Unidos están luchando contra el aumento de los costes de contratación de personal local. A menudo oigo quejas sobre el declive de la potencia nacional de Japón, del tipo “si la debilidad del yen persiste, no podremos conseguir buenos recursos humanos”, o “la competitividad de las empresas japonesas en el extranjero se debilitará significativamente en la próxima década”.
Hay muchos en Japón, incluso en el Gobierno, que no quieren que suban los tipos de interés. Aunque es comprensible a corto plazo, es fundamental reconocer que el mantenimiento de unos tipos de interés bajos y desequilibrados provocará inevitablemente reacciones adversas en el futuro.
(Artículo publicado originalmente en japonés, y traducido al español de la versión en inglés. Imagen del encabezado: Times Square, Nueva York, 10 de septiembre de 2025. © Jimin Kim/SOPA Images vía Zuma Press Wire/Kyōdō.)

