Elecciones en Japón: una diversificación de opciones que ya no responde a la dicotomía izquierda-derecha
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La repentina disolución de la Cámara de Representantes (Cámara Baja) por parte de la primera ministra, Takaichi Sanae, ha dado lugar a un panorama político impredecible, en un giro tan inesperado como inverosímil. Particularmente, el hecho de que el partido Kōmeitō, que formó parte de la coalición gobernante durante años, fundara una nueva plataforma denominada Alianza para la Reforma Centrista (Chūdō Kaikaku Rengō) junto con el Partido Democrático Constitucional de Japón (PDCJ) provocó una fuerte conmoción en los círculos políticos de Nagatachō. En menos de una semana desde que el diario Yomiuri Shimbun informara de que la mandataria sopesaba la disolución, se ha producido un cambio radical que marcará la historia política de Japón.
El lanzamiento de este nuevo partido bajo la bandera del centrismo ha generado opiniones divididas en las redes sociales. Mientras que los simpatizantes del PDCJ y del Kōmeitō celebran que la nueva formación pueda desprenderse de su imagen izquierdista y atraer a un espectro más amplio del electorado, persisten críticas que cuestionan la definición misma de “centro” o señalan que el nombre del partido no conecta con las generaciones más jóvenes.
¿Cuántos votantes “centristas” existen en realidad? En una encuesta de opinión realizada el pasado octubre por Senkyo Dot Com y JX Press, se pidió a los electores que situaran su ideología en una escala de diez niveles entre el conservadurismo y el liberalismo. Los resultados mostraron que aproximadamente el 28 % se inclina hacia el conservadurismo, el 20 % hacia el liberalismo y un 52 % se define como intermedio.
Bajo el esquema tradicional de “conservador frente a liberal” o “izquierda frente a derecha”, se observa que el sector que se identifica con una posición centrista constituye el principal segmento electoral con cerca del 50 %. Es precisamente a este grupo al que parecen apuntar los líderes del nuevo partido.
Sin embargo, lo que merece especial atención es el cambio en el comportamiento electoral de los últimos años. Un ejemplo emblemático es la estructura de apoyo del partido Sanseitō, que experimentó un gran avance en las elecciones a la Cámara de Consejeros del año pasado. Los sondeos previos y a pie de urna mostraron que había distritos electorales donde cerca de la mitad de los simpatizantes del partido Reiwa Shinsengumi votaron por candidatos de Sanseitō. Asimismo, se ha vuelto habitual que votantes que se consideran conservadores opten por candidatos de la oposición no alineados con el Partido Liberal Democrático (PLD).
Antaño, en la jerga electoral, el término “fragmentación del voto conservador” se refería a la situación en la que varios candidatos con antecedentes vinculados al PLD competían en un mismo distrito. No obstante, ante un panorama donde la oposición también actúa como receptora del voto conservador, este concepto empieza a quedar obsoleto.
Es posible que los votantes ya no decidan basándose en un eje único, sino en uno de dimensiones completamente distintas. La incomodidad que algunos sienten ante el nombre “centrista” podría deberse a un desajuste con otros ejes de elección ajenos a la dicotomía izquierda-derecha, lo que estaría provocando una suerte de disonancia cognitiva.
Un ejemplo es el eje de la situación económica. En una encuesta realizada por TBS Televisión y JX Press una semana antes de las elecciones del pasado verano, se preguntó a los ciudadanos sobre su nivel de vida en comparación con los demás. Entre quienes afirmaron votar por Sanseitō, el 48 % eligió las categorías de nivel “bajo superior” o “bajo inferior”, una cifra que destaca sobre el resto de los partidos. La tendencia de las rentas bajas a apoyar a fuerzas emergentes como Sanseitō o Reiwa Shinsengumi sugiere la existencia de un eje vertical de posición económica, independiente de la ideología.
Tampoco se puede ignorar el eje de las “fuentes de información”. Los seguidores de partidos con una base digital sólida, como Sanseitō, el Partido Democrático para el Pueblo (PDP) o Reiwa Shinsengumi, obtienen su información mayoritariamente a través de YouTube, X o TikTok. Para este sector, los partidos tradicionales que dependen de los medios de comunicación convencionales apenas tienen presencia en su entorno cotidiano. Aquí, la distinción entre lo “nuevo” y lo “viejo” en la información es lo que determina la elección.
El eje generacional también es evidente. En la citada encuesta de TBS Televisión y JX Press, el 56 % de los consultados mostró su acuerdo con la afirmación: “En la política japonesa, las personas mayores reciben un trato preferencial innecesario en comparación con la población activa”. Para quienes tienen esta percepción de una “democracia de plata”, los partidos tradicionales se sitúan en el lado opuesto (el del privilegio a los mayores). Como consecuencia, aumenta el apoyo a formaciones como el PDP, que se presentan como portavoces de la población activa.
En definitiva, los ejes de elección de los votantes se están diversificando y evolucionan hacia una estructura multidimensional donde se cruzan la renta, las fuentes de información y la generación, entre otros factores. Tanto políticos como medios de comunicación deben reconocer esta multidimensionalidad; de lo contrario, su mensaje será percibido como desconectado de la realidad y acabará siendo rechazado. Es posible que ya estemos entrando de lleno en esa nueva era.
Imagen del encabezado: La primera ministra Takaichi anuncia en rueda de prensa la disolución de la Cámara de Representantes al inicio de la sesión ordinaria de la Dieta convocada para el 23 de enero. Tarde del 19 de enero de 2026, en la Oficina oficial de la primera ministra (Kyōdō).
(Traducido al español del original en japonés.)