¿Ha terminado finalmente la posguerra japonesa tras la victoria aplastante de Takaichi?
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Las elecciones generales celebradas el 8 de febrero concluyeron con una victoria aplastante e histórica para el Partido Liberal Democrático, liderado por la primera ministra Takaichi Sanae. Entre la oposición, el Team Mirai, formado apenas el año pasado, obtuvo avances sorprendentes, pero la mayoría de los demás fueron barridos por la ola de Takaichi. Incluso los partidos que habían experimentado un auge en las elecciones a la Cámara Baja de 2024 y a la Cámara Alta de 2025 —en particular el Partido Democrático para el Pueblo (PDP) y el Sanseitō— quedaron muy por debajo de sus propias expectativas.
Aun así, estos partidos al menos capearon el temporal. Las verdaderas víctimas fueron las del bando liberal o progresista. El Partido Comunista Japonés vio cómo sus ocho escaños en la Cámara Baja se reducían a la mitad, hasta cuatro; Reiwa Shinsengumi se desplomó de ocho escaños a solo uno, y el Partido Socialdemócrata volvió a quedarse sin ninguno. La Alianza Reformista de Centro (ARC, formada apresuradamente por el Partido Democrático Constitucional de Japón y el Kōmeitō en vísperas de las elecciones) también sufrió un golpe devastador. De los 144 diputados del PDCJ, solo 21 salvaron su escaño, y 6 de ellos ganaron únicamente porque el PLD se quedó sin candidatos en la lista de representación proporcional, lo que permitió que candidatos de la oposición con menos votos obtuvieran un asiento.
En resumen, los grupos progresistas arraigados en el pacifismo constitucional, una fuerza formidable durante la posguerra, se han reducido a mínimos sin precedentes.
El conocido estribillo del “fin de la era de la posguerra”
Como era de esperar, los comentaristas se han apresurado a declarar que la era de la posguerra ha terminado definitivamente. El diputado de la Cámara Alta del Nippon Ishin no Kai (Partido de la Innovación de Japón), Inose Naoki, escribió en febrero en la plataforma de publicación de contenidos Note.com que Japón se había liberado por fin del “hechizo” de la mentalidad de la posguerra, mientras que el politólogo Yamaguchi Jirō argumentó en una entrevista concedida en febrero al diario Mainichi Shimbun que los cimientos de la política de la posguerra se habían derrumbado verdaderamente.
Durante décadas, la principal división ideológica entre las fuerzas conservadoras y progresistas en la política japonesa giró en torno a cuestiones constitucionales y de defensa. Ahora que uno de los bandos de esa división ha sido prácticamente eliminado, sostienen estos comentaristas, el panorama político ha cambiado de forma radical.
Pero esta no es, ni mucho menos, la primera vez que se proclama el “fin de la era de la posguerra” en Japón. De hecho, tales anuncios han surgido en casi todos los grandes momentos de inflexión históricos desde la década de 1950.
Un ejemplo temprano fue la frase que apareció en el libro blanco de Economía de 1956, que declaró:“mohaya sengo de wa nai” (“Japón ya no se encuentra en el período de posguerra”), un eslogan emblemático que señalaba el fin de la fase de recuperación y reconstrucción. Esto pudo ser cierto en términos económicos, pero políticamente, el marco de posguerra acababa de consolidarse el año anterior con la formación del Partido Liberal Democrático y la reunificación del Partido Socialista de Japón. Esto dio lugar al llamado “sistema de 1955”, en virtud del cual el PLD se comprometió a revisar la Constitución redactada por Estados Unidos y a rearmar a Japón, mientras que el PSJ buscaba mantener la Constitución que renunciaba a la guerra y una política de no rearme. Esta configuración se mantuvo como norma política durante las décadas siguientes de sólido crecimiento económico.
En la década de 1980, el primer ministro Nakasone Yasuhiro trató de poner fin a esta prolongada era mediante una “resolución total de la política de posguerra”. Impulsó reformas administrativas, en particular al llevar a cabo la desintegración y privatización de los Ferrocarriles Nacionales de Japón. Esto supuso un duro golpe para los sindicatos que habían apoyado durante mucho tiempo a los socialistas. Nakasone recordó más tarde, en una entrevista publicada en el Mainichi Shimbun el 20 de noviembre de 2005, que esta medida cambió enormemente el panorama político, contribuyendo a desmantelar uno de los dos pilares del sistema de 1955.
La década de los noventa trajo consigo el fin de la Guerra Fría y la desaparición de los socialistas como fuerza nacional, lo que culminó con su participación al frente de un Gobierno de coalición con el PLD bajo el mandato del primer ministro Murayama Tomiichi entre 1994 y 1996. Con la aparente disolución de la división ideológica entre conservadores y progresistas, los partidos compitieron no por el destino de la Constitución pacifista o la política de defensa, sino más bien por la mejor manera de reformar el anticuado sistema político-económico de Japón. El principal partido de la oposición, el Partido Democrático de Japón, optó por no poner en primer plano el pacifismo constitucional, sino por destacar su competencia para gobernar, y logró tomar las riendas del Gobierno en 2009. Esto, a raíz del ocurrido en Tōhoku en marzo de 2011, llevó al destacado politólogo Mikuriya Takashi, de la Universidad de Tokio, a anunciar el “fin de la era de la posguerra y el inicio de la era de la poscatástrofe”.
Sin embargo, la “política de posguerra” se resistió a desaparecer. Abe Shinzō (que ya había sido primer ministro entre 2006 y 2007) volvió al poder en 2012, tras la caída del Gobierno del Partido Democrático de Japón, y convirtió la revisión constitucional y el derecho a la autodefensa colectiva en los temas centrales de su Administración bajo la consigna de “romper con el régimen de posguerra”, reavivando así la antigua división ideológica. Esto llevó al PDJ (y a sus diversas encarnaciones posteriores, incluidos el Partido Democrático y el Partido Democrático Constitucional de Japón), junto con el Partido Comunista Japonés, a derivar hacia un estilo de pacifismo constitucional que recuerda a los antiguos socialistas. La política japonesa volvió así a lo que he denominado el “neo-sistema de 1955”.
¿Es diferente esta vez?
¿Significa, pues, la casi erradicación de las fuerzas progresistas en las recientes elecciones a la Cámara de Representantes que la era de la posguerra ha llegado finalmente y de forma irreversible a su fin? Me muestro escéptico. Mientras el Artículo 9 siga afianzando la legitimidad del pacifismo constitucional —y mientras esta postura cuente con el apoyo de una parte significativa de la ciudadanía—, es probable que los partidos progresistas resurjan tarde o temprano. La historia política de Japón ofrece amplios precedentes de tales resurgimientos.
Dicho de otro modo, es probable que el “fin irreversible de la era de la posguerra” solo se produzca cuando la cuestión de la revisión del Artículo 9 se resuelva de manera definitiva. La primera ministra Takaichi, envalentonada por la aplastante victoria de la coalición gobernante, ya está dando pasos concretos para iniciar una enmienda constitucional, su ambición desde hace tiempo. También ha declarado su disposición a aplicar políticas que puedan “dividir la opinión nacional”.
En resumen, aunque las recientes elecciones no marcan por sí mismas el fin de la era de la posguerra, bien podrían resultar ser el principio del fin. Lo aceptemos o no, debemos reconocer que Japón se encuentra ahora en esa encrucijada.
(Publicado originalmente en japonés el 3 de marzo de 2026. Traducido al español desde la versión en inglés. Imagen del encabezado: Los diputados de primer mandato acceden a la Dieta Nacional el 18 de febrero de 2026, por primera vez tras las elecciones del 8 de febrero. © Jiji.)