La percepción distorsionada sobre los medios conduce al nacimiento de “sectas digitales”
Sociedad Política- English
- 日本語
- 简体字
- 繁體字
- Français
- Español
- العربية
- Русский
Un declive en la confianza
A medida que se acelera la transición del panorama mediático, de los medios de comunicación tradicionales a internet, llegamos a una época en la que el discurso en la red está ejerciendo una gran influencia en la política. Uno de los factores que contribuyen a ello es la propagación de la “percepción hostil de los medios”.
La percepción hostil de los medios de comunicación es una forma de sesgo cognitivo que se da cuando las audiencias partidistas están convencidas de que cualquier información mediática que contradiga sus creencias está, en sí misma, sesgada. Mi empresa, JX Press, y la página web japonesa de noticias electorales Senkyo Dot Com realizan una encuesta mensual sobre la opinión de los votantes que incluye una pregunta para evaluar el grado de acuerdo con la frase: “La información que transmiten la televisión y los periódicos no es fiable, por lo general”. En la encuesta de febrero un 52 % respondió que estaba “totalmente de acuerdo” o “bastante de acuerdo”.
Este grado de acuerdo es un claro indicador de la percepción negativa de los medios de comunicación. Hace solo unos años, el porcentaje de votantes que se mostraba de acuerdo con esa idea oscilaba entre el 30 % y el 40 %. Ahora, la cifra ha superado el 50 %.
Detrás de ese aumento parece esconderse un incremento del número de influencers y políticos de gran alcance que recurren a las redes sociales y a YouTube para criticar a los medios de comunicación tradicionales y difundir precisamente esa idea. De hecho, un análisis detallado de los datos de la encuesta muestra que las personas con una fuerte tendencia a percibir los medios de comunicación de forma hostil también tienden a pasar más tiempo en páginas como YouTube y X para buscar información sobre política y sociedad. Esto los lleva inevitablemente a confiar más en las opiniones de personas influyentes que critican constantemente a los medios de comunicación convencionales que en la propia información de los medios.
Una nueva era en los medios de comunicación
Hoy en día cualquiera puede convertirse en creador de contenidos; vivimos en una era con un millón de canales de comunicación. Ante esta diversidad de creadores, los medios tradicionales han perdido la enorme influencia que antes tenían a la hora de moldear la opinión pública.
Según el artículo IV de la Ley de Radiodifusión de Japón, las emisiones televisivas “deben ser políticamente justas”, pero la información periodística es, por supuesto, fruto del trabajo humano, y esto significa que es imposible producir una cobertura informativa verdaderamente imparcial que todo el mundo considere objetiva y neutral. Por ello, ante esta explosión masiva de fuentes de información, las cadenas de televisión se ven obligadas a seleccionar aquello sobre lo que informan basándose en qué valor informativo perciben en ello, lo cual deja un margen para que los espectadores detecten lo que consideran sesgo. Este sistema ha dado lugar a una situación en la que las noticias se ven muy expuestas a las críticas, en particular a aquellas relativas a la arbitrariedad a la hora de elegir qué noticias se consideran de interés periodístico.
Aun así, los medios tradicionales se basan en el periodismo institucional, que se estructura en torno a la idea de verificar los hechos antes de darlos a conocer. No cabe duda de que, en ese aspecto concreto, ofrecen una calidad informativa muy superior a la de los innumerables influencers.
Comparémoslos con la tendencia de los influencers a difundir desinformación y malentendidos, sin que muchos de ellos ofrezcan nunca rectificaciones ni desmentidos. Pese a eso, cuando los espectadores tienden a preferir consumir opiniones compartidas en lugar de hechos, a nadie parece importarle mucho este desequilibrio. Y así es como se produce este crecimiento irracional de la percepción hostil de los medios.
Últimamente hemos visto, incluso, a influencers que aprovechan deliberadamente esta tendencia psicológica en su propio beneficio.
Utilizan titulares diseñados para provocar hostilidad hacia los medios, como “¡Te contamos lo que los medios de comunicación no te dicen!” o “¡La verdad que no se cuenta!”, con el fin de difundir información falsa y sin fundamento sobre temas de interés público, como el asesinato del ex primer ministro Abe Shinzō, las vacunas contra el coronavirus o las teorías conspirativas sobre el Ministerio de Hacienda. Otra práctica habitual es publicar contenidos que carecen por completo de fundamento factual, como críticas a políticos de la oposición por comentarios que nunca han hecho.
Preocupación por un impacto mayor
La mano invisible que difunde esta información es el algoritmo de las plataformas, que solo recomienda publicaciones que coinciden con las opiniones preexistentes de los usuarios. Los usuarios acaban formando parte de una multitud atrapada en una gigantesca cámara de eco. Así, cuando los influencers que lideran a esa multitud lanzan ataques insidiosos contra quienes tienen otros puntos de vista, o contra los propios medios de comunicación, la multitud se une a ellos con aún mayor frenesí. El término “silbato para perros” resulta muy acertado en este caso.
El profesional sobre salud mental y académico Steven Hassan propone un modelo de control autoritario común a muchas sectas modernas que denomina BITE, siglas de behavior, information, thought, emotion (“comportamiento”, “información”, “pensamiento” y “emoción”). Los elementos clave son la restricción del acceso a la información externa y el control emocional mediante el rechazo de cualquier crítica externa, basado en la creencia de que el grupo es bueno y los de fuera son malos.
Este modelo guarda un parecido sorprendente con los métodos de los influencers que desarrollan sus negocios dirigiéndose a determinados grupos mediante una percepción mediática hostil y teorías conspirativas. Fabrican gigantescas “cámaras de eco” dentro del espacio de la información digital, algo que, por supuesto, aísla otras fuentes de información. Después controlan a su público y lo utilizan para atacar a los críticos, dando lugar a algo que solo puede describirse como una “secta digital”.
Los seres humanos somos prisioneros del llamado “sesgo de confirmación”: la necesidad de seguir creyendo lo que ya creemos. Estas sectas digitales surgen de la sinergia entre la psicología humana y la tecnología, por lo que no parece haber un final a la vista para su continuo crecimiento. Pero podemos tomar medidas para asegurarnos de que no terminen por engullirnos.
El primer paso es evitar basarnos en informes que nos resulten cómodos o que coincidan con nuestras opiniones, y luego tratar de distinguir los hechos de las opiniones y valorar la fiabilidad de la información cuando la utilicemos. Ese parece ser el punto decisivo.
(Artículo publicado originalmente en japonés el 21 de marzo de 2026, y traducido al español de su versión en inglés. Imagen del encabezado: Pixta.)