El verdadero debate detrás de la idea de “apostarlo todo a la IA”
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La inevitable revolución de la IA
En abril de 2026, el diario Nikkei publicó una serie de entrevistas con expertos nacionales e internacionales como parte de su proyecto de la Semana del Periódico. Yo fui una de las personas entrevistadas, pero fueron las entrevistas con los presidentes del Yomiuri Shimbun y del Asahi Shimbun las que realmente atrajeron la atención en las redes sociales, provocando un revuelo en internet mucho mayor del que los “viejos medios” habían conseguido generar desde hacía bastante tiempo.
El debate se centra especialmente en los comentarios del presidente del Asahi Shimbun, Tsunoda Katsu, sobre “apostarlo todo a la IA” al hablar del uso previsto de herramientas de inteligencia artificial en el periodismo. Por otro lado, el presidente del Yomiuri Shimbun, Yamaguchi Toshikazu, adoptó una postura más cautelosa al afirmar: “No deberíamos apresurarnos tanto a utilizarla en la cobertura informativa y el periodismo”. Este contraste causó bastante agitación entre periodistas y comentaristas.
Sin embargo, más que la diferencia entre las declaraciones de estos dos ejecutivos, lo que me interesa es la reacción de quienes las recibieron. Los periodistas, en particular aquellos que anteriormente habían escrito para periódicos, rechazaron de forma unánime la idea de adoptar la IA, mientras que los usuarios y comentaristas de otros sectores expresaron apoyo o parecieron sorprendidos de que esto siguiera siendo objeto de discusión a estas alturas. En mi opinión, este contraste refleja mejor el estado actual de los medios de comunicación.
Puede que el lector haya oído el dicho “la tecnología siempre gana”, atribuido al exdirector ejecutivo de Intel, Andy Grove. Resume la idea de que, aunque se pueda ralentizar su adopción mediante leyes u otros medios, al final no es posible detener el uso de la tecnología. Yo lo veo prácticamente igual. Con los avances produciéndose a la velocidad actual, simplemente no existe ningún lugar seguro donde uno pueda mantenerse alejado de la IA. Aunque uno no la utilice, la IA inevitablemente va a cambiar el entorno que nos rodea: la estructura de nuestros sistemas de información, el comportamiento de los consumidores y el entorno competitivo. Si partimos de la base de que “la IA siempre ganará”, la discusión más productiva pasa a ser cómo reestructurar nuestros modelos de negocio.
Para empezar, el uso de la IA no reducirá necesariamente el valor de los periodistas humanos. La utilización de la IA y el periodismo pueden coexistir. Los seres humanos pueden centrarse en el trabajo periodístico que solo ellos pueden hacer, como las entrevistas y la cobertura sobre el terreno, mientras utilizan la tecnología para ayudar a crear contenidos todavía mejores. No hay contradicción en ello. Por eso, la cuestión de si debe utilizarse IA o no desde un principio me parece desacertada. Muchas industrias japonesas, no solo la manufacturera, llevan automatizando tareas desde mucho antes de la aparición de la IA. Ahora que la IA generativa está plenamente disponible, todo tipo de sectores se encuentran en medio de procesos de transformación digital y otras mejoras de sus flujos de trabajo. Comparado con eso, que los medios de comunicación sigan debatiendo en 2026 si deben usar IA resulta un tanto idílico.
El papel que deben desempeñar los seres humanos
Empecé a hablar sobre la mecanización del periodismo y a promover la idea de la coexistencia entre el periodismo y los negocios mediante la tecnología alrededor de 2016, cuando lancé el servicio de alertas sobre riesgos basadas en IA FastAlert. No puedo negar que el hecho de haber utilizado deliberadamente la palabra “mecanización” causó bastante revuelo en su momento. Pero mi intención nunca ha sido destruir el trabajo humano y sustituirlo por máquinas. Simplemente creo que necesitamos crear espacios en los que las máquinas hagan aquello que pueden hacer, y dejar a los seres humanos aquello que solo ellos son capaces de realizar. Intentaba poner en palabras lo que considero una carencia de la industria, hablando como un fanático de las noticias que ama los periódicos; es decir, como un lector exigente.
Detrás de mi uso deliberadamente provocador de esa expresión estaba lo que considero una característica extraordinaria de los medios de comunicación. En comparación con otros sectores, conservan un flujo de trabajo abrumadoramente analógico y que depende de asignar personas a las tareas sin más.
Las organizaciones periodísticas creen en una separación entre las operaciones editoriales y las de gestión. El ideal es que la dirección no tenga ninguna influencia directa sobre la cobertura y edición periodísticas, lo que da lugar a muy poca interacción entre el área empresarial y la periodística. Esa estructura ha desempeñado un papel importante en la preservación de la independencia periodística. Sin embargo, otra consecuencia ha sido que la industria de las noticias sufre una falta de coordinación entre producción y ventas, algo que en otros sectores se considera de lo más habitual.
En el contexto manufacturero, sería inconcebible que los departamentos de producción y ventas estuvieran tan separados que no tuvieran ninguna interacción. Los fabricantes utilizan la información procedente de ventas y del mercado desde las fases de planificación y desarrollo, determinando cuál es la mejor manera de crear un producto que el mercado acepte. Eso también permite al área comercial considerar la mejor forma de entregar ese producto a quienes lo desean; en otras palabras, un enfoque impulsado por el consumidor.
Pero los periódicos han sido débiles en este aspecto durante mucho tiempo. Han tenido dificultades para adaptarse al ciclo, por lo demás habitual, de observar los cambios en los lectores y en el mercado, y después optimizar su organización teniendo en cuenta qué producto crear o cómo producirlo y distribuirlo para ajustarse a esos cambios. El resultado es un retraso evidente en la digitalización y mecanización de las empresas periodísticas en comparación con otros sectores, dejándolas con un modelo de negocio lastrado por altos costes laborales y una disminución de beneficios e influencia.
Por eso, cuando el director de un periódico planta bandera y afirma que va a apostar totalmente por la IA, probablemente esté reflejando el peligro que percibe en esos problemas estructurales. La verdadera cuestión no es la simple elección entre IA o personas. La cuestión es cómo aumentar la calidad y la cantidad de la producción humana dando por sentado el uso de la IA. Es cómo convertirse de nuevo en un servicio que los consumidores estén dispuestos a apoyar. Y es cómo garantizar la sostenibilidad superando las limitaciones estructurales propias de la industria. Esas son las cuestiones que la industria periodística tiene que afrontar.
(Imagen del encabezado: el presidente y director ejecutivo de Softbank, Son Masayoshi, anuncia una empresa conjunta con el gigante tecnológico estadounidense OpenAI para ofrecer soluciones avanzadas de inteligencia artificial a las empresas, el 3 de febrero de 2025, en Tokio. © AFP/Jiji.)