Mi punto de vista

El criterio de evaluación del electorado japonés empieza a cambiar de las expectativas a la realidad tangible

Política

El Gobierno de Takaichi Sanae sigue gozando de altos índices de popularidad, pero estos se basan cada vez más en la expectativa de que adopte medidas para mejorar la vida de los japoneses.

El “debate de líderes” en el Parlamento de Japón comenzó en 1999 tomando como modelo la sesión de preguntas al primer ministro (Question Time o QT) del Reino Unido. Aunque el QT es un mecanismo que presupone un sistema bipartidista, en los últimos años ambas fuerzas tradicionales británicas han perdido fuelle debido al avance de una tercera fuerza política, el partido Reform UK. Con todo, durante mucho tiempo el QT constituyó el terreno para un debate dinámico entre el Gobierno y la oposición, y poseía indudablemente un atractivo que el Parlamento japonés aspiraba a imitar.

Bien se recuerda, por ejemplo, cómo los líderes del Partido Conservador y del Partido Laborista mantuvieron encendidos debates sobre la política hacia la Unión Europea (UE), un asunto que dividía la opinión pública británica. En 1995, el entonces Gobierno conservador de John Major buscaba una vía pragmática que defendiera los intereses nacionales británicos manteniendo las relaciones con la UE; sin embargo, dentro de su propia formación abundaban los parlamentarios de la corriente antieuropea, contrarios a la integración en el bloque.

La emergente estrella del laborismo, Tony Blair, aprovechó esta debilidad y lanzó una frase célebre dirigida al primer ministro Major durante el debate de líderes:

“Yo dirijo a mi partido. Él, en cambio, obedece al suyo”.

Aquellas palabras supusieron una contundente demostración de liderazgo capaz de asumir las riendas del Gobierno a través de un gran tema como la política europea. Blair aprovechó estas numerosas sesiones de debate como valiosas oportunidades para marcar las diferencias frente al partido gobernante, ganándose así el apoyo de la opinión pública. Finalmente, en las elecciones generales de 1997, guio al Partido Laborista hacia una victoria aplastante y se hizo con el cargo de primer ministro a la temprana edad de 41 años.

Por el contrario, si se analiza el debate de líderes en Japón, apenas ha funcionado como un espacio de confrontación de posturas nacionales ni como una herramienta para que los ciudadanos elijan entre el Gobierno o la oposición. Los encuentros son escasos y las restricciones de tiempo resultan extremadamente severas. Podría decirse que se ha convertido en una costumbre extravagante que se mantiene desde hace casi 30 años con el único fin de cubrir el expediente y fingir que “se ha cumplido”.

El debate de líderes celebrado el pasado 20 de mayo, tras un largo periodo de interrupción, volvió a ser una muestra evidente de esta disfunción. El entorno que rodea a Japón es más complejo que nunca. Debería haber una lista interminable de temas que dividen a la opinión pública —como la economía, las finanzas públicas, la diplomacia o la seguridad—, pero no se dio debate alguno, sino algo más parecido al turno ordinario de preguntas de cualquier comisión. Favorecido quizá por la estructura de “un partido fuerte y una oposición fragmentada”, se visibilizó una vez más la realidad de una oposición incapaz de postularse como una gran alternativa real al Gobierno.

Detrás de esta falta de contundencia de la oposición se encuentra también la alta popularidad del Gobierno de Takaichi Sanae. No obstante, ahora que han transcurrido más de seis meses desde su formación, aunque los índices de aprobación siguen siendo elevados, la naturaleza de ese apoyo muestra una transformación notable.

Un ejemplo sintomático de ello es el cambio en las generaciones activas de entre 20 y 50 años. En la encuesta periódica realizada por Senkyo Dot Com y JX Press justo después de constituirse el Gabinete el pasado mes de noviembre, el grupo que afirmaba respaldarlo “firmemente” superaba el 50 % en la amplia franja de los 20 a los 50 años. Si se sumaba a quienes respondían que lo apoyaban “en cierta medida”, el respaldo al Gabinete rondaba el 80 %, reflejando un sólido apoyo por parte de la población en edad laboral. Sin embargo, en el sondeo de este mes de mayo, los que manifestaron un apoyo “firme” se redujeron a cerca del 30 %, lo que evidencia que el respaldo entusiasta se ha debilitado con claridad.

Esta disminución del apoyo activo se refleja también en el cambio de los motivos para respaldar al Gabinete. Justo después de la formación del Gobierno Takaichi, la opción más elegida por los ciudadanos para justificar su apoyo al mismo fue que “se puede esperar mucho de sus políticas”. Se trata de una razón bastante inusual a la hora de valorar un Ejecutivo.

Al inicio de la mayoría de los Gobiernos anteriores, los motivos más recurrentes solían ser de carácter pasivo, tales como “es menos malo que otros candidatos” o “porque es el Gabinete del partido que apoyo”. En cambio, en el caso del Gabinete de Takaichi, al principio destacaban quienes señalaban las expectativas ante sus medidas políticas o la confianza en su caracter. En otras palabras, fue un Ejecutivo que arrancó con un respaldo fuerte tanto en cantidad como en calidad. No obstante, en la última encuesta, los motivos de “expectativas en las políticas” y “confianza en su personalidad” cayeron hasta reducirse a unos dos tercios cada uno, siendo reemplazados por la opción “es mejor que otros”, que se duplicó hasta convertirse en la respuesta mayoritaria.

No se trata de un cambio menor. Aunque la cifra del índice de aprobación sea idéntica, la solidez del respaldo difiere si proviene de quienes “depositan activamente sus expectativas en este Gobierno” o de quienes lo apoyan “porque no hay otra alternativa”. Hasta ahora, el Ejecutivo había superado ciertos tropiezos gracias al colchón que le otorgaba el primer grupo; sin embargo, a medida que aumente el peso del segundo, el Gobierno perderá impulso.

Detrás de este silencioso distanciamiento por parte de las generaciones activas se encuentra, como era de esperar, la coyuntura económica y, de manera muy especial, el encarecimiento de los precios.

En el momento de su formación, el Gobierno de Takaichi despertó expectativas como una figura capaz de canalizar el descontento hacia el Ejecutivo anterior y la frustración por la subida de los precios. Para las generaciones jóvenes y la población activa, el criterio para evaluar la política no se limita a la ideología. Más allá de la confrontación entre conservadores y liberales, lo que exigen es una mejora real en sus condiciones de vida: saber si subirán los salarios, si se moderará la subida de precios o si se aliviará la carga de los impuestos y las cotizaciones a la seguridad social.

Transcurrido medio año desde su toma de posesión, se puede considerar que los votantes han entrado en una fase en la que juzgan al Gobierno de Takaichi no por las “expectativas”, sino por la “realidad tangible”. No se percibe una mejora en la economía. No se siente que las medidas contra la inflación sean suficientes. Falta la percepción real de que la vida cotidiana sea más desahogada. A medida que se intensifiquen estas sensaciones, el Ejecutivo podría entrar en una etapa de desgaste de su base de apoyo más entusiasta.

Esta mutación en la estructura del respaldo político no es un fenómeno exclusivo de Japón. El encarecimiento de los precios es un enemigo sumamente problemático para el Gobierno de cualquier país. Tanto el Ejecutivo de Keir Starmer en el Reino Unido como el de Donald Trump en los Estados Unidos, o los anteriores gabinetes de Kishida Fumio e Ishiba Shigeru en Japón, se han visto fuertemente sacudidos por el malestar de los votantes ante la inflación y el alto coste de la vida.

Una inflación que avanza sin que las subidas salariales logren alcanzarla asfixia paulatinamente la economía de los votantes, del mismo modo en que sube el nivel del agua en una piscina. Aunque las personas empiezan a ahogarse de forma escalonada, se espera que el Gobierno de turno actúe antes para rescatarlas. El Ejecutivo de Takaichi tampoco es ajeno a esta difícil misión. Esta es la gran diferencia respecto al Gobierno de Abe Shinzō, cuya gestión se centró exclusivamente en aplicar medidas contra la deflación.

Aunque parezca inamovible, la realidad interna del Ejecutivo no es tan sólida. Analizar con serenidad los cambios en la estructura de apoyo al Gobierno de Takaichi y presentar una nueva alternativa que rescate a quienes están a punto de ahogarse es el único camino para que la oposición reciba el respaldo de la opinión pública. Mientras la oposición no se percate de esta necesidad real de los ciudadanos, que no están satisfechos con el Gobierno de Takaichi, pero tampoco encuentran otra opción “más aceptable”, continuará el escenario de “un partido fuerte y una oposición fragmentada”.

(Imagen del encabezado: la primera ministra, Takaichi Sanae, responde a las preguntas de Ogawa Jun’ya –centro de la fila izquierda–, líder de la Alianza Reformista de Centro, durante el debate de líderes celebrado en el Parlamento la tarde del 20 de mayo de 2026 - Jiji.)

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