Tesoros nacionales vivientes: el esmero llevado al extremo

Imaizumi Imaemon, maestro de las sensaciones sobre la porcelana

Arte Cultura

El Estado japonés distingue a los maestros artesanos más prestigiosos con la calificación de “portadores de patrimonio cultural intangible de importancia”. Son los llamados “tesoros nacionales vivientes”. Imaizumi Imaemon XIV ha revolucionado la tradición de la porcelana policromada de Nabeshima, produciendo piezas que llevan mucho de su propia sensibilidad.

Imaizumi Imaemon IMAIZUMI Imaemon

Nació en Arita (prefectura de Saga) en 1962. Su padre es el tesoro nacional viviente Imaizumi Imaemon XIII. En 1985 completó su especialización en Metalurgia dentro del Departamento de Diseño Artesanal e Industrial de la Universidad de Arte de Musashino. En 2002 tomó de su padre el nombre hereditario de Imaemon, convirtiéndose en la decimocuarta generación de esta insigne saga familiar de artesanos. En 2009 recibió la prestigiosa Medalla de Honor (cinta púrpura) que entrega el Emperador en honor a los grandes logros artísticos. En 2014 fue reconocido como portador del policromado en porcelana, una técnica designada bien cultural intangible de importancia. Es vicepresidente de la Asociación de Kōgei (artesanía) de Japón.

Cualquier cosa menos hacer lo mismo que su padre y su hermano

Escenas inolvidables convertidas ya en paisajes del alma las tenemos todos, cada cual la suya. La de Imaizumi Imaoemon XIV es esta:

“Fue cuando estaba en la universidad, un año de mucha nieve. Una noche, los amigos decidimos ir a la acequia de Tamagawa, para pasar un rato echando un trago mientras contemplábamos el paisaje nevado. Cuando caminábamos hacia allá, sin más, levanté la vista hacia la luz de una farola y entonces, por un momento, tuve una sensación muy especial, como si la nevada me absorbiera fuertemente hacia su núcleo. Fue hace ya 40 años”.

El instante quedó inmortalizado en la pieza “Iroe usuzumi sumihajiki yukimonbachi”. Su autor, Imaemon, es tesoro nacional viviente y titular del taller Imaemon, uno de los productores más famosos de cerámica de Arita.

Pieza de la serie Iroe usuzumi sumihajiki yukimonbachi expuesta en la 51.ª Edición de la Nihon Dentō Kōgeiten (Exposición de Artesanía Tradicional de Japón). (Fotografía cortesía de la Asociación de Kōgei de Japón)
Pieza de la serie Iroe usuzumi sumihajiki yukimonbachi expuesta en la 51.ª Edición de la Nihon Dentō Kōgeiten (Exposición de Artesanía Tradicional de Japón). (Fotografía cortesía de la Asociación de Kōgei de Japón)

El horno o taller Imaemon transmite las técnicas de los goyō akaeshi, maestros que controlaban la decoración polícroma entre dos cocciones que se aplicaba a las piezas más refinadas de la cerámica ironabeshima. Durante el periodo Edo (1603-1868), estas exclusivas piezas solían enviarse como ofrenda u obsequio al shōgun y a los daimios. Con sus 370 años de historia, el propio taller tiene la calificación estatal de entidad depositaria de patrimonio cultural inmaterial de importancia.

El edificio que alberga la sala de exposiciones y la sede del Taller Imaemon es el más antiguo de Arita y ha sido incluido por el Estado en el Área de Preservación de Edificios Tradicionales de Importancia de la ciudad.
El edificio que alberga la sala de exposiciones y la sede del Taller Imaemon es el más antiguo de Arita y ha sido incluido por el Estado en el Área de Preservación de Edificios Tradicionales de Importancia de la ciudad.

Imaemon era el segundo hijo de los propietarios de este histórico taller y creció oyéndole decir a su abuela que lo ideal sería que los dos hermanos dieran continuidad al negocio familiar. La costumbre decía que el primogénito recibiría el relevo e Imaemon sabía bien que él no estaba llamado a ser el “heredero”, pero siempre tuvo la ilusión de poder ayudar de alguna forma.

“Mi padre estudió en la Universidad de las Artes de Tokio, mi hermano mayor en la Universidad de Arte de Tama. Y yo ingresé en la Universidad de Arte de Musashino. Quería dedicarme a fabricar cosas, pero me negaba en redondo a ir adonde habían ido mi padre y mi hermano, y en el hecho de que no eligiera la especialización de cerámica, sino la de metalurgia, influyó también eso. Me puse a hacer escultura moderna”.

Pero le esperaba una época de grandes conflictos mentales, porque nada de lo que salía de sus manos le convencía.

“Desde pequeño tenía afición a hacer cosas e ingresé en una universidad de artes. Pero lo que hacía era simplemente producir sin tener algo propio, algo que brotase de mí mismo. Era una sucesión de intentos fallidos que al final me hizo vacilar. Sentía que, de seguir así, no iba a durar mucho. Y fue entonces, precisamente, cuando tuve aquella visión en medio de la nevada. Me hizo sentir que, mientras tuviera un alma sintiente como aquella, aunque en aquel momento fuera incapaz de hacer verdaderas obras, podría al menos ir avanzando pasito a paso”.

Con el tiempo, el recuerdo de aquella emoción, de aquel paisaje interiorizado fructificaría en forma de una serie de obras que toman por motivo la nieve. Y el joven artista se convertiría en Imaizumi Imaemon XIV. Pero no nos anticipemos: eso ocurrió mucho después.

La tradición no puede heredarse

Después de graduarse, se propuso conocer otras cosas antes de reintegrarse al trabajo familiar y estuvo tres años en una comercializadora de interiores para casas. Luego tomó como maestro a Suzuki Osamu, un ceramista moderno cuya plástica se sale del marco de la cerámica tradicional.

“Sus obras me fascinaron desde que las vi por primera vez siendo todavía universitario. Me maravillaba que pudiera crearse un mundo así con vasijas cocidas. Pero luego, cuando estaba aprendiendo de él, solía decirme: “Y no te olvides de que lo que estamos haciendo es cerámica, ¿entendido?”.

En el proceso de cocción ocurren transformaciones llamadas genéricamente yōhen en japonés, que incluyen cambios impredecibles en el colorido y en los motivos dibujados sobre las piezas. Dependiendo de las condiciones de la cocción, puede haber variaciones en los colores que se obtienen de los esmaltes o en el grado de contracción de la arcilla, que producen hundimientos o abolladuras. Es imposible tener un control absoluto de todas las variables.

“En aquella época, yo era muy aficionado a darles algún toque a las piezas que iban saliendo del horno, cortándolas, raspándolas… Supongo que, con aquellas palabras, mi maestro quería transmitirme la idea de que hay cosas frente a las que no podemos hacer nada y que tenemos que aceptarlo, que respetando la fuerza irresistible de la arcilla, del fuego, etcétera, podemos hacer que jueguen a nuestro favor para conseguir piezas atractivas”.

Pasada esta etapa durante la que fue discípulo de Suzuki, Imaemon volvió al taller familiar. Fue en 1990, cinco años después de su graduación.

Imaemon trazando con carboncillo el boceto de la decoración de una pieza.
Imaemon trazando con carboncillo el boceto de la decoración de una pieza.

Las piezas de estilo ironabeshima que salen del horno de Imaemon siguiendo métodos tradicionales están entre las más representativas de la porcelana de Arita. La decoración, que se aplica en dos fases separadas del proceso de producción, presenta formas de gran belleza y trazo preciso y elegante. A menudo se da por sentado que estilos y técnicas tan depurados se transmiten gracias a las esmeradas enseñanzas de un maestro que no deja cabos sueltos, pero la realidad es otra.

“Mi difunto padre solía decir que la tradición no puede heredarse. La tradición es algo de lo que nos vamos percatando, que vamos descubriendo dentro de esa vida de trabajo duro y constante, cada uno en la época que le ha tocado vivir. Sobre la fabricación en sí era bastante parco, decía escuetamente ‘eso tienes que hacerlo por ti mismo y ver por qué te ha salido mal’, pero yo siempre sentí su sombra a mi lado. Y sobre las técnicas, lo mismo. Tienes que adquirirlas por ti mismo, con la práctica. Y así es precisamente como las he aprendido yo”.

Poco después de su regreso a casa, su padre dijo que para el asunto de la sucesión deberían arreglarse los dos hermanos. Luego, su hermano mayor le comunicó su intención de dedicarse a las ventas y le pidió que se encargase él de la producción. Así, se decidió que sería él quien sustituyera a su padre al frente del horno. Enfrascado en la labor de creación, convencido de que hacer algo enteramente nuevo era la única forma de responder a la voluntad expresada por su padre y su hermano, fue cercando y persiguiendo aquel recuerdo del paisaje nevado visto en su juventud. Y en 2004, a los 41 años, tomó forma el modelo Iroe usuzumi sumihajiki yukimonbachi.

“En esta obra convergen perfectamente mi sentimiento y mi trabajo. Por fin, al cabo de más de 20 años, aquella sensación que tuve de ser absorbido por la nieve encontró una expresión”.

Un motivo decorativo solo posible en el estilo nabeshima

Iroe usuzumi sumihajiki yukimonbachi es un modelo que, mediante las técnicas del sumihajiki y el usuzumi, da expresión a aquel paisaje nevado que quedó grabado en el corazón de Imaemon una noche de su juventud.

El sumihajiki es una forma de shironuki usada en la porcelana de estilo ironabeshima. Primero, sobre la arcilla todavía sin esmaltar se dibujan con carbón vegetal los motivos. Luego, se extiende la capa de color, que es repelida de las líneas por la sustancia colagenosa llamada nikawa contenida en el carbón. La pieza se cuece a una temperatura baja propia de una primera cocción. Entonces, el carbón se desvanece por efecto de la cocción y las líneas muestran la blancura original de la porcelana.

En la técnica decorativa del usuzumi, un pigmento de color grisáceo se pulveriza en degradé. Esta técnica fue creada por el padre de Imaemon, quien quiso darles un toque moderno a sus piezas.

Torneada la pieza, se procede con el sumihajiki para fijar los motivos dibujados directamente sobre la arcilla. Luego se hace el degradé con el usuzumi. Solo entonces se le da a la pieza la primera cocción, en la que desaparece el carbón de los motivos. Luego la pieza se recubre de isubaiyū, un tipo de esmalte vidrioso en cuya elaboración interviene la ceniza de cierto árbol, y se le da la segunda cocción. Para terminar, una vez salida del horno a la pieza se le aplican pigmentos de color verde pálido y platino, y se le da la tercera cocción. En la pieza resultante vemos las nítidas siluetas de los cristales de nieve perfilados por el sumihajiki, sobre el fondo en degradé del usuzumi, a los que se suman los tonos verdosos y platino de la decoración final y el isubaiyū ligeramente azulado. Una perfecta combinación que da cohesión a un maravilloso mundo de nieve.

La pieza Iroe yukibana usuzumi sumihajiki yukimonbachi presentada en la 71.ª Edición de la Nihon Dentō Kōgeiten (Exposición de Artesanía Tradicional de Japón). (Fotografía cortesía de la Asociación de Kōgei de Japón)
La pieza Iroe yukibana usuzumi sumihajiki yukimonbachi presentada en la 71.ª Edición de la Nihon Dentō Kōgeiten (Exposición de Artesanía Tradicional de Japón). (Fotografía cortesía de la Asociación de Kōgei de Japón)

“Pude introducir el motivo de los cristales de nieve porque nuestro taller ha mantenido el estilo nabeshima. Es un estilo caracterizado por la uniformidad del trazado de las líneas. Los estilos con líneas de grosor variable no son indicados para ese tipo de motivos”.

La tradición de la porcelana ironabeshima no se recibe directamente de la generación anterior, y el caso de Imaemon no fue una excepción. Aun así, las creaciones del taller muestran sin interrupción un estilo definido y propio. Imaemon explica que esto es posible gracias a las esmeradas técnicas cultivadas por los antiguos goyō akaeshi y a la profesional actitud hacia el trabajo de sus artesanos, sostenida en el taller Imaemon desde el periodo Edo a la actualidad.

Un reconocimiento para un artista y para todo su taller

Imaemon dio un paso más hacia la consecución de un estilo creativo propio en 2011, cuando presentó el modelo Iroe sekka usuzumi sumihajiki shiki hanamonkabin. En esta pieza, utiliza la técnica del sumihajiki con arcilla blanca de recubrimiento (keshōdo), consiguiendo un efecto muy matizado de blanco sobre blanco en los motivos dibujados. Esta técnica, que denominó sekka sumihajiki (sumihajiki de flor de nieve), es una creación propia de la decimocuarta generación de Imaemon.

La pieza Iroe sekka usuzumi sumihajiki shiki hanamonkabin (2011).
La pieza Iroe sekka usuzumi sumihajiki shiki hanamonkabin (2011).

Y en 2014, a los 51 años, se convirtió en el ceramista más joven en recibir el reconocimiento popularmente llamado “tesoro nacional viviente”, por su trabajo en el campo de la porcelana policromada. En la valoración de su trabajo se dice que “centrado siempre en las técnicas del ironabeshima, obtiene una nueva expresividad mediante la introducción del sumihajiki o el color platino, desarrollando un estilo propio y personal bien asentado en las técnicas tradicionales que ha insuflado nuevos aires en el arte de la porcelana policromada”.

“Tomé las riendas del taller a los 39 años, cuando murió mi padre. Estar al frente es lo que te hace trabajar y eso es lo que he hecho yo, dar el callo. En nuestro taller tenemos más de 20 artesanos en los diferentes puestos, cada uno con su especialización. Si somos capaces de producir estas obras es gracias al trabajo que han hecho generación tras generación. La calificación de “tesoro nacional viviente” la recibo yo en representación de todo el equipo”.

Una de las dos piezas que forman la serie Iroe sekka usuzumi sumihajiki hagimonbachi, en la sala de exposición del taller Imaemon.
Una de las dos piezas que forman la serie Iroe sekka usuzumi sumihajiki hagimonbachi, en la sala de exposición del taller Imaemon.

En este momento de su carrera, Imaemon se siente especialmente atraído hacia la sensación de transparencia de las vasijas cocidas. “Esa transparencia que tiene el color del gris que queda bajo el esmalte vidrioso, o el del color del platino aplicado sobre el esmalte, la siento ahora muy profundamente, como nunca la había sentido antes. Es posible que esta nueva sensación visual tenga que ver con el cambio en la iluminación que estamos viendo, de los tubos fluorescentes o bombillas incandescentes al led.

En su pieza Iroe sekka usuzumi sumihajiki hagimonbachi, que hizo en 2019 apoyándose en esta nueva sensación, espolvoreó un suave pigmento sobre las líneas blancas dejadas por el sumihajiki. Es una milimétrica modulación que hace las líneas apenas perceptibles. Una delicadeza que evoca la quietud del límpido aire otoñal.

La pieza Iroe sekka usuzumi sumihajiki hagimonbachi, presentada en la 66.ª Edición de la Nihon Dentō Kōgeiten (Exposición de Artesanía Tradicional de Japón). (Fotografía cortesía de la Asociación de Kōgei de Japón)
La pieza Iroe sekka usuzumi sumihajiki hagimonbachi, presentada en la 66.ª Edición de la Nihon Dentō Kōgeiten (Exposición de Artesanía Tradicional de Japón). (Fotografía cortesía de la Asociación de Kōgei de Japón)

“Últimamente me he dado cuenta de que, aunque no trates de reflejar en tus obras la época en la que vives, simplemente por estar viviendo ese momento se refleja de forma natural. Que lo que hacemos ahora tiene el aire de nuestra época igual que las cosas de la era Meiji tiene el suyo”.

Tradición que respira en estilos individuales, propios; innovaciones propias de cada época, y una sensibilidad también propia del creador. Un día más, con esa tenacidad que siempre les acompaña, Imaemon y su taller continuarán creando piezas.

Entrevista y texto: Sugihara Yuka, redacción de POWER NEWS

Fotografías: Ukawa Masaki (exceptuando las facilitadas por la Asociación de Kōgei de Japón).

Imagen del encabezado: Imaizumi Imaemon haciendo el boceto del motivo sobre una pieza.

(Traducido al español del original en japonés.)

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