Grietas en el seguro de cuidados: escasez de empleados y riesgo de colapso
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Escasez de personal en la atención domiciliaria
Para aquellos con un familiar que padece demencia u otra afección que requiere cuidados, tener que lidiar con los síntomas que conlleva este tipo de enfermedad supone un desgaste físico y mental constante. Aliviar en lo posible esta carga es precisamente el objetivo de los servicios de cuidados profesionales. Más allá del ingreso en una institución, existen también otras modalidades: desde la atención a domicilio en la que los cuidadores vienen a la casa del paciente, hasta los centros de cuidados de día o las estancias cortas. En Japón, cualquier residente afiliado al seguro de cuidados —cuyas primas se cobran por ley a las personas mayores de 40 años— puede acceder a estos servicios a cambio de un copago de entre el 10 % y el 30 %.
No obstante, ha surgido una brecha entre las zonas urbanas y el campo; y es que a pesar de pagar las mismas primas que en el resto del país, fuera de las grandes ciudades no están disponibles algunos de estos servicios.
Una de estas zonas se encuentra en Nagano, una prefectura donde el 80 % de la superficie es terreno montañoso. Existen ciudades en sus dispersas cuencas, pero los servicios de cuidados a menudo tienen dificultades para llegar a las zonas de montaña. Es ahí, en las afueras de la ciudad de Nagano, en un alto al que se llega subiendo una zigzagueante cuesta desde la estación de Shinonoi, donde se encuentra el centro de cuidados para ancianos Nozomi. Se trata de un establecimiento creado a partir de la renovación de casas antiguas y otros edificios existentes en el que ofrecen principalmente cuidados de día: recogen de sus casas a las personas que necesitan atención y las traen al centro en coche, donde les proporcionan —entre otros— comida, baño, rehabilitación y paseos por la naturaleza. Después, las llevan de vuelta a casa.

El centro de cuidados Nozomi está ubicado en una zona montañosa con vistas a la ciudad.
Y sin embargo, carecen del personal suficiente para ofrecer atención a domicilio.
Lo cierto es que en el sector de los cuidados hay una escasez de mano de obra incluso mayor que en otros sectores. Así lo confirma el representante de Nozomi, Denda Kagemitsu, quien a duras penas consigue arreglárselas con los pocos trabajadores que tiene: si bien es consciente de la importancia de la atención a domicilio, dice que es imposible asignar personal para ello. “Es más eficiente bajar al pueblo, recoger a varias personas en coche y ofrecerles atención en nuestras instalaciones que conducir durante más de 30 minutos yendo casa por casa en las montañas para realizar visitas domiciliarias. También hay una diferencia enorme en el coste de la gasolina”.
Según sus estimaciones, incluso los proveedores de cuidados que sí ofrecen cuidados a domicilio en zonas montañosas probablemente solo lo hagan una vez por semana.

El coche es indispensable para recoger y llevar de vuelta a los usuarios del centro.
Dificultades financieras
Situado al oeste de la ciudad de Nagano, Ogawa es un pequeño pueblo de montaña con vistas a los Alpes del Norte que pertenece a la asociación de los llamados “pueblos más bellos de Japón”. Tiene poco más de 2.000 habitantes, 46,4 % de los cuales superan los 65 años. Aproximadamente 140 de estos reciben atención domiciliaria. Su gestión está a cargo de la asociación local de bienestar social, que actúa como base para los servicios sociales de la zona. Pero las cuentas no salen, y operan con pérdidas.
“El nivel salarial que ofrece el seguro de cuidados no es suficiente para atraer a cuidadores a una aldea de montaña”, declaran desde el ayuntamiento. El pueblo complementa los salarios de los trabajadores con fondos públicos para asegurarse de mantenerlos. Sin embargo, el número de ancianos ya está empezando a disminuir: “En el futuro los ingresos por usuarios irán disminuyendo, mientras que el personal no puede reducirse de inmediato”, explican. “Va a ser cada vez más complicado gestionar esto”.
A nivel nacional, las dificultades financieras afectan especialmente a los proveedores de servicios de atención domiciliaria. Según un estudio de Tokyo Shōkō Research, el número de quiebras entre estas empresas alcanzó las 91 en 2025, marcando un nuevo máximo histórico por tercer año consecutivo. Entre las causas se encuentran factores como la falta de mano de obra y la reforma por la que se redujo la remuneración a estas empresas en 2024.
Según una encuesta independiente de la NHK, en el año fiscal 2024 fueron 109 los municipios en Japón donde no existía ningún proveedor de atención domiciliaria. Esto está creando zonas sin cobertura, especialmente en las regiones rurales.
Brecha salarial
Las dificultades que tienen las empresas proveedoras de cuidados —y en especial las que ofrecen atención domiciliaria— para prestar sus servicios se debe en gran parte a los bajos salarios que se pagan a través del seguro correspondiente, algo que ha provocado una grave escasez de empleados. En un momento en el que la población activa está en descenso y la competición por la mano de obra es cada vez más feroz en todos los sectores, una encuesta del Ministerio de Salud, Trabajo y Bienestar revela que el salario medio de los trabajadores del cuidado en 2024 fue de 303.000 yenes al mes, es decir, de 83.000 yenes mensuales por debajo del promedio de todas las industrias.
Por otro lado, aunque el subsidio para la mejora de las condiciones laborales destinado a los trabajadores del cuidado se aumentó en un 2 % en 2024, “no es más que una gota en el mar si lo que se quiere es conseguir mano de obra”, lamenta Denda.
Tras un gran esfuerzo, Denda ha conseguido reclutar a personal mediante el boca a boca, pero 14 de sus 22 empleados son trabajadores a tiempo parcial y resulta difícil organizar turnos. No todos son cuidadores certificados, lo que hace que la remuneración que reciben del seguro sea menor. La edad media de la plantilla también va en aumento —actualmente es de 57 años—, y hay veces en invierno en las que no considera prudente ponerlos a conducir por las empinadas carreteras heladas.
En busca de una solución, decidió recurrir a la contratación de trabajadores extranjeros, y en 2024 consiguió emplear a un trabajador de Myanmar. Está intentando contratar a una persona más en 2026, pero incluso conseguir empleados de otros países está complicado. “Muchos trabajadores extranjeros trabajan para enviar dinero a sus países de origen, y suelen ser muy estrictos en sus cálculos. La depreciación del yen ha hecho que se reduzca la cantidad de dinero que pueden enviar, con lo que muchos parecen descartar Japón completamente para ir a países como Australia y Corea”.

“Nuestra intención es contratar más trabajadores extranjeros”, afirma Denda Kagemitsu.
La inflación también pesa fuertemente en el negocio. Como proveedores de este tipo de servicios, la remuneración que reciben por parte del seguro de cuidados es un “precio oficial” fijo, por lo que cualquier aumento en los costes hace que se reduzcan las ganancias. Si bien se ha estabilizado un poco el precio de la gasolina, necesaria para traer y llevar a los pacientes, así como el del queroseno —usado para la calefacción en invierno—, ambos son productos que no dejan de ser caros. Más grave incluso es la subida del coste de los neumáticos y del arroz, esencial en las comidas que ofrece el centro.
Las grandes proveedoras de cuidados tienden a dar un paso atrás rápidamente si ven que sus beneficios no aumentan. Incluso en la ciudad de Nagano dos de estas empresas se han marchado en los últimos años. Denda muestra su angustia: “Las organizaciones como la nuestra tienen una responsabilidad con la comunidad local. No podemos decirles de repente a todas estas personas mayores que cesamos los servicios en una semana”.
Un problema más allá de las zonas rurales

El profesor Yūki Yasuhiro: “Puede acabar por haber un sistema sin que haya servicios”.
Dentro de nueve años, en 2035, la generación del baby boom superará los 85 años. Se prevé que este cambio demográfico traerá un fuerte aumento en el número de personas que requieren cuidados, como es el caso de los pacientes con demencia. Existe el temor de que la oferta no sea suficiente para hacer frente a esta situación.
Los fondos con los que se paga al personal de atención y se asegura la gestión estable de las empresas del sector provienen del sistema de seguro de cuidados, que se financia a través de impuestos, primas de seguros y aportaciones de los usuarios.
Yūki Yasuhiro, profesor de la Facultad de Bienestar en la Universidad de Shukutoku, advierte que a menos que se haga una reforma radical de las fuentes de financiación, “existe el riesgo de que acabemos teniendo un sistema que no tiene servicios”. Y añade: “Ya hay indicios de ello, y el problema no se va a limitar a las zonas rurales”.
Respecto a la grave escasez de trabajadores, el profesor afirma que será imposible conseguir contratar a personal mientras no se incrementen los salarios de los cuidadores al menos entre 50.000 y 60.000 yenes al mes, algo que requeriría 1,4 billones de yenes según sus estimaciones.
Quién carga con los costes y a dónde va el dinero
¿Qué opciones existen para reformar el sistema del seguro de cuidados?
El Estado y los gobiernos locales financian el 25 % del sistema cada uno, mientras que el 50 % restante se cubre con las primas del seguro que pagan por ley las personas mayores de 40 años. Los usuarios pagan cierto porcentaje de su propio bolsillo por los servicios; según sus ingresos, puede ser el 10 %, 20 % o 30 %. El resto lo cubre el seguro.
El número de personas mayores que requieren cuidados sigue en aumento, y el coste total del sistema ha crecido hasta alcanzar casi los 12 billones de yenes en 2022. Igualmente, las primas a pagar aumentan año tras año. Desde que se puso en marcha el sistema en el año 2000, cuando se pagaban de media 2.911 yenes al mes, el coste de la prima mensual media ha pasado a ser más del doble, y está actualmente a 6.225 yenes. Además, aunque el copago del 10 % ha sido el predominante hasta ahora, se está considerando ampliar el grupo que ha de pagar el 20 % para el año fiscal 2027.
Según explica Yūki, las personas mayores —cuyos ingresos por pensiones están prácticamente estancados— sufren ya bastante con la inflación: “si además suben las primas del seguro o el copago, habrá quien deje de usar los servicios”.
Hablando sobre el tema, la primera ministra Takaichi Sanae ha declarado que es necesario “un debate nacional para revisar los gastos y las prestaciones” de la seguridad social, en el que se incluye el sistema de cuidados, y ha anunciado la creación de un consejo nacional multipartidista con ese fin. El presupuesto suplementario de 2025 incluyó subsidios para los gastos de centros y residencias de ancianos y salarios del personal. Mientras tanto, el Nippon Ishin no Kai (Partido de la Innovación de Japón), socio de gobierno del Partido Liberal Democrático, abandera como política central del partido la intención de reducir la cotización a la seguridad social con el fin de aumentar los ingresos reales de las familias de clase media trabajadora.
La carga que supone la cotización a la seguridad social para la generación actualmente activa es ciertamente considerable, pero reducir los pagos podría provocar un deterioro aún mayor de los servicios, lo que supone un dilema. Así lo señala Yūki: “no bastan las subvenciones ni los pequeños aumentos en la remuneración; si no se aseguran otras fuentes de financiación permanentes y se aplican aumentos significativos, el sistema dejará de sostenerse”.
La alternativa que propone el profesor consiste en subir los impuestos. Una opción sería gravar los activos financieros de las personas mayores adineradas para así evitar conflictos intergeneracionales. Otra es aumentar el impuesto corporativo. Las compañías ya están viendo un aumento en el número de empleados que se ven obligados a dejar sus trabajos para cuidar a sus padres. Así, una subida de impuestos a las empresas que tenga como objetivo costear los cuidados se podría justificar como una manera de prevenir esta fuga de la mano de obra.
El profesor Yūki teme que a menos que se tomen medidas, en 10 años surgirá toda una ola de gente que no podrá recibir cuidados.
Imagen del encabezado: Usuarios y personal de la residencia Nozomi disfrutando de los cerezos en flor. Foto cortesía de Denda Kagemitsu. El resto de fotografías son del autor.
(Traducido al español del original en japonés.)


