Literatura en la era de la clase media: de Komatsu Sakyō a Murakami Haruki
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¿Japón, a la par del resto del mundo?
Komatsu Sakyō (1931-2011) debutó como escritor en 1961 y desde entonces se dedicó a publicar sucesivas obras de ciencia ficción. Su novela Nihon chinbotsu (“Japón se hunde”; 1973) se convirtió rápidamente en un éxito de ventas, superando los cuatro millones de ejemplares vendidos.
La historia toma como base conocimientos científicos de vulcanología y sismología que siguen vigentes a día de hoy. De la noche a la mañana, una isla desierta en el archipiélago de Ogasawara se hunde en el mar; Onodera, piloto de un sumergible de aguas profundas, explora el lecho marino junto al heterodoxo profesor de geofísica Tadokoro. El científico descubre que en la Fosa de Japón se está produciendo una anomalía inquietante.
A partir de entonces, terremotos y erupciones volcánicas se suceden por todo el país, desencadenando un segundo Gran Terremoto de Kantō que azota el área metropolitana de Tokio. Finalmente acaba por erupcionar el monte Fuji. Ante el inevitable hundimiento de todo el archipiélago japonés, el Gobierno contacta en secreto con países como Australia para negociar la emigración de sus ciudadanos. ¿Funcionará?
En su autobiografía Komatsu Sakyō jiden - jitsuzon wo motomete (Autobiografía de Komatsu Sakyō - En busca de la existencia), el autor describe de la siguiente forma lo que lo motivó a escribir esta obra: “Tenía la impresión de que los japoneses estaban embriagados por la euforia del rápido crecimiento económico. A pesar de sufrir una guerra en la habían perdido su tierra y parecía que todos estaban preparados para morir, habían olvidado completamente ese sentimiento tan patético y desgarrador. ‘¡Pero qué va a estar Japón a la par del resto del mundo!’, era la sensación que me carcomía entonces”.
Komatsu tenía 14 años cuando vio terminar la guerra desde la ciudad de Nishinomiya (prefectura de Hyōgo), reducida a escombros por los bombardeos aéreos. Esta es por tanto una obra que trasciende la pura ciencia ficción, en la que más allá del espectacular clímax que culmina con el hundimiento de Japón abundan también otros temas de interés: ¿Cómo actúa la gente ante una gran catástrofe? ¿Hay algún país extranjero que aceptaría a los japoneses? Las escenas al límite de la desesperación son fascinantes y, aún hoy, las circunstancias que rodean a Japón siguen sin cambiar.
El éxito crossmedia que conquistó a una generación
Si bien las franquicias que abarcan una variedad de medios son hoy en día un fenómeno común, su precursor fue el éxito explosivo de Ningen no shōmei (“La prueba del humano”, publicada en inglés como The Proof of Man; 1976) de Morimura Seiichi (1933-2023). Libro, cine y música unieron fuerzas en una masiva campaña promocional para movilizar al público. Esta sinergia transformó la novela en un superventas que marcaría a una generación.
El anuncio de la película, con su voz en off, popularizó la frase “¿Mamá, qué fue de aquel sombrero mío?”. La pregunta en realidad es un verso del poema Mugiwara bōshi (“Sombrero de paja”) de Saijō Yaso, y funciona como un motivo clave en la obra. Matsuda Yūsaku y Okada Mariko protagonizan la película; también logró un gran éxito el tema musical, titulado como la obra e interpretado por Joe Yamanaka.
Un hotel de lujo en el centro de Tokio. En el ascensor del piso 42, junto al restaurante con vistas panorámicas, aparece el cadáver de un hombre negro con un cuchillo clavado en el pecho. El hombre había tomado un taxi por la noche desde un cercano parque donde no parecía haber nadie, llegando por su cuenta hasta el lugar donde murió. En el parque se descubre un viejo sombrero de paja; una mujer ha abandonado el lugar a esa misma hora.
Su pasaporte revela que el hombre vivía en un barrio marginal de Nueva York. ¿Qué llevaría a un joven de procedencia humilde a venir a Japón y subir hasta el último piso de un hotel? La investigación a duras penas avanza. Sobre los hombros de los personajes pesa un pasado oscuro y un destino que los arrastra a la tragedia.
En el epílogo de la nueva edición de bolsillo, Morimura escribe: “Hoy en día se dan con frecuencia casos de padres que acaban con la vida de sus propios hijos. El misterio de esta obra comienza con una madre que intenta matar a su hijo para ocultar su pasado; en cierto sentido, es una historia ligada al clima social actual”.
El eros del último literato
En Ginza hubo en su día una serie de establecimientos conocidos como “bares literarios”, donde se daban cita cada noche autores de gran renombre. A estos escritores se les refería como bunshi o “literatos”, un término que desapareció con el final de la era Shōwa (1926-1989). Ataviado siempre con elegantes kimonos durante sus paseos por Ginza, Watanabe Jun’ichi (1933-2014) fue el último escritor perteneciente a esa estirpe.
Watanabe era originario de Hokkaidō. Se graduó en la Universidad Médica de Sapporo, y trabajó como cirujano cardíaco en el hospital de la universidad al tiempo que publicaba sus escritos en revistas locales de aficionados. En 1969 dimitió tras poner en cuestión el trasplante de corazón que había llevado a cabo su superior, el profesor Wada Jurō. Fue entonces cuando se mudó a Tokio para dedicarse a la escritura.
En sus inicios publicó numerosas novelas de temática médica; después pasó a centrarse en novelas de romance para adultos ambientadas en Ginza o Kioto. Watanabe no dejó de escribir hasta su muerte, y lo acompañó en todo momento una fascinación persistente por el amor erótico entre hombres y mujeres. Su obra culmen es quizás Shitsurakuen (“Paraíso Perdido”), cuyo título se convirtió en expresión de moda allá por 1997.
Keshin (“Transfiguración”; 1986) narra desde su encuentro hasta su separación la historia del crítico literario Akiba, divorciado y a punto de cumplir los 50, y Kiriko, una joven de 23 años que trabaja en un club de Ginza.
Kiriko acaba de llegar de Hokkaidō para empezar a trabajar como hostess en Ginza. Sus maneras y gustos delatan su origen provinciano: viste como una oficinista de pueblo y dice querer comer “caballa cocida en miso”. No obstante, Akiba queda hechizado por la belleza en bruto que percibe en ella, y se propone moldearla con sus propias manos hasta transformarla en su mujer ideal. Con la asistencia de Akiba, Kiriko va refinándose y despertando poco a poco al placer sexual.
El atractivo principal de la obra reside en la transformación de Kiriko y la descripción, desde la perspectiva de Akiba, de las diferencias en la vivencia del eros entre hombres y mujeres. Akiba, cohibido por la diferencia de edad, no se decide a dar el paso del matrimonio con Kiriko. Pronto Kiriko empieza a considerar independizarse como mujer.
Transfiguración fue escrita cuando el autor se encontraba en la cima de su carrera como escritor. Tras la fama de donjuán que Watanabe tenía en Ginza se escondía un hombre rebosante de bondad y tolerancia, con un seductor encanto que atraía a personas de ambos sexos. El protagonista Akiba es, a mi parecer, el autor mismo plasmado en papel. Desde la era Shōwa hasta la era Heisei (1989-2019), el popular Watanabe fue sin duda uno de los nombres en la primera línea del mundo literario.
Un retrato sin tapujos del deseo, la vanidad y los celos femeninos
Si se trata de autores populares aún activos que gozan del respeto del mundo literario, no hay nadie que se acerque a Hayashi Mariko (1954-). Hayashi trabajaba como redactora publicitaria cuando publicó su libro de ensayos Runrun wo katte ouchi ni kaerō (“Comprar un laralá y volver a casa”; 1982), cuyo gran éxito la llevó a convertirse en novelista. En 1986 ganó el Premio Naoki por dos relatos: Saishūbin ni maniaeba (“Si llego al último tren”) y Kyōto made (“Hasta Kioto”).
La protagonista de Saishūbin ni maniaeba es una exitosa mujer soltera que se dedica a diseñar flores artificiales. Durante una visita de trabajo a Sapporo se reencuentra con un hombre con el que tuvo una profunda relación tiempo atrás, pero que acabó por abandonarla. Tras cenar juntos, él le toma la mano en el taxi rumbo al aeropuerto. Sus intentos de flirtear la llenan de una sensación de superioridad. ¿Logrará llegar al último avión?
En Hasta Kioto, el personaje principal es una editora freelance de gran talento. Aunque ha tenido algunas relaciones, ahora disfruta de una vida plena y llena de lujos con amigas de su mismo oficio. Un día, durante un viaje de negocios en Kioto, se enamora de un hombre más joven. Sus encuentros amorosos se repiten cada vez que va a Kansai por trabajo, pero los sentimientos que ella alberga resultan ser una completa equivocación.
A través de sus personajes, Hayashi retrata sin tapujos la cara y cruz de las mujeres: el deseo de una vida lujosa y elegante, la vanidad de querer ser considerada hermosa por los hombres, o los celos hacia otras del mismo sexo. Su estilo deliberadamente cercano y natural incorpora modas de la época, confiriendo a sus historias un realismo que despierta el interés del lector.
El talento de Hayashi como escritora no se quedó ahí; más tarde ampliaría el abanico de su obra a géneros como el histórico, las biografías y los temas sociales. Un editor conocido de la autora lo explica así: “De joven era tímida y reservada, pero su insaciable curiosidad hizo que se atreviera con una creciente variedad de géneros. Lo realmente impresionante, lo que la ha mantenido en primera línea, es su constante afán por mejorar”.
En busca de un carnero junto a una mujer de orejas perfectas
El broche final a la era Shōwa lo puso sin duda Murakami Haruki (1949-). Sus obras han sido traducidas en todo el mundo y es mencionado como posible candidato al Premio Nobel de Literatura casi todos los años, creando unas expectativas y un ruido a su alrededor de las que el propio Murakami posiblemente esté ya harto.
Tras graduarse en la Facultad de Letras de la Universidad de Waseda, Murakami Haruki fue nominado al Premio Akutagawa por dos historias cortas: Kaze no uta wo kike (Escucha la canción del viento), escrita en 1979, y 1973-nen no pinbōru (Pinball 1973), del año siguiente. Su popularidad se disparó con la novela Hitsuji wo meguru bōken (La caza del carnero salvaje; 1982), donde vuelven a aparecer los personajes de los mencionados relatos: el protagonista y narrador de nombre desconocido, y el Rata, hijo de un hombre adinerado a quien el protagonista conoce en un establecimiento (el Jay’s Bar) de su costera ciudad natal.
La historia se disfruta más si se leen los dos relatos cortos antes de adentrarse en la novela. En Escucha la canción del viento, ambientada en 1970, ese “yo” protagonista pasa el último verano de su veintena con el Rata en su pueblo natal junto al mar, donde reflexionan sobre su infancia y sus encuentros con chicas.
En Pinball 1973 las historias del “yo” narrador y el Rata se van alternando. El primero vive con sus hermanas gemelas y ha abierto una pequeña agencia de traducción con un amigo. Mientras tanto, el Rata lleva una vida ociosa y frecuenta el Jay’s Bar. Un día, al volverle el recuerdo de la obsesión con la que solía jugar al pinball, el protagonista se lanza en una búsqueda para dar con una de esas máquinas de petacos, ya descatalogada.
En la continuación, La caza del carnero salvaje, el mismo narrador ha expandido su negocio de traducción y se dedica ahora también a la publicidad. Sin embargo, se ve envuelto en problemas tras usar, sin pensarlo mucho, la foto de una granja de ovejas en Hokkaidō para la portada de una revista publicitaria. Divorciado por haber sido infiel, el protagonista tiene una novia de 21 años “con orejas perfectas” que trabaja a la vez como prostituta de lujo, modelo de orejas, y correctora a tiempo parcial.
Cierta personalidad influyente de derechas, al que llaman “el jefe”, se encuentra al borde de la muerte. Su secretario extorsiona al protagonista para que busque un carnero que aparece en la foto: uno con una marca en forma de estrella en el lomo. Este carnero especial está ligado al inmenso poder del jefe en ese mundo en la sombra de la sociedad. La foto la ha enviado el Rata, que a su vez ha desaparecido. ¿Conoce el Rata el secreto del carnero? El protagonista, junto a su novia de orejas perfectas, emprende un viaje para encontrar al animal.
Con esta obra se diría que el autor dio con la fórmula mágica que le permitiría culminar novelas largas. Así lo hace en sus obras posteriores como Sekai no owari to hādoboirudo wandārando (El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas) o Nejimaki-dori kuronikuru (Crónica del pájaro que da cuerda al mundo), donde la narración muestra en paralelo mundos reales e irreales que encajan al final para revelar una única verdad. Es ese desarrollo plagado de misterios lo que cautiva al lector.
Al final de la era Shōwa, muchos se dejaron arrastrar por el frenesí de la burbuja económica. También hubo quienes buscaron distanciarse de todo aquello; seguramente es lo que hizo Murakami Haruki. Los lectores empatizaron con sus obras precisamente porque en ellas se reflejaba ese estilo de vida suyo. “Tenía historias propias que debía escribir, y un estilo propio que debía utilizar. Solo me hacía falta reunir fuerzas y seguir escribiendo”, comentaría más tarde el autor. Y así, el mundo de Murakami pasaría a liderar la escena literaria en la era Heisei.
Diez libros del final de la era Shōwa (1970-1989)
- Japón se hunde (1973), Komatsu Sakyō *
- La prueba del humano (1976), Morimura Seiichi *
- Azul casi transparente (1976), Murakami Ryū
- Kirikirijin (1981), Inoue Hisashi *
- Totto-chan: la niña asomada a la ventana (1981), Kuroyanagi Tetsuko
- La caza del carnero salvaje (1982), Murakami Haruki
- Si llego al último avión (1985), Hayashi Mariko *
- Transfiguración (1986), Watanabe Jun’ichi *
- Aniversario de la ensalada (1987), Tawara Machi
- Tokio blues (Norwegian Wood) (1987), Murakami Haruki
* Obras no publicadas aún en español
(Imagen del encabezado: de izquierda a derecha, Watanabe Jun’ichi (Kyōdō), Murakami Haruki (AFP/Jiji Press) y Hayashi Mariko - Jiji Press.)




