¿Cómo abordar la enseñanza del japonés para niños extranjeros?
Las escuelas para extranjeros en Japón afrontan una falta de apoyo educativo y sanitario
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Al margen del sistema
Las llamadas “escuelas para extranjeros” (gaikoku gakkō) de Japón existen en un vacío legal. El Artículo 1 de la Ley de Educación Escolar, promulgada en 1947, establece tres tipos de centros educativos: en primer lugar, una categoría amplia que incluye escuelas de primaria, secundaria inferior, secundaria superior, escuelas de educación especial, universidades y colegios tecnológicos (kōsen), denominados “escuelas del Artículo 1”; en segundo lugar, los colegios de formación especializada; y en tercer lugar, las escuelas diversas. Las escuelas del Artículo 1 deben utilizar libros de texto aprobados por el Ministerio de Educación, Cultura, Deportes, Ciencia y Tecnología (MEXT) y cumplir con otros criterios estrictos. Los colegios de formación especializada excluyen a aquellos dirigidos exclusivamente a los residentes extranjeros en Japón.
Las “escuelas para extranjeros” que imparten un plan de estudios en la lengua materna de las diversas comunidades extranjeras en Japón se considera que quedan al margen de las instituciones de educación obligatoria estándar del país. A menudo se encuadran en la categoría de “escuelas diversas” —que abarca desde escuelas de conducción hasta academias de soroban (ábaco japonés)— y son autorizadas por las prefecturas en las que operan. Sin embargo, muchos de estos centros que no cumplen los mismos requisitos que las escuelas del Artículo 1 en cuanto a instalaciones u otros criterios se consideran academias sin licencia y quedan fuera de las disposiciones legales. (Por conveniencia, en este texto me referiré a estos centros, a menudo los que ofrecen un plan de estudios en una lengua extranjera, como “escuelas no reguladas”).
Un estudio del MEXT de 2021 contabilizó al menos 223 escuelas para extranjeros en Japón, desglosadas de la siguiente manera: 8 escuelas del Artículo 1, 126 escuelas diversas y “más de” 89 escuelas no reguladas; ese “más de” indica que se desconoce el número real de estos centros. A fecha de marzo de 2026, existen 39 escuelas para extranjeros destinadas a la comunidad brasileña, que comenzó a llegar a Japón en gran número a partir de la década de 1990. También se ha registrado un aumento notable de escuelas para nepalíes y para la comunidad islámica. En el ejercicio fiscal 2025, el MEXT estimó que aproximadamente 12.000 niños en edad escolar asistían a escuelas para extranjeros. Sin embargo, esta cifra no incluye un desglose de los que acuden a centros de la categoría no regulada.
Una enseñanza limitada del japonés
A diferencia de las escuelas del Artículo 1, las escuelas no reguladas, para las que no existen disposiciones en la Ley de Educación, reciben pocos beneficios fiscales u otras ayudas gubernamentales. Esto expone a los menores que asisten a estos centros a dos grandes riesgos. Tomemos como ejemplo las escuelas para brasileños en todo Japón.

La Escuela Comunitaria Paulo Freire, gestionada por una organización sin ánimo de lucro en un complejo residencial de Toyota, en la prefectura de Aichi, donde viven muchos brasileños y peruanos de ascendencia japonesa. (© Jiji)
En primer lugar, estas escuelas suelen ofrecer a sus alumnos oportunidades limitadas para aprender el idioma japonés y las costumbres sociales. El apoyo de las autoridades del Gobierno central y de los gobiernos locales es escaso y, aunque se imparta enseñanza de japonés, con frecuencia corre a cargo de voluntarios en lugar de profesores de idiomas profesionales. Así pues, el entorno para un aprendizaje del japonés adaptado al desarrollo lingüístico de nivel nativo y a las capacidades académicas resulta deficiente. Además, fuera del centro educativo, los niños suelen pasar gran parte del tiempo dentro de sus propias comunidades lingüísticas, lo que limita aún más su contacto con la lengua, la cultura y las costumbres japonesas.
En teoría, los alumnos que se gradúan en escuelas autorizadas por el Gobierno brasileño cumplen los requisitos para presentarse a los exámenes de acceso a las escuelas secundarias superiores y universidades japonesas, pero quienes no han recibido una educación adecuada en idioma japonés se enfrentan a serios obstáculos. Del mismo modo, debido a su limitado dominio del japonés, los jóvenes que concluyen la secundaria no pueden encontrar empleo fácilmente en las mismas condiciones que sus compañeros japoneses.
Aunque Japón acoge a un número cada vez mayor de trabajadores extranjeros para compensar la escasez de mano de obra nacional, existen muy pocas políticas gubernamentales destinadas a garantizar que los niños que asisten a escuelas para extranjeros se integren más plenamente en la sociedad japonesa. Como resultado, con frecuencia quedan relegados a los márgenes.
Una falta de seguimiento sanitario
En segundo lugar, las escuelas diversas o las escuelas para extranjeros carecen de sistemas para controlar la salud de sus alumnos y garantizar su seguridad. Esto se debe a que no están sujetas a la Ley de Salud y Seguridad Escolar ni a la Ley del Programa de Comedores Escolares, normativas que exigen estos sistemas y hacen que se den por sentados en la mayor parte de la educación pública y privada en Japón. Muchas escuelas brasileñas carecen de revisiones médicas periódicas financiadas con fondos públicos y de enfermerías escolares, y los gastos del almuerzo escolar deben ser asumidos por las familias de los alumnos.
Algunos médicos o autoridades locales sí ofrecen revisiones médicas periódicas. En un caso registrado en una escuela brasileña, se descubrió que un niño padecía importantes discapacidades visuales y auditivas. Los padres del menor no se habían percatado de esta condición, ya que no manifestaba dolor físico ni otras dificultades evidentes en la vida doméstica, y quedaron consternados ante la noticia. De no haber sido por esa revisión médica, el niño podría haber crecido con una afección que habría dificultado su capacidad de aprendizaje y de comunicación con sus profesores y sus padres.

Un reconocimiento médico realizado por un voluntario en un colegio brasileño. (© Kojima Yoshimi)
En 2020, se detectó un brote de la COVID-19 en una escuela brasileña de la prefectura de Gifu. Según los responsables del centro, pasaron varios días antes de que las autoridades prefecturales comenzaran a debatir cómo abordar la situación. Las autoridades locales no habían informado al colegio sobre las medidas de control de infecciones, lo que supuso un riesgo de que el virus se propagara a la comunidad en general.
Aunque esta escuela en particular contaba con la autorización de la prefectura, este incidente puso de manifiesto la escasa comunicación que existe entre este tipo de centros y las autoridades locales en circunstancias ordinarias. La situación es aún más grave en el caso de las escuelas no reguladas. Descuidar la salud de los alumnos de dichas instituciones puede tener repercusiones para el conjunto de la sociedad.
Los colegios extranjeros carecen funciones claramente definidas
Algunos sostienen que los menores de nacionalidad extranjera bien podrían asistir a las escuelas públicas ordinarias. Sin embargo, en virtud de la legislación vigente, la educación no es obligatoria para ellos; sus padres deben solicitar que sean aceptados en los programas de educación pública. Y algunas autoridades locales se muestran reacias a conceder el permiso debido a las dificultades lingüísticas previstas, por lo que algunos niños no tienen más opción que asistir a escuelas para extranjeros.
Además, las escuelas para extranjeros atienden a un número significativo de menores con raíces en el extranjero que dejaron de acudir a las escuelas públicas japonesas. También enseñan a alumnos que no pudieron acceder a las escuelas secundarias superiores ordinarias, que requieren exámenes de ingreso, debido a un dominio insuficiente del idioma japonés. Las escuelas para extranjeros desempeñan un papel importante en la sociedad japonesa, pero el desconocimiento sobre la realidad de estos centros dificulta la oferta de un apoyo adecuado.
La educación es un derecho humano fundamental garantizado a todos los menores, tal como se establece en la Convención sobre los Derechos del Niño y otros tratados de los que Japón es signatario. No obstante, el Gobierno no reconoce a las escuelas para extranjeros como “escuelas” dentro del marco regulatorio, lo que distancia a los niños con raíces en el extranjero de la sociedad mayoritaria.
En Europa la inclusión social es la norma
Muchos países de Occidente no establecen distinciones basadas en la nacionalidad en lo que respecta a la escolarización. Según un informe de 2018 de la Comisión Europea sobre los sistemas educativos de los 42 países miembros de la Unión Europea, Turquía, Rumanía y Macedonia del Norte son los únicos tres que no ofrecen educación obligatoria a los niños de nacionalidad extranjera.
Sistemas educativos para los menores extranjeros
| Obligatorio | Escuelas extranjeras | |
|---|---|---|
| Francia | Sí | Organizaciones privadas sin ánimo de lucro |
| Estados Unidos | Centros privados | |
| Gran Bretaña | ||
| Alemania | ||
| Japón | No |
“Escuelas diversas”, sin licencia |
| China | Entidades similares a las “escuelas diversas” de Japón | |
| Corea del Sur | Centros privados y “escuelas diversas” |
Nota: en Gran Bretaña, los centros educativos deben contar con una licencia, mientras que en Alemania existen opciones como los centros educativos alternativos y los centros educativos complementarios. En Corea del Sur, los centros educativos cuentan con una licencia o están autorizados por las autoridades regionales.
Elaborado por nippon.com a partir de documentos del MEXT que detallan los debates del comité de expertos sobre la mejora de la educación para los alumnos de nacionalidad extranjera.
Partiendo del principio de que el derecho la enseñanza es independiente de la nacionalidad, las autoridades intervienen en la educación. La mayoría de los Estados miembros de la UE sitúan a las escuelas para extranjeros al mismo nivel que las escuelas públicas y privadas que siguen el plan de estudios nacional. En cambio, Japón, Corea del Sur y China no obligan necesariamente a los niños de nacionalidad extranjera a formar parte del sistema de educación obligatoria, tal como se describe en la tabla anterior.
El sistema europeo considera a los residentes de nacionalidad extranjera como miembros de su sociedad. Ante el envejecimiento y la disminución de la población, Japón debería tomar este enfoque como modelo y reestructurar de manera fundamental su sistema educativo. Esto ayudaría al país a convertirse en un centro de atracción y formación de recursos humanos multilingües y a inyectar una nueva vitalidad en nuestra economía y sociedad.
Paralelamente a la apertura de la educación pública a todo el mundo, las autoridades deben prestar atención a las escuelas para extranjeros. En Okinawa, la prefectura participa en el funcionamiento de las escuelas amerasianas, que atienden a niños de origen mixto japonés y estadounidense. Algunas escuelas ofrecen educación bilingüe en japonés e inglés, y a menudo estos centros se citan como un caso modelo de apoyo administrativo.
Cambiar para garantizar la estabilidad
Japón perdió la oportunidad de entablar debates de fondo sobre la cuestión de la escolarización de los menores extranjeros cuando se revisó la Ley de Control de la Inmigración y Reconocimiento de Refugiados en 1990, tras la escasez de mano de obra que sufrió el país durante los años de la burbuja económica a finales de la década de 1980.
En aquel momento, se produjo un rápido aumento en el número de niños extranjeros que acompañaban a sus padres al incorporarse a empleos en Japón y que no procedían de las zonas habituales hasta entonces, como los antiguos dominios coloniales de Japón previos a la guerra, entre ellos Taiwán y la península coreana. Esto debería haber llevado a la formulación de nuevas normas sobre su posición en el sistema de educación obligatoria, pero el Gobierno consideró claramente a los adultos como trabajadores migrantes de los que no se esperaba que permanecieran mucho tiempo en Japón. En consecuencia, asumió lo mismo para sus hijos y los trató sencillamente como a los residentes de origen coreano o taiwanés sin nacionalidad japonesa. Esto eximió en la práctica a todos estos menores extranjeros de los requisitos de la educación obligatoria, lo que dio lugar a una discriminación basada en la nacionalidad y los excluyó de las oportunidades educativas ordinarias.
Más adelante, el número de matrimonios internacionales aumentó de forma considerable, las familias se volvieron mucho más diversas y dejó de ser inusual que los hijos tuvieran nacionalidades distintas a las de sus padres, o incluso a las de sus hermanos. Además del hecho de que más niños de nacionalidad japonesa asistían a algunas escuelas para extranjeros para recibir educación en inglés, estos centros también comenzaron a funcionar como espacios de aprendizaje alternativos para menores japoneses que no se adaptaban bien al sistema escolar nacional. Pero, aun así, el Gobierno no ha tomado medidas para cambiar el sistema existente, lo que genera una notable confusión y contradicciones tanto para las familias como para las propias escuelas.
Debemos asumir el hecho de que las escuelas para extranjeros ya no son sencillamente para menores de otras nacionalidades. El Gobierno central y los gobiernos locales deben garantizar, al menos, que estos centros ofrezcan la misma supervisión en materia de salud y seguridad que las escuelas del Artículo 1.
En abril de 2027 entrará en vigor un nuevo sistema para trabajadores cualificados. Se prevé que un mayor número de extranjeros, y presumiblemente también sus hijos, acudan a Japón para vivir y trabajar.
La incorporación de las escuelas para extranjeros en el sistema educativo japonés daría a los menores internacionales residentes en Japón la oportunidad de integrarse y adquirir las competencias necesarias para desenvolverse en nuestra sociedad, al tiempo que conservan su lengua materna y su cultura. Aumentar el número de residentes extranjeros con una amplia comprensión de las costumbres y los sistemas de Japón proporcionará una base estable para la nación. A medida que sigue aumentando la llegada de personas procedentes de otros países, la educación de sus hijos se convierte en una cuestión que exige una solución.
(Redactado por Matsumoto Sōichi de nippon.com a partir de una entrevista con Kojima Yoshimi. Imagen del encabezado: una revisión médica realizada por voluntarios en un colegio brasileño de Japón. © Kojima Yoshimi.)
