‘Mis días en la librería Morisaki’, de Yagisawa Satoshi: un superventas sobre el valor de lo cotidiano
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Largas colas en la India para las sesiones de firmas
En enero de 2026 Yagisawa Satoshi visitaba India por primera vez. Su propósito era asistir a la Feria Internacional del Libro de Chennai y al Festival de Literatura de Kerala, uno de los festivales literarios más importantes de Asia. Entre ambas fechas dio también una charla en una librería de Bangalore, recorriendo así tres ciudades del sur del país en un viaje de diez días tan intenso como gratificante. Yagisawa cuenta que en las sesiones de firmas que ofreció en los tres lugares hubo cientos de fans haciendo cola.
“Me impresionó la increíble pasión que los indios tienen por la lectura”, comenta el autor. “En India primero leyeron el libro en inglés, y recientemente se han publicado versiones en hindi y tamil. Como es un país multilingüe, ya tenemos acordadas traducciones a ocho idiomas más”.

Arriba: Entrevista en Neko no Hondana, una librería compartida en Jinbōchō. Abajo: Cada estante tiene un propietario diferente, que crea una mini-librería con su selección de libros personal. Yagisawa es dueño de uno de estos estantes, en el que se pueden ver sus libros en varios idiomas. Fotografía de Hanai Tomoko.
La primera chispa de esta popularidad en Europa y América fue la edición italiana, de 2022. La edición en inglés, publicada un año más tarde, ha vendido más de 600.000 ejemplares. En 2024 la obra fue nominada a los British Book Awards, y en marzo de este año Yagisawa ha sido invitado a la Feria del Libro de Londres.
Sin embargo, la trayectoria para llegar a ser el autor de fama mundial que es hoy en día no fue precisamente un camino de rosas. En realidad, su popularidad en el extranjero y su “redescubrimiento” en Japón no llegaron hasta después de la pandemia de la COVID-19.
La magia del barrio de las librerías de segunda mano
Su obra debut, Morisaki shoten no hibi (“Mis días en la librería Morisaki”), fue publicada por Shōgakukan en 2010 y adaptada al cine el mismo año.
La obra cuenta la historia de una protagonista desolada que, tras perder tanto su trabajo como su fe en el amor, pasa los días en una librería de segunda mano especializada en literatura japonesa moderna que su tío tiene en Jinbōchō. Allí acabará reencontrándose a sí misma gracias al consuelo que le brindan los libros y las interacciones con la gente que le rodea.
“En aquel entonces trabajaba a tiempo parcial como guionista en una empresa de producción editorial en Kanda, y después del trabajo, de camino a casa, siempre pasaba entre las librerías de segunda mano de Jinbōchō. Caminando por las calles al atardecer, de repente me surgió la idea para la novela; en eso de un mes ya la tenía escrita”, recuerda Yagisawa.
Cautivado por Jinbōchō desde su primera visita al barrio en sus años de bachillerato, Yagisawa siguió frecuentando sus calles durante su época universitaria, cuando estudiaba guión. Cuenta que iba constantemente a las tiendas especializadas en guiones y material cinematográfico de segunda mano, y solía pasar el rato en sus cafeterías favoritas: entre ellas, el histórico café Sabōru, que sirvió de inspiración para la cafetería que aparece en una de sus novelas.
“Se puede curiosear yendo de una librería de segunda mano a otra, y también hay cafeterías a la antigua que me encantan. Antes de casarnos mi esposa trabajaba en una librería en Jinbōchō, y como le encantaba la literatura moderna yo también empecé a leerla. Eso quizás influyó en la ambientación de mi obra”.

Frente a la cafetería Sabōru. Fotografía de Hanai Tomoko.
De la adversidad al éxito mundial
A pesar de haber dado sus primeros pasos como escritor, el camino hasta convertirse en un autor superventas fue arduo. Publicó una secuela de su debut, titulada Junkissa Torunka (“Mis días en el café Torunka”) y ambientada esta vez en una cafetería en el barrio de Yanaka; también probó suerte escribiendo otra obra, Kimi to kuraseba (“Si pudiera vivir contigo”), en la que se narra el día a día de unos hermanos adoptivos y su gato. No obstante, las ventas seguían siendo escasas.
“Entonces lo que se llevaba eran las novelas ambientadas en el mundo laboral, y se buscaba una visión del mundo llamativa y provocativa. Según parece, mis historias eran consideradas demasiado lentas y sobrias”.
Llegó a recibir palabras hirientes de gente de su alrededor, haciendo que perdiera completamente la confianza en sí mismo y fuera incapaz de escribir nada nuevo durante un largo tiempo. Cuenta que incluso sufrió ataques de pánico al intentar escribir. Pasó aquella época enfrascado en libros de filosofía y psicología, con la esperanza de que le ayudaran, aunque fuera un poco, a recuperarse mentalmente.
“Fue el periodo más difícil y desesperado de mi vida, pero también fue una época que me sirvió mucho para volver a aprender desde cero sobre la psique humana, algo que siempre me había interesado. Ahora mi salud mental se ha recuperado por completo, y si he podido volver a escribir es precisamente gracias a este periodo”.

La nueva edición de Mis días en la librería Morisaki (izquierda), publicada en 2025, junto a su versión en inglés. Cortesía de Shōgakukan.
La primera traducción de la librería Morisaki fue al chino tradicional de Taiwán. Según cuenta Yagisawa, la rápida difusión de su obra en Occidente se debió en gran medida a Emily Chuang, una agente literaria afincada en Taipéi que hace de intermediaria en la traducción y publicación de novelas de diversos países.
“Emily leyó la versión taiwanesa y le encantó. Al ser una agente que se dedica a la distribución global, especialmente en Europa y América, todo avanzó muy rápido. Se hizo popular en Italia, y enseguida HarperCollins, una de las cinco grandes editoriales del mundo, decidió publicarla. Todo a una velocidad que me tenía pensando ‘¡hala, increíble!’, un poco como si no fuera conmigo”.
La búsqueda de un lugar propio y esa sutil distancia
“Fue tras comenzar la pandemia de la COVID-19 cuando mis obras, antes consideradas insulsas, se popularizaron en el extranjero y comenzaron a leerse en Japón. Me imagino que porque la gente estaba emocionalmente agotada”.
Según Shōgakukan, las novelas japonesas sobre gatos gozaban de popularidad en el extranjero ya desde antes. Ahí está el ejemplo de Hon wo mamorō to suru neko no Hanashi (“El gato que amaba los libros”; 2017), de Natsukawa Sōsuke, que pronto habrá sido traducido a 40 idiomas. Además, explican desde la editorial, desde la pandemia ha habido una creciente demanda de novelas reconfortantes que hagan sentirse cómodo al lector (la llamada healing fiction o cozy fiction). Pioneras en esta tendencia serían Kamogawa Shokudō (“Los misterios de la taberna Kamogawa”; 2013), de Kashiwai Hisashi, la cual ha recibido ofertas de traducción de 30 idiomas, o la propia Mis días en la librería Morisaki.
“A menudo califican mis obras como novelas terapéuticas, pero no es que me pusiera a escribirlas con la intención de curar a la gente. Es solo que me gusta acercarme a los personajes, y cuando escribo quiero darles algo de consuelo. Si tu historia narra con detalle el proceso de salvación de un personaje, el lector también siente esa salvación”.
Ya sea una librería de segunda mano en Jinbōchō, un café en Yanaka, o una pensión en la planicie de Nasu —como en su última obra Pension Wakeatte—, las novelas de Yagisawa utilizan un único lugar como escenario para retratar las relaciones humanas. Sus personajes muestran consideración los unos por los otros pero sin entrometerse en exceso, siempre con cierta distancia prudencial.

Yagisawa Satoshi en Jinbōchō, barrio repleto de librerías. Fotografía de Hanai Tomoko.
“Básicamente elijo lugares que me gustan como escenario de mis historias. Quizá es que subconscientemente quiero darle importancia al sentido de pertenencia a un lugar. Yo me crie en una familia disfuncional; mi casa no era un lugar que me hiciera sentirme resguardado. Así que de joven lo que más quería era tener un lugar del que formar parte. Por eso creo que uno de mis temas recurrentes es esa búsqueda de un lugar propio en el que sentirse en casa.”
“Incluso en mi vida diaria, pienso constantemente sobre lugares que puedan servir de escenario para novelas: ‘pues me gustaría escribir una historia ambientada en una sala de cine’, y cosas así. Disfruto escribiendo sobre los vínculos que surgen dentro de un mismo espacio y esa sutil distancia que hay entre los personajes.
Mis días conviviendo con gatos
En 2025 se publicaron en Japón nuevas ediciones de Mis días en la librería Morisaki y de su secuela. Tras la pandemia se reeditó también Mis días en el café Torunka, con la serie ya completada en forma de trilogía en 2024; a finales del año pasado se publicó su versión en inglés. Por su parte, Pension Wakeatte ya tenía traducciones confirmadas en varios países incluso antes de su lanzamiento en febrero de 2026.
Lejos de dejarse arrastrar por el éxito, Yagisawa aprecia la cotidianidad de su día a día. Es en esa vida con su esposa y sus dos gatos rescatados donde el autor ha encontrado un lugar propio del que formar parte.
“Empecé a tener gatos justo cuando acababa de convertirme en escritor. Los gatos no imponen su presencia, simplemente viven ahí contigo. En esa distancia hay algo reconfortante que se agradece. Yo también, cuando escribo novelas, trato de no imponer mucho mi presencia, intentando hacer obras que sean ligeras pero profundas. Los lectores son muy sensibles, y si insistes para forzar cierta reacción —“ahora llora”, “ahora siéntete reconfortado”—, se dan cuenta enseguida”.
Hay veces en las que nuestro día a día puede verse amenazado; es algo de lo que se dio cuenta todo el mundo tras la pandemia. Ahora, la incertidumbre de la situación política internacional no hace más que aumentar la ansiedad de la gente. Las novelas de Yagisawa, retratos de la vida diaria de gente común que subrayan el valor de lo cotidiano, seguirán sin duda gozando de una gran acogida tanto en Japón como en el extranjero.
Imagen del encabezado: Yagisawa Satoshi muestra diversas ediciones traducidas de su Mis días en la librería Morisaki en la librería Neko no Honbako, en Jinbōchō, Tokio. Fotografía de Hanai Tomoko.
(Traducido al español del original en japonés.)
