Radiación y relatos de guerra silenciados: las novelas sobre lo invisible de Kobayashi Erika

Literatura Cultura

Kobayashi Erika se dio a conocer con la novela basada en hechos reales Onnanoko tachi fūsen bakudan wo tsukuru (“Las chicas fabrican globos-bomba”). Desde entonces no ha dejado de escribir sobre temas como los efectos de las armas nucleares, la radiación, o los testimonios de los olvidados por la historia.

Kobayashi Erika KOBAYASHI Erika

Autora y artista nacida en Tokio en 1978. Su novela Onnanoko tachi fūsen bakudan wo tsukuru (“Las chicas fabrican globos-bomba”; Bungei Shunjū) ganó en 2025 el Premio de la Cultura de la editorial Mainichi. Entre sus obras más destacadas se encuentran las novelas Madamu Kyurī to chōshoku wo (“Desayuno con Madame Curie”) y Torinitī, torinitī, torinitī (“Trinidad, trinidad, trinidad”; ambas publicadas por Shūeisha), así como Shin’ai naru kitītachi e (“Queridos Kittys”) y la serie de cómics Hikari no kodomo (“El niño de la luz”, tomos 1-3; ambos publicados por Little More).

El deseo de vivir después de la muerte

La historia de Kobayashi Erika como escritora comienza con un encuentro con Ana Frank y unos padres dedicados al estudio y traducción de las obras de Sherlock Holmes. Kobayashi tenía 10 años cuando leyó por primera vez el famoso diario de Ana.

“Me dejó impresionada que una niña apenas mayor que yo pudiera expresar con tanta claridad su opinión frente a las injusticias del mundo. Ana deseaba ‘seguir viviendo aun después de morir’, y su sueño era ser escritora o periodista. Ese se convirtió también en mi sueño, por influencia de ella”.

(Fotografía: Hanai Tomoko)
(Fotografía: Hanai Tomoko)

El padre de Kobayashi Erika era el difunto Kobayashi Tsukasa (1929-2010), psiquiatra y reconocido estudioso de Sherlock Holmes. Su madre es la traductora y escritora Higashiyama Akane (1947-). Erika creció viendo a sus padres trabajar día y noche para traducir los 60 relatos de Holmes. Kobayashi dice por eso haber crecido “en un distrito de Nerima muy victoriano”. La cercanía que sentía hacia la londinense Baker Street del siglo XIX hacía, según dice, que esta pareciera parte de su barrio en Tokio.

“A través de las traducciones de mis padres, sentía como si Holmes, Watson y el mismo Conan Doyle vivieran ahí conmigo, en el presente. Me di cuenta de que la escritura puede traer de vuelta la voz de gente que ya no está entre nosotros; diría que ese fue el punto de partida para mí como autora”.

El diario de un padre crecido en época de militarismo

Durante su veintena, Kobayashi publicó ensayos, relatos cortos y cómics, trabajando incluso en instalaciones artísticas. Pero a los 31, todo cambió. La escritora encontró el diario de su padre, de cuando era un joven militarizado como tantos por la ideología del Imperio de Japón.

“Durante la guerra, cuando tenía 16 años, mi padre fue movilizado para trabajar fabricando aviones. En su diario escribe: ‘Hoy he conseguido vivir un día más’. Por otro lado, incluso en medio de los continuos bombardeos divaga sobre cosas totalmente cotidianas; que si los estudios no le van bien, que si se ha enamorado de una chica… Era una faceta que ni me imaginaba de mi padre, de quien creía saberlo todo. Al mismo tiempo, mi idea de la vida en tiempos de guerra, que hasta entonces era simplista y uniforme, comenzó a adquirir muchos matices”.

El destino quiso además que su padre Tsukasa naciera en 1929, el mismo año que Ana Frank.

“Mi padre, al que tanto quería, y Ana Frank, a la que admiraba, eran, desde una perspectiva histórica, un joven del Imperio de Japón aliado con los Nazis y una chica judía. Es decir, que mi padre contribuyó indirectamente a su muerte. Yo no sabía cómo sentirme al respecto. Al poco tiempo partí en un viaje por Alemania, Polonia y los Países Bajos para seguir los pasos de Ana, llevando conmigo su diario y el de mi padre.”

(Fotografía: Hanai Tomoko)
(Fotografía: Hanai Tomoko)

De esa experiencia nació su primera novela, Shin’ai naru kitītachi e (“Queridos Kittys”; 2011). El libro es una especie de diario de viaje en el que la autora visita numerosos lugares, incluidos los campos de concentración, mientras intercala extractos de los diarios de Ana y su padre. Da forma así a una obra en la que se transmite la sensación de que la situación internacional del momento es una prolongación directa de la historia. La novela también le sirvió a la autora para comprender en carne propia que la muerte de aquella Ana fue consecuencia de las diversas decisiones tomadas por sus contemporáneos, y que su misma existencia era, después de todo, el resultado y continuación de la historia de la guerra.

Huellas invisibles que quedan tras la muerte

Tras terminar Queridos Kittys, Kobayashi pensó en tratar el tema de la radiación y radiactividad. Aunque el accidente de la central nuclear de Fukushima Dai-ichi también contribuyó a este deseo, la idea de la radiactividad como presencia invisible ya le interesaba desde antes a la autora.

“Una vez vi los cuadernos de los experimentos de Marie Curie. A pesar de haber pasado ya más de 70 años desde su muerte, al medir la radiación con un dosímetro todavía mostraba niveles altos. Esto se debe a que todavía quedan las huellas de sus dedos, con los que tocó directamente materiales radiactivos como el radio o el polonio. Y estas huellas seguirán ahí hasta dentro de 1.601 años, que es el período de semidesintegración del radio-226. Irónicamente, esto me encajó con las palabras de Ana Frank cuando decía que quería seguir viviendo aun después de morir”.

Con la idea de hacer que los lectores se den cuenta de esa huella invisible que perdura tras la muerte, Kobayashi comenzó a partir de 2013 a crear varias obras en torno a la relación entre los humanos y la radiación: desde el cómic sobre la historia de la radiactividad Hikari no kodomo (“Los niños de la luz”) o la novela nominada al premio Akutagawa Madamu Kyurī to chōshoku wo (“Desayuno con Madame Curie”), hasta su libro Torinitī, Torinitī, Torinitī (“Trinidad, trinidad, trinidad”), que llegó a traducirse al inglés.

La voz de las mujeres de las que nadie escribió

En un principio, Kobayashi quería dejar constancia de su existencia a través de sus escritos; sin embargo, últimamente ha pasado a creer firmemente que lo que debe hacer es desenterrar y transmitir los testimonios sepultados por la historia.

“No se limita a lo que yo tenga que decir, sino que engloba también la voz de todas las personas que viven en mi época. Alguien podría encontrarlas en el futuro, y escucharlas. Esa idea me supone un consuelo enorme. Por eso ahora quiero concentrarme en prestar mis oídos a toda la gente que me sea posible y dejar escritos esos testimonios, para entregar ese legado al porvenir”.

Onnanoko tachi fūsen bakudan wo tsukuru (“Las chicas fabrican globos-bomba”; 2024) es una novela basada en la historia real de las niñas de un colegio femenino que fueron movilizadas durante la Segunda Guerra Mundial para fabricar globos gigantes de papel en el teatro Takarazuka de Tokio. Era parte de una operación del ejército japonés que tenía como objetivo atacar directamente el territorio continental estadounidense, lanzando bombas con estos globos de unos 10 metros de diámetro hechos a base de papel japonés washi y pegamento vegetal de konnyaku. La autora invirtió mucho tiempo en una enorme labor de documentación para la obra, en la que se incluyen entrevistas.

“Se dice mucho que, ahora que han pasado ochenta años tras el fin de la guerra, los testigos de la historia están desapareciendo. Pero todavía quedan muchas voces cercanas a nuestro alrededor que deberíamos escuchar. Los testimonios de las mujeres, en particular, apenas han sido recogidos en los llamados “libros de historia”; cuando se narra la Segunda Guerra Mundial, todo queda acaparado por nombres de hombres como Adolf Hitler, Tōjō Hideki y demás. Pero la mitad de los que vivieron aquella guerra eran mujeres, y lógicamente cada una tenía sus propias ideas y sentimientos. Por eso quise hacer una reescritura del relato de la guerra partiendo de nombres de mujer y desde una perspectiva femenina”.

En la novela, las chicas no son meros seres frágiles. Se muestra, por ejemplo, la exaltación que sienten las jóvenes al hablar de “nuestros soldados”, o su entusiasmo por unas “rebajas de celebración por la caída de Nankín”, en una obra en la que se palpa la violencia que convive con la vida cotidiana y los matices emocionales a los que da pie.

(Fotografía: Hanai Tomoko)
(Fotografía: Hanai Tomoko)

“El apego hacia la familia, el deseo de querer ser útil para los demás o esas pequeñas alegrías del día a día quedan atrapados en las redes de algo más grande, y para cuando te das cuenta eres partícipe de una guerra. Escribiendo me di cuenta por primera vez de lo terrorífico que es esto. Acabé por pensar que quizá no haya diferencias entre las chicas que construían esos globos bomba y los que vivimos hoy en día. Por ejemplo, el hecho de que el Gobierno de Japón haya levantado las restricciones de exportación de armas letales, hará que armas hechas en Japón maten a alguien en otro país. Me aterra la idea de no ser consciente de esto, sintiendo compasión por la gente que vive en guerra cuando vemos las noticias mientras seguimos con nuestro día a día como si nada”.

Partir de un libro para cultivar un bosque

En la primavera de 2025, Kobayashi lanzó la editorial digital Arbaro Books, dando comienzo así a su proyecto para traducir al inglés y distribuir diversas obras dedicadas al tema de las armas nucleares y la radiactividad. Arbaro significa bosque en esperanto; el nombre refleja su deseo de juntar a personas de todo el mundo a través de los libros, de la misma manera en la que juntando árboles se forma un bosque.

El primer lanzamiento de la editorial es la traducción al inglés del volumen uno de su cómic, Hikari no kodomo, traducido al inglés como Seeing the light. La historia sigue al protagonista Hikaru, nacido en 2011, y a su gato Erwin en un viaje en el tiempo al París de 1900, tras lo cual se mueven entre el pasado y el presente. Es una ambiciosa obra que recorre los 115 años de historia de la radiactividad, y con tres volúmenes publicados, la serie todavía no ha concluido. Según cuenta, Kobayashi tiene la intención además de escribir una secuela.

La versión inglesa de Hikari no kodomo. La traducción es de Winifred Bird, afincada en EE. UU.; el diseño es de Brennan Kelly. (Cortesía de Arbaro Books)
La versión inglesa de Hikari no kodomo. La traducción es de Winifred Bird, afincada en EE. UU.; el diseño es de Brennan Kelly. (Cortesía de Arbaro Books)

Como segunda publicación, la editorial tiene planeado lanzar el 9 de agosto una edición, tanto en japonés como en inglés, del cuento Kanreki no hanayome (“La novia sexagenaria”) de Hayashi Kyōko, ganadora del Premio Akutagawa y autora de numerosas novelas basadas en su experiencia como superviviente del bombardeo atómico de Nagasaki. La versión inglesa será de Brian Bergstrom, traductor afincado en Canadá que ya tradujo en su día la obra Torinitī, Torinitī, Torinitī de Kobayashi; el diseño correrá a cargo de Brennan Kelly.

“Es una autora veterana a la que respeto muchísimo, y quiero poder volver a charlar sobre su obra con mucha gente. Mi deseo es que en un futuro la editorial llegue a ser una plataforma donde se traduzcan obras escritas originalmente en japonés sobre temas como las bombas atómicas, las armas nucleares y la energía atómica, publicándolas no solo en inglés, sino en varios idiomas. Aunque bueno, como la gestión sale toda de mi propio bolsillo, es cierto que todavía estamos en la fase de prueba y error”.

Elegir el futuro aprendiendo del pasado

En sus obras, Kobayashi no entra a hacer juicios entre el bien y el mal.

“El bien y el mal pueden invertirse fácilmente. Por ejemplo, el culto al emperador o el apoyo al régimen imperial eran en su día lo correcto, pero tras la derrota de Japón en la guerra, esa concepción dio un giro de 180 grados. Los mismos que promueven activamente la guerra pasan sin pestañear a predicar la paz. Por eso cuando observo el pasado, trato de escribir meticulosamente cada detalle; de esta forma empiezan a apreciarse las encrucijadas de las que parten todas esas decisiones de aquel entonces. Creo que esto es de gran ayuda para los que vivimos en el presente cuando nos toca enfrentarnos a decisiones que tendrán repercusiones dentro de diez, veinte, o incluso más años en el futuro”.

Del mismo modo, dice, reducir el tema de la energía y armas nucleares a un simple dualismo del bien contra el mal solo trae conflicto.

“Al echar la vista atrás mientras escribo sobre la historia, noto claramente que no existe nadie que de verdad comprenda todos los aspectos y entresijos de la energía nuclear o las armas nucleares. Por eso mismo, los que vivimos en el presente hemos de cooperar, compartir el conocimiento y pensar juntos tanto como sea posible. Creo que así, independientemente del camino elegido, cada individuo será más consciente del peso de su elección. Y eso es lo que quiero: ofrecer un espacio, un motivo para que todos podamos pensar. Esa es la convicción por la que sigo escribiendo.”

(Artículo traducido al español del original en japonés. Imagen del encabezado: Kobayashi Erika en mayo de 2026. Fotografía de Hanai Tomoko.)

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