El haiku: la sensación condensada en tres líneas

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El haiku, la composición poética más corta del mundo, ha traspasado las fronteras nacionales y es cultivado hoy en día en muchos países. Veamos en qué consiste este pequeño pero potente artefacto poético y cuáles son sus raíces en la tradición poética japonesa.

Furuike ya / kawazu tobikomu / mizu no oto

El muy japonés haiku se ha globalizado, abriéndose camino en diversas lenguas y adoptando las más variadas formas. El inmortal haiku de la rana que se zambulle en el viejo estanque (“Furuike ya...”) ya no es solo conocido por ser una obra maestra de Matsuo Bashō (1644-1694). Lo es también como buque insignia de una armada poética que cruza todos los mares. Pero serán muy pocos los que puedan dar una respuesta precisa y certera a la pregunta de qué es el haiku. Haremos aquí un recorrido por la historia del género y sus precedentes históricos, y veremos qué características formales presenta su arte.

Originalidad de ángulo, lo principal

El haiku es una composición poética sujeta a métrica propia del ámbito cultural del idioma japonés y caracterizada por una extrema brevedad. Al menos sobre los haikus japoneses puede decirse que cumplen estas dos condiciones: constar de tres versos de cinco, siete y cinco sílabas, e incluir un kigo.

Veamos primero sus aspectos formales. La unidad métrica coincide aproximadamente con la sílaba del idioma japonés y gráficamente suele hacerlo, aunque no siempre, con cada letra de los silabarios kana. Que el total sea exactamente de 17 unidades no es una norma que haya de cumplir a rajatabla. Algunos haikus pueden exceder esa cantidad en una o más sílabas (jiamari). Lo contrario (jitarazu) ocurre con menos frecuencia, pues suele evitarse.

El kigo es un vocablo comúnmente asociado a alguna de las estaciones del año. Para su correcto uso, los creadores acostumbran a tomar como referencia los libritos llamados saijiki, que recogen y agrupan por estaciones las palabras de uso tradicional. Por ejemplo, tsuki (luna), cuando aparece sin otras matizaciones, es una palabra asociada al otoño, como hana (“flor” o, por antonomasia, “flor del cerezo”) lo es en principio a la primavera.

A lo largo de su historia, el kigo ha ido rodeándose de gran número de reglas que limitan o condicionan su uso y los saijiki funcionan como guías o manuales que dan cuenta de todo ello. Hasta el periodo Edo (1603-1868), un haiku podía contener dos o más kigo, pero en épocas posteriores esta acumulación (kigasanari) ha sido vista como algo impropio y evitada.

Hoy en día suele llamarse haiku tradicional al que cumple estas dos condiciones básicas y haiku vanguardista al que las ignora. Hay haikus vanguardistas de métrica libre y otros que podríamos denominar “aestacionales”, pues no contienen kigo. Tampoco ha de pensarse que es haiku todo lo que cumpla las dos condiciones. Por mucho que les añadamos algún kigo, cosa como los eslóganes de seguridad vial no se convertirán en haikus. Lo principal es que el haiku exprese la sensibilidad y el punto de vista individual del poeta.

Un rasgo que, si bien no es una condición sine qua non, se considera importante en el haiku es el kire (cesura). Se parte de la idea de que todo haiku ha de tener dos elementos y el kire es el punto donde termina el primero y comienza el segundo. Algunos vocablos a modo de exclamaciones, como los shūjoshi (“partículas finales”) ya o kana, suelen cumplir la función de marcar el kire y por ello son llamados genéricamente kireji (“letra de cesura”). La conjugación clásica de los verbos japoneses, con sus peculiares desinencias, también da origen a otros kireji, como -keri o -ran. Todos estos kireji cumplen también la función de marcar las partes del haiku en las que el sentimiento se manifiesta con mayor intensidad, por lo que, además de en la cesura, pueden aparecer también al final de la composición. Algunos haikus no presentan cesura y en ese caso se llaman ichibutsujitate (“confección unitaria”).

La difusión del haikai, una fórmula sin las limitaciones del waka o del renga

En la historia de la poesía japonesa, el haiku viene precedido por otro género: el waka (literalmente “canción japonesa”). Este toma, en principio, la forma de tanka (literalmente, “canción corta”), que es una estrofa de cinco versos de cinco, siete, cinco, siete y siete sílabas. Pero muy pronto se desarrolló una nueva forma, la del renga (“canciones encadenadas”), en la que la estrofa quedaba desdoblada en dos, dando pie a la colaboración entre dos autores o voces. El primero componía una primera estrofa de tres versos (5+7+5 sílabas) y el otro se encargaba de la segunda, con dos versos de siete sílabas. Una derivación de este estilo fue el renga construido a la inversa, comenzando por la estrofa de dos versos. A partir del siglo XI, se produce un nuevo desarrollo, con encadenamientos de estrofas de tres y dos versos.

Se alcanzó así una forma poética muy larga (por lo general, una sucesión de 100 estrofas), en la que el primero de estos grupos fue conocido como hokku (“estrofa de arranque”). El hokku era compuesto por el “invitado” o “visitante” siguiendo la fórmula de introducir en su discurso alguna referencia a la estación del año a modo de saludo para el resto de los participantes en la reunión poética. Tanto la métrica de los haikus actuales como la presencia en ellos del kigo tienen, pues, su origen en el hokku.

Durante la Edad Media japonesa, se mantuvo la idea de que el renga era una forma de waka y de que, consiguientemente, debía regirse por sus mismos principios en materia de léxico y temática. Muchos autores que se sentían constreñidos por estas limitaciones reaccionaron a ellas convocando reuniones poéticas específicamente para intercambiar versos de temática vulgar, en los que las palabras se usaban libremente, con intención lúdica. Las producciones de estos poetas se denominaron haikai no renga (“renga de lo cómico”) o, simplemente, haikai. En el periodo Edo, el haikai suplantó al renga como fórmula poética de moda. Fue entonces cuando surgieron sus autores más famosos: el citado Bashō, Yosa Buson (1716-1783) y Kobayashi Issa (1763-1827).

Al componer sus poemas, los autores de esta época tenían en su mente la fórmula del haikai no renga, de la cual la estrofa inicial de tres versos no dejaba de ser el hokku o “estrofa de arranque”. Con el paso del tiempo, el hokku fue ganando autonomía y comenzó a ser paladeado como una composición en sí mismo. En rigor, las obras de los poetas de esta época deberían ser llamadas hokku, pero hoy en día está generalizada la costumbre de aplicarles la denominación haiku, que históricamente surgió más tarde.

El haiku, un género nacido de Masaoka Shiki

El arte del haiku tal como se ha transmitido hasta nuestro tiempo comienza a finales del siglo XIX con el poeta Masaoka Shiki (1867-1902). Shiki prescindió de las estrofas sucesivas al hokku por entender que carecían de valor literario e independizó este como un poema de estrofa única, compuesta por tres versos de cinco, siete y cinco sílabas, bautizándolo haiku. Frente al carácter colectivo del haikai que se estilaba hasta entonces, el haiku se perfila y difunde como una creación eminentemente individual. Shiki propugnó que el haiku se compusiera siguiendo el método del sketch (boceto, esbozo del natural) de la pintura occidental.

El sucesor de Shiki fue Takahama Kyoshi (1874-1959), quien mostró un respeto escrupuloso por la métrica y por la presencia del kigo, características del haiku tradicional, y tuvo como divisas kyakkan-shasei (“esbozo objetivo”) y kachō-fūei, que viene a significar una actitud de ensalzamiento de los fenómenos del mundo natural (incluyendo en él al ser humano), y su reflejo en el poema.

Se originaron también movimientos que entraron en colisión con las ideas de Kyoshi, como el del shinkeikō haiku (“haiku de nueva tendencia”), creado en torno a Kawahigashi Hekigotō (1873-1937), que pretendía dotar de un sentido social a un haiku libre ya de su métrica y desprovisto de kigo. Estas dos corrientes, la de Kyoshi y la del shinkeikō haiku que tras la Segunda Guerra Mundial derivará hacia el llamado haiku vanguardista, han llegado hasta nuestros días.

Una brevedad que permite muchas interpretaciones y valoraciones

Para terminar, presentaré aquí una estrofa de Bashō y otra de Shiki con una somera interpretación de ambas que puede ayudar al lector a comprender mejor tanto el hokku como el haiku.

Furuike ya / kawazu tobikomu / mizu no oto (Bashō)
Fu-ru-i-ke-ya (5 sílabas) ka-wa-zu-to-bi-ko-mu (7) mi-zu-no-o-to (7)

A Bashō, que usó también a lo largo de su vida el nombre Tōsei, le cabe el mérito de haber sido el poeta que hizo del haikai o haiku una breve creación poética de alto valor simbólico.

En este caso el kigo es kawazu (rana), que hace de un poema de primavera. Ya es el kireji. El haiku nos sitúa ante un viejo estanque del que procede un ruido que delata que una rana acaba de zambullirse en él. Pese a su simplicidad, se han hecho muchas interpretaciones sobre lo que deseaba transmitir Bashō. Se ha señalado, por ejemplo, que el hecho de que Bashō limite el papel de la rana a la sonora zambullida, sin permitir que croe, es una interesante novedad que se aparta del espíritu de la waka o poesía clásica. Otros interpretan que Bashō hace que la rana exprese su alborozo por la llegada de la primavera no mediante la uta (“canción”, “poema”) que se le atribuye en el prólogo de la colección de poemas de principios del siglo X Kokin Wakashū, sino con un simple sonido acuático. Sin embargo, Kagami Shikō (1665-1731), discípulo de Bashō, escribió en un ensayo que, en sus meditaciones, su maestro había alcanzado el satori (iluminación) gracias al ruido producido por una rana al zambullirse y esta afirmación ha dado origen a lo largo del tiempo a otras muchas interpretaciones, cada vez más abstrusas.

A menudo, el poema de Bashō se ha interpretado a la luz de las enseñanzas del zen y otras sectas budistas. Por su grado de divulgación y por el influjo que ha ejercido, este poema es quizás el más emblemático de toda la tradición del haikai y el haiku.

Keitō no / jūshigo hon mo / arinu beshi (Shiki)
Ke:-to:-no (5 sílabas) ju:-shi-go-ho-n-mo (7) a-ri-nu-be-shi (5)
(los dos puntos expresan un alargamiento de la vocal precedente)

Una caries tuberculosa obligó a Shiki a guardar cama a menudo hasta que le sobrevino la muerte a los 34 años. Pese a su corta vida, Shiki obró una renovación completa de la poesía japonesa.

La flor llamada keitō (cresta de gallo, Celosia argentea), funciona como kigo, situándonos en el otoño. El keitō es una planta de jardinería que a principios de dicha estación tiñe sus tallos y flores de un intenso color rojo. El kireji es beshi, una desinencia verbal que significa en este caso, junto a arinu, “sin duda habrá”, “no habrá menos de...”. A sus 33 años, Shiki contempla el jardín desde el lecho de sus padecimientos y estima, sin gran apasionamiento, que deben de ser al menos 14 o 15 los keitō que lo engalanan. Sobre el valor del poema hay división de opiniones, pero si lo que deseábamos era un esbozo de lo natural, aquí lo tenemos. Sintamos cómo todos los seres que rozan la conciencia de Shiki se traducen en palabras como pura y cristalina sensación, transmitiendo aquí la profunda emoción que se deriva de saberse (todavía) vivo.

Fotografía del encabezado: una rana a punto de zambullirse en el estanque. (PIXTA)

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