Las nuevas posibilidades de combinar el kimono con la moda occidental

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Spree Kingyo es una estilista y maestra de kimonos e historiadora de la moda de relevancia internacional afincada en Berlín. Aunque ande trotando por el mundo, disfruta vistiendo kimono una vez a la semana. ¿Qué la llevó a interesarse por este atuendo tradicional? Le preguntamos su opinión respecto al distanciamiento del kimono por parte de los japoneses y cómo ve una extranjera el legado de la cultura de esta prenda de vestir.

Spree Kingyo Spree KINGYO

Ann-Dorothee Schlüter, conocida artísticamente como Spree Kingyo, es una estilista y maestra de kimonos e historiadora de la moda afincada en la capital alemana. Su nombre artístico surge de combinar el nombre en alemán del río Espresa, que atraviesa Berlín, y el término japonés kingyo (pez de colores), uno de sus motivos de kimono favoritos. En el mundo del kimono es así como la conocen y, de hecho, recientemente incluso ha podido hacer que su nombre artístico figure oficialmente en su pasaporte, puesto que en Alemania, además del nombre civil, es posible registrar un alias o un nombre religioso en este documento de viaje.

Los kimonos innovadores de origen europeo triunfan en Nueva York

A finales de 2021 tuvo lugar en Nueva York una exposición de kimonos de estilo original perteneciente a una serie de muestras titulada “Kimono visionaries” (Visionarios del kimono). Las 25 prendas que se exhibieron en esta cita de cuatro días de duración organizada en la ciudad estadounidense eran piezas únicas de Tia Oguri, una diseñadora sudafricana afincada en el Reino Unido. Todas ellas se caracterizan por el uso innovador de las telas africanas impresas del tipo wax, ricas en colorido, y por combinarlas con unos obi de seda tradicionales de Hakata o con complementos que contienen la esencia de la moda occidental, como los cinturones de cuero y los zapatos de tacón. Tanto los japoneses que residen en Nueva York como los neoyorquinos interesados en la cultura japonesa quedaron fascinados por semejante colección.

La exposición “Kimono visionaries”, celebrada en Nueva York. ©Kasumi Abe
La exposición “Kimono visionaries”, celebrada en Nueva York. ©Kasumi Abe

La comisaria de esta exposición; esto es, la persona encargada de su planificación, composición y gestión, entre otras labores, fue la mismísima Spree Kingyo, una estilista y maestra de kimonos e historiadora de la moda —una investigadora especializada en la historia de las prendas de vestir— afincada en Berlín. La cita fue posible gracias a que ella y los organizadores de la misma se habían conocido en un acto de moda, donde habían congeniado enseguida. Spree, que trabaja en este tipo de actividades en distintos países del mundo, viajó expresamente desde la capital alemana. “Me alegra que hayamos podido organizar con éxito una exposición como esta durante la pandemia y que muchas personas hayan disfrutado de ella”, declara la comisaria de “Kimono visionaries”.

Spree Kingyo durante “Kimono visionaries”. ©Kasumi Abe
Spree Kingyo durante “Kimono visionaries”. ©Kasumi Abe

Una vida marcada por los kimonos

Spree Kingyo posee un centenar de kimonos. Los que tiene más oportunidad de ponerse son los de uso diario. “Mis favoritos son los tsumugi, que no requieren muchos cuidados, y los de lana”, comenta la estilista.

Al igual que les ocurre ahora a los japoneses con la ropa occidental, cuyas prendas usan a diario sin ni siquiera cuestionárselo, la alemana no considera algo especial ponerse kimono, sino un elemento más de su rutina.

Su primer contacto con esta prenda tradicional japonesa se remonta a hace unos 15 o 20 años. Impresionada por lo bonitos que eran y lo agradables que resultaban al tacto, decidió empezar a adquirir kimonos y a investigar sobre su historia y su trasfondo. Posteriormente, quiso aprender a ponérselos ella misma, de ahí que comenzara a estudiar cómo vestirlos utilizando libros y materiales que encontraba en internet; en torno a 2010, decidió tomárselo más en serio y apuntarse a unas clases impartidas por maestras japonesas de Tokio y Berlín.

No obstante, cabe preguntarse qué hizo que se metiera tan de lleno en el mundo de los kimonos. En realidad, siempre había tenido interés en la historia de la moda: en torno a 1990 había empezado a investigar al respecto leyendo libros especializados en la moda europea de los siglos XVIII y XIX (barroca, rococó, de la Regencia, victoriana, etc.). Además, a partir de 1999 decidió estudiar en el museo de arte Stadtmuseum Jena, entre otras instituciones.

El interés por la moda

En cuanto a su espíritu inquisitivo para la moda, Spree Kingyo confiesa lo siguiente: “A decir verdad, creo que está relacionado con la ceguera facial que padezco”. Las personas que sufren prosopagnosia, o ceguera facial, tienen dificultad para reconocer las caras ajenas.

“Sé que ahora mismo estás ahí, pero, si me alejo un poco, no puedo distinguir quién eres”, explica.

La estilista no supo que padecía ceguera facial hasta pasados los 30. Cuando era pequeña, si se perdía de su familia en los grandes almacenes, los buscaba por la ropa que llevaran puesta. En aquel entonces, pensaba que no podía reconocer las caras ajenas por su corta edad, pero la realidad resultó ser distinta.

“Si lleva una chaqueta distintiva, por ejemplo, con rayas o de color rojo, lo reconozco porque pienso: ‘Eso es lo que se pone mi marido’. Para mí, la ropa siempre ha sido ese elemento que me permite reconocer a la gente”, cuenta. La propia Spree considera que este es uno de los motivos por los que su interés por las prendas de vestir aumentó ya en su infancia y le sirvió para desarrollar un buen ojo para la moda. La curiosidad la llevó a estudiar sobre los cambios que había experimentado la moda con el paso del tiempo y eso acabó convirtiéndose de una forma sumamente natural en su manera de ganarse la vida.

La influencia del kimono en Europa

Aprovechamos también para preguntarle sobre el cambio del foco de su interés de la moda occidental a los kimonos japoneses.

“Mi interés respecto a los kimonos que habían llegado a Europa fue aumentando a medida que iba aprendiendo más sobre la historia de la moda tradicional”, explica Spree Kingyo.

En la actualidad es posible ampliar los conocimientos buscando en internet y viendo vídeos de YouTube. Sin embargo, Spree quería saber cómo se habían introducido los kimonos de Japón a Europa y cómo habían sido la acogida y la recepción por parte de los europeos en lo que respecta a esas prendas desconocidas de Oriente en la época en cuestión, cuando no existían recursos como los que tenemos a nuestro alcance ahora.

“Por consiguiente, decidí ponerme a estudiar sobre los orígenes y la historia del kimono”, cuenta. Según la historiadora, los primeros kimonos habrían llegado a Europa en el siglo XVII. “Cuentan que mandaron un centenar de kimonos como obsequio a Holanda y Portugal, donde esas prendas de vestir misteriosas y el gusto por la moda que representaban habrían cautivado a quienes las veían por primera vez”, relata.

A pesar de que no existen puntos en común directamente con el kimono, esta vestimenta japonesa habría servido de base e inspiración de ciertos diseños y cortes de prendas europeas como los batines del siglo XVII, las batas del siglo XVIII y los trajes de noche de la época del Titanic (principios del siglo XX).

“Se puso de moda usarlo como bata para andar por casa, por ejemplo. El kimono pasó a formar parte de la moda barroca, que estaba en su mejor momento en esa época”, explica Spree Kingyo.

Sin embargo, Japón cerró sus fronteras al resto del mundo en 1639, de ahí que la transmisión de la cultura del kimono se estancara en Europa alrededor de dos siglos. No obstante, a partir de 1853, año en el que cesó el aislamiento nipón, el continente europeo reanudó la importación de la cultura japonesa a través de Holanda y el kimono volvió a ponerse de moda.

“Mi primer contacto con esas prendas de vestir que podrían considerarse un descendiente del kimono fue en 1990 y eso sembró la semilla de mi pasión por la moda; sin embargo, gracias a internet, a partir del año 2000 pude conocer los kimonos ‘auténticos’ de Japón, lo cual supuso un cambio en el foco de mi pasión”, afirma la estilista.

Transformando una vestimenta especial en una propia

“Lo que más me fascinó fue la belleza de esos tejidos y esos diseños tan minuciosos. La manera tradicional de tejer los kimonos, de teñirlos, su tacto… Toda esa artesanía maravillosa me robó el corazón”, confiesa.

Spree Kingyo suele ponerse kimono para salir de casa una vez a la semana, como mínimo. Obviamente, se lo pone para ir a la ceremonia del té, para practicar koto, instrumento que aprende a tocar desde hace unos cuatro o cinco años y, cómo no, para asistir a las exposiciones sobre esta prenda de vestir y otros actos afines; en ese caso, no es raro que lo vista a diario. Sin embargo, esta costumbre no se limita a las ocasiones especiales. “Cuando veo a mis amistades, cuando salgo a pasear por el parque… Incluso si voy al supermercado o tomo un avión para viajar a otro país, llevar kimono no es algo especial para mí”, dice entre risas.

A continuación, la estilista nos cuenta una anécdota que tuvo lugar cuando se encontraba de camino a Nueva York. Tenía que hacer trasbordo en el Aeropuerto de Charles de Gaulle (París) y alguien del personal de tierra se le acercó para indicarle que no estaba esperando en la puerta de embarque correcta, sino que la suya era la de al lado, en la que se embarcaba para volar a Tokio. “¡Seguro que, como iba en kimono, se pensó que viajaba a Tokio!”, dice nuestra entrevistada, que comenta que no importa donde vaya, que las reacciones son similares.

“La gente es curiosa y me preguntan cosas como a qué clase de acto voy y si siempre me visto así. Llevo más de diez años haciendo esto y las reacciones han sido casi siempre positivas”, señala Spree.

Por otra parte, le preguntamos por la creatividad a la hora de coordinar sus atuendos.

“Aprender a vestir kimono significa conocer todas las reglas en torno a este tipo de vestimenta. Me enseñaron lo más básico: obviamente, cómo ponérmela, pero también cuándo llevarla, en qué lugares y cómo vestir cada tipo de kimono”, explica.

Cuando empezó, se ponía los kimonos de manera estándar, tal y como le habían enseñado. Sin embargo, al cabo de unos años, dejó de considerarlos una vestimenta especial y pasó a pensar en ellos como una prenda propia. Spree Kingyo quería usar el kimono como medio de expresión de lo que sentía en un momento determinado y buscar su propio estilo.

Spree Kingyo posa con distintos kimonos (imagen cortesía de la interesada).
Spree Kingyo posa con distintos kimonos (imagen cortesía de la entrevistada).

“Las reglas me limitaban el enfoque. Sin embargo, cuando me apropié de esa manera de hacer las cosas, me entraron ganas de usar un cinturón en lugar de un obi, de llevar camisa debajo del kimono, de coordinarlo con gorros y bufandas, de ponerme pendientes de estilo pop. Quería asumir ciertos ‘riesgos’”, confiesa.

Ese fue el comienzo de la estilista de kimonos Spree Kingyo que conocemos en la actualidad.

Consejos para los japoneses, que se han distanciado del kimono

La sensación de peligro que supone el distanciamiento de los japoneses del kimono se acrecienta con el paso de los años. Aunque los motivos de este fenómeno son diversos, posiblemente no sean pocas las personas que asocien el kimono con el recuerdo del furisode apretado que les dificultaba la respiración durante la ceremonia para festejar la mayoría de edad. Spree Kingyo simpatiza con ellas: “Yo también he llevado un furisode en Tokio. Recuerdo que pesaba mucho e iba tan ajustado al cuerpo que no me sentía nada cómoda y lo único que quería era gritar que me sacaran la foto de una vez y me liberaran enseguida”.

“Es una pena que la gente no pueda disfrutar porque la vestimenta que lleva en un momento tan decisivo de su vida vaya excesivamente apretada”, sentencia.

Antiguamente no debía de existir esa sensación de opresión producida por una prenda que los japoneses vestían a diario. “Poder moverse libremente y respirar con normalidad por muchas horas que pasen. Creo que, en sus orígenes, el kimono era una prenda cómoda”, opina la estilista.

Además, en los últimos años se emplea el término “policía del kimono” para referirse al sector que se pasa de tradicional, critica las manifestaciones que considera radicales y aboga por su eliminación. Es posible que a raíz de este planteamiento haya quienes consideren que el mundo del kimono es cerrado y, por lo tanto, quieran distanciarse de él.

La propia Spree Kingyo percibe una tendencia al conservadurismo y a querer mantener las cosas “tal cual son en Japón” entre los japoneses que llevan muchos años en el extranjero.

“Es una tendencia marcada en lo relativo al kimono y la cultura tradicional. A veces es como si para esas personas el tiempo se hubiera parado hace 40 años, cuando abandonaron Japón”, opina la estilista.

Por otra parte, respecto a los cambios que ha experimentado el kimono hasta la fecha, la alemana explica que, si analizamos lo ocurrido tomando mil años como unidad o incluso más tiempo, esta vestimenta ha ido cambiando constantemente con la introducción de las tendencias de cada época y de ideas y técnicas nuevas.

Los atractivos del sincretismo entre las modas japonesa y occidental durante las eras Meiji y Taishō

Para Spree Kingyo, la parte más fascinante de la historia de los kimonos comenzó en la era Meiji, cuando los japoneses, fascinados por la moda occidental, empezaron a combinar elementos de la misma como los gorros y el calzado con el kimono.

“Este tipo de cambios en la cultura del kimono fueron naturales. Sin embargo, después de la Segunda Guerra Mundial, el kimono dejó de ser una prenda cotidiana y pasó a convertirse en una vestimenta para las ocasiones especiales”, comenta la historiadora.

La gente dejó de ponerse kimono en el día a día y pasó a llevar versiones ortodoxas de esta prenda únicamente en celebraciones y ocasiones especiales.

“Cuando la ropa deja de ser una forma de expresar la originalidad de cada uno, la evolución se ralentiza y la cultura comienza a deteriorarse. No obstante, este fenómeno se puede frenar si se sigue evolucionando y cambiando sin miedo”, afirma.

Al parecer, incluso hay quienes le arreglan la manera en que ata el obi. Sin embargo, Spree Kingyo respeta la tradición, cumple las reglas mínimas (por ejemplo, cambiar de kimono en función de la temporada) y cuida sus modales, de ahí que no le preocupe en exceso la gente que quiere corregirla.

Algunas personas de nacionalidad no japonesa le han preguntado por qué lleva kimono si no es japonesa, pero dice que esto solo le ha pasado un par de veces y que nunca se ha encontrado con alguien de Japón que le comentara algo así o se molestara por su atuendo.

“Me han señalado y me han dicho que iba guapa o que me quedaba bien. Mi impresión es que los japoneses disfrutan compartiendo su cultura con personas de otros países. El kimono da muchísima libertad de elección. Me gustaría que esta prenda de vestir de la que Japón puede sentirse tan orgulloso ante el resto del mundo volviera a recibir la atención que merece por parte de quienes hace mucho que no se la ponen. No perdáis la oportunidad de incorporarla a vuestro vestuario sin miedo a que alguien os diga que no la lleváis correctamente”, concluye.

Imagen del encabezado: Exposición de la serie “Kimono visionaries” celebrada en diciembre de 2021 en Nueva York. Spree Kingyo comisarió esta muestra, cuyo tema principal fue la deriva continental. ©Kasumi Abe

(Traducción al español del original en japonés)

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