Trazando un pasado bélico en el paraíso: un mapa revela vestigios japoneses en Chuuk

Historia

Un investigador japonés está elaborando un mapa interactivo para compartir información sobre los edificios de la época colonial japonesa en Tonowas, una isla del estado de Chuuk, en Micronesia, con el fin de arrojar luz sobre la historia de la zona antes y durante la guerra.

Explorar la presencia japonesa antes de la guerra

Un investigador japonés está contribuyendo a arrojar nueva luz sobre la colonización, antes de la Segunda Guerra Mundial, de un remoto archipiélago del Pacífico central, así como a cartografiar lugares históricos que aún se conservan más de un siglo después de que Chuuk se convirtiera en un enclave estratégico del Imperio japonés.

Ishii Hiroshi, especialista en arqueología marítima y arqueología de conflictos contemporáneos, ha colaborado con un profesor australiano de antropología de la Universidad de Guam para publicar un mapa que identifica los principales lugares históricos de la isla de Tonowas (también conocida como Tonoas o por el topónimo Dublón, en español), en el estado de Chuuk de los Estados Federados de Micronesia, así como un sitio web interactivo complementario.

El proyecto pone el foco en distintos emplazamientos de esta isla de 9 kilómetros cuadrados que suelen pasar desapercibidos para los visitantes de Chuuk, un destino conocido principalmente por sus atractivos submarinos.

La laguna de Chuuk, situada a unos 5.250 kilómetros al suroeste de Hawái, albergó durante la Segunda Guerra Mundial la principal base de la Armada Imperial Japonesa en el Pacífico central. Sin embargo, en febrero de 1944 fue objeto de un ataque de dos días llevado a cabo por aviones embarcados estadounidenses en una operación conocida como Operation Hailstone (“Operación Granizo”).

Un hidroavión Aichi E13A hundido durante la Segunda Guerra Mundial es uno de los atractivos para los buceadores que acuden en masa a las aguas de Chuuk. (© Julian Ryall)
Un hidroavión Aichi E13A hundido durante la Segunda Guerra Mundial es uno de los atractivos para los buceadores que acuden en masa a las aguas de Chuuk. (© Julian Ryall)

Durante la operación fueron hundidos más de 50 barcos japoneses, entre ellos buques de guerra, mercantes e incluso un submarino. El buceo recreativo entre estos pecios, extraordinariamente bien conservados, comenzó después de que el célebre explorador submarino Jacques Cousteau filmara en 1969 un documental sobre la legendaria “flota fantasma”. Más de medio siglo después, estos restos hundidos siguen siendo el principal atractivo que lleva a la mayoría de los visitantes a Chuuk.

Trazando la historia en tierra

Mediante la documentación de la historia que permanece sobre la superficie del mar, Ishii espera dar a conocer mejor la comunidad japonesa que vivió en la actual Tonowas. La isla fue conocida como Dublón durante la ocupación española de finales del siglo XIX y pasó a llamarse Natsushima (“Isla de Verano”) después de que Japón arrebatara el control del archipiélago a Alemania en octubre de 1914.

“Me fascinan una región y una época poco conocidas en Japón, a pesar de que los japoneses de preguerra invirtieron enormemente en estas islas”, explica Ishii Hiroshi, investigador del Centro de Estudios sobre el Sudeste Asiático.

Ishii visitó Chuuk por primera vez en diciembre de 2019 para participar en una expedición de arqueología marítima. Allí conoció a Bill Jeffery, de la Universidad de Guam, con quien desde entonces ha colaborado en estudios sobre vestigios históricos japoneses, tanto en el lecho marino como en la isla de Tonowas.

“Los restos de la época de la ocupación japonesa se han conservado mejor en Tonowas que en otras partes del estado de Chuuk, principalmente porque las funciones de capital fueron trasladadas a la isla de Weno tras la rendición de Japón”, explica Ishii a nippon.com. “Y aun hoy desconocemos cuántos lugares relacionados con las décadas de dominio japonés sobre Chuuk siguen existiendo en otras islas de la laguna”.

Hoy en día, la única forma de llegar a Tonowas es por barco. La travesía desde la isla de Weno dura unos 20 minutos.

La isla está cubierta en gran parte por una densa selva y rodeada de manglares, mientras que en su extremo occidental se elevan dos colinas de considerable altura, Tonomwan y Tonofefan.

Los principales lugares de interés histórico pueden visitarse a través de los caminos sin pavimentar que atraviesan la isla. La localidad de Dublón se concentraba en torno a una pequeña ensenada situada en la costa sur y, durante los años previos a la guerra, albergaba una animada comunidad de unos 800 residentes japoneses. Contaba con un cine al aire libre, las oficinas de un periódico en lengua japonesa, cafeterías y buena parte de las infraestructuras que podían encontrarse en una pequeña ciudad de Japón.

La zona fue uno de los objetivos de los ataques estadounidenses y la mayoría de sus edificios quedaron destruidos, por lo que hoy apenas se conservan restos. Más al oeste, siguiendo la costa, se encuentra la antigua base de hidroaviones, que también fue objeto de intensos bombardeos. De ella permanecen en pie la estructura de la central eléctrica y un gran búnker subterráneo, construido ligeramente tierra adentro para almacenar aeronaves.

Hospitales, escuelas y otras instalaciones

El patio del hospital de Tonowas. (© Julian Ryall)
El patio del hospital de Tonowas. (© Julian Ryall)

Rodeado por la densa vegetación de las colinas que se elevan sobre la antigua localidad de Dublón se encuentra el esqueleto de un hospital construido en 1928, el único de Chuuk que estaba abierto a la población local. Tras el estallido de la guerra, las fuerzas japonesas de ocupación lo utilizaron para atender a militares heridos o enfermos.

Los edificios principales, construidos en hormigón, se han conservado de forma notable. Las salas están distribuidas de manera ordenada en torno a una amplia explanada cubierta de césped. Una serie de pilares de poca altura y escalones situados en uno de los laterales indican dónde se alzaban antiguamente pabellones de madera elevados sobre el terreno. El suelo de una estancia, posiblemente utilizada como quirófano, conserva todavía sus baldosas originales, mientras que en el jardín aún sobreviven especies vegetales japonesas.

A unos cientos de metros se encuentra una escuela construida por los japoneses para los niños de Chuuk, aunque posteriormente pasó a albergar la sede local del Gobierno Territorial Japonés de los Mares del Sur. Cerca de allí se levanta un monumento de piedra dedicado al empresario y aventurero Mori Koben, cuyo apellido sigue siendo común entre los habitantes de Chuuk. Mori llegó a las islas en 1891 y construyó un importante imperio comercial.

La actual escuela primaria de la isla ocupa el emplazamiento del antiguo centro de comunicaciones del Ejército japonés. Aún permanecen en pie los pilares de piedra de la entrada, mientras que entre la maleza pueden verse las bases de hormigón de las antenas de radio. Dentro del recinto escolar también se conserva un refugio antiaéreo reforzado. Tras los bombardeos estadounidenses de 1944, los japoneses trasladaron sus equipos de comunicaciones a un túnel de mayores dimensiones excavado en una ladera cercana.

El lugar posee una gran relevancia histórica, ya que fue desde allí desde donde se envió, en abril de 1943, un mensaje con los detalles de la gira de inspección que el almirante Yamamoto Isoroku iba a realizar por instalaciones militares repartidas por el Pacífico Sur. Lo que los japoneses desconocían era que Estados Unidos había logrado descifrar su código militar. El 18 de abril, dieciséis cazas P-38 Lightning interceptaron el avión de Yamamoto y su escolta de seis cazas Zero sobre las Islas Salomón. Yamamoto, considerado por muchos uno de los estrategas militares más capaces del Japón imperial, murió en la acción.

El búnker que albergó el centro de comunicaciones en los últimos días de la guerra. (© Julian Ryall)
El búnker que albergó el centro de comunicaciones en los últimos días de la guerra. (© Julian Ryall)

Entre otros lugares de interés que pueden visitarse se encuentran los escalones y cimientos de un santuario sintoísta, una batería antiaérea de 12,7 centímetros situada en la cima de la colina Nenengua y el emplazamiento del cuartel general de la 4.ª Flota de la Armada japonesa. Una calzada de unos 400 metros que cruza una ensenada era conocida como el puente Kuchua durante el período de ocupación japonesa y sigue siendo utilizada hoy por los habitantes de la isla.

Un edificio de dos plantas albergó en su día una sucursal del Banco de Formosa, y por toda la isla se conservan fortines, instalaciones portuarias, búnkeres y cuevas ampliadas que datan de los años en que el Ejército japonés estuvo asentado allí.

Vestigios arquitectónicos de tiempos difíciles

Ishii señala que los habitantes locales tienen sentimientos encontrados respecto a los años de la ocupación japonesa.

“Los japoneses introdujeron sin duda numerosas tecnologías en las islas, como una atención médica avanzada y el sistema educativo, pero también trajeron la guerra”, explica. “La percepción de cada persona depende además de hasta qué punto se vio afectada por aquellas experiencias o se benefició de ellas”.

Aunque los primeros años de la presencia japonesa suelen considerarse positivos para la población local, la situación se volvió mucho más difícil a medida que avanzaba la Segunda Guerra Mundial. A diferencia de lo ocurrido en otras partes del Pacífico, los Aliados nunca intentaron invadir Chuuk mediante un desembarco, sino que la dejaron aislada mientras avanzaban de isla en isla en dirección al archipiélago japonés.

Esa estrategia tuvo como consecuencia que Japón no pudiera evacuar a la guarnición militar ni a los civiles que permanecían en las islas. Del mismo modo, resultó imposible enviar refuerzos, equipos y, sobre todo, los alimentos y suministros médicos necesarios para mantener tanto a las tropas como a la población local de Chuuk.

De los 40.000 japoneses que se encontraban en las islas, los historiadores estiman que más de 5.000 murieron a causa del hambre y las enfermedades. Entre los aproximadamente 9.000 habitantes chuukeses de la época, las víctimas por las mismas causas habrían ascendido a unas 1.000 personas.

Ishii Hiroshi muestra una ventana destrozada por una explosión que aún permanece en su sitio en el instituto Xavier, en la isla principal de Weno. (© Julian Ryall)
Ishii Hiroshi muestra una ventana destrozada por una explosión que aún permanece en su sitio en el instituto Xavier, en la isla principal de Weno. (© Julian Ryall)

De todos los lugares históricos de Tonowas, Ishii señala el hospital como su favorito.

“Todavía conserva elementos arquitectónicos característicos de las eras Taishō y comienzos de Shōwa, algo muy poco común en el Japón actual”, explica. “A pesar de encontrarse lejos de Japón y en medio de la selva, sigue manteniendo la elegancia propia del movimiento cultural conocido como Taishō Roman”, concluye.

El investigador destaca que el edificio constituye un raro testimonio de una estética arquitectónica que prácticamente ha desaparecido en Japón, pero que ha logrado sobrevivir durante décadas en este remoto rincón de Micronesia.

(Traducido al español del original en inglés. Imagen del encabezado: vista de la isla de Tonowas desde Weno, en el norte. © Julian Ryall.)

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