‘Ojisan toreka’: los cromos que han revolucionado un pequeño pueblo de Fukuoka

Sociedad

En un municipio de la isla de Kyūshū surgió la original idea de dar realce a las actividades de voluntariado de personas anónimas creando cromos para los niños. La iniciativa fue exitosa, pues consiguió divertir a los pequeños y fortalecer los vínculos intergeneracionales. Pero al recibir cobertura mediática, algunas cosas comenzaron a torcerse.

“Tíos” o “señores” normales y corrientes en los cromos infantiles

En el municipio de Kawara, ubicado en el nordeste de la prefectura de Fukuoka, hay un barrio llamado Saidōsho. Como su nombre indica, es un área cuprífera y tuvo una época de gran desarrollo económico gracias a esta industria. Se dice que el Gran Buda del templo de Tōdaiji, en Nara, lleva cobre procedente de esta región.

Pero si los medios de comunicación de todo el país envían a este municipio a sus reporteros es por algo que poco tiene que ver con lo anterior. Aquí, los niños se divierten jugando e intercambiándose unos toreka (abreviatura de trading cards) o cromos muy peculiares, pues en ellos no aparecen los típicos monstruos, héroes, personajes ni objetos de ficción popularizados por el anime o el manga, sino gente común y corriente, vecinos de ese mismo municipio que, además, son todos hombres maduros. Este “fenómeno mediático” comenzó a raíz de un reportaje hecho por un canal local de televisión a finales de 2024.

Aunque la denominación oficial de estos cromos es saidomen kādo, popularmente se los conoce como ojisan toreka (“cromos de tíos” o “de señores”). De estos “tíos”, que aparecen retratados, se destaca el campo o especialidad profesional a la que se dedican, y se les asigna un imaginativo nombre. Un veterano de las instalaciones eléctricas se convierte en Plasma Conductor, un conductor de autobús escolar en Invitation Shadow, un experto productor de menma (brotes de bambú fermentados) en Spicy Strong Menman, etcétera. A imitación de los cromos de monstruos o héroes, también estos personajes llevan una puntuación o expresión numérica de sus “superpoderes”, así como referencias a otros atributos o características.

El señor Tokuda (derecha), que produce menma (brotes de bambú fermentados), aparece en el saidomen kādo como Spicy Strong Mennan.
El señor Tokuda (derecha), que produce menma (brotes de bambú fermentados), aparece en el saidomen kādo como Spicy Strong Mennan.

Ideó estos divertidos cromos Miyahara Emi, que lleva la oficina del Consejo Comunitario de Saidōsho, una entidad de apoyo a la población del barrio. Nacida en Saidōsho, durante algún tiempo fue violinista profesional. Siendo ya madre, comenzó a participar en los temas comunitarios y conforme fue implicándose, descubrió que había muchos “tíos” o “señores” no particularmente llamativos, pero que hacían una gran labor para la comunidad como voluntarios.

Pongamos ejemplos. El Centro Comunitario, base del consejo, estaba dotados de cámaras de seguridad. ¿Quién las había colocado? Un “señor” retirado que había trabajado manejando aparatos eléctricos. Otros“señores” igualmente anónimos se habían ofrecido amablemente a colaborar cuando el consejo puso en marcha el programa de producción de menma con los brotes de bambú locales, que tenían muy buena fama, o el de promover el uso compartido de parcelas agrícolas que habían sido abandonadas. Todos estos “señores” trabajaron para la comunidad desinteresadamente, como voluntarios.

“Ser voluntario implica muchas obligaciones y muy poco reconocimiento social, y eso a veces es muy duro”, explica Miyahara. “Me dije a mí misma que tenía que hacer algo para sacar a la luz todos estos esfuerzos”.

Un día, Miyahara formuló su idea a los otros miembros del consejo: “¡Aquí tenemos muchos héroes y voy a lanzarlos al estrellato!”

Un éxito de ventas rotundo durante el matsuri local

Miyahara había comprobado que los vínculos entre los niños y el medio local eran cada vez más débiles y este problema rondaba su cabeza cuando se propuso hacer los cromos. Debido al reordenamiento educativo del municipio, en marzo de 2021 cerró definitivamente sus puertas la escuela primaria del barrio de Saidōsho. Los escolares del barrio tenían ahora que tomar un autobús para ir a su nueva escuela, situada en la zona central del municipio. “Cuando iban caminando a la escuela del barrio, por el camino coincidían con muchos adultos que los veían pasar, había ahí un contacto. Pero cuando dejaron de hacerlo, las personas de su propio barrio se convirtieron en extraños para ellos y ya ni siquiera les saludaban”, cuenta Miyahara.

Miyahara pensó que haciendo cromos de los voluntarios locales sería posible conseguir que los niños se dieran cuenta de que muy cerca de ellos había grandes personas y que merecía la pena conocerlos.

Miyahara necesitaba a alguien capacitado para hacer realidad su proyecto y enseguida puso sus ojos en Nishiu Hiroe, una compañera que había demostrado tener gran competencia en la oficina como ayudante. Le enseñó los cromos que estaba haciendo, todavía en fase inicial, y le dijo que quería venderlos en el próximo matsuri (fiesta local). Solo quedaba una semana.

Miyahara Emi (izquierda), que lanzó la idea de los cromos, y Nishiu Hiroe, que contribuyó a darles forma.
Miyahara Emi (izquierda), que lanzó la idea de los cromos, y Nishiu Hiroe, que contribuyó a darles forma.

Con una sonrisa de resignación, Nishiu recuerda lo apurada que se sintió cuando oyó aquello.

“Aquellos cromos eran… sencillamente feísimos. Además, eran demasiado finos, porque estaban en papel normal de fotocopiar. Y pretendía cargarme a mí con el muerto”.

Nishiu recurrió a algunos conocidos y, a toda prisa, modificó el diseño de los cromos. Después de imprimirlos, los plastificó. Y de alguna forma consiguió tenerlos a tiempo.

Noviembre de 2023. Llegó el día del matsuri. Los cromos salieron a la venta a un precio de 100 yenes el juego de tres unidades. Los niños comenzaron a comprarlos y no pararon de comprar hasta agotar los 100 juegos que habían preparado. Fue cosa de una hora. Y jugaban con ellos con toda naturalidad, haciéndolos competir.

Para que a los niños les resultase fácil jugar con ellos, sus creadoras les han dado un carácter muy lúdico. Cada cromo tiene dos tipos de puntos: HP (hit points), que miden el poderío físico, y MP (magic points) que cuantifican la energía necesaria para usar ciertos recursos especiales. Se han establecido unas reglas de juego y se ha diseñado también un tapete o base para jugar encima.

Luego fueron apareciendo nuevos tipos de personajes y la venta de los cromos continuó haciéndose en el centro comunitario. Los niños iban al centro solo para comprar los cromos y se ponían a jugar allí mismo con ellos, en un ambiente de gran animación.

Niños jugando con los cromos. (Cortesía del Centro Comunitario de Saidōsho)
Niños jugando con los cromos. (Cortesía del Centro Comunitario de Saidōsho)

Los cromos están sirviendo para paliar de alguna manera la cada vez mayor distancia que se siente entre las generaciones jóvenes y las mayores. Y ese era precisamente el propósito de Miyahara al crearlos. Los cromos les han permitido a los niños conocer de cerca a muchas personas mayores que prestan apoyo a mucha gente, contribuyendo así a sostener la comunidad local. Ahora, cuando hablan entre ellos, se les oye decir que “Invitation Shadow es el que nos lleva en autobús” o que “Menman ha venido con nosotros a recoger brotes de bambú”.

También hay cambios por el lado de los “señores”. Honda Mitsuo, que en los cromos es Wood Active Maker, es un exempleado de una gran fabricante de maquinaria agrícola y un “manitas” de la artesanía en madera. Es el más anciano de todos los representados en los cromos, pero asegura con satisfacción que sus contactos con los niños son ahora mucho más frecuentes y que los niños se alegran cuando les regala alguna de sus creaciones. Incluso hay hombres que se acercan al centro con la intención de hacer alguna actividad de voluntariado diciendo que también ellos quieren aparecer en los cromos.

La amplia cobertura mediática que ha tenido esta iniciativa ha contribuido también a difundir entre la población local la importancia del trabajo que realiza el Consejo Comunitario de Saidōsho. Nishiu lo explica así:

“Muchos creen que los consejos de barrio como el nuestro solo sirven para que algunas personas que ya se conocían y se llevaban bien hagan cosas juntas. Ahora, gracias a haber salido en la tele y en otros medios, creo que la gente está empezando a enterarse de lo que hacemos”.

El tapete impreso sobre el que se juega con los saidomen kādo. Las reglas básicas son las mismas que cuando se juega con toreka convencionales.
El tapete impreso sobre el que se juega con los saidomen kādo. Las reglas básicas son las mismas que cuando se juega con toreka convencionales.

¿Víctimas de su propio éxito?

Los ojisan toreka han sido causa de muchas alegrías para este municipio y han servido de excusa para fortalecer los lazos entre los vecinos. Pero este tema ha derivado hacia una situación totalmente imprevista.

Un canal local de televisión dio a conocer la iniciativa en diciembre de 2024, presentándola en un programa de variedades como un “misterioso juego de cartas” que hacía furor entre los niños de ciertas áreas. Luego, comenzaron a llegar peticiones de otros medios, que querían hacer reportajes sobre el tema.

Al principio, los responsables atendían estas peticiones, pero poco a poco las cosas empezaron a torcerse. Lo explica Nishiu:

“Se presentó el asunto como una gran moda o tendencia, cuando en realidad solo era una pequeña parte de los niños los que jugaban con los cromos. Y casi todos los medios que siguieron machacaban con lo mismo. El enfoque se centraba siempre en lo cómico, en estos “cromos de tíos” tan raros, pero de nuestro propósito último al hacerlos no se decía nada. Solo se difundía la parte más superficial”.

Informaciones descontextualizadas llegaron a las redes sociales e incluso fueron traducidas al inglés, difundiéndose así también por el extranjero. El consejo comenzó a recibir mensajes desde otros países, de personas que querían comprar los cromos. Incluso hubo extranjeros que viajaron a Saidōsho para adquirirlos. Conforme el asunto iba tomando mayores proporciones en los medios, las cartas brillantes y holográficas, de las que se hacen menos copias, comenzaron a cotizarse en los mercadillos virtuales, alcanzando precios de cerca de 4.000 yenes.

La situación ya no podía pasarse por alto.

“Solo las vendíamos nosotros en el consejo y en número muy pequeño. Por eso alcanzaron esos precios”, explica Miyahara con pesar. “Vimos incluso que en un sitio de reventa de cromos, en Internet, alguien había subido lo que en realidad era el recorte de una fotografía que había aparecido en un periódico. Nos reunimos para hablar del asunto y finalmente decidimos poner fin a la venta de los cromos en junio. En tanto no se encuentre algún método efectivo para evitar la reventa, no tenemos intención de reanudar la venta”.

Así, el egoísmo de quienes solo buscan el lucro ha dado al traste con esta iniciativa que pretendía reconstruir los lazos personales en el ámbito local. También han tenido mucho que ver con el problema los medios de comunicación que solo buscan el impacto informativo, demostrando no comprender en absoluto el valor intrínseco de este tipo de iniciativas que surgen en las comunidades locales.

En todo caso, cabe pensar que para muchas comunidades que comparten con Saidōsho el problema de su sostenibilidad, la experiencia podrá aportarles muchas enseñanzas.

El Centro Comunitario de Saidōsho, sede del consejo en el que participa Miyahara. Utiliza el edificio de una escuela de primaria recientemente clausurada.
El Centro Comunitario de Saidōsho, sede del consejo en el que participa Miyahara. Utiliza el edificio de una escuela de primaria recientemente clausurada.

Saidōsho tiene una población de unos 1.700 habitantes. Los mayores de 65 años representan el 50 % del total. “Acabaremos teniendo la mitad de la población actual”, vaticina Miyahara.

Convertir en héroes a personas anónimas, pero admirables, que hacían una gran labor en la comunidad local ha sido una idea muy original, enmarcada dentro de esta persistente tendencia demográfica, que implica también el progresivo debilitamiento de los lazos intergeneracionales. Y si la idea ha logrado implican a tanta gente, es sin duda gracias a personas que se esfuerzan por levantar su comunidad como lo hace Miyahara.

“Me parece muy importante que nuestra generación, la que está entre ambos [los niños y los mayores] y que ahora está criando a sus hijos, se implique en los asuntos comunitarios” concluye Miyahara, refiriéndose a los niños y los mayores. “Y sobre todo, si no hay nada divertido, no podremos conseguir que la gente venga aquí. Nosotros, por supuesto, trabajamos seriamente, pero la gente tiene que ver que nuestro trabajo nos gusta y nos entretiene”.

Si se quieren tomar medidas que sean realmente efectivas para garantizar la sostenibilidad de una comunidad local, es muy importante superar las barreras generacionales y conseguir que la mayor cantidad posible de gente participe en las discusiones y se comprometa. Las ideas geniales que abren nuevos horizontes solo surgen cuando el compromiso se extiende por un amplio rango de edades.

Los cromos saidomen kādo han entrado en compás de espera pero Miyahara y sus colaboradores continuarán exprimiéndose los sesos para sorprendernos con alguna nueva genialidad.

Fotografías: Hibino Kyōzō (exceptuando las de cortesía).

Fotografía del encabezado: Algunos de los saidomen kādo que toman por motivo a personas que trabajan como voluntarios en el municipio de Kawara.

(Traducido al español del original en japonés.)

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