Hishiya Ryōichi, 104 años: el último superviviente de la Ley de Mantenimiento del Orden Público

Historia

La Ley de Mantenimiento del Orden Público fue utilizada por el Gobierno japonés durante los años de guerra para cercenar las libertades de pensamiento y expresión. Se llegó al extremo de detener a unos estudiantes de Asahikawa (Hokkaidō) que promovían un nuevo enfoque de la pintura centrado en la vida cotidiana. Hishiya Ryōichi es el último testigo vivo de aquella ola represiva.

Hishiya Ryōichi HISHIYA Ryōichi

Nacido en Asahikawa en 1921, a los 19 años fue detenido por violación de la Ley de Mantenimiento del Orden Público cuando estaba matriculado en la sección de Bellas Artes de la Escuela Normal (actual Universidad de Educación de Hokkaidō) de su ciudad natal. Fue el llamado “caso de los pintores de la vida real”. Dos años después, en 1943, Hishiya fue condenado a un año y seis meses de prisión, con tres años de suspensión de la pena. Después de la guerra luchó activamente por restituir su honor y conseguir una indemnización del Estado. En noviembre de 2025 cumplió 104 años. Se lo considera el último testigo vivo de aquella represiva ley.

El profesor, detenido

“Sí, realmente fue horrible. Si las cosas hubieran ido como deberían, yo me habría graduado y me habría hecho profesor [de arte]”, rememora Hishiya. Desde aquellos hechos ocurridos en 1941 han pasado ya 84 años.

Hishiya tenía 19 años. En 1936 había ingresado en la Escuela Normal de Asahikawa, una institución de formación de profesorado. Aficionado a la pintura, se matriculó en la sección de Bellas Artes. Era el típico joven de gran sensibilidad y alma de artista, que burlaba junto a sus compañeros los controles de la residencia escolar para ver en los cines de la ciudad las películas no homologadas por la escuela y consumía con voracidad cuantos títulos encontraba en las librerías.

Hishiya Ryōichi (abajo, a la izquierda) junto a compañeros de la sección de Bellas Artes de la Escuela Normal de Asahikawa. (Fotografía extraída de la autobiografía 100-nen no tankyū)
Hishiya Ryōichi (abajo, a la izquierda) junto a compañeros de la sección de Bellas Artes de la Escuela Normal de Asahikawa. (Fotografía extraída de la autobiografía 100-nen no tankyū)

Sin embargo, en enero de 1941, año en que se desatarían las hostilidades entre Japón y Estados Unidos, su admirado profesor Kumada Masago, uno de los responsables de la sección de Bellas Artes, fue súbitamente detenido por la Policía Superior Especial, conocida como Tokkō y encargada de la represión de las nuevos ideologías y movimientos sociales. Era sospechoso de haber violado la Ley de Mantenimiento del Orden Público. Kumada había sido uno de los impulsores del movimiento artístico llamado seikatsu zuga (“dibujo o pintura de la vida diaria”), que preconizaba una pintura que reflejase el día a día de la gente. Un suceso incomprensible para aquel joven de 19 años que se había mostrado siempre receptivo a las enseñanzas de su maestro.

“Para empezar, ni siquiera sabía qué ley era esa. En esas cosas, [yo] era más niño que mis compañeros. Los más conscientes solían decir que algún día nos tocaría también a nosotros, pero yo creía inocentemente que todo aquello eran bobadas, que una cosa así no podía pasar”.

Con la detención de Kumada, el ambiente de la escuela se enrareció. El Ejército de Tierra envió a un “agregado militar” para vigilar el comportamiento y hasta el pensamiento de profesores y alumnos. Investido de amplios poderes, interfería abiertamente en la administración de la escuela. El agregado entendió que todos los miembros de la sección de Bellas Artes estaban bajo el influjo de Kumada e impidió que los alumnos se graduasen ese mes de marzo, obligándolos a continuar en el centro un año más.

Un cuadro

Hisaya creía que le dejarían graduarse si no hacía nada que llamase la atención. Pero la mañana del 20 de septiembre de ese mismo año, ocho meses después de la detención de Kumada, tres agentes de la Tokkō se presentaron en la residencia y lo sacaron de la cama de malas maneras.

“Entraron ruidosamente en la habitación, me mostraron una orden de detención y me preguntaron si me acordaba de Kumada Masago. Cuando les dije que sí, me dijeron que cogiera mi neceser y que los acompañase”. Sus compañeros de habitación solo pudieron despedirlo con una mirada de preocupación. Por aquellos días fueron detenidos otros cuatro miembros de la sección de Bellas Artes.

“¡Los agentes están aquí!”, uno de los sketches dibujados por Hishiya. (100-nen no tankyū)
“¡Los agentes están aquí!”, uno de los sketches dibujados por Hishiya. (100-nen no tankyū)

Durante los interrogatorios, le preguntaron insistentemente por cierta escena que había pintado. Representaba a dos estudiantes hablando entre ellos sobre unos libros, una escena habitual en la residencia. Agentes especializados en delitos ideológicos pretendían que era libros del Partido Comunista.

Hanashiau hitobito (“Personas conversando”), una de las obras consideradas problemáticas por la “Tokkō”. (100-nen no tankyū)
Hanashiau hitobito (“Personas conversando”), una de las obras consideradas problemáticas por la “Tokkō”. (100-nen no tankyū)

Pero la pintura de Hishiya no tenía en absoluto esa intencionalidad. “En aquella época, yo no tenía en la cabeza ni el Partido Comunista ni nada parecido. Éramos jóvenes y para nosotros leer libros era de las cosas más importantes de la vida. Estaba de moda dibujarnos leyendo, oyendo música o haciendo cualquier otra actividad cultural en la residencia. Ese era el enfoque del profesor Kumada”.

Esta investigación policial que condujo a la detención de un profesor y sus alumnos por el simple hecho de reflejar en sus pinturas escenas cotidianas se conoce como el “caso de los pintores de la vida real”. La malhadada pintura que dio ocasión a la operación policial ya no se conserva. Fue borroneada posteriormente por sus hermanos.

Una “confesión”

En los interrogatorios se instó a Hishiya a que “confesase”. Presionado por la actitud intimidatoria de los policías, escribió cosas que no pensaba. “Como veía que si escribía eso se ponían de buen humor, acabé complaciéndolos”. A otros detenidos les dieron bofetadas y les golpearon con espadas de bambú. Hishiya cedió a las amenazas.

En aquella misma cárcel de Asahikawa estaba su compañero Matsumoto Gorō. “Un agente se ocupaba de nosotros dos y le decía a uno que el otro había confesado esto o lo otro, y así iba haciendo el atestado”. Para cuando quisieron darse cuenta, la policía había hecho de ellos unos “comunistas”.

“Interrogatorios de la ‘Tokkō’”. (Sketch de Hishiya, en 100-nen no tankyū)
“Interrogatorios de la ‘Tokkō’”. (Sketch de Hishiya, en 100-nen no tankyū)

Allí, en el invierno las temperaturas llegaban a los 30 grados bajo cero. Fue un milagro que sobreviviera. Llegó a pensar en morir, pinchándose con una aguja en el brazo para desangrarse. Al otro lado del muro, a unos pocos metros de la cárcel, estaba su casa. “En la prisión nos levantaban de la cama por las mañanas con unas campanadas, que se oían también desde la casa. Mi madre y mis hermanos sabían que yo estaba allí”.

En total, Hishiya tuvo que aguantar un año y tres meses entre el centro de detención y la cárcel.

Cada vez más gente bajo la lupa

La Ley de Mantenimiento del Orden Público fue promulgada en 1925. La Revolución Rusa de 1917 había conmocionado al mundo y en muchos países, entre ellos en Japón, se legislaba contra las organizaciones y grupos que propugnaban un cambio de régimen, la abolición de la propiedad privada y otras radicales reformas. Ogino Fujio, profesor honorario de la Universidad de Comercio de Otaru y experto en historia moderna y contemporánea de Japón, afirma que aquella ley fue utilizada para detener a cerca de 70.000 personas en todo Japón, y que entre los detenidos algo menos de un centenar murió a consecuencia de las torturas y varios cientos más a consecuencia de los daños psicológicos que se les infligió y de otras circunstancias. En su mayor parte, las víctimas mortales fueron miembros del Partido Comunista.

Pero Hishiya, detenido también en aplicación de aquella misma ley, niega rotundamente haber tenido relación con el movimiento comunista. “Yo no iba por ahí izando banderas rojas. Nunca estuve en el movimiento. Y nunca se me ocurrió pensar que Japón debiera pasarse al comunismo”.

Hishiya y la época de la guerra

1917

Revolución Rusa.

1925

Promulgación de la Ley de Mantenimiento del Orden Público.

1928

Una reforma de la ley establece como castigo máximo la pena de muerte.

1935

El Partido Comunista es aplastado y desaparece de hecho.

1937

Comienza la Segunda guerra sino-japonesa.

1941

Segunda reforma de la ley.

Detención de Hishiya y su grupo (“caso de los pintores de la vida real”).

Comienza la Guerra del Pacífico.

1943

Hishiya es hallado culpable y condenado a un año y seis meses de prisión, en suspenso durante tres años.

1945

Termina la guerra.

Bajo el mando del Cuartel General Aliado es abolida la Ley de Mantenimiento del Orden Público.

Entonces, ¿por qué fue detenido?

Según explica Ogino, en los 10 años posteriores a la promulgación de la ley el Partido Comunista fue de hecho aniquilado. A partir de 1935, la Tokkō tuvo que establecer nuevos objetivos para justificar su propia existencia. Japón estaba inmerso en la guerra de China y preparaba su choque con Estados Unidos. Era la época de la “guerra total” y la represión se extendió a otros muchos grupos supuestamente críticos con el Gobierno de Japón: El Partido Socialdemócrata, el movimiento obrero, el liberalismo, las nuevas religiones, los grupos cristianos, etcétera.

Desde esa misma óptica fue visto el grupo de artistas de la Escuela Normal de Asahikawa. “A las autoridades les alarmaba que, viendo aquellos cuadros que destapan la raíz de la pobreza, la gente tomase conciencia de las contradicciones sociales y se mostrase crítica con el sistema imperante o pudiera, incluso, hacer resurgir el Partido Comunista”, sostiene Ogino. Gracias a las sucesivas reformas que se le hicieron, las autoridades pudieron instrumentalizarla a su antojo. Ogino piensa que las enseñanzas que pueden extraerse de estos pasajes de la historia siguen vigentes en nuestros días.

La libertad y la paz, fundamentales

Después de quedar en libertad condicional, en 1943 se dictó contra Hishiya una sentencia de culpabilidad (con suspensión de la ejecución de la condena) y fue también expulsado de la escuela. La Guerra del Pacífico estaba en su fase final y fue llamado a filas como soldado de reemplazo del Ejército de Tierra. La guerra terminó por fin en 1945 y bajo el mando del Cuartel General Aliado la Ley de Mantenimiento del Orden Público fue abolida.

Pero Hishiya llevaba una profunda herida en su corazón. Durante algún tiempo después del fin de la guerra, mantuvo silencio sobre su detención. Gracias, en gran parte, al empuje de investigadores y grupos cívicos que se interesaron por el caso de los pintores de la vida real, Hishiya fue capaz de enfrentarse a su pasado. Y fue entonces cuando comenzó a sentir una gran indignación. Actualmente, él y su grupo continúan luchando para restituir su honor y el de sus compañeros fallecidos, para lo que visitan la Dieta (Parlamento) y llevan a cabo campañas para conseguir una indemnización y disculpas oficiales.

“Que se respeten la paz y las libertades” es el mayor deseo de Hishiya. (Fotografía del autor del artículo)
“Que se respeten la paz y las libertades” es el mayor deseo de Hishiya. (Fotografía del autor del artículo)

A sus 104 años, continúa leyendo la prensa todos los días. Como alguien que ha sufrido la negación de sus libertades y de su propia dignidad humana, tiene su propia visión de las cosas. “Me pregunto si podemos dejar las cosas como están. Es preocupante”, comenta.

Cuando, en 2017, Japón aprobó un paquete de reformas legales que incluía una nueva “ley anticonspiración” para delitos de terrorismo y otros, Hishiya y su grupo se posicionaron en contra de la misma. Por la posibilidad de ser acusado de delitos no cometidos, a Hishiya esta nueva ley le recordó a la que tanto le hizo sufrir en su juventud. Al saberlo, recuerda que tuvo una mala sensación. Actualmente se avanza discretamente en la redacción de otra ley más, esta vez de “prevención del espionaje”.

Preguntado sobre cuál es el mensaje que desearía llevar a la gente, responde tras un breve silencio: “Lo que quiero es que se respeten la libertad y la paz. Simplemente. No me parece que en estos tiempos se ensalcen particularmente ni la libertad ni la paz. Me da la sensación de que la trampa está hecha”.

Imagen del encabezado: A la izquierda, el “Autorretrato con gorro rojo”, pintado por Hishiya en 1943 tras su puesta en libertad condicional. Muestra la indignación que sentía el autor en aquel momento. A la derecha, Hishiya Ryōichi durante la entrevista, celebrada el 11 de noviembre de 2025 en un hotel de Asahikawa. (Fotografía del autor del artículo)

(Traducido al español del original en japonés.)

Segunda Guerra Mundial Historia de Japón